El Día del historiador cubano

Emilio Roig de Leuchsenring. Foto: Archivo.
El 1º de julio celebramos el Día del historiador cubano y quizás no todos conozcan por qué se ha escogido esa fecha para tal celebración. Justo un 1º de julio, pero del año 1935, fue nombrado Emilio Roig de Leuchsenring historiador de La Habana, hecho que tuvo una gran significación más allá de la historia de la capital. Emilio Roig fue un gran promotor de los conocimientos históricos, de la investigación y de la divulgación de la historia desde esa responsabilidad.
El nombramiento apuntado dio pie a la fundación de la Oficina del Historiador en 1938, y Roig asumió la tarea de investigar y publicar sobre la evolución histórica de La Habana, pero no quedó limitado a ese tema, sino que su obra fue mucho más amplia, en lo cual la historia de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba tuvo un espacio fundamental desde tiempos tempranos. Su Historia de la Enmienda Platt, justo de 1935, tiene una proyección que el autor mismo definió al decir que era un libro antimperialista y reune información y análisis aportadores al tema de alto valor. Su indagación sobre temas del independentismo cubano, sobre los problemas de la República neocolonial constituyeron también aportes muy significativos, a lo que hay que sumar sus estudios martianos, en lo cual su Martí antimperialista, fue un gran desafío en su momento.
Esta obra historiográfica muy brevemente relacionada ya pone al llamado “Emilito” por sus contemporáneos, en una posición muy importante dentro de la Historiografía cubana y, por tanto, dentro del gremio de los historiadores, pero hubo una iniciativa que lo potenció como promotor de la obra historiográfica, de la labor del historiador de manera muy destacada: la promoción de los Congresos Nacionales de Historia.
Desde su liderazgo en la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, fundada en 1940, el historiador habanero asumió la tarea de celebrar esos congresos, a los que acudían los historiadores cubanos y donde Roig ejercía un importante liderazgo, aunque no desde promoverse a sí mismo como presidente de esos eventos, pues tal condición se otorgaba a diferentes colegas en cada encuentro, lo que implicaba un reconocimiento, así como se rotaba la sede por diferentes provincias y localidades del país. “Emilito” organizó el primero en 1942 y los mantuvo hasta el XIII en 1960. La Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) asumió esa tradición en 1997, bajo la presidencia de Eusebio Leal, y ha mantenido la numeración del evento, así como su rotación por el país. Ya realizamos en el 2025 el XXVI Congreso, en este caso en Las Tunas.
Los Congresos de Roig muestran entre sus grandes valores algunos acuerdos muy significativos, como el de proclamar que “Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos”, acuerdo que se hizo llegar al Ministerio de Educación para que esta perspectiva se incorporara a la enseñanza de la Historia de Cuba, cuestión que entonces no se materializó, pero se plasmó toda la argumentación y su demostración en un libro de la autoría de Roig con ese mismo título, publicado en 1950.
En la Nota Preliminar de Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos Roig explica que, en los congresos nacionales de Historia, se había planteado el propósito de estimular el estudio y difusión de la historia nacional más allá del círculo de especialistas, para que llegara al pueblo como forma de reafirmar los valores de la nacionalidad cubana y estimular el “sano patriotismo”. El problema de mayor preocupación radicaba, según afirma en la Nota, en que “malvadamente o con inconsciencia se ha hecho creer al cubano que es un pueblo tan infeliz, incapaz y desgraciado, que ni siquiera pudo romper por su propio esfuerzo el yugo que lo esclavizaba a España y alcanzar su independencia”, por lo que necesitó que otra nación (Estados Unidos) viniera a liberarlo. Esto llevaba a la idea de impotencia congénita. Por ello, se consideró necesario publicar “estas verdades históricas” en amplia tirada para el pueblo cubano. Esto formaba parte del espíritu de esos congresos de historia.
A partir del gran significado de la labor de Roig de Leuchseunring, la Unión de Historiadores de Cuba acordó asumir esa fecha para la celebración del Día del historiador, pues marca un momento importante en el desarrollo de esta profesión en Cuba. Con motivo de esa celebración, se ha decidido también desarrollar toda una jornada, que tiene en el día señalado su momento cumbre, pero que se inicia el 17 de junio en homenaje a nuestro General en Jefe del Ejército Libertador, nuestro Generalísimo Máximo Gómez, y culmina el 30 de julio, en recordación de Eusebio Leal, otra figura que desarrolló una importante labor de promoción de la historia, de rescate del patrimonio con un sentido de aporte social y que es Presidente de Honor de la UNHIC.
Por tanto, desde el 17 de junio estamos en la Jornada del Historiador y el día 1º tendrá un momento cimero con su celebración en Camagüey, como reconocimiento a la labor desarrollada por nuestra asociación en ese territorio. En toda Cuba los historiadores estamos realizando acciones dentro de esta jornada. El inicio fue en La Habana, en la Quinta de los Molinos, donde recordamos a Gómez y donde se entregaron los premios de la crítica histórica y el Premio Nacional de Historia, en este caso al Dr. José Luis Méndez Méndez
Así, los historiadores cubanos afiliados a la UNHIC, a quienes nos dijo Fidel el 16 de octubre del año 2000: Ustedes tienen muchas cosas que contar, que hacer, muchas ideas que transmitir, tienen la ventaja de estar unidos, estar organizados y atacar con todas las fuerzas en una misma dirección, tenemos el compromiso de cumplir con esos deberes. Desde esta organización, continuamos una tradición, a la vez que fomentamos nuevas formas de promover la investigación, la enseñanza y la divulgación de la historia, dentro de nuestra sociedad, a la vez que reconocemos a quienes individual y colectivamente se destacan en esta labor. Por tanto, el 1º de julio es un día de celebración y compromiso para nosotros, los historiadores cubanos.
Sin duda, la labor del historiador resulta muy importante en cualquier sociedad, en cualquier nación, pues conocer nuestras raíces, saber de dónde venimos y cómo el ser humano ha transitado en sus diferentes entornos hasta el presente es muy importante, es determinante para entender quiénes somos y hacia dónde vamos como parte de esa evolución de la humanidad, en cualquiera de sus espacios y tiempos. A partir de ese saber, los cubanos podemos comprendernos mejor, entendernos y aprender de la evolución, de sus contradicciones dentro de las estructuras sociales que han marcado nuestra sociedad en el tiempo, de los combates frente “al otro” por nuestra soberanía, de nuestros valores, de nuestra identidad, es decir, entendernos, identificarnos y proyectarnos desde ese ser. Por tanto, la labor del historiador tiene un indudable sentido de utilidad, de aportación a la sociedad en todos los tiempos y circunstancias, de ahí que celebrar nuestro día es un reconocimiento y un estímulo a esta profesión, su labor y compromiso con la sociedad.


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