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Nersys Felipe: “Soy mujer de quedarme donde estoy”

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nersys felipePor Jaime Masó

Nersys Felipe es un orgullo pleno de Cuba. Sensible, sencilla… adorada no solo por su valiosa y bien cultivada obra, sino por la modestia que le caracteriza. Que Nersys Felipe diga que todavía debe aprender deja un mensaje claro y directo para quienes se inician en la literatura o cualquier camino en la vida. La experiencia se venera y Nersys Felipe también.

En una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a escribir para los niños, resulta una incógnita saber, ¿cómo fue su infancia en Guane, Pinar del Río?

Nací en Pinar del Río pero mis abuelos maternos vivían en Guane y viajaba con ellos en tren hasta allá, de ahí que me gusten tanto los trenes. (Se Ríe). Una niña pequeñita que iba de la mano de su abuelo y se montaba en un tren de aquella época que eran más pintorescos que los de ahora. Eso fue durante toda mi infancia y duró, fíjese usted, hasta que me gradué de maestra.

¿Cómo era el Pinar del Río de aquella época?

Mira, lo que más recuerdo de aquella época de Pinar del Río es la calle Maceo. Yo caminaba hacia el colegio de las monjas donde terminó mi niñez y empezó mi adolescencia. Y después seguí por esa calle Maceo hasta un poco más arriba hasta llegar al Parque de la Independencia donde estaba la Escuela Normal de Maestros y donde me gradué y aprendí mucho.

¿Quién decidió nombrarla Nersys?

Pero yo no me llamo solo Nersys. Yo me llamo Nersys Teresita Gisela Ramona. (Se ríe). En aquella época eso era muy común. ¡Ay, mi madre! Me llamo Nersys porque mi madrina, la que me bautizó, había leído una novela que la protagonista se llamaba así. Teresita porque le gustaba a mi mamá; Gisela a mi papá y el cura de Guane decidió que me tenían que poner el nombre del santoral católico.

¿La literatura llegó por obligación, necesidad o fue un total descubrimiento?

Ah, no, no fue descubrimiento. En la primaria, la superior y la normal, yo era celebrada por la manera en que escribía los trabajos. Parece que eso era como una premonición.

¿Hubo en sus inicios algún escritor que sirviera de modelo?

Cuando empecé en la radio a escribir un programa para niños en 1970, no había un movimiento grande de literatura infantil. No dejaba de buscar en los periódicos y sobre todo en la Bohemia poemas de Mirtha Aguirre, Eliseo Diego, Nicolás Guillén… los coleccionaba. No es que fueran mis íconos sino que me ayudaron, me enseñaron mucho. También José Martí. Dicen ahora, específicamente Nelson Simón, que mi obra está recorrida por una sabia martiana. De La Edad de Oro bebí muchas cosas buenas y me llevó Martí por muy buen camino.

¿Fue la radio, entonces, el resultado de sus libros Cuentos de Guane y Román Elé?

Sí, todo salió de la radio. De aquellos libretos infantiles que yo escribí seis años. Después, con el tiempo, muchos me dijeron que mis libretos eran literatura. Yo fui una mujer de la radio y a este medio le debo mucho.

Con todo y el reconocimiento que tiene su obra en Cuba y en muchas partes del mundo, sigue viviendo en Pinar del Río y no opta por instalarse en la capital. ¿Por qué?

He vivido 78 años en el mismo lugar. No soy una mujer de cambios. Soy mujer de estar ahí y quedarme donde estoy.

Y si tomamos el cambio como evolución…

Bueno, como evolución te digo que he cambiado muchísimo. De la forma en que yo escribía cuando comencé a como escribo ahora, soy —modestia aparte— mucho mejor. Y no es porque haya acabado de aprender, no, tengo mucho que aprender. Pero he aprendido a fuerza de equivocarme.

¿Se considera hoy una escritora madura?

No. Pero puedo ser mejor si la vida me alcanza.

No es difícil comprender que Nersys Felipe es una mujer sensible, sencilla. Pero, ¿cuáles son las cosas que más le molestan?

Que alguien me culpe de algo que no hice. Ahí alzo la voz y me pongo muy fea.

¿Sentimental también?

Sí, muy sentimental. Sobre todo con los que me quieren y yo quiero. Sí, soy muy dada a entristecer, sin dudas.

Sobre la literatura para niños que se hace hoy, ¿qué opina acerca de ello?

La gente está cambiando. Han cambiado las temáticas. Los niños de ahora no son como los de la época en que yo empecé a escribir. La vida nuestra en este país no es la misma. Hay más divorcios que antes… en fin una serie de problemas que los escritores están dispuestos a enfrentar con mucha valentía y yo lo encuentro muy bien. Y estamos otros que nos dedicamos a traer el pasado a los niños y eso es bueno, porque sirve de comparación y punto de partida. El movimiento cubano de literatura infantil yo lo considero uno de los mejores en América Latina.

Se le agasaja en esta 23 Feria del Libro de La Habana, ¿cómo tomó la noticia?

¿Quieres que te sea sincera? Lo primero que pensé fue: ¡Ay, Dios mío, tengo que escribir otro discurso! (Se ríe). Pero enseguida se me pasó. Esto es un honor, una gentileza tan grande del Instituto Cubano del Libro, de Zuleica Romay y de todos los que decidieron dedicarme la Feria. Yo tengo que agradecer a muchas personas: a mi familia, a mis amigos, a los profesores, a las monjas, la escuela Normal de Maestros… uno no se hace solo, Jaime, uno se va formando con lo que te dan los demás y a través de lo que vas viviendo.

¿Completamente una mujer feliz?

No. En lo que respecta quizás a mi obra, sí. Y tampoco, porque no todo lo que he escrito es tan bueno, no te creas. No me puedo sentir feliz porque dentro de mi familia hay cosas que me entristecen, por ejemplo, mi hija y mi nieta no están en Cuba, entonces, eso no me permite ser feliz. Ni siquiera gracias al Premio Nacional de Literatura y a la Feria del Libro.

Tengo cuatro palabras y quisiera saber qué significan estas para usted. La primera es:

Niñez.

Esperanza.

Familia.

Cubierta, protección.

Pinar del Río.

“Inabandonable” sería más o menos la palabra.

Cuba.

Cuba es mi orgullo, a pesar de todo, es mi orgullo.

(Tomado de Periódico Cubarte)

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