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Carlos Celdrán: “El teatro tiene que parecerse a la gente que lo hace”

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“El teatro tiene que parecerse a la gente que lo hace”, aseveró Celdrán. Foto: Marianela Dufflar

“El teatro tiene que parecerse a la gente que lo hace”, aseveró
Celdrán. Foto: Marianela Dufflar

Con la sencillez que le acompaña siempre y esa manera de observarlo todo como si quisiera ver más allá de las cosas y de las personas que le rodean, apareció puntualmente en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, el dramaturgo cubano, Carlos Celdrán, quien ante la convocatoria de la Asociación Hermanos Saiz, se convirtió en el tercer protagonista del espacio “Encuentro con”, realizado este jueves, en la XV Edición de la Feria Arte en la Rampa.

La periodista Magda Resik, quien habitualmente conduce este espacio, comenzó el diálogo con el director artístico y general de Argos Teatro, solicitándole que compartiera con el público recuerdos de su infancia, su vocación por el teatro y por supuesto, sus vivencias en el Instituto Superior de Arte.

A partir de ese momento, Celdrán, entregó a los presentes, además de su inteligencia comprometida con la creación y el arte teatral, sus reflexiones acerca de su vida y obra, mostrando especial sensibilidad y modestia, cualidades que marcan el sello de su personalidad.

De niño Carlos se refugió en la literatura. Cuenta que ese universo le resultó fascinante y le hizo soñar con ser escritor.

Asimismo, recordó que a los 9 años de edad quedó impactado por la actuación de Berta Martínez en “Contigo pan y cebolla”, la primera obra de teatro que tuvo la oportunidad de ver.

En el Instituto Superior de Arte, Carlos, comenzó a ver lo necesario que es la artesanía del teatro. Es justo en el taller de dramaturgia impartido por la profesora, Raquel Carrió, que reconoce la capacidad que posee desde entonces, para tomar decisiones, ser intruso, otra de las cualidades que según él, debe tener un director.

Sin embargo, confiesa, que para poder dirigir hay que ser actor, dramaturgo, conocer todo lo que hace creíble una buena puesta. Fusionar todas estas experiencias hace posible la dirección de actores y de todo lo que se mueve en la escena.

El director teatral rememoró, que en el año 1986 se incorporó como asesor dramático, asistente de dirección y director artístico, al “Teatro Buendía” dirigido por Flora Lauten. Justo en esa compañía gracias a la obra de esta actriz y directora, a su forma de hacer teatro, de defender la actuación como un acto vital donde existía una correspondencia entre lo que se hace y se piensa, logró entender la importancia de un teatro vivo, que no se quedaba en lo teatral, que se proyectaba partiendo de vivencias y realidades para alcanzar la verdadera expresión artística.

“El teatro tiene que parecerse a la gente que lo hace. Debe ser transparente para que se plasme la realidad de cada historia, pero tratando de ir al fondo, para que permita llegar a la esencia de las cosas, de los problemas. Yo busco un teatro sencillo pero profundo. Mi poética se basa en buscar cualidades entre el personaje y las personas. Nunca hago casting, creo en personas que aparecen en mi vida con las que establezco lazos y busco las cualidades que tienen para que todos los días, se dé la vida en el teatro”, comentó Carlos.

Se hace teatro, sentenció, para compensar cosas, heridas, para durante dos horas vivir otras vidas, hacer teatro también resulta doloroso.

El pedagogo cubano, quien ha impartido clases magistrales y talleres en Cuba, Brasil, Venezuela, Argentina, Italia, Francia y Londres, al referirse a su labor como director, aseguró que pese a que lo tildaron de no hacer un teatro cubano, se nutre del mismo.

A Celdrán le gusta el cine para el cual ha hecho guiones y ha trabajado en la dramaturgia de guiones con otros directores. Disfruta de la música, pero la literatura y el teatro lo definen. Por esa razón, confiesa que se prepara mucho para una escena. Dialoga con los actores, intercambia criterios y desarrolla sus ideas de manera colectiva, lo que es, para él, verdadero teatro.

Carlos dijo que para ser cubano no hay que probarlo en un texto o en su teatro. “La cubanidad es un debate y lo que lo define ser cubano, es vivir con las contradicciones con las que se vive en la Cuba de hoy”, sentenció.

“Cuba es mi espacio de creación, es mi laboratorio, es donde se superan las debilidades, donde todos estamos comprometidos. Cuando he tenido que asumir ser director en otro país, lo he hecho como profesional, pero no es mi sociedad, no es mi contexto y se hace difícil”.

Respecto a los jóvenes dijo que le encantaría asumir la radicalidad de su escritura. Pero confiesa que tal vez le falte valor.

“Aposté por el teatro porque me aburro y el teatro obliga a la creación, la búsqueda, y yo necesito una dosis de energía diaria, una dosis de creatividad y eso solo lo da el teatro. Necesito vivir en poesía, levantarme con mi magia. El teatro, definitivamente me entretiene”.

Al concluir, Carlos Celdrán caracterizó al cubano como un individuo movido por la pasión, el compromiso y el desgarramiento. Pero señaló que es a la misma vez una cualidad negativa ya que no permite ir a las esencias, tomar distancia, racionalizar, razonar, entender, penetrar en el fondo de las circunstancias. “Y todo eso, en teatro, es falta de guion. No hay un calado fuerte precisamente por la pasión”.

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Me da miedo no saber cómo convencer y guiar a otros,
no sentirme seguro, reveló Carlos Celdrán. Foto. Marianela Dufflar

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La periodista Magda Resik y el dramaturgo Carlos Celdrán compartieron con el público este jueves en el espacio “Encuentro con”. Foto: Marianela Dufflar

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Celdrán entregó a los presentes además de su inteligencia
comprometida con la creación y el arte teatral, sus reflexiones acerca su vida y obra. Foto: Marianela Dufflar

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Marianela Dufflar

Marianela Dufflar

Colaboradora de Cubadebate. Master en Relaciones Públicas, Especialista en Comunicación de ARTex, Premio Espacio 2015 de Relaciones Públicas.

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