Imprimir
Inicio » Opinión  »

¡Qué falta de realismo!

| +

• En su afán de participar en la destrucción de la Revolución Cubana y de anexionar a la Isla, el Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, James Cason, tomó la iniciativa algo rara, el 2 de noviembre, de hacer participar en las elecciones norteamericanas a un centenar de sus agentes locales, en el elegante confort de su mansión habanera cuyos jardines acogen al águila imperial caído del monumento del Maine.

Según AFP, Cason organizó el escrutinio extra-territorial en sus salones decorados "con banderas estadounidenses" y "propaganda impresa de ambos candidatos". Participaron 105 de sus mercenarios, colaboradores e informantes de todos tipos designados por una cierta prensa bajo el eufemismo de disidentes.

Desgraciadamente, aún siendo facticia, esa elección, producto del humor negro del representante diplomático, pertenece más bien a la esfera de la ciencia ficción por su trágica falta de realismo. Para respetar a las actuales normas de la democracia norteamericana, el voto tenía que hacerse según una serie de reglas imprescindibles.

Primero, hacía falta que cada votante se registrara semanas antes del escrutinio y, en este mismo proceso, había que eliminar a una fuerte proporción de los participantes que poseen antecedentes penales. Teniendo en cuenta el número de amigos de los servicios de la Sección de Intereses que, tradicionalmente, tienen un pasado de delincuencia, el ejercicio pudiera ya acabar con este electorado muy particular. Pero, respetando la proporción encontrada en el país del norte, se debe quitar del total por lo menos a un cuatro por ciento de los votantes, escogidos a más de los dos terceros entre la gente de color.

Segundo, fuera imprescindible dividir el electorado en varios estados, con sus distintas reglas, y una multitud de condados, cada uno siendo administrado por personas distintas, disponiendo del poder de determinar quién participará en la votación y cómo se votará en su área. Jeb Bush, el propio hermano de uno de los candidatos presidenciales siendo el monarca todo poderoso de las elecciones en la Florida, no hay restricción ética ninguna en cuanto a quién se escoge para tal propósito.

En esta etapa, también se debe constituir nuevas listas de "excluíbles", dando el contrato de tal tarea a una empresa privada amiga. No importa el costo. Si se usa el modelo de la Florida, esa empresa buscará descartar a los negros pero, donde sea necesario según la tendencia habitual del voto, no molestará a los hispánicos. Ni de lejos mirará a los residentes de los barrios de las clases privilegiadas.

IMPRESCINDIBLE: SEIS MESAS DE VOTACIÓN

Tercero, cada condado elegirá su método de voto, preferiblemente entre los seis actualmente en uso en el territorio imperial. De tal forma que James Cason tendría que dividir a sus votantes en seis mesas de votación.

La primera usando el sistema de lectura óptica donde el elector hubiera rellenado sus opciones en los óvalos de una papeleta que luego se hubiera contado electrónicamente mediante un escáner; si este funciona.

La segunda usaría el voto electrónico por el cual el elector indicaría su opción en una pantalla electrónica o presionando el botón de una máquina; lamentablemente sin saber si su voto fue realmente registrado.

La tercera mesa tendría el privilegio histórico de usar un sistema que data de finales del siglo XIX donde el votante indica sus opciones al levantar palancas en una máquina.

A los de la cuarta mesa, no les faltaría emociones: a ellos se les entregaría las famosas papeletas perforadas "mariposa" que tantos debates suscitaron en la Florida en el 2000 y que siguieron en uso el 2 de noviembre en varios condados.

La quinta mesa sería algo aburrida: como en la mayor parte de los países del mundo, el votante colocaría una marca junto a su candidato preferido en una boleta de papel que depositaría en una urna. Por supuesto, no hay norma para la presentación gráfica de esa hojita y siempre se puede recorrer a algún truco. Hay muchos.

La sexta mesa sería más divertida, es cierto. En esa, el votante-informante pudiera escoger entre una combinación de los distintos métodos anteriormente enumerados como en esos condados donde las autoridades permiten emplear varios procedimientos.

Pero no es todo.

Hay que prever el voto adelantado de los "ausentes", el voto por correo y este extraño voto que, como apareció en Ohio, permite votar a los que son rechazados del voto por algún motivo y que no se contara salvo si hay necesidad y luego de un proceso de averiguación que se extendería sobre diez días después del escrutinio.

De los votos por correo, por supuesto, se perdería una cierta cantidad en los días anteriores al momento de la votación.

James Cason, en su fiebre electoral, se olvidó de respetar otra regla fundamental. El bombardeo de propaganda. Toda forma de demagogia está permitida.

Para dar más realismo al proceso, haría falta, en las horas anteriores al momento del voto hacer llamadas telefónicas a los participantes de los cuales se teme que tengan alguna tendencia liberal, para aplicarles una dosis de intimidación, un proceso ampliamente usado en la democracia norteña.

Se les puede amenazar con malos tratos o desinformarles sobre las condiciones del voto. Exigir que vengan a votar con varios documentos que, por supuesto, no tendrán. Un buen truco también es decirles que se cambió la hora del voto. O su lugar. Mejor aún, la fecha.

todo recuento es terminantemente prohibido

En el momento que estos elementos dudosos se acercan al centro de votación, en este caso la mansión del Jefe de la Sección de Intereses, se les puede denegar el acceso. En el propio lugar de votación, el oficial de mesa, en este caso un agente de la CIA, les puede ofrecer su "ayuda" para rellenar la boleta.

Quedan otros remedios, si aún se sospecha una desviación ideológica de algunos participantes; se les puede reunir en una misma mesa de votación… y perder las boletas que sean de papel, de cartón o electrónicas. En eso se puede contar con la discreción absoluta del FBI.

Por supuesto hay que prever, en el curso de la noche, "a boletas, equipo electoral o listas de votantes defectuosas, además de problemas registrados y no resueltos en los mismos centros de votación por representantes de casillas sin entrenamiento adecuado", como lo indicaba la descripción dada recientemente por un experto estadounidense del proceso.

No se debe olvidar tampoco que un fuerte porcentaje de los electores debidamente registrados no participan en el voto por desinterés, negligencia o desprecio de los candidatos.

Si se aplican las leyes de la Florida, todo recuento es terminantemente prohibido de acuerdo con una ley votada poco antes de los últimos comicios.

No se permite el consumo de alcohol en el lugar de votación ¡ni de Bacardí!

"El resultado fue recibido con ovaciones y gritos de júbilo, cuando se anunció que Bush recibía el 83 por ciento de los votos contra el 16 por ciento para Kerry", reportó el enviado de la agencia francesa de prensa en la bien regada noche electoral del Señor Cason… donde una "disidente" supuestamente afectada por varios problemas de salud se presentó, muy animada, en un elegante conjunto de hilo blanco y zapatos también blancos con tacones de tres pulgadas.

Desgraciadamente, las cosas no son tan sencillas. Había que avisar a los participantes que la aplicación de las verdaderas reglas del juego hace que este voto no es el que determina el resultado. En Estados Unidos - increíblemente, la Corte Suprema lo confirmó textualmente - el ciudadano no tiene el privilegio de elegir a su presidente. Elige a un Colegio Electoral conformado según la mayoría de los votos en cada estado. Luego, los miembros de este Colegio, de acuerdo a esta norma establecida por la Convención Constitucional de 1787 y nunca reformada a pesar de 700 intentos de legisladores, determinarán, sin obligación alguna a elegir el que más votos obtuvo, quien será el nuevo Jefe Supremo de la nación.

Este podrá luego agredir a otras naciones, provocar cientos de miles de muertos de inocentes, tolerar la tortura en sus campos de concentración, acabar con el medio ambiente, ignorar los conflictos de intereses, colmar de contratos a sus amistades, mentir, engañar y burlarse del mundo entero.

Es cierto que al fin de tan realista parodia, serían pocos los votantes que sí pudieran expresar democráticamente su respeto al presidente que, con tanta generosidad, hizo pasar el presupuesto de las ONG mercenarias de 7 (siete) a 36 (treinta y seis) millones de dólares. Un aumento repentino de 29 millones de dólares que, a pesar de los tiburones de Miami, mejora su ya apreciable nivel de vida.

Último detalle aún: antes de votar, se pudiera invitar a los participantes a esperar de pie afuera, en los jardines, bajo el sol, en largas colas, hasta 10 horas, como ocurrió, entre otros lugares, en Miami-Dade en los barrios donde convenía. Los votantes pudieran siempre buscar alguna sombra bajo las alas del águila. Ya se conocen este truco. •

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Jean-Guy Allard

Jean-Guy Allard

Periodista canadiense radicado en Cuba. Es autor del libro "Auge y caída de Reporteros Sin Fronteras".