Primera Huelga de Hambre del Castillo del Príncipe
La tensión en la sociedad cubana en el primer semestre de 1957, como consecuencia del ascenso de la lucha revolucionaria, tuvo expresión destacada en las prisiones. Al crecer la combatividad revolucionaria en las ciudades contra el régimen represivo aumentaron la cantidad de detenidos, causas y encarcelamientos. La Habana de entonces era un reflejo del accionar revolucionario que también estaba presente en sus reclusorios. Tanto en las prisiones generales para hombres del Castillo del príncipe e Isla de Pinos, como en la de Guanajay dedicada a Mujeres. También eran escenarios de esas luchas las prisiones preventivas de la Cabaña, para militares, y la de Mantilla, de mujeres.
Dos huelgas de hambre, la primera en julio de 1957 y en febrero de 1958 la segunda, así como la masacre de la policía en el primero de agosto de 1958, y los maltratos en Isla de Pinos fueron los hechos más trascendentes en el corto período de dos años en el Vivac del Príncipe y las cárceles. No menor fueron el uso de los brazaletes y corbatas negras, cantar el himno y otras manifestaciones en los juicios, así como varias fugas.
La realizada entre el 16 y el 31 de julio ha sido la huelga masiva más prolongada hasta ese momento y el motivo, la solidaridad, dieron a ese sacrificio inicial el valor de ser señal del sentir del pueblo y de la disposición para la lucha triunfante de sus combatientes.
Con anterioridad, en abril de 1957, un grupo de familiares de presos políticos denunció los atropellos sufridos por éstos en la prisión de Isla de Pinos. En escrito dirigido al Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, señalaron que las vidas de los presos estaban en peligro, debido a la ausencia de control de las autoridades judiciales. Al mes siguiente fue presentada denuncia similar por un grupo de letrados, la que fue atendida por la sala de gobierno del TSJ, que acordó trasladarla al jefe del reclusorio en Isla de Pinos, al Fiscal de la Audiencia de La Habana, al Consejo Superior de Defensa y al Ministerio de Gobernación. También se produjo la declaración de rechazo de las Mujeres Martianas por la violación constitucional que representaba el acuerdo adoptado por el Tribunal de Urgencia de celebrar juicios en la prisión habanera.
Todo ese accionar condujo a la designación de un juez especial, quien después de investigar el caso, formalizó acusación contra el coronel Manuel Ugalde Carrillo, supervisor del presidio de Isla de Pinos. El magistrado designado Antonio Barreras, también instruyó de cargos al comandante Pedro Rodríguez, conocido como Perico, jefe de orden interior del penal; contra el teniente Luis M. Montesinos y Alfonso y contra el recluso Salustiano Rodríguez Contreras, conocido como Cebolla.
Fue en esas condiciones que se generó en el Vivac del Príncipe un fuerte movimiento de protesta que condujo a la huelga de hambre el 16 de julio de 1957 a las seis de la tarde, iniciada por los treinta revolucionarios que tenían mejores condiciones de salud, con el compromiso de la casi totalidad de los que sufrían prisión provisional, a los que se sumaron los que estaban en la sección de la cárcel, ya sancionados y pendientes de juicios por otras causas. También se incorporaron a la huelga las compañeras detenidas en la cárcel de Guanajay el Vivac de Mantilla y los recluidos en las prisiones de Santiago de Cuba y Pinar del Río.
La asamblea que acordó la huelga de hambre se celebró el 14 de julio. Arístides Viera, Faustino Pérez y otros compañeros la presidieron. La decisión fue realizarla por tiempo indefinido, hasta que cesaran los atropellos a los compañeros de Isla de Pinos. Se decidió quiénes serían los primeros treinta
-por mejores condiciones físicas- y también se organizaron las comisiones de apoyo.
El documento que la fundamenta expresa que "ante este procesamiento, incoado por el recto magistrado doctor Antonio Barreras y continuado dignamente por el juez Justiniani, hicimos un paréntesis, en la creencia lógica de la sustitución inmediata de los procesados. Pero el hecho que, lejos de ocurrido tal cosa, la situación, por el contrario, se ha agravado de tal forma, que se hace insoportable. Sabemos que además de no haberse interrumpido los atropellos, bartolinas, vejaciones, etcétera, se han entronizado nuevos métodos de terror, tales como la clasificación ilegal y arbitraria que jamás aceptamos, trabajos forzados en las canteras y ciénagas, y hasta inquietante desaparición de un compañero desde hace cinco meses"..
Tal como había sido previsto, en los primeros días de la huelga se dictaron algunas órdenes de libertad provisional a los que la habían iniciado. Inmediatamente cada uno era sustituido, mientras también los que se sumaban iban a aumentando la cantidad hasta alrededor de 100 los que hacían ayuno al final.
Dos días después de iniciada la huelga, los integrantes de las comisiones designadas, acordaron incorporarse a ella y declararon: "...secundamos la huelga de hambre iniciada por nuestros compañeros, absteniéndonos de ingerir toda clase de alimentos y medicinas, siendo firme nuestra actitud de llegar a las máximas consecuencias, haciendo recaer las responsabilidades de cualquier grave desenlace sobre el régimen de fuerza que impera en nuestra patria".
El encargado de negar los abusos a nombre del gobierno fue el batistiano Rafael Díaz Balart, dándole carácter de show publicitario a la investigación y encausamiento del magistrado Barreras.
El día 26 de julio, cuando le dictaron la libertad provisional, Faustino Pérez tuvo que apoyarse en su abogado para poder caminar lentamente al salir del Vivac. Este inolvidable dirigente ocultó que padecía de una úlcera gástrica para poder ser de los primeros en participar en la huelga
Al caer asesinado Frank País el 30 de julio, lo que dio origen a una huelga general espontánea y la censura de prensa decretada por la dictadura, surgió una situación especial, lo que motivó una carta a los huelguistas de Faustino Pérez orientando la terminación de ese movimiento para recuperar fuerzas en los nuevos y decisivos combates. Así terminó la primera y masiva huelga de hambre de los presos políticos, donde nadie claudicó, ni los huelguistas, ni los abogados, ni los familiares, ni las mujeres martianas, ni las más diversas expresiones que en forma creciente se manifestaron en La Habana y otras ciudades.
Aquellas dos semanas sin ingerir alimentos quedaron en la historia revolucionaria de Cuba como uno de los momentos de más unidad y espíritu solidario, génesis de esas dos virtudes desarrolladas por la Revolución, consolidadas con el triunfo y la resistencia combativa ante el imperio norteamericano y demostrada por el pueblo cubano en forma permanente.
La sustitución de Ugalde Carrillo y otros hechos en días posteriores demostraron que la huelga continuó con presencia positiva a favor del combate de los revolucionarios.
(Fragmentos de un capítulo del libro en preparación sobre la lucha revolucionaria en las prisiones en la etapa insurreccional.)


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