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Defensa de Cuba y de la humanidad

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  Horacio Labastida  

México D.F. Viernes 24 de octubre de 2003

Defender a la Cuba de hoy es defender a la humanidad, o sea, guardar los más altos valores del hombre, perseguidos perversamente desde que espartanos y no espartanos encarcelaron temporalmente los ideales de libertad y justicia en la Edad Ateniense. En las circunstancias actuales la batalla es semejante. Aniquilar libertad y justicia es cancelar la razón y la moral, es decir, la conversión del saber científico en bien común. Y esto es lo que los poderosos manipulan al poner en marcha la globalización económica y la ideología neoliberal.

La globalización económica es una concepción de las corporaciones trasnacionales para imponer la enajenación de los pueblos por la expoliación de sus recursos materiales y fuerza de trabajo, meta que responde a la lógica existencial del capitalismo de acumular capital para hacer posible su reproducción opresora. En lo ideológico, el neoliberalismo connota la imposición del pensamiento único y su encuadramiento en una tiranía universalizada por medio de ejércitos superarmados.

El invento de la guerra preventiva al terrorismo es parte de la ideologización de nuestro tiempo, y contra esta amenaza se han rebelado las masas humanas sin fronteras, que oponen su dignidad a la transformación del hombre en mero animal de trabajo y de los países en maquiladoras de la empresa supercapitalista. Con sus protestas este movimiento busca que el poder político deje de ser arma del poder económico y se mude en representante del poder moral.

El hecho es inocultable. Cuba es hoy un ejemplo concreto del hombre nuevo. ¿Qué es el hombre nuevo? Un hombre sin afanes de allegarse riquezas causantes de pobrezas, un hombre generoso y noble en sus relaciones individuales y colectivas, consciente de que la participación equitativa en bienes materiales y espirituales es requisito sine qua non de una historia ajena al avasallamiento de los más por los menos. Nadie será siervo de nadie ni habrá acaudalados ni menesterosos al florecer una sociedad dedicada al aseguramiento de la democracia verdadera y la felicidad. El mandar obedeciendo de los rebeldes zapatistas mexicanos es el arquetipo político del hombre que deseamos y debemos ser El mandar sin obedecer es la clave del despojo de la voluntad redentora.

Subrayemos las categorías del neoliberalismo globalizador. Recogiendo clásicas aseveraciones de Adam Smith en el siglo XVIII, que proclaman el crecimiento del producto nacional como fundamento del progreso humano y del alivio de la pobreza, los intelectuales de los barones del dinero predican que únicamente la libertad del mercado cultiva una óptima y eficiente distribución de recursos, y que la integración de un mercado planetario es el medio de garantizar la activación de la competencia y el aumento material beneficioso de los individuos, advirtiendo con énfasis que los países atrasados saldrán de su indigencia si abandonan los inútiles programas de desarrollo nacional y estimulan su modernización entregándose a los inversionistas extranjeros, principios éstos que de manera apodíctica sellan entre los menos desarrollados la necesidad de sujetarse al supercapitalismo, que en lo gubernamental apersona Washington. Para la ideología neoliberal globalizadora no hay apelación que valga, porque la negativa a la apertura de mercados y a la inversión extranjera sería bloquear tanto la bonanza local como la ventura de las clases económicamente privilegiadas.

Propiciar que esa apertura y las inversiones foráneas se discutan en mesas internacionales de países soberanos y por negociadores que representen inter pares esa soberanía y no la subordinación a los poderosos supondría, dicen éstos, el decaimiento supercapitalista porque el respeto y la igualdad entre las naciones desoxigena la concentración del capital y sus utilidades.

Subordinar a las naciones y a los pueblos son instancias, repetimos, sustanciales en la producción y reproducción del capitalismo multinacional. Cuba y los pueblos en resistencia significan hoy la negación dialéctica del imperio único y totalitario por el que batallan Washington y sus satélites occidentales.

Resumamos. Defender a Cuba y a la humanidad en nuestros días es luchar contra la cosificación del hombre, su unidimensionalización por cuanto que el encadenarlo a un mando totalizador implica purgar en el hombre su compromiso con la verdad y el bien. Conquistar el saber verdadero y apuntalar con la razón el bien colectivo constituyen los quehaceres sustanciales de la humanidad. Cuba y los pueblos rebeldes son escudos eminentes contra la globalización opresiva de la sociedad.

Nuestro siglo XXI está gobernado por un capitalismo trasnacional formalizado en lo político por la alta burocracia de la Casa Blanca. En su hegemonía parecen disolverse las contradicciones intercapitalistas y arreciarse la imposición de las reglas del statu quo, apuntaladas en un sistema militar aterrador. ¿Cómo defender en estas circunstancias a Cuba y a la humanidad? Sólo una conciencia moral acrecentada y unificada puede frenar la barbarie. Afortunadamente este proceso está en práctica. Apoyémoslo y hagámoslo triunfar.

*Texto presentado por el autor en el encuentro mundial En defensa de la humanidad, que se celebra en el Poliforum Siqueiros...

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Horacio Labastida

Horacio Labastida

Escritor, diplomático y académico mexicano. Investigador Titular de la UNAM.