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El imperio negativo y la negativa del imperio

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George W. Bush, a pesar de todos los chistes acerca de sus limitaciones intelectuales, ha establecido un nivel inalcanzado de negativa imperial, mientras que rechaza despreocupadamente la noción de que rige un imperio que se enfrenta a considerables problemas.  Es más, excepto por los comentarios de algunos humoristas y expertos, los medios no le han tenido en cuenta sus fracasos políticos al emperador.  En su lugar han aceptado la propia descripción que Bush ha hecho como si fueran éxitos.  "El universo de eterna luz solar de Bush", como lo llamó Maureen Dowd, la columnista de The New York Times, no es más que una burbuja de errores cubierta de retórica altisonante.

W y sus guapetones han intimidado a los medios ­y a la mayoría de las naciones del mundo­ con relativa impunidad. Bush repetidamente asegura que ha hecho del mundo un lugar más a salvo del terrorismo.  Sin embargo, los incidentes terroristas se han  multiplicado desde que el anunció su "guerra contra el terrorismo".  (Aparte de Israel, fíjense en Irak, Afganistán, España, Bali, etc.)  Los críticos achacan a sus torpes tácticas el aumento del reclutamiento de nuevos militantes.  Bush declaró en mayo pasado, hace casi un año, que la guerra en Irak había terminado.  La pasada semana, el número de muertos norteamericanos llegó a 610 y nadie espera que se quede en esa cifra.

Es más, después de la captura de Saddam Hussein el 13 de diciembre de 2003, Bush aseguró a la nación que la resistencia se derrumbaría.  En su lugar se ha vuelto más intensa.  Bush insiste en que él triunfará en su misión de llevar la libertad a Irak.  Los terroristas extranjeros responsables de las matanzas diarias, insisten el Secretario de Defensa Rumsfeld y el Gobernador Colonial L. Paul Bremen, operan solamente en el limitado Triángulo Sunita (Bagdad, Faluya, Tikrit).  Supuestamente los sunitas ­Hussein era sunita­ continúan resistiendo por lealtad.  Pero durante el fin de semana del 2 al 4 de abril, un clérigo chií organizó manifestaciones masivas y sangrientas en partes del Triángulo Sunita, así como en otras ciudades.

Si para Bush la libertad fuera sólo la privatización de la riqueza que era antes pública, sus declaraciones tendrían más peso.  La pandilla de Bremen ha usurpado el patrimonio iraquí y lo ha puesto en venta.  Prevalece un mercado de compra.  Dada la violenta atmósfera, se comprende que las compañías de seguros estén renuentes a emitir pólizas a los negocios, por lo tanto, pocos compradores se han interesado.  En esencia, Bush ofrece la seguridad brindada por más de 100 000 miembros de las fuerzas armadas de EEUU y decenas de miles de mercenarios contratados (Blackwater, Halliburton, et. al.) pagados por los contribuyentes ­sólo para asegurar a Irak para el modo de vida occidental: los negocios.

A pesar de las noticias y fotos diarias que lo desmienten, Bush insiste en su cantinela "los iraquíes son más felices".  Rush Limbaugh y el resto del desafinado coro radial derechista cantan junto con él, justo en el momento en que los infantes de Marina comienzan su venganza contra los responsables de la muerte y mutilación de cuatro mercenarios norteamericanos la semana pasada en Faluya.  Cientos de personas ­o más­ tomaron parte en algún momento  en el hecho y la celebración posterior.

Cuando discutí con un colega pro-Bush la diferencia entre mi pesimista escenario iraquí y el cuadro optimista de la Casa Blanca desechó mi crítica como excesiva y brindó frases sabias como "cortando huevos se aprende a capar" y "la democracia no es fácil".

Él cree que Dios guió a Bush para que llevara la democracia al mundo.  Yo recibí una versión más profana que esa en la escuela primaria.  Mis maestros me dijeron que la democracia y la libertad son valores norteamericanos indelebles en casa y que nuestra nación vende nuestras ofrendas culturales al mundo ­para que todos las compren, literalmente.  Después de todo, la cultura y la ideología norteamericana son nuestras exportaciones más exitosas.

La propia repetición de esta mantra de "vender democracia" la ha elevado a un status incuestionado ­a pesar de la evidencia que constantemente la contradice.  La semana pasada nuevamente Bush alardeó de haber llevado la libertad al pueblo de Irak, aparentemente con olvido de que el 28 de marzo las fuerzas de ocupación clausuraron Al-Hawza, un periódico que criticaba las políticas norteamericanas ­porque "no publicaba la verdad".

Además, Bush puede que no haya leído acerca de los documentos que están emergiendo del sótano secreto de seguridad nacional que muestran que EEUU ayudó a derrocar al gobierno elegido de Joao Goulart en Brasil en 1964, y apoyó a una dictadura militar en su lugar.  Como las políticas económicas nacionalistas de Goulart carecían de la aprobación de eeuu, el embajador Lincoln Gordon envió cables altamente secretos a los mandamases de seguridad nacional en Washington suplicándoles "un envío clandestino de armas" para los que planeaban el golpe militar.

El 29 de marzo de 1964, el embajador Gordon recomendó secretamente el "pre-posicionamiento" de las armas que usarían los "militares amistosos". El Presidente Jonson había autorizado operaciones encubiertas de la CIA para que apoyaran las fuerzas militares y políticas contrarias a Goulart.

Este nuevo material también contiene una cinta de audio del Presidente Jonson cuando recibió por teléfono en su rancho de Texas información acerca de Brasil, mientras que generales y almirantes se movilizaban en contra del gobierno elegido de Brasil.  "Yo pondría a cualquiera que tenga la imaginación o el ingenio. (el Director de la CIA John) McCone. (Secretario de Defensa Robert) McNamara" para garantizar el éxito del golpe, instruye Jonson al Subsecretario de Estado George Ball.  "No podemos aceptar esto", dice Johnson.  "Me voy a ocupar de esto y a arriesgarme un poco".

¿Escandaloso?  La nación de la democracia y la libertad, el lugar donde la revolución recibió su primera justificación ­"cuando en el curso de los sucesos humanos" ­ también se convirtió en el bastión de la contrarrevolución, el exportador de dictaduras, el gran intervencionista en los asuntos de naciones menos poderosas cuyos líderes se niegan a aceptar los dictados de EEUU.

Pocas naciones como Cuba han soportado tanta ira norteamericana por su insubordinación.  Ciertamente la isla se ha convertido en un blanco perpetuo.

El 31 de marzo, con los falsos argumentos de las armas iraquíes de destrucción masiva aún frescas en la mente del público. John Bolton, Subsecretario de Estado para el Control de Armamentos y Seguridad Internacional, ofreció al Congreso 35 páginas de testimonio escrito de que Cuba "continúa siendo una amenaza terrorista (y de armas biológicas) para Estados Unidos".

Bolton ni siquiera utilizó las desacreditadas fuentes del exilio (como las que alimentaron con información falsa acerca de Irak a la Administración) para demostrar su argumento.  Actuando sin temor de replicar las acusaciones faltas de base que se convirtieron en el casus belli para la guerra de Bush contra Irak, Bolton afirmó en su creencia carente de pruebas de que "el caso a favor de la existencia de un esfuerzo de desarrollo (de un plan de investigación y desarrollo de armas biológicas) en Cuba es sólido".

Bolton hizo la primera de estas acusaciones en mayo de 2002, pero casi dos años después aún no ha presentado una sola prueba para demostrarlas.

El gobierno cubano negó la acusación e invitó a científicos norteamericanos a que inspeccionaran los laboratorios a los que se refería Bolton. Al igual que el jefe de Bolton, el Secretario de Estado  Colin Powell, que ha hecho pública su insatisfacción con la inteligencia chapucera que se le entregó acerca de Irak, Bolton utiliza imprudentes acusaciones que pudieran convertirse en la base para una guerra contra Cuba.

Uno de los más prudentes subordinados de Powell, el Secretario Asistente de Estado para la Inteligencia y la Investigación, Carl Ford, dijo al Congreso el 5 de junio de 2002 que EEUU no tiene evidencia de un "programa" total de armas biológicas.  Sí dijo que la administración estaba "preocupada" por las capacidades de La Habana.

La industria biotecnológica cubana produce medicamentos y vacunas, como el mundo conoce, y por tanto teóricamente tiene también la capacidad de crear armas.  Pero Fidel Castro sabe que tal acción significaría el suicidio y durante su gobierno de 45 años no ha mostrado una tendencia a la autodestrucción.

Sin embargo, creo que he detectado evidencias de que Cuba haya empleado alguna de sus sofisticadas armas biológicas aquí en Estados Unidos. Observen el extraño comportamiento de Lincoln Díaz-Balart (representante republicano por la Florida) ­llamado "Lincoln Bajo Cociente" por algunos de sus colegas.  En marzo, Díaz-Balart pidió al Presidente que asesinara a Fidel Castro.  Fuentes del aparato de seguridad nacional dijeron que no han realizado ninguna prueba a la corteza cerebral de Díaz-Balart para determinar si puede haber sucumbido a algún sofisticado vapor bio-cerebral que operativos cubanos encubiertos pudieran haber logrado deslizar en el cereal de su desayuno.  Por otra parte, a sus colegas les resultó difícil explicar cómo un miembro del Congreso pudiera hacer caso omiso de la ley y de las implicaciones por promover acciones tales.

El hecho que ni los medios ni el Congreso respondieran escandalizados a los comentarios de Díaz-Balart o a las acusaciones sin pruebas de Bolton son demostración del estado de negativa imperial bajo el Emperador Bush.  Por una parte, el aparato de seguridad nacional ha insinuado nuevamente el asesinato como parte de la política exterior, gracias no sólo al ejemplo de Israel de seleccionar desvergonzadamente a palestinos como blancos, sino también debido al proceso de mistificación que ha oscurecido la naturaleza del "enemigo terrorista".

Es más, el rival de Bush, John  Kerry, no ha denunciado la política y ha tratado de demostrar que él actuaría de manera más agresiva contra Castro.

Cuando aparecen documentos desclasificados que muestran cómo Washington derrocó a gobiernos elegidos en Irán, Brasil, Guatemala, Chile, etc. los medios y funcionarios gubernamentales actúan como si este material relatara sólo errores desafortunados de la Guerra Fría.  ¿No sería refrescante que un medio noticioso sencillamente admitiera: "Oigan, somos el mayor imperio del mundo; ofrecemos al mundo nuestra versión de democracia y libertad y si naciones rebeldes las rechazan, se las meteremos por el."?

El problema es que los pueblos, como el iraquí, resisten a los conquistadores y a la ocupación.  ¿Será que negar la existencia del imperio lleva naturalmente a los gobernantes imperiales a practicar la negación?

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El nuevo filme de Landau, Siria; entre Irak y un lugar difícil, es distribuido en Estados Unidos por Cinema Guild (800-723-5522). Su nuevo libro es  El imperio preventivo: una guía al reino de Bush.  Landau da clases en la Universidad Cal Poly Pomona y es miembro del Instituto para Estudios de Política.

(tomado de Radio Progreso-Miami:http://www.rprogreso.com/)

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Saul Landau

Saul Landau

Saul Landau es un escritor, periodista, realizador de documentales y académico estadounidense cuyo trabajo se ha centrado en gran medida en América Latina.