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En el aniversario 75 muerte de Eduardo Chibás, una nueva aproximación histórica a su partida física

Por: Jorge Renato Ibarra Guitart
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Dibujo de Eduardo Chibás. Foto: Archivo.

En días recientes se cumplieron 75 años de un hecho histórico de gran impacto nacional: el suicidio del adalid del Partido Ortodoxo Eduardo Renato Chibás y Rivas que tuvo lugar el 5 de agosto de 1951 y su posterior muerte el 16 de agosto de 1951.

La nación cubana, durante el gobierno del Partido Revolucionario (Auténtico) que presidió Carlos Prío Socarrás, se encontraba inmersa en una seria disputa de intereses políticos con su secuela de escándalos que saturaban el ambiente oficial.

Fue así que en 1951 irrumpió la polémica más álgida de la Republica a partir de una denuncia del senador ortodoxo Eduardo Chibás contra el Ministro de Educación Aureliano Sánchez Arango por haberse apropiado de 300 mil pesos del presupuesto de su ministerio para edificar repartos lujosos en Guatemala.

No debemos pasar por alto que unos días antes personeros gubernamentales habían dirigido un ataque personal contra el padre del propio Chibás acusándolo de lucrar con los ingresos de los campesinos que había contratado en su finca. Esta imputación previa había generado indignación e irritabilidad en el líder ortodoxo quien decidió pasar a la ofensiva.

La polémica entre Aureliano y Chibás formó parte de la trama de acusaciones mutuas entre el gobierno y la oposición. No obstante, la imputación al ministro por malversación se fundó en evidencias no del todo comprobadas que le habían hecho llegar a Chibás por distintas vías.

En general nuestro criterio es que tras esta disputa se encontraba una conjura montada contra el líder ortodoxo a partir de información total o parcialmente falsa la que se le hizo llegar como señuelo para facilitar su descredito público.

El origen de este complot contra Chibás se puede establecer en enero de 1951 cuando el Presidente Carlos Prío convocó a una reunión secreta en su finca “La Altura” a la que fueron citados sus seguidores más cercanos, entre ellos su hermano Paco,  Ricardo Artigas Rabelo, subdirector de la renta de la lotería,  y el propio  Aureliano. En dicho encuentro se trazó un plan para producir el linchamiento mediático de Chibás.

Los políticos auténticos se aprovecharon de algunas debilidades del líder ortodoxo, en particular de su falta de cautela, su apasionamiento abierto y el exceso de confianza que siempre demostró en este tipo de querellas. El objetivo de la directiva auténtica fue ejecutar una burda maquinación que colocara al adalid de la Ortodoxia en una posición comprometida ante la opinión pública.

La información apócrifa que le trasladaron a Eduardo R. Chibás estaba relacionada con una operación del gobierno de carácter altamente confidencial la que tenía relación con el apoyo que Prío le prestaba a la Legión del Caribe y al gobierno de Guatemala para que resistiera los embates de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua. Chibás fue tentado a denunciar a Aureliano por el desfalco de los fondos públicos a partir de unos legajos de muy difícil o imposible verificación.1

Al día siguiente de un encuentro pactado en el Ministerio de Educación por Aureliano y Chibás, el que fue cancelado por la negativa de este último a que le restringieran su libertad de palabra, personeros del gobierno sostuvieron un almuerzo con el Secretario de la Presidencia, Orlando Puentes. Dicho encuentro se previó para chequear el cumplimiento de la conjura contra Chibás y en el mismo estuvieron  presentes el propio Aureliano y  Antonio Prío.2

Un hecho muy singular se produjo cuando, en fecha no precisada aún,  Eddy Chibás recibió una revelación secreta que le hicieron tres personalidades públicas de alto rango referente a una operación fraudulenta de Aureliano en Guatemala.

Según un testimonio de Omar Borges, líder de la juventud ortodoxa, estos indicios se le trasladaron a Chibás en un encuentro que sostuvo con Ignacio Mendoza, un acaudalado corredor de bolsa que había combatido a la tiranía de Gerardo Machado, Guillermo Belt, ex embajador en Washington durante el gobierno de Grau y ni más ni menos que Spruille Braden quien había sido embajador de los Estados Unidos en Cuba y Subsecretario de Estado para América Latina.

Esta reunión de Chibás con los políticos referidos se había concertado previamente por el abogado de la embajada estadounidense en La Habana, Mario Lazo, a quien Chibás le había pedido información sobre un viaje secreto de Prío a Guatemala. El senador ortodoxo previamente había recibido comunicación de que en ese viaje se había urdido el plan para construir un reparto residencial en ese país con dinero público.

Durante el intercambio sostenido en dicho encuentro Spruille Braden, que había ganado cierto prestigio como promotor de las democracias en América Latina, le aseguró a Chibás que tenía documentos que podían comprometer a Aureliano con el negocio sucio referido. De inmediato Chibás se mostró muy interesado en el asunto y le solicitó que les hiciera llegar esos documentos probatorios, al respecto la historiadora Elena Alavez señaló: “Chibás cae en la trampa. La maquinaria de Braden comienza a funcionar para quitar a Chibás del entorno político”.3

De este insólito encuentro queda mucho por esclarecer. Desacreditar a Chibás en público era una de las opciones dentro de la estrategia que le propuso el político Orestes Ferrara al gobierno de Prío para impedir que este asumiera la presidencia en las elecciones de 1952.

Contra el líder ortodoxo se concertaron varias conspiraciones, una que llevaba a su eliminación física, otra a su cooptación por la oligarquía o también mediante su derrota ante otros candidatos que lo pudieran superar. Aunque ciertamente  la vía que en definitiva se impuso fue la de horadar su prestigio personal ante sus seguidores mediante el cuestionamiento de su sinceridad y honor personal.4

Muchos de los momentos más álgidos de la polémica entre Chibás y Aureliano pudieron ser franqueados por el líder ortodoxo fácilmente dado su destreza para debatir temas ásperos y poner a su contrincante en posición desventajosa como lo había hecho en otras oportunidades.

Sin embargo, Chibás debió enfrentar eventos que le fueron desfavorables por la confianza excesiva que puso en las pruebas que le prometió Braden quien en realidad ya no estaba en posesión de cargos importantes dentro del gobierno estadounidense y que presumiblemente pudo haber sido obligado por el Pentágono y otros organismos del llamado “poder profundo” de los Estados Unidos a contribuir a la emboscada que le querían tender a Chibás. También cabe la posibilidad de que Braden fuera amenazado para que no entregase las pruebas que pudieran inculpar a Aureliano.

Esa circunstancia hizo que Eddy Chibás errase en su afán por aplastar al ministro de educación cubano, al no poder brindar las pruebas irrebatibles que le aseguraron y que nunca llegaron a sus manos.

Un hecho sospechoso fue que, en el momento del intento de suicidio de Chibás, Aureliano se encontraba en los Estados Unidos en viaje oficial invitado ni más ni menos que por un alto oficial del Pentágono, el Coronel Hook. Este hecho nos hace sospechar que la trama para acorralar y linchar mediáticamente a Chibás se urdió desde Washington por los buitres del imperio.

Por otro lado, entre los mayores obstáculos que enfrentó Chibás en su polémica con Aureliano estuvo la postura ambigua de la directiva de su partido, que se negó a darle un apoyo resuelto.

El otro inconveniente importante se expresó en la controversia que en torno a su ejecutoria promovieron algunos medios de prensa que siempre lo habían respaldado como la revista Bohemia y los diarios Prensa Libre y El Mundo. Estos rotativos insistieron en que Chibás debería abandonar la polémica con Aureliano, en virtud de que éste último era un contrincante de inferior rango político.

Estas complicaciones surgidas durante este debate público generaron cierto rechazo a la ejecutoria de Chibás en algunos sectores de la ciudadanía que se sentían defraudados por las promesas que éste no pudo cumplir en el sentido de que daría a conocer las pruebas que poseía para condenar a Aureliano.

Por otro lado, el senador ortodoxo pudo interpretar que ese rechazo era mayor de lo que en realidad llegó a ser dado el morbo de cierta propaganda nociva contra él. En la revista Bohemia se expresó: “Hasta los de su partido no hacían nada por defenderlo. Tenía que pelear solo contra todos”.

En tanto el primer Secretario de la embajada de los Estados Unidos en Cuba, en declaraciones que recogió El Mundo, indicaba que un hecho que había afectado mucho a Chibás fue la intención de la directiva del Partido Ortodoxo de ponerlo bajo su control y disciplinarlo.5

Al mismo tiempo, el Consejo Director del Partido Ortodoxo, en la interpretación que hizo de la actuación de Chibás, manifestó parsimonia, vacilación y cierto exceso de cautela. Dicha postura condujo a que ciertos dirigentes ortodoxos como José Pardo Llada llegaran a impugnar sus acusaciones y lo exhortaran a contener sus impulsos y suspender el debate. Dentro de la polémica a la que se vio arrastrado las diferencias públicas con sus seguidores del Partido Ortodoxo sin dudas que lo afectaron considerablemente.

Su suicidio fue un acto de desesperación que puede interpretarse como una salida hacia adelante para hacer que el pueblo y los militantes ortodoxos radicalizaran su postura política. Ello se puede apreciar en sus palabras finales cuando convocó a los cubanos a una ofensiva definitiva contra los males de la República en lo que se conoció como su “último aldabonazo”.

Tras la muerte de Chibás entre las masas populares se profundizó la desconfianza hacia el gobierno, su último discurso resultó un llamado poderoso a la conciencia revolucionaria de muchos ciudadanos que recelaban de la camarilla gubernamental en el poder.

El líder ortodoxo con su mística y carisma siguió perviviendo porque en definitiva el complot tejido por la élite auténtica desde la Finca “La Altura”, para acorralarlo y restarle crédito moral, fracasó. Chibas se acrecentó como un guerrero acrisolado cuando fue acompañado por una muchedumbre que acompañó su féretro por las calles de La Habana. Había dejado tras sí una estela de civismo ciudadano que impactó en la conciencia crítica no solo de los miembros del Partido Ortodoxo sino también en la del pueblo de Cuba.

Al fallecimiento de Chibás se conformó un nuevo escenario político que precipitó algunos hechos posteriores de radical importancia en la historia de Cuba como el golpe de Estado del 10 de marzo y el estallido revolucionario del 26 de julio de 1953. Sin embargo, estaba por definir aún si los propósitos que dieron origen al Partido Ortodoxo podían tener continuidad tras la muerte de su aclamado e indiscutible líder.

Su ausencia fue un duro golpe para sus seguidores y dejó un vacío difícil de reemplazar; por eso es que previo a su muerte y después de ella las tensiones internas entre los ortodoxos nunca dejaron de manifestarse. Recoger la antorcha dejada por Chibás y retomar el curso de las protestas era un reto muy grande de asumir en las circunstancias históricas de una severa crisis institucional que afectaba a todas las agrupaciones políticas.

1 Ramón Rodríguez. “Vergüenza contra dinero” Ed. Política, La Habana, 2007 p 179-180.
2 Newton Briones: “General Regreso” Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2005 p. 284
3 Elena Alavez Martín: “Eduardo Chibás, clarinada fecunda” Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 2009, p. 118.
4 Ramón Rodríguez: Ob.cit p 172- 176.
5 Newton Briones: Ob.cit. p.304-307

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  • Rogelio López Rodríguez dijo:

    Muy interesante, no conocía los detalles de la historia.

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