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Liderazgo republicano usará mayoría en el Senado para presionar a Obama en temas de política exterior

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El liderazgo republicano utilizará la mayoría en el Senado estadounidense para presionar a la Casa Blanca en temas como la guerra contra el Estado Islámico y los programas de espionaje, señala este domingo el diario The Hill.

El partido rojo, que controlará ambas cámaras del Capitolio a partir de enero próximo, tiene como uno de sus objetivos principales evitar reducciones en el financiamiento al Departamento de Defensa y proteger las facultades de vigilancia doméstica de los servicios de inteligencia, añade el rotativo.

“Mi prioridad es hacer que las políticas que tracemos sean las que determinen el presupuesto que necesita el país y no en sentido inverso”, señaló el senador John McCain, quien encabezará a partir de 2015 el Comité de Servicios Armados de la Cámara alta.

Los republicanos también pretenden revivir el caso de la respuesta del Gobierno al atentado contra el consulado estadounidense en Bengasi, Libia, en septiembre de 2012.

En este ataque murieron cuatro funcionarios estadounidenses, incluyendo el embajador en Trípoli, y el incidente aún está bajo investigación del Congreso.

Por su parte, el legislador Bob Corker, favorito para presidir el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, pretende priorizar un nuevo proyecto de ley de autorización del uso de la fuerza militar contra los yihadistas en Iraq y Siria.

La administración Obama basa la legalidad de su campaña en el Medio Oriente en un permiso otorgado por el Capitolio al presidente George W. Bush para realizar acciones bélicas en Afganistán e Iraq tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Congresistas de ambos partidos difieren en los términos de la nueva autorización, pues algunos demócratas intentan bloquear el posible uso de tropas terrestres y limitar la guerra a un período determinado, pero los republicanos desean una campaña agresiva sin limitaciones.

Los golpes de la coalición militar liderada por Estados Unidos contra las agrupaciones de los fundamentalistas en Iraq comenzaron el 8 de agosto, y en Siria el 23 de septiembre sin la anuencia del Gobierno de Damasco.

Estas operaciones han tenido un costo superior a 776 millones de dólares hasta mediados de noviembre pero no han logrado detener la ofensiva fundamentalista.

(Con información de Prensa Latina)

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