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Soros propone comprar el clima

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George SorosEl dinero es necesario pero no condición suficiente para enfrentar el cambio climático, tema vital de la cumbre de Copenhague.

George Soros, presidente de Fund Management, dijo allí que las diferencias entre los países desarrollados y emergentes en relación al financiamiento para enfrentar el cambio climático podrían “hacer naufragar” las conversaciones sostenidas en la capital de Dinamarca.

Al respecto propuso la creación de un ambiguo fondo de 100 mil millones de dólares    como ayuda a los países pobres    para enfrentar lo que llama impactos del cambio climático.

Mas, la solución no parece transitar por su fórmula, sino por la de la racionalidad y la cooperación necesarias a todos los “habitantes” del mismo planeta indivisible.

Tendrán que adecuarse las magnitudes de emisión de gases de efecto invernadero y el financiamiento, sobre la base del compromiso de evitar una catástrofe común a ricos y pobres.

Analistas consideran que los primeros serán los que más pierdan, por tener más. Pero los segundos, por tener menos, serán los más desamparados ante la debacle.

La única “inversión racional”  frente al daño en curso sería que los países ricos aporten soluciones efectivas –científicas, económicas y sociales– y los pobres también. Pero ambos en magnitudes distintas, adecuadas a las justas posibilidades de cada cual.

Se le reclama a China o India, por ejemplo, un nivel de contaminación adecuado a intereses de Estados Unidos y naciones desarrolladas de Europa, cuando aquellos países asiáticos poseen en conjunto más de la tercera parte de la población mundial y recién emergen, históricamente, del colonialismo depredador.

En un planeta poblado por cerca de seis mil 780 millones de personas, Estados Unidos y la Unión Europea, en conjunto, poseen apenas el 12 por ciento del total de habitantes, pero con un nivel de contaminación per cápita muy superior a la del resto del mundo.

Aquellos países asiáticos y el resto de los llamados en desarrollo se enfrentan, adicionalmente, al intercambio desigual, al robo de cerebros y al atraso científico y tecnológico relativos, provocados por potencias occidentales, a escala mundial.

El plan presentado por Soros en la Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre Cambio Climático parece más bien una operación financiera en la que países ricos inviertan reservas para comprar acciones del cambio climático.

Como la primera de sus premisas, el especulador internacional partió del consenso en formación entonces sobre un fondo de 30 mil millones de dólares para cubrir el período del 2010 al 2012, en relación con el cambio climático, si bien especialistas esperan que las necesidades asciendan a cientos de miles de millones en 10 años.

La segunda de sus premisas consistía en que, en septiembre de 2009, el Fondo Monetario Internacional (FMI) distribuyó a sus miembros casi 300 mil millones de dólares a través de un instrumento financiero denominado Derechos Especiales de Giro (Special Drawing Rights en inglés), la mitad de los cuales fueron a parar a las 15 mayores economías del mundo desarrollado, pero que permanecen mayormente intocados en sus cuentas de reserva.

“Soros propone capitalizarlos ahora”, según dijo   y que “los países industrializados se junten y presten 100 mil millones de dólares de esos Derechos de Giro, para 25 años, a un fondo verde especial que sirva a los países en desarrollo”.

Sería como someter a la lógica de la ganancia las inversiones en fuentes energéticas bajas en carbono, la reforestación, la protección de la selva y los programas de adaptación a las sequías, las inundaciones y otras consecuencias del cambio climático.    Según él,  “los países miembros podrían utilizar las reservas en oro del FMI –actualmente ascendentes a unos 100 millones de onzas– para garantizar el pago de intereses”.

Se trataría de una inversión de capital en la que el mundo desarrollado, poseedor de total capacidad de decisión, con Estados Unidos al frente, fijaría la pauta y, al final, cobraría sus intereses a través de su sistema bancario internacional, hoy en bancarrota, y que pugna por recuperarse a costa de las naciones pobres.

Los países ricos lavarían su conciencia climática, desviarían emisiones contaminantes hacia el Tercer Mundo y quizás aceptarían cuotas más favorables para su imagen internacional, a la vez que su sistema empresarial y especulativo obtendría sus ganancias.

Sin embargo, Save the Children apela a la conciencia debido a que  “el cambio climático es la mayor amenaza para la salud de los niños en el siglo XXI”, al extremo de considerar que 175 millones de menores al año (se verán afectados en la próxima década por el incremento de desastres naturales como inundaciones, ciclones y sequías.

Estima que por esta causa la diarrea, que acaba con la vida de un millón de niños anualmente, se incrementará en el 10 por ciento hasta 2020.

También calcula que la malnutrición, responsable del daño a 178 millones menores y causa de 3,2 millones de muertes infantiles cada año, afectará a
25 millones de niños en el 2050.

Asimismo alerta que la malaria, motivo por el cual un millón de infantes pierde la vida anualmente, dañará a 320 millones de personas más en el 2080.

El informe Stand up 2009: unidos  contra la pobreza y los cambios climáticos, realizado por la  Campaña del Milenio de Caritas Italia, la Unión Deporte para Todos y el Fondo para la Naturaleza, presentado el 10 de diciembre en Roma, refleja que cada año se producen unos 500 desastres naturales en un mundo donde los cambios climáticos actúan como “multiplicadores de problemas”.

El Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido, subordinado al Ministerio de Defensa británico, pronostica que la temperatura global promedio podría alcanzar en el 2010 el nivel récord de 14,58 grados centígrados, 0,58 grados por encima del promedio de largo plazo de 14,0 grados, lo que torna “más probable que 2010 sea el año más cálido” desde 1860.

En Cuba, especialistas del Instituto de Meteorología promueven trabajar en la adaptación y en prevenir, como lo mejor que pueden hacer los países en desarrollo para aminorar el impacto de un fenómeno global del cual no son los mayores responsables.

Desde 1951, el archipiélago antillano sufre un aumento de 0,6 grados centígrados en su temperatura media y se pronostica que, para el 2100, esta podría elevarse hasta 2,5 grados, como parte de las variaciones de la temperatura media en el planeta.

El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, aprecia en una de sus Reflexiones sobre el cambio climático, que    las naciones más ricas tratarán de lanzar sobre las más pobres el peso de la carga para salvar la especie humana”.

En otro texto añade que cinco mil 200 millones de habitantes del planeta –las tres cuartas partes de la población– viven en países que en mayor o menor grado están por desarrollar y  “demandarán enormes consumos de carbón, petróleo, gas natural y otros recursos no renovables que, de acuerdo con patrones de consumo creados por la economía capitalista, son incompatibles con el objetivo de salvar la especie humana”.

De ahí que la ayuda financiera sea una condición necesaria, pero no suficiente, en relación con este fenómeno medio ambiental; y menos como una transacción aparentemente climática, pero realmente especulativa y de mercado.

(Comentario elaborado por la redacción especializada de Prensa Latina)

Se han publicado 1 comentarios



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  • F. Juan Águila dijo:

    Soros. Apellido de torero. ¿Porque eligió eses apellido?

    Mañana.

    Lo siento.

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