Sobre la cancha: Tendremos finalíssima

El homenaje a Diego fue completo.
De Qatar en el mes de marzo pasamos a Nueva York el 19 de julio. No hubo finalíssima en su día porque los dioses del fútbol plantearon otros planes para España y Argentina. Estar en lados diferentes del organigrama no era coincidencia, tampoco un cúmulo de hechos predeterminados.
Será la séptima postulación a rey en la historia de la albiceleste. Bueno, en este caso es un intento de mantener la corona. Las especulaciones sobre la calidad de los rivales se han desvanecido en cierta medida tras otra épica remontada. Esta vez, mucho mérito para la familia de Scaloni.
La mística envolvió la previa del duelo en Atlanta. Encima del verde afloraron rivalidades más allá del fútbol. Parecieron pedirse la cabeza nada más sentir el pitazo inicial. En cinco minutos las intenciones quedaron claras. La historia también jugaba sin importar las generaciones.
No es el tipo de partido indicado para una semifinal. Fueron unos primeros 45 minutos de roce intenso, de agónicos compases en los cuales marcar territorio sin balón era una prioridad. La esencia de este bello deporte quedó apartada en un espacio donde el tiempo poco caminaba.
Con el gol de Gordon todo cambió. Y sí, fue al minuto 55, mismo instante en el cual Maradona 40 años atrás desparramó ingleses para hacer su leyenda aún mayor. Quizás pudo ser la venganza perfecta, pero Thomas Tuchel prefirió traicionarse en el peor momento.
Un escenario idílico para hombres de pierna fresca con opciones reales de encontrar campo abierto en busca de hacer más dolorosa la herida. Ahora, eso solo era teoría de los valientes. De esos cuya idea principal es querer rematar a la fiera cuando se vislumbra debilitada.
Nada más lejos de la realidad. Inglaterra asumió un rol timorato, aunque Tuchel diga otra cosa. Desde la banda el cartelón mostraba solo modificaciones defensivas. Claro, el cúmulo de piezas en la zaga no indica mayor capacidad para proteger la mínima ventaja.
Messi comenzó a repartir balones envenenados en cada segundo. Todos veían al menos la prórroga, hasta los pross. De un lado no aparecieron sensaciones de vida, del otro la ilusión iba en aumento. Pickford y el poste ahogaban el festejo, pero era cuestión de paciencia.
A esta Argentina no le asusta el paso del reloj. Todo lo contrario, se le ve más cómoda. Enzo recibió del 10 y el remate marca de la casa nada lo frenó hasta las redes. El giro de guión ya estaba escrito. España abogaba por estirar el duelo desde la distancia a los 120 minutos. Lautaro dijo no. ¿El pase?, sobran los adjetivos para el protagonista. El homenaje a Diego fue completo.
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En la final va a abundar el idioma español, se quedaron el francés y el ingles para más adelante