¿Tienes dotes de escritor? ¡Inspírate y participa en nuestro concurso!

Con motivo de la Feria Internacional del Libro, Cubadebate convoca a sus lectores a participar en un concurso de literatura.
Demuestra en menos de mil caracteres si eres un poeta, dramaturgo, guionista o narrador, gana una colección de libros y la oportunidad de publicar tu obra en nuestro sitio.
La fiesta del libro en Cuba inicia hoy en La Habana. Cubadebate quiere premiar a los amantes de las letras con un concurso dedicado a la microliteratura. Si quieres ser el ganador, solo tienes que escribir un texto, que no exceda los mil caracteres, que nos permita descubrir al escritor que eres.
Inspírate y echa a volar tu imaginación, escribe un poema, un cuento, el inicio de una novela o testimonio…. Podrás ganar una colección de libros y la oportunidad de publicar tu obra en nuestro sitio. Deja tu microrrelato como un comentario en esta entrada, el plazo de admisión vence el viernes 17 de febrero.
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Para mi muchacha que se ausenta los fines de semana:
¨MALEFICIO¨
Te propongo para el viernes que algo raro,
Te prohíba de mi entorno separarte,
Un huracán cuando menos, o asustarte,
Para que te quedes de pronto en desamparo.
Que se obstruyan los caminos, o un puñado
De obstáculos te obliguen demorarte,
Hasta el punto que tengas que quedarte,
Y corras hasta mí, en la búsqueda de amparo.
Si la madre natura no coopera,
Si el maleficio no concreta mis deseos,
Si de viernes hasta lunes no te veo,
Que te acuerdes de mí de tal manera,
Que lo verde del campo te parezca feo,
Que insomnes por el lunes y por su espera.
Osvaldo.
Desde que el negro había entrado en la tienda de Lúcido Candela y pedido un vaso de agua y uno de ron, las cosas cambiaron. Como nunca se había visto a un negro, la gente pensó que era alguien con una terrible enfermedad y el alcalde, enterado por el mismísimo Lúcido Candela, ordenó poner en cuarentena a todos los que estaban en la tienda en el momento en que el negro llegó. Durante tres días las cosas se sucedían de esa forma. El negro llegaba, pedía su ron y su agua y desaparecía. Al cuarto día el médico quedó convencido de que no había ninguna enfermedad que temer y declaró terminado el estado de alarma. Una semana después la llegada del negro a la tienda había dejado de ser una novedad y todo el mundo se dedicó a lo que mejor sabían hacer: construir la tristeza. Exactamente la mañana del lunes, mientras el médico, sentado en una de las mesas de la tienda observaba con detenimiento una partida de ajedrez dejada a medias, oyó una voz desconocida que le decía: hoy va a llover. Al virarse vio al negro que le señalaba el cielo. Por cierto, un cielo completamente despejado. El médico negó con la cabeza. Desde que había llegado al pueblo unos veinte años atrás, buscando el mar, y se había asentado por la gracia, ternura y calor de unas caderas de ensueño jamás había visto llover. Los pocos árboles del pueblo no daban hojas y vivían porque sus raíces milenarias estaban hundidas hasta el centro de la tierra. La gente bebía del rocío mañanero y se bañaban cuando, alguna vez, pasaba Onelio Ramos con su carro lleno de barriles de agua tirado por toros bravos, y se le podía comprar una balde por cinco centavos en oro. La noticia de la lluvia se regó como pólvora. El padre Antonio fue en busca del alcalde y lo encontró sentado al sol en un taburete de madera y cuero de chivos. Desde tiempos inmemoriales el alcalde y el prelado eran enemigos a muerte y el secreto de esta disputa nadie lo conocía, aunque había en el pueblo numerosas versiones y todas concordaban en que había ocurrido a raíz de un jaque mate. El padre vestía su eterna sotana negra y se derretía bajo el cruel sol del mediodía. Como si lo hubiese hecho toda la vida, entró a la alcaldía y sacó otro taburete para sentarse al lado del alcalde. Éste lo dejó hacer sin decir una palabra: hay cosas en el mundo que cuando deben ser hechas no hace falta decirlas. - ¿Lloverá?- preguntó el padre Antonio en voz baja. El alcalde lo miró por un segundo y respondió con toda su alma: -Únicamente que sea hijo del diablo. El cura miró al cielo, tan azul a esa hora que dolía en los ojos: -O el mismo diablo- musitó en voz baja. Ambos se entendieron. El médico caminaba a ver al alcalde cuando vio a los dos enemigos sentados uno al lado del otro. Dudó un poco si acercarse pero al fin decidió regresar y volver a su mesa de la tienda de Lucido Candela. A pesar del desorden en el orden de las calles (que hasta los que habían vivido largamente en el pueblo a veces se perdían regresando a sus casas) el médico encontró el camino fácilmente siguiendo sus propias huellas dejadas en el polvo centenario. Unos metros antes de llegar a la tienda, tuvo una sensación extraña, como si de pronto miles de hormigas estuviesen caminando por su piel... El alcalde y el padre Antonio se miraron con espanto cuando sintieron lo mismo... Lucido Candela bebió un poco de su ron (el que nunca había probado) para no arrancarse la piel… y de pronto en medio del mediodía se abrió el cielo y comenzó un aguacero que duró una semana.
Cuando el alcalde abrió su puerta, después que escampó, encontró un pueblo que no era su pueblo. El polvo había desaparecido, las casas recuperaron sus colores de antes, la gente... la gente estaba tan alegre que todo se convirtió en una fiesta. El alcalde armó a dos hombres con viejos arcabuces regalados por Juan Sebastián Elcano al primero de los alcaldes y salió en busca del negro. -Has cambiado a mi pueblo- le dijo. -No es tu pueblo-respondió este mirándole fijamente a los ojos... El médico estaba con un paciente en el momento en que le fueron a avisar. Al llegar, encontró al negro muerto. Ya no parecía tan negro. El alcalde y el cura llegaron a su lado. -Fue la providencia-dijo el último. El médico no estaba tan seguro. Como nadie sabía que hacer con los muertos, pues nunca nadie había muerto en el pueblo, el padre Antonio dio indicaciones para que dejaran el cuerpo donde estaba pues no molestaría a nadie. Cuando regresaron, el polvo empezó a caer y la gente dejó las fiestas sin terminar. El médico maldijo el deseo del mar. Al otro día comenzó otra vez a llover.
Dedicado a mi hija Odet Olivia cuando solo tenía 29 semanas en mi vientre.
Cuando dos vidas comparten un cuerpo
Hay una competencia tierna
Por espacio y alimento.
Cuando dos almas comparten un cuerpo
Ya no hay YO y el Ego cede.
No importa la vida propia
Sino la que le sucede.
Cuando a merced de la Vida,
Se ponen el alma y el cuerpo,
Nunca más hay soledad
Y el amor se torna inmenso.
TE AMO
Hoy de regreso a casa te compré flores,
No flores cualquiera, son rojos gladiolos,
Que en momentos me olvidan mi camino solo,
Y al mirarlo fijo, alivian mis dolores.
Perdóname mi bien, si por amores,
Intento evadir la verdad de andar solo,
Te compré dos ramos vestidos de rojo,
Por el tiempo que fuiste razón de mis razones.
Y es cierto, ya no eres mía, ya no te tengo,
Pero llevando estas flores en mis manos,
Es como si fuera hacia ti y en cada ramo,
Aprisionado corazón, te busco y te tengo.
Apretándolas fuerte me detengo,
Para oír como dices, te amo, te amo!.
El asalto
Aquel amanecer, en las montañas de la Sierra, cuando algunos miembros de la columna 10 del III frente compartían el café, llegó uno de los jefes...
El capitán Pepín, reunió a la tropa:
-Tenemos la misión, de rendir la papelera y cerrar el cerco sobre Santiago.
Tato – ordena el Capitán - vas con los escopeteros. Yo voy delante con Rolando en el yipi a buscar la rendición.
Sin más palabras, se miraron y partieron.
En las inmediaciones, el Capitán busca un palo y le coloca un pañuelo blanco en la punta, luego le dice a Rolando:
- Espera aquí, voy a entrar – camina con el palo en alto, en forma de bandera.
Rolando piensa-“estamos locos, con unas espetas pensamos hacer rendir a los casquitos bien armados “
Los escopeteros en posiciones, la tensión aumentaba.
Al rato sale el capitán rebelde con la plaza rendida y ordena desarmar a los soldados.
El triunfo sería al otro día, para comenzar otra lucha y más larga: la construcción y consolidación de la Revolución.
Caja
El cielo estaba oscuro, pero los primeros rayos del amanecer empezaban a asomar por el horizonte lejano. Mis pasos aunque diminutos y sigilosos, sonaban como si fueran elefantes pisando toneladas de vidrio. Trataba de ser discreta pero tanto silencio me lo impedía. El rocío mojaba mis botas y mis pantalones. Desde hacía varios días los pequeños insectos y curiosos roedores que habitaban la región eran mi única compañía.
Esa noche llevaba varias horas sin dormir, creo que estuve todo el tiempo despierta embrujada por aquel olor que como un hechizo zombi me llevaba a su encuentro. Necesito encontrar el origen de esa mágica fragancia, nunca antes había sentido tal desesperación, ni tanta necesidad.
Todo empezó hace unos días cuando tratando de despegar de mis ojos el sueño mañanero, preparaba una jarra de café y el delicioso aroma de la infusión fue interrumpido por esta extraña esencia. Me desvelé completamente y toda mi tranquila casa campesina se volvió irresistiblemente pequeña para guardar tal aroma y salí a perseguirlo por los llanos.
Llevo varios días persiguiéndolo, creo que me escucha y me siente. A veces cuando estoy cansada o tengo sed, el aroma me hidrata y me anima, cuando tengo hambre el aroma me nutre y cuando tengo sueño me desvela. A veces hablo y siento como un susurro que me responde y me invita a seguir. Será que estoy soñando?. Tales cosas no deben suceder, al menos eso siempre nos han enseñando: “ las cosas paranormales, no existen!”. Pero para mí esto es real, lo estoy viviendo!!
Ya ha amanecido, y siento que hoy será el encuentro, hoy por fin encontraré lo que he estado persiguiendo tantos días. Es extraño, hace unos kilómetros que no veo insectos, ni ningún animal, ni otra forma de vida que no sean las plantas y yo. Es más intenso el olor, quisiera describirlo, pero es difícil, huele a mar y a tierra, huele dulce huele ….. huele a ternura? a Amor?
Hay algo ahí!!! Es….una caja!!! Una pequeña caja, debo apresurar mis pasos, no puedo dejar escapar lo que tanto he estado buscando….. es un pequeño cofre, como el de los piratas, en los que se guardaban tesoros, pero este es muy pequeño , cabe en la palma de mi mano, está cerrado pero dentro está este exótico olor, sale de dentro del cofre!! Le hablo pero nadie me contesta, lo sacudo pero el olor sigue contaste, por fin lo abro y…. esta vacio!
Son minutos de reflexión, me acuesto con el cofre a mis pies, el olor a mí alrededor y mi espalda sobre la yerba fresca que me humedece con su suave rocío. ¿Sera que el cofre estaba abierto y al tomarlo en mis manos se deslizo su contenido sin darme cuenta? ¿Sera que nunca hubo nada y es el sueño y el hambre de tantos días los que me han hecho delirar? ¡Pero es que siento el olor! Y siento hasta la presencia de algo!!.
Es en ese momento que unos grandes ojos me miraron asustados, son ojos grandes y expresivos que sobresalen por la punta de mis botas mientras dos manos delgadas y de dedos largos y puntiagudos se aprietan contra la suela como tratando de protegerse de algún mal desconocido. Su nariz es grande y un tanto peculiar, con dos agujeros enormes, como quien quiere aspirar todo el aire el planeta sin dejar escapar ni una partícula. Me miró asombrado y me dijo, “Al fin nos encontramos, llevo 28 años enviando señales y solo esta del olor te ha atrapado, será que ahora eres más observadora o que hay que ser más maduro para poder ver la fantasía? Son ustedes realmente raros, pero aquí estoy y seremos uno a partir de ahora”
Y fue así como nos conocimos Caja y yo, mi pequeño y diminuto duende que vivía encerrado en un cofrecito pirata esperando por mi llegada. Desde entonces somos inseparables. Caja me acompaña a donde voy, para la mayoría de las personas es invisible otros solo sienten parte de su irresistible olor y solo para personas muy especiales Caja saca sus puntiagudos dedillos y sus expresivos ojos por debajo de mis tobillos y saluda con un guiño casi imperceptible e inexplicable.
Y tú? Ya encontraste a tu “Caja”?
Cuando la noche murió, y el día se despertó de su largo letargo. Él tenía frío, le temblaban las manos, y su cuerpo estaba helado. El pequeño fuego que le había dado calor se apagó, la debilidad de su cuerpo le impedía caminar. Cerró sus ojos, y se encomendó al destino, entregando sus palabras a la soledad, pensó que nadie le encontraría. Aquella vez sería la última. Cogió un papel blanco y escribió: - Soy el único superviviente, el último mensajero del grupo. Todos los demás han perecido, cerca de la cumbre de esta montaña, siento que un terrible frío penetra en mis huesos, los ojos se me van cerrando, y mi cuerpo exhausto y derrotado va cediendo, frente a este majestuoso pico rodeado de nieve. Dejó de escribir, y poco a poco, su cuerpo se fue congelando, debajo de esa roca, hasta que se apagó para siempre.
El tiempo, el polvo y el negro
Desde que el negro había entrado en la tienda de Lúcido Candela y pedido un vaso de agua y uno de ron, las cosas cambiaron. Como nunca se había visto a un negro, la gente pensó que era alguien con una terrible enfermedad y el alcalde, enterado por el mismísimo Lúcido Candela, ordenó poner en cuarentena a todos los que estaban en la tienda en el momento en que el negro llegó. Durante tres días las cosas se sucedían de esa forma. El negro llegaba, pedía su ron y su agua y desaparecía. Al cuarto día el médico quedó convencido de que no había ninguna enfermedad que temer y declaró terminado el estado de alarma. Una semana después la llegada del negro a la tienda había dejado de ser una novedad y todo el mundo se dedicó a lo que mejor sabían hacer: construir la tristeza. Exactamente la mañana del lunes, mientras el médico, sentado en una de las mesas de la tienda observaba con detenimiento una partida de ajedrez dejada a medias, oyó una voz desconocida que le decía: hoy va a llover. Al virarse vio al negro que le señalaba el cielo. Por cierto, un cielo completamente despejado. El médico negó con la cabeza. Desde que había llegado al pueblo unos veinte años atrás, buscando el mar, y se había asentado por la gracia, ternura y calor de unas caderas de ensueño jamás había visto llover. Los pocos árboles del pueblo no daban hojas y vivían porque sus raíces milenarias estaban hundidas hasta el centro de la tierra. La gente bebía del rocío mañanero y se bañaban cuando, alguna vez, pasaba Onelio Ramos con su carro lleno de barriles de agua tirado por toros bravos, y se le podía comprar una balde por cinco centavos en oro. La noticia de la lluvia se regó como pólvora. El padre Antonio fue en busca del alcalde y lo encontró sentado al sol en un taburete de madera y cuero de chivos. Desde tiempos inmemoriales el alcalde y el prelado eran enemigos a muerte y el secreto de esta disputa nadie lo conocía, aunque había en el pueblo numerosas versiones y todas concordaban en que había ocurrido a raíz de un jaque mate. El padre vestía su eterna sotana negra y se derretía bajo el cruel sol del mediodía. Como si lo hubiese hecho toda la vida, entró a la alcaldía y sacó otro taburete para sentarse al lado del alcalde. Éste lo dejó hacer sin decir una palabra: hay cosas en el mundo que cuando deben ser hechas no hace falta decirlas. - ¿Lloverá?- preguntó el padre Antonio en voz baja. El alcalde lo miró por un segundo y respondió con toda su alma: -Únicamente que sea hijo del diablo. El cura miró al cielo, tan azul a esa hora que dolía en los ojos: -O el mismo diablo- musitó en voz baja. Ambos se entendieron. El médico caminaba a ver al alcalde cuando vio a los dos enemigos sentados uno al lado del otro. Dudó un poco si acercarse pero al fin decidió regresar y volver a su mesa de la tienda de Lucido Candela. A pesar del desorden en el orden de las calles (que hasta los que habían vivido largamente en el pueblo a veces se perdían regresando a sus casas) el médico encontró el camino fácilmente siguiendo sus propias huellas dejadas en el polvo centenario. Unos metros antes de llegar a la tienda, tuvo una sensación extraña, como si de pronto miles de hormigas estuviesen caminando por su piel... El alcalde y el padre Antonio se miraron con espanto cuando sintieron lo mismo... Lucido Candela bebió un poco de su ron (el que nunca había probado) para no arrancarse la piel… y de pronto en medio del mediodía se abrió el cielo y comenzó un aguacero que duró una semana.
Cuando el alcalde abrió su puerta, después que escampó, encontró un pueblo que no era su pueblo. El polvo había desaparecido, las casas recuperaron sus colores de antes, la gente... la gente estaba tan alegre que todo se convirtió en una fiesta. El alcalde armó a dos hombres con viejos arcabuces regalados por Juan Sebastián Elcano al primero de los alcaldes y salió en busca del negro. -Has cambiado a mi pueblo- le dijo. -No es tu pueblo-respondió este mirándole fijamente a los ojos... El médico estaba con un paciente en el momento en que le fueron a avisar. Al llegar, encontró al negro muerto. Ya no parecía tan negro. El alcalde y el cura llegaron a su lado. -Fue la providencia-dijo el último. El médico no estaba tan seguro. Como nadie sabía que hacer con los muertos, pues nunca nadie había muerto en el pueblo, el padre Antonio dio indicaciones para que dejaran el cuerpo donde estaba pues no molestaría a nadie. Cuando regresaron, el polvo empezó a caer y la gente dejó las fiestas sin terminar. El médico maldijo el deseo del mar. Al otro día comenzó otra vez a llover.
"Lo último que realmente quise"
Así empecé el final de una etapa de mi vida, tratando siempre de re descubrirme en el laberinto que el diario va imponiendo. Escribir cada página de este libro es un ejercicio tortuoso donde se van mezclando alegrías, sinsabores, aciertos y desaciertos; pero del cual no solo quedan letras escritas al pasado, si no pedazos de ti que se pulverizan en el tiempo.
Y así fui tratando de recuperar cada pedacito que perdí, cada ilusión desecha, la alegría que desborda en irrealidad para convertirse en el dolor de lo imposible. Es que la naturaleza y la vida tienen sus leyes. Las estrellas están a años luz de la tierra y los hombres siguen teniendo prohibido soñar.
No fue suficiente pedir clemencia a la suerte, rendirme ante el gran juez de lo posible, o simplemente rezar a la deidad que hace todo lo bueno. Ya estaba decidido, todo no lo puedes tener, aunque sea lo que más quieras.
Y me vi leyendo mi pasado y mi futuro en una misma línea. Algo escrito por mí, un poco escrito por ese alguien que apareció con solo un nombre, y la imagen desvirtuada de lo que pudiera haber sido la perfección. Eran ideas inconclusas, pero legibles, cruzándose en momentos con desventuras y la maldita dicha de que nos separaban dos cielos: el físico y el de la mente, ese que es mas difícil aún contraer... y así nos quisimos...
En esta lectura me encontré con tu risa y la guarde para el día en que el mundo me parezca silencioso. Tropecé con tu voz y justo cuando estaba llegando al piso me levantó, y decidí esconderla para cuando todo este oscuro. Me sonrió tu llanto y lo acompaño el mío. ¡Una pareja perfecta! - dijo el dolor - y se escondió rápidamente en lo mas profundo de mi ser, borrando de a poco mi alegría; pero bueno… se disimular…
Por suerte tú ayudaste. No hubo despedida. No hubo un último beso, ni un te quiero. Cerré una página mas de mi vida y ojalá que pedacitos de mi estén escritos en la tuya…no tengo ni fuerzas ni deseos para más, así queda en lo inmaterial lo que no pudo ser, queda en la historia, lo último que realmente quise....
UNA MISSION INRREPETIBLE (TESTIMONIO)
Nadie de la gente que yo conozco, especialmente el autor de esta obra pudo imaginar que el año 1987 iba a cambiar el curso de mi vida.
A principios de este año yo me encontraba trabajando en la empresa de medios técnicos de computación (EMCO), acababa de dar el paso al frente en mi centro de trabajo para incorporarme en el Movimiento de Micro brigadas del municipio de la habana del este .cumpliendo con un llamado y compromiso contraído con la Unión de Jóvenes Comunista del centro , sabía que la labor era dura pero solo la idea de trasformar para bien , construir viviendas y en un futuro tener la oportunidad de tener la mía propia , escuelas, consultorios médicos , obras sociales , en fin la idea me entusiasmaba.
A los seis meses de estar a pie de obra exactamente en el mes de julio del 1987 recibí una citación del ministerio de las fuerzas armadas revolucionarias (FAR) lo cual me extraño muchísimo porque hacía siete años había pasado el servicio militar obligatorio, pero disciplinadamente acudí a la cita.
Ese día llegue a un pequeño edificio ubicado en la Avenida 26 en el Nuevo Vedado y grande fue mi alegría al encontrarme con viejos amigos graduados de técnico medio en computación de la Escuela de Electrónica ¨ Eduardo García Delgado ¨, dentro de la satisfacción que me causaba verlos después de tantos años me intrigo que nos citaran a todos en aquel local.
Aún recuerdo ya adentro del edificio en un pequeño salón como para cien personas las palabras de aquel teniente coronel de las FAR.
Nos explicó la situación tan tensa que se vivía en la hermana República Popular de Angola, las amenazas e intromisión del gobierno racista de Sudáfrica en los asuntos interno de aquel país, también expreso las ansias de llevar y extender en el África el asfixiante régimen del Apartheid , nos señaló la necesidad de relevar y aumentar las fuerzas cubanas que se encontraba en ese hermano país , principalmente el personal Técnico de las Tropas coheteriles cubanas de ahí la explicación de la presencia de varios graduados en computación y electrónica en aquel salón .
Después que termino su exposición nos pido la disposición de todos los que estaban allí que éramos alrededor de cien para ir a cumplir la misión, solo unos pocos abandonaron el salón.
Para mí fue un momento muy difícil, en ese momento vinieron a mi mente mil pensamientos, en mis 26 años de existencia nunca se me había presentado una situación así, por primera vez tuve conciencia de que la muerte existía, tomar una decisión positiva a lo planteado tenía muchas probabilidades de que me costara la vida , al final volvió a mis pensamiento aquella viejas ansias de trasformar para bien y pensé que no podía perder la oportunidad que me estaba dando la vida de probarme, total la muerte está en cualquier parte ,en los lugares más tranquilos llega sin pedir permiso y arrebata vidas no pensadas.
Al final no me convertí en unos de los que abandonaron el salón me sentí cómodo con la gran mayoría…….. Continuara…
Lo ya publicado de mi autoria lo han borrado. ?Que Pasó?
Comenzar a vivir:
Ayer comencé a vivir la vida que me regalaron el día que nací. Algunos profesan que me la regaló un gran señor que vive en un lugar muy apartado en el cielo, tan lejos que ni siquiera con una nave se puede llegar hasta su casa. Otros en cambio dicen que quien me la regaló fue un conjunto de fenómenos que al hacer una reunión decidieron crear la vida que modificara este mundo. En realidad no me importa quien fue. Solo sé que ayer las estrellas no brillaban con la intensidad de hoy y el ruido de los grillos que ayer no podía soportar se convirtió en una melodía que me llena el alma de armonía.
En realidad esta armonía comenzó ayer cuando salía del hospital. Al fijarme en una esquina, me di cuenta que estaban derrumbando la casa antigua que, según tenía entendido, era de un gran señor rico que daba todos los días fiestas de gala para su familia. En ese tiempo esa casa era la envidia de todas las otras con su ambiente y lo genial que era en aquel tiempo la arquitectura de su estructura. Ahora es solo una casa vieja abandonada usada muy a menudo por los transeúntes para hacer sus necesidades fisiológicas. Si ellos hubieran estado cuando era el orgullo de esa familia rica estoy seguro que no se comportaran de esa forma. En realidad he pasado por este lugar muchas veces y no recuerdo haberme fijado lo monumental de su construcción y lo hermoso de las columnas que llenan la cuadra de esplendor. Lo que más lamento es que en el lugar donde esta esa casa van a construir un centro comercial que según los diseños que tienen, va a beneficiar la urbanización y el desarrollo de los habitantes de esa zona. Creo que será un buen lugar pero nunca como la vieja casa que sin ser de tecnología constructiva moderna esta en recuerdo de todos los que pasaron por este lugar en sus buenos tiempos.
Recuerdo muy poco los buenos tiempos que he pasado. Antes de ayer, recuerdo mi vida de manera fugas sin tiempo para dedicar para vivirla. Recuerdo solo los momentos fundamentales. En realidad recuerdo algunas cosas con detalles mínimos con el nacimiento de mi hermanita o la vez que me atraparon robándole los anoncillos al señor Félix. También recuerdo que de hace un tiempo mi vida se complicó mucho y aumentó el rigor en mi trabajo. En casa con cualquier comida ligera me sentía lleno. Recuerdo que baje de peso de manera acelerada, y atribuí esta falta de apetito al estrés del que era víctima, aunque ahora sé que esa fue la forma que encontró mi cuerpo para que le dedicara tiempo a vivir mi vida.
“Vivir mi vida” es el nombre de una canción de Marc Anthony que creo finalmente haber entendido. Antes pensaba que para él era muy fácil decirlo pues tenía la vida que tenía que quería tener, con fiestas, dinero y fama. Sin embargo ahora no pienso en él, sino en mí que no debería estar preocupado por su vida y si por la mía, porque aunque sea menos emocionante es la que me da placer, felicidad y alegría. Por suerte ayer comencé a vivirla y me siento feliz pues el día de ayer me duro lo que me duraba antes un año. Ojala pudiera vivir muchos años más y disfrutar lo bueno y lo malo que tiene esta vida pues lo bueno se disfruta y lo malo también si tienes en cuenta la parte buena que tiene.
Recuerdo cosas malas que más tarde se convirtieron en buenas. Una es el servicio militar. Luego de un tiempo en el servicio recuerdo que no aguantaba más que alguien manejara mis acciones (eso aún me parece ofensivo) y recuerdo que hice ciento y tantas guardias que casi doblegan mi carácter. Ahora es solo un mal recuerdo pero me enseño lo que era disciplina y me enseño a enfrentar las dificultades, lo que actualmente me está sirviendo de mucho pues me permite no doblegarme ante nada y ver lo lindo de las noches sin estar obligado a estar en algún lugar.
Esta noche es perfecta como ya había dicho. Todo lo veo hermoso, y lo que no lo veo interesante. El cielo con sus estrellas esta increíble. Espero que lo del señor que te espera en otro mundo diferente a este sea verdad y así nunca dejare de ver las estrellas en la noche. Allí está escorpión uno de los signos del zodiaco, y eso es la única cosa que encuentro perturbadora de este momento, pues desde ayer odio el que creo todo lo que tenga que ver con esos signos. Ojala que nunca hubieran existido y ya no mirare al cielo para no encontrar nada más que no me guste. Prefiero segur con lo bueno de la vida y olvidarme de lo malo pues este mundo es increíblemente magnífico.
NOTA: Por suerte esto es solo un cuento y no tiene nada que ver con mi realidad.
“Amor imposible”
Desde pequeña le habían enseñado que no se debe desear algo si estaba al tanto de que le pertenecía a
otro. Pero no pudo evitarlo, se enamoró de él no más verlo. Y al parecer fue recíproco,
porque él no demoró en acercársele. A los pocos minutos, ya parecían conocerse de toda la
vida y hablaban su propio lenguaje. Sin apenas notarlo, comenzaron a compartir caricias y
abrazos. Ella se deleitaba con la textura de su piel y él adoraba el olor y sabor de su cuerpo.
Juntos compartieron un momento tan mágico e íntimo que olvidaron al resto del mundo.
Rodaron enredados por todo el cuarto y ambos terminaron extenuados y jadeando.
Finalmente llegó la hora de irse. Ella rogó por quedarse más tiempo, pero no hubo
respuesta a su ruego. Él intentó seguirla, mas le detuvieron el paso. Ella se alejó llorando,
lamentando el hecho de querer algo que jamás sería suyo. Él la observó alejarse con un
quejido de tristeza.
─ Lorna, deja ya de llorar mi vida, prometo que te voy a comprar un cachorro como el de la
tía Ana...
"Agazapada"
Estoy aquí en medio de esta planicie cubierta de vegetación, me encojo de patas y pego mi panza sobre la tierra que aún conserva la humedad de la noche anterior. Las gotas de rocío lo han bañado todo y los primeros rayos del sol se vislumbran a lo lejos. Otras criaturas recorren la pradera, los puedo ver a través de la hierba que me sirve de cómplice en mi inusual escondite, ignoran que estoy aquí, observándolos.
Mi instinto, me grita: “ve a por ellos”, sin embargo, a pesar de que normalmente cuando me agazapo así, es para ir tras una conquista, hoy no ese es el motivo por el cual me tiendo entre la alta hierba. Hoy, me oculto porque tengo miedo.
Yo que nací en una cuna de depredadores, los que me enseñaron a cazar y elegir las mejores presas, en este amanecer me siento una de ellas. Temo salir ahí donde todos pastan sin saber que existo, ahí a ese lugar donde cada centímetro es incierto, donde la realidad es muy cruel y sobre todo dolorosa.
Recuerdo aquellos días en los que corría sin temores sin otra meta que el horizonte, cuando me regocijaba al ver el viento jugar con las hojas… con todo. Sencillamente era feliz, vivía en la ignorancia de lo que me rodeaba, no me interesaba nada más, pues con solo recorrer todo ese terreno, que por ley de la naturaleza es mío, me bastaba para sentirme plena.
Hoy temo… pero no, tengo que ser valiente!!! Lentamente me incorporo, algunas criaturas se ponen a la defensiva, ellas, no me interesan. Entonces, doy un paso, y otro, y otro, apresuro la marcha y comienzo a correr, y siento el azul!! y el verde!! Y el viento me acaricia la cara y dibuja unos cirros en el cielo para mí, mi corazón se quiere salir del pecho, a lo lejos veo el horizonte, una bandada de pájaros escapa de entre los árboles a toda velocidad y continuo corriendo, vuelvo a ser feliz, no escucho otro sonido que el susurro del viento en mis orejas…
Alguien pisa la hierba cerca de mí, reacciono, bajo un poco más la cabeza, no quiero que me vean. Continúo aquí en medio de esta invisibilidad y descubro que el viento no corre… ni yo tampoco.
"Aprender a decir NO"
Puede que les parezca raro que plante una negativa como título en este artículo. Es cierto, da la impresión de que incito a no ser solidarios, a no compartir lo que tenemos aunque sea poco. Sin embargo, sé que muchos al leerlo entenderán o tendrán una idea enseguida de qué va este escrito que hace días estaba por escribir.
El hombre vive en sociedad y como ser social que es, necesita pertenecer a un grupo y ser aceptado por los demás. Tristemente en el proceso de lograrlo pierde la noción de lo que significa renunciar a lo que “es” por agradar a alguien más. Resalto la palabra “es” porque aunque esté constituida por dos letras, encierra mucho en su significado, no importa el contexto en que sea utilizada.
Durante toda la vida, somos expuestos a cambios, a interactuar con otras personas y por supuesto con otros grupos sociales diferentes al nuestro o a esos con los que estamos acostumbrados a lidiar. La mayoría somos resistentes a los cambios, puesto que es muy difícil ser el que llega, el extraño, el que apareció, esa persona a la que todos mirarán y se preguntarán: ¿y este de dónde salió? Entonces por la pretensión de ser aceptado con rapidez, a veces cedemos en ciertos aspectos que van en contra de nuestra personalidad.
En la etapa de la adolescencia, es donde más propensos somos a negarnos para “caer en gracia”, lo que trae como consecuencia, la elección de las amistades erróneas, la iniciación en el consumo de drogas, el sexo desprotegido y sin amor, llegamos a cometer acciones de las cuales nos podemos arrepentir en el futuro; todo porque nos sentimos presionados por los demás, por esos a quienes queremos agradar, a quienes queremos impresionar y demostrar que somos capaces de “hacer”.
En esos momentos de “debilidades” siempre es bueno tener una mano amiga que te guíe por el camino correcto, pero… ¿y si esa mano no existe? Solo quedamos nosotros, los máximos responsables de lo que sucede en nuestras vidas, somos los que tenemos que asumir el timón de este navío en plena tempestad, nadie más.
Entonces, vale hacer una pausa, detenernos a reflexionar y preguntarnos qué es lo que estamos sacrificando y a qué cosas estamos renunciando. ¿Por qué razón hay que hacer algo con lo que nos sentimos mal para agradar a otra persona? ¿Por qué hemos de cambiar nuestra manera de ser y de pensar solo para ser aceptado? ¿Por qué acceder a tener sexo cuando no se desea? ¿Por qué acceder a tener sexo desprotegido poniendo en riesgo nuestra vida? ¿Por qué aceptar drogas cuando sabemos lo dañinas que son? ¿Por qué callar ante una injusticia? … Llueven los porqués y no se terminan, son muchos los planos a los que se puede llevar esta polémica idea que decidí compartir hoy con ustedes.
Considero que negarse a uno mismo es el peor engaño que existe. Cuando nos negamos, no somos felices y difícilmente lograremos hacer feliz a los demás, pues nunca se queda totalmente bien con otras personas, somos diferentes y actuamos en la misma medida.
Tengo claridad que negarse ante una petición de una persona que nos importa o que influye en nosotros de cierta manera es bastante difícil, pero nada se compara con el hecho de sentirse bien con uno mismo, mucho menos con el hecho de saber que un problema o situación de graves consecuencias, pudo haberse evitado si hubiéramos dicho NO a tiempo.
Por ahí nos pillamos.
LA ARAÑA Y EL MURCIÉLAGO.
(Fábula)
En un viejo árbol vivían una araña y un murciélago.
Eran muy diferentes en muchas cosas. La araña atrapaba insectos con su pegajosa tela, tendida entre dos ramas. Cada amanecer salía a inspeccionar su tela, quitaba las hojas secas que se le habían pegado y reparaba los hilos rotos. Luego esperaba que cayera algún insecto, pues con ellos se alimentaba. Según crecía, necesitaba más comida, por lo que también tenía que trabajar duro cada día para agrandar su tela. Con tanto quehacer, la araña se cansaba mucho y se iba a dormir cuando empezaba a oscurecer.
El murciélago, que también comía insectos, se despertaba al anochecer en un hueco del árbol que era su casa, muy cerca de la tela de la araña y salía volando para capturar en el aire polillas y mosquitos. Un poco antes de salir el Sol, que lo cegaba con su luz, regresaba a su hueco para dormir todo el día.
Una vez la araña, agrandando su tela, tapó la entrada del hueco del murciélago. Cuando aquel se despertó y quiso salir, se enredó con los fuertes hilos y tuvo que aletear duro hasta romperlos, pero las hebras se quedaron pegadas a sus alas y le estuvieron estorbando para volar, así que no pudo cazar lo suficiente. Esa noche se cansó mucho y regresó al árbol con el Sol afuera ya.
Cuando se acercó a su cueva, vio a la araña reparando la tela que él había roto la noche anterior, y lo comprendió todo. Se puso muy furioso y le gritó:
- ! Tú tapaste la entrada de mi cueva ¡ !Por tu culpa me cansé, me quedé con hambre y el Sol lastimó mis ojos¡
La araña, malhumorada también, le respondió:
- ! Tú rompiste la tela que yo estuve tejiendo ayer todo el día ¡ !Por tu culpa hoy tendré que trabajar doble y no podré atrapar toda la comida que necesito¡
Y empezaron a pelear. El murciélago logró morderle una pata a la araña y ella lo picó a él en el hocico.
Jadeantes y adoloridos, se separaron mirándose con odio y, sin dejar de vigilarse mutuamente, se retiraron a sus refugios para curar sus heridas y pensar en cómo vengarse. La araña quedó con una pata coja y el murciélago con el hocico muy hinchado. Ninguno de los dos pudo conseguir comida durante varios días.
Ambos comprendieron que otra pelea sería muy costosa, pero no estaban dispuestos a rendirse. La araña decidió seguir tapando diariamente la entrada de la cueva, mientras el otro determinó romper cada noche toda la tela que pudiese, esperando cada cual que el otro se muriese de hambre o se mudase a otra parte. Pero no ocurrió lo uno ni lo otro. Y los dos sufrían, porque dedicaban más tiempo y energías a molestarse mutuamente que a buscar comida.
Un día, una lechuza que vivía cerca y lo había visto todo, les dijo:
- Amigos, ¿por qué no hacen las paces de una vez y se dedican a buscar su alimento con tranquilidad?
- No se puede -dijo la araña-. Hace un tiempo él me mordió una pata y desde entonces ha estado rompiendo a diario mi tela, por lo que no puedo cazar lo suficiente y paso hambre.
- ¡No se puede! -dijo el murciélago-. Ella una vez me picó el hocico y todos los días tapa la entrada de mi cueva con su tela, que se pega en mis alas y me dificulta volar, por lo que paso mucha hambre.
- ¿Y no comprenden que los dos están pasando trabajo y hambre sin necesidad?- dijo entonces la lechuza- ¿Ustedes creen que seguir rompiendo la tela y tapando la cueva les mejorará la vida? Si dejan de molestarse uno al otro, podrían comer y descansar más.
Ambos se quedaron serios, callados y mirando para abajo, que es lo que se hace cuando a uno le dicen una verdad así.
La araña reaccionó primero:
- Pero si yo no pongo mi tela en la entrada de su cueva, dejaré de atrapar insectos y seguiré pasando hambre. Además, el árbol es muy grande y hay otros huecos donde el murciélago puede hacer su casa.
A lo que contestó la lechuza:
- Eso es cierto, pero tú también podrías agrandar tu tela para otra parte. Además, si el murciélago pudiera salir a cazar sin estorbos en sus alas y sin la inútil tarea de romper tu tela, estoy seguro que podría traerte cada amanecer una gran polilla para que tú no tengas necesidad de tapar su cueva. ¿Qué dices, murciélago?
El murciélago escuchaba muy callado. Comprendía que seguir como hasta ahora era terrible, pero pensaba que la araña había empezado la pelea, recordaba con amargura su hocico lastimado y no le parecía justo traerle cada noche una polilla a quien tanto lo había mortificado.
Así que le dijo:
- ¿Me pides que sea amigo de la araña, después de todo lo que me ha hecho? ¿Pretendes que olvide la mordida en mi hocico y las tantas veces que he tenido que volar con su tela pegada en mis alas?
- La amistad no se hace en un día, y las cicatrices siempre estarán ahí –respondió la sabia lechuza-, pero les propongo que en lo adelante se permitan vivir uno al otro, y así cada cual se ayudaría también a sí mismo. El rencor no produce bienestar.
Largo rato se miraron los dos enemigos. Ambos sacaban sus propias cuentas y llegaban siempre a la misma conclusión: Debían terminar aquella disputa. Pero desconfiaban uno del otro. Finalmente el murciélago decidió que tenía dentro de sí el valor suficiente para confiar (porque hace falta mucho valor para confiar) y dijo:
- Acepto.
La araña lo pensó un poco más, pero al final también accedió.
Desde entonces ha vuelto la paz a aquella parte del árbol. La araña quitó su tela de alrededor de la entrada de la cueva y tejió un espeso dosel encima, para que no penetrase la lluvia.
El murciélago sale libremente a cazar cada noche y nunca se olvida de traer una gorda polilla que deja pegada en la tela de la araña.
Y la lechuza dice que ya hasta se saludan y, a veces, conversan un poco.
LA ARAÑA Y EL MURCIÉLAGO.
(Fábula)
En un viejo árbol vivían una araña y un murciélago.
Eran muy diferentes en muchas cosas. La araña atrapaba insectos con su pegajosa tela, tendida entre dos ramas. Cada amanecer salía a inspeccionar su tela, quitaba las hojas secas que se le habían pegado y reparaba los hilos rotos. Luego esperaba que cayera algún insecto, pues con ellos se alimentaba. Según crecía, necesitaba más comida, por lo que también tenía que trabajar duro cada día para agrandar su tela. Con tanto quehacer, la araña se cansaba mucho y se iba a dormir cuando empezaba a oscurecer.
El murciélago, que también comía insectos, se despertaba al anochecer en un hueco del árbol que era su casa, muy cerca de la tela de la araña y salía volando para capturar en el aire polillas y mosquitos. Un poco antes de salir el Sol, que lo cegaba con su luz, regresaba a su hueco para dormir todo el día.
Una vez la araña, agrandando su tela, tapó la entrada del hueco del murciélago. Cuando aquel se despertó y quiso salir, se enredó con los fuertes hilos y tuvo que aletear duro hasta romperlos, pero las hebras se quedaron pegadas a sus alas y le estuvieron estorbando para volar, así que no pudo cazar lo suficiente. Esa noche se cansó mucho y regresó al árbol con el Sol afuera ya.
Cuando se acercó a su cueva, vio a la araña reparando la tela que él había roto la noche anterior, y lo comprendió todo. Se puso muy furioso y le gritó:
- ! Tú tapaste la entrada de mi cueva ¡ !Por tu culpa me cansé, me quedé con hambre y el Sol lastimó mis ojos¡
La araña, malhumorada también, le respondió:
- ! Tú rompiste la tela que yo estuve tejiendo ayer todo el día ¡ !Por tu culpa hoy tendré que trabajar doble y no podré atrapar toda la comida que necesito¡
Y empezaron a pelear. El murciélago logró morderle una pata a la araña y ella lo picó a él en el hocico.
Jadeantes y adoloridos, se separaron mirándose con odio y, sin dejar de vigilarse mutuamente, se retiraron a sus refugios para curar sus heridas y pensar en cómo vengarse. La araña quedó con una pata coja y el murciélago con el hocico muy hinchado. Ninguno de los dos pudo conseguir comida durante varios días.
Ambos comprendieron que otra pelea sería muy costosa, pero no estaban dispuestos a rendirse. La araña decidió seguir cubriendo diariamente la entrada de la cueva, mientras el otro determinó romper cada noche toda la tela que pudiese, esperando cada cual que el otro se muriese de hambre o se mudase a otra parte. Pero no ocurrió lo uno ni lo otro. Y los dos sufrían, porque dedicaban más tiempo y energías a molestarse mutuamente que a buscar comida.
Un día, una lechuza que vivía cerca y lo había visto todo, les dijo:
- Amigos, ¿por qué no hacen las paces de una vez y se dedican a buscar su alimento con tranquilidad?
- No se puede -dijo la araña-. Hace un tiempo él me mordió una pata y desde entonces ha estado rompiendo a diario mi tela, por lo que no puedo cazar lo suficiente y paso hambre.
- ¡No se puede! -dijo el murciélago-. Ella una vez me picó el hocico y todos los días tapa la entrada de mi cueva con su tela, que se pega en mis alas y me dificulta volar, por lo que paso mucha hambre.
- ¿Y no comprenden que los dos están pasando trabajo y hambre sin necesidad?- dijo entonces la lechuza- ¿Ustedes creen que seguir rompiendo la tela y tapando la cueva les mejorará la vida? Si dejan de molestarse uno al otro, podrán comer y descansar más.
Ambos se quedaron serios, callados y mirando para abajo, que es lo que se hace cuando a uno le dicen una verdad así.
La araña reaccionó primero:
- Pero si yo no pongo mi tela en la entrada de su cueva, dejaré de atrapar insectos y seguiré pasando hambre. Además, el árbol es muy grande y hay otros huecos donde el murciélago puede hacer su casa.
A lo que contestó la lechuza:
- Eso es cierto, pero tú también podrías agrandar tu tela para otra parte. Además, si el murciélago pudiera salir a cazar sin estorbos en sus alas y sin la inútil tarea de romper tu tela, estoy seguro que podría traerte cada amanecer una gran polilla para que tú no tengas necesidad de tapar su cueva. ¿Qué dices, murciélago?
El murciélago escuchaba muy callado. Comprendía que seguir como hasta ahora era terrible, pero pensaba que la araña había empezado la pelea, recordaba con amargura su hocico lastimado y no le parecía justo traerle cada noche una polilla a quien tanto lo había mortificado.
Así que le dijo:
- ¿Me pides que sea amigo de la araña, después de todo lo que me ha hecho? ¿Pretendes que olvide la mordida en mi hocico y las tantas veces que he tenido que volar con su tela pegada en mis alas?
- La amistad no se hace en un día, y las cicatrices siempre estarán ahí –respondió la sabia lechuza-, pero les propongo que en lo adelante se permitan vivir uno al otro, y así cada cual se ayudaría también a sí mismo. El rencor no produce bienestar.
Largo rato se miraron los dos enemigos. Ambos sacaban sus propias cuentas y llegaban siempre a la misma conclusión: Debían terminar aquella disputa. Pero desconfiaban uno del otro. Finalmente el murciélago decidió que tenía dentro de sí el valor suficiente para confiar (porque hace falta mucho valor para confiar) y dijo:
- Acepto.
La araña lo pensó un poco más, pero al final también accedió.
Desde entonces ha vuelto la paz a aquella parte del árbol. La araña quitó su tela de alrededor de la entrada de la cueva y tejió un espeso dosel encima, para que no penetrase la lluvia.
El murciélago sale libremente a cazar cada noche y nunca se olvida de traer una gorda polilla que deja pegada en la tela de la araña.
Y la lechuza dice que ya hasta se saludan y, a veces, conversan un poco.
Testimonio del hasta siempre
Al paso de la caravana de nuestro eterno Comandante mi cuerpo se estremeció; como tantas otras veces, lo vi inmenso, con los bríos de siempre, erguido, saludando, para mí como para otros tantos que bien lo quieren, NUNCA muerto. Nací en plena crisis de octubre, mi vida toda llena de Fidel, sus anécdotas y las que cuenta mi madre de 92 años que cargaba los bonos del 26, ocultos en las pacas de piel de mi padre zapatero y músico para ayudar a los barbudos; de todas las obras que creó el Comandante en las que mi madre siempre participó y acompañé aun sin ser ni pionera, ese 26 de julio en Cienfuegos que asistí con todos los de mi ESBEC otra de las obras del Comandante y en los recibimientos a personalidades de diversas partes del mundo. He revivido todas esas experiencias, mi carrera profesional, la de mis hijos, mi vida eternamente agradecida a Fidel y sus acciones, gracias Fidel, todo por él y sus enseñanzas, por siempre Gracias.
Uffff¡ Mil palabras es muy poco. Tuve que darle una tijera espesa a La Araña y el Murciélago y hasta la lechuza cogió su tijeretazo bobo, y así y todo se tuvo que quedar en 1046 palabras. No podía recortarlo más sin que perdiera la esencia.
Es muy buena esta idea pero, por favor, no limiten tanto la extensión de los trabajos.
Saludos.
TU MIRADA
Mi mundo era calma,
edén,
verdor,
tañir de campanas
hasta la llegada
del izar de banderas,
el choque de espadas,
el turbión desafiante
de tu mirada.
"Orgullosamente cangrejera"
Cada amanecer, cuando ya despuntan los primeros rayos del sol, salgo a la calle, en la cotidianidad del día a día. A pesar de que, siempre cruzo las mismas calles, veo en las paradas de las Yutongs los mismos rostros que se dirigen hacía los cayos a trabajar, de que saludo a las mismas personas con las que me tropiezo en mi andar matutino, a pesar de todo eso, termino por encontrar pequeños detalles que matan sin piedad, lo que pudiera ser un despertar bastante rutinario.
Al caminar por el mismo sendero, escuchando la música que me gusta, descubro que no son siempre las mismas nubes las que adornan mi pedazo de cielo, que no sopla la misma brisa del día anterior y que por supuesto, las hojas de los árboles, no bailan de la misma manera. Tampoco los colores son los mismos, el cielo no viste el mismo azul, incluso a veces es medio liláceo, y se torna precioso cuando los primeros rayos del sol le van imprimiendo un amarillo tenue.
Ando por la circunvalación, volando junto con mis pensamientos y sin darme cuenta, aparece frente a mí el inmenso cangrejo que erige en la entrada de mi pequeño pueblo. Ese, al que le veo la cara cada 24 horas, cerca del que me dispongo a diario a esperar un transporte que me lleve hacia el centro de la ciudad.
Observo el ir y venir de la gente, los que llegan desde otras localidades y los que se van hacia la cabecera provincial y sonrío. Mi sonrisa sería un gesto cualquiera, si no viniera acompañado de un cerrar y abrir de ojos, que terminan en un suspiro. No es un gesto cualquiera, supongo que me siento bendecida y descubro, que a pesar de todo, amo la tierra en la que nací.
“La Villa Blanca”, así le dicen por aquí a Caibarién, un pueblecito pesquero, que con el desarrollo del turismo, ya no es tan pequeño como lo era antes. Puede que sea por la idiosincrasia de los que nacimos y hemos crecido en esta tierra de cangrejos y pescadores, pero no he conocido a ninguno que no se sienta orgulloso de este rincón, en el que se puede percibir el delicioso olor del mar. Es que motivos suficientes tenemos para amar lo que hacemos, lo que tenemos, como somos.
Mi municipio, no es perfecto, hay muchas cosas que nos gustaría cambiar, y por qué no decirlo, mejorar también. El cursar del tiempo, ha hecho mella en muchas construcciones de antaño, las que dieron sin lugar a duda una singular belleza a este pueblo, cuando estaba en sus tiempos de mayor resplandor. Eso, es lo que más nos duele, lo que más le preocupa a los caibarienenses, a nosotros que amamos cada centímetro de este lugar.
Hoy podemos disfrutar de un precioso malecón, con el cual nos sentimos muy identificados y a donde van a parar un sinnúmero de personas por un motivo u otro, la verdad la vista al mar, la brisa golpeando en la cara, no tiene comparación. Sin lugar a dudas Caibarién necesitaba un malecón, así lo dijo Fidel, cuando el huracán Kate, arremetió con fuerza en nuestra localidad y la furia de las olas impulsó barcos varias cuadras tierra dentro.
Es difícil encontrar a alguien que sea más fiestero que un caibarienense, durante todo el año hacemos varias fiestas populares: el primero de mayo, las actividades por el inicio del verano, los carnavales de la última semana de agosto y su “Caibarienense ausente”, la semana de la cultura en octubre... No crean exigimos mucho, música, comida y bebida, que la pachanga, la pone el pueblo.
La cúspide de nuestras actividades, sin duda alguna son “Las Parrandas”. Las parrandas son fiestas populares que heredamos de nuestro municipio vecino Remedios, y que ya la sentimos como nuestra. Cada año, lomeros y marineros montan una batalla de iniciativas para demostrar que su barrio es el mejor, algunos se lo toman muy en serio y defienden sus colores con mucha pasión, los de “La loma” visten de azul y los de “La marina” lo hacen de rojo.
Los no tan apasionados, visten como les venga en ganas y bueno, solo se dedican a disfrutar de las congas, de los hermosos trabajos de plazas, las carrozas y los fuegos artificiales.
Particularmente, de todo lo que se puede disfrutar de una parranda, lo que más me gusta son los fuegos artificiales, el cielo se ilumina, adornándose de disímiles colores, y cuando encienden los llamados “tableros”, es un estruendo tal, que a un amigo mío que nos visitó en una parranda pasada, le sacó esta frase: “ustedes están locos, son unos pirómanos!”.
Y es que los caibarienenses somos así, gente sencilla, hospitalaria, que le gusta compartir y sobre todas las cosas, muy jocosa, que quiere lo suyo, su tierra, sus tradiciones y que se enfurece como nadie, cuando algo o alguien, daña eso que tanto ama.
No me considero más patriota que nadie, pero sí, si amo y me identifico con mi Caibarién, con mi provincia villaclareña y llevo con orgullo sangre cubana a donde quiera que vaya, porque nací aquí, en esta isla que baña el mar Caribe.
Como ven, soy una caibarienense más que vive y respira los aires de este pequeño pueblo, esa que cada día, recorre las avenidas de ese lugar en que nació y creció, y que a pesar de la cotidianidad y de las cosas que carece, se siente orgullosamente cangrejera.
Por ahí nos pillamos.
HAMBRE DE MI
A Lagomasino, Gustavo,
Ernesto y Yuri, cirujanos
del Cardiocentro de Santa Clara
La tierra padece hambre de mi
de estos huesos mios anunciadores del silencio,
de la osea cruz que arrastro internamente.
Lo adivino en la lascivia
con que acaricia mis pies descalzos
en su obstinado empeño en no cederme
ni entre espumas de tocador,
en ese empecinamieto floral que me persigue,
en el verdor cegante de la hierba,
en la insistencia pertinaz de los bituríes.
Mas, yo no cedo mansamente a sus prersagios.
Cabalgo épicamente mi esqueleto con sorna displicente
sin lástima por mis safenas,
porque yo también padezco
de un hambre de pantera
por la vida.
Puente de Falcón
Los puentes pueden ser nexos, vínculos o lazos
Que sonríen al río que baña sus entrañas
También daban cobija
A los preteridos por la fortuna
A los desalojados de la tierra
Por el plan de machete
Al servicio del geófago.
Ellos han sido y son de madera, de hormigón, de acero.
Cada puente suele tener su historia o su leyenda.
El de Falcón rebosa gloria
La del argentino harapiento con una estrella de luz sobre la frente
Demoliendo el pasado
Rompiendo nexos,
Desatando lazos útiles a la maldad
Derritiendo aceros al calor de sus ideas
Aunque fuera al precio de la vida
Sobre el negro asfalto de la vía
Junto a la margen de la fluvial corriente
Que acogió sin protestas
La metálica estructura crepitante.
HUAMBO
Al Coronel Hermes Ferrás, cauge
Ca velapo Kuwa ombiali ko Africa.
(Mi mejor Jefe en Africa)
A los abnegados pobladores
De la ciudad de Huambo.
Aquí estás, Flor del Planalto,
Rasgada aun la piel nocturna de caimito
Ajada la corola, los pistilos tardos.
¡Que alegre fue el “anda lene” del saludo!
En el umbundo tenaz de los abuelos,
Cuando el funche susurraba en la marmita
Y a la espalda el retoño reclamante.
¡Qué enervante era el repique del batuque,
El baile ancestro!
Sobre la testa la casa y el mercado
Bajo los pies, las leguas del camino
O la furia criminal de alguna mina.
Te recuerdo como aquel once de noviembre,
fragante a “casungueno” y “masambala”.
¿Por qué el mijo no florece en tus praderas,
Mientras las onzas se escurren entre pastos
En busca de la presa del desayuno?
¿Por qué tus eucaliptos ya no arañan el firmamento
Si en sus raíces aun dormitan los metales
Y las palancas son saetas en lontananza?
Una lápida ensombrece el altiplano
En tus rúas principales, y en Caala y en Cruzeiro
O en Chipipa.
Es una piedra cruenta, de presencia múltiple
Que enturbia las aguas del Cunene,
Que nubla el paisaje del Morro de Moco,
Desde Alto Hama o de Bailundo.
Pero sé que volverás a florecer
Ya sin temores,
Sin odios,
Sin luto
Y volverás a sonreir repitiendo “!tuapandula!”
“!Muito obrigado”,
“Anda lene”, “Ocho ocho!”
Ciudad vida,
Rosa de Jericó de los Planaltos
Algo para vivir.
Algo para vivir has sido tú
que me insitas a la lucha por la vida.
Algo para vivir has sido tú
que me das confianza y alegría.
Cuando la luz del Sol entra por mi ventana
en la mañana tibia de rocío,
cuando tus tiernos labios me seducen
y me llenan el alma de regocijo,
allí estás tú, allí estás tú
colmándome de amores ,
colmándome de amores.
Algo para vivir has sido tú
que has llenado mi alma de amaneceres,
que has hecho florecer
la rosa marchita de mi risa,
algo para vivir, algo para vivir,
has sido , oh,oh,oh...Tú.
10 de febreo 2017 15:57pm.
Nota: El arribo de Fernando a la patria, sus palabras de agradecimiento y una frase de la periodista Arleen ese día en la mesa redonda, me inspiraron estos versos, que no se, si tienen algún valor literario, pero constituyen una muestra del amor, el respeto y el agradecimiento que millones de cubanos, profesamos a los cinco héroes.
CANTO A LOS CINCO
El CANTARLE A LA LIBERTAD
DE LOS HERMANOS PRISIONEROS
ES MISIÓN, ESTÁN PRIMERO
QUE LA PROPIA FELICIDAD
VENTURA NO VERDADERA
SIN LOS CINCO HÉROES PRESENTES
FIRMES, GIGANTES POTENTES
CUBIERTOS EN LA BANDERA
DE LA PATRIA SOBERANA
Y LA SOLITARIA ESTRELLA
GUERRERA, PALOMA BELLA
DEL OLIVO QUE MAÑANA
EL CLARÍN, EN LA SABANA
CANTARAN RENE Y FERNANDO
ANTONIO, RAMÓN, GERARDO
EN LA MANIGUA CUBANA.
Ricardo Hdez Rguez.
28-2-2014
Luz de Vida
Aquella pareja no dejaba de mirar incesantemente la puerta verde, el tiempo infinito ya, hacía que en ocasiones uno de los dos soltara un suspiro de angustia queriendo atravesar la esfera de aquel reloj colgado en la pared para adelantar sus manecillas hasta la hora señalada.
Ella repetía en un susurro cada silaba Genética, genética el cartel de la puerta verde. Era el día señalado para recibir los resultados de unos exámenes realizados tiempo atrás.
De repente, la puerta verde se abre, sale un rayo de luz y con la luz la brisa canta un nombre, la pareja que no ha cesado de mirar aprietan sus manos y corren veloces para introducirse en la oficina.
La mujer gentilmente los acomoda frente aquel que pronunciaría la decisión final, sobre el buró la historia clínica, y sobre ellos un anillo de esperanza.
El señor canoso examina la historia, limpia sus espejuelos…tose, cada minuto le parece a la pareja un mundo.
Cariñoso acaricia el hombro de su esposa, está fría, bañada en sudor extremadamente agitada, su rostro tiene una nube de dolor.
Ha comenzado a hablar el máximo protagonista de su angustia, ellos dejaron de escuchar…… ya no había tiempo, de entre las piernas de ella brotaba el liquido anunciador de una nueva vida.
Ninguno habla, solo se escucha el llanto de una pequeña niña, en las manos agiles de aquel señor canoso que miraba orgulloso el resultado de aquella prueba de genética.
<>
Ann tenía tantas ganas de querer, que se vistió de blanco y corrió a la iglesia. Esperaba engancharse con alguno de esos hombres tristes que las mujeres abandonan a punto de dar el sí, pero sólo encontró al cura. No había un abandonado ese día. Nadie ajeno a la alegría.
Desolada, volvió a su suerte arrastrando el vestido. De tanto llanto se inundó el camino.
El Jíbaro.
Leyendas hay muchas pero sin lugar a dudas esta que kles voy a presentar es una de las más inverisímiles.
Cuentan que por allá por la guerra grande, si, la que duró10 años, en una localidad conocida como Arroyo Blanco, allá donde el diablo dio las tres voces para ser salvado y nadie lo oyó, vivía un hombre de tez morena, fuerte, rollizo, de sonrisa amplia y de cabeza dura al que le decían Yeyo Duane.
Yeyo se dedicaba a cortar la madera con un hacha bien afilada. Traía siempre en su cintura un paraguayo largo y fino enfundado en una funda que casi le daba a la pantorrilla.
Tenía un compadre llamado Jacinto que le ofrecía su casa para pernoctar, mientras hacia la función de padrino de una de sus hijas.
De buenas a primeras Yeyo desaparece de la comarca. Se comienza a rumorar que ha huido al monte uniéndose a un grupo de jíbaros que se alzaron por la zona, realizando fechorías para amedrentar a los pobladores que en busca de la libertad brindaban ayuda a los mambises.
El poblado donde vivía Jacinto era uno de esos , que entregaban lo poco que tenían a los insurrectos cuando pasaban por el poblado en busca de alimentos y medicinas.
Cierto día el compadre Jacinto cortaba una mata de palma, para remendar unos huecos que tenía la pared, y cobijar una parte del caballete del bohío por donde se filtraba el agua, cuando siente un griterío en el batey.
--Vienen, vienen los jíbaros Jacinto- gritaban hombres y mujeres con sus hijos, huyendo hacia el monte cercano.
Jacinto con su hacha y su paraguayo se quedó en el mismo sitio, en una pequeña loma acabando de cortar en pedazos el tronco de la palma derribada, cuando oyó una voz que lo llamaba. Era su compadre Yeyo, el que se fue para el monte y se hizo su enemigo.
--Jacinto, Jacinto..,me enteré que le brindate ayúa a lo mambí- lo increspó.
-- Si, aquí siempre lo jasemos, lo considero un debé- respodió mirándolo fijamente.
--Pue mira , por jeso te pueo cortá la cabeza- y con gesto brusco indicó hacia el pedazo de tronco que Jacinto había cortado y dijo:
--!Eh! !Pon cabeza jallí, pon cabeza jallí!
--Pero ...Yeyo..!que vaijacé!-exclamó asustado Jacinto.
--Yeyo desenfundó su paraguayo y de un solo tajo corto la cabeza de su compadre, que rodó loma abajo, mientras el cuerpo convulsionaba con los últimos latidos del corazón. Reía Yeyo , reía a carcajadas mientras sus compinches quemaban el poblado.
Pasó el tiempo, Yeyo, caminaba por el camino real sin rumbo fijo, lleno de arapos, con un mocho de tabaco entre sus dientes roídos por la falta de cuidado, barbudo y sin pelar.
Pronunviaba solo unas palabras:
--Jagua,jagua, po favo, un poquito de jagua.
Aguien en el sendero, al lado de un pedazo de tronco de palma derribado, colocó una jícara con agua cristalina, unas galletas de campo y un tabaco.
Yeyo lo vio y al cogerla sus manos temblorosas no pudieron llevar el agua a la boca. Toda se botó. Se tiró al suelo sin fuerzas, recostó su cabeza al tronco de palma, y de pronto se oyó el chasquido del paraguayo al cortar la cabeza de un compadre y el susurro de una voz que decía--jagua, po favo, jagua.
De vez en vez, aparecía en el tronco, una jícara llena de agua y un mocho de tabaco.
!Mira! !Mira como se me pone la carne de gallina!¿Y a ustedes?´12.52 10 de febrero 2017.
NI CRUZ NI ESPINAS
Reposaba una escultura sacrosanta
sobre un antiguo mueble de mi alcoba,
cuya frente unas espinas coronaban
entre aromas de azahares y de rosas.
Noche tras noche al ir hacia la cama
sin detenerme a mirarle me dormía;
si despierta en penumbras cavilaba,
me arrojaba al veneno de la inquina.
Cierta tarde de regreso a la agonía
de este nido colgando en el hastío,
descubrí profundamente sorprendida
que el Cristo, del altar, habíase caído.
Perdón si me he olvidado que existías,
inmersa en la gloria de mejores tiempos,
he visto el correr de los adversos días
ahogando recuerdos a orillas del silencio.
Envuelta en nubes de magníficos reflejos
se alzó la dulcísima figura ante mis ojos
y el fulgor de los suyos, pasivos y serenos,
invadió mi habitación de azul y oro.
Deja que aparte de tu frente las espinas
y esa sangre que mana de tus sienes;
y arranque de tus hombros las astillas
de la cruz en ellos reposando hirientes.
En los etéreos repliegues de su manto
escondí, llorosa, mi cara avergonzada,
el bálsamo de su mano disipó mi llanto
y atenuó las desventuras de mi alma.
No es mi perpetua corona de espinas
ni la cruz que encorvando está mi cuerpo
y se incrusta cual cuchilla enmohecida,
lo que atormenta sin piedad mi pecho.
Es el mundo cuyos males va esculpiendo,
hambriento de poder y cegado por la ira,
lo que hace sangrar mi corazón enfermo
de sufrir por tantas almas corrompidas.
No te quejes más ni compliques tu destino,
el bien que anhelas llamará a tu puerta;
nunca más del hastío colgará tu nido,
si le das cabida sin prejuicios ni reservas.
Y no es verdad que me hayas olvidado,
recuerda que para mí nada está oculto;
me he visto en tu arrepentimiento reflejado
cuando invocas mi nombre como escudo.