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Bahía de La Habana: De la arqueología ambiental a la gestión patrimonial

Por: Lisette Roura Álvarez
Publicado en: Espacios de ciudad
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Foto: Gabinete de Arqueología

La implementación del proyecto Arqueo-Cuba durante los años 2022, 2023 y 2024 ha contribuido al fortalecimiento de las capacidades tecnológicas y gnoseológicas de los partners en Cuba, mediante la retroalimentación de experiencias y conocimientos.

La ejecución de investigaciones arqueológicas en La Habana, ha favorecido, a través de la cooperación, la conformación del plan de gestión del área target elegida, propiciando la educación ambiental enfocada a contrarrestar los efectos del cambio climático.

Se propone la socialización de los resultados científicos obtenidos, para promover en Cuba la praxis arqueológica con un enfoque integral, contentiva de estrategias dirigidas, fundamentalmente, al desarrollo territorial sostenible.

La interacción hombre-naturaleza y los estudios medioambientales han formado parte, durante décadas, de las investigaciones enfocadas en las dinámicas sociales del pasado en Cuba; sin embargo, la mayoría de los proyectos no incorporan propuestas de gestión para los sitios y/o áreas, aun cuando se tiene conciencia de los acelerados impactos del cambio climático.

Arqueo-Cuba: arqueología y sostenibilidad ambiental por una cooperación territorial de enfrentamiento al cambio climático, un proyecto desarrollado entre Italia y Cuba, toma los resultados de las intervenciones arqueológicas, combina los estudios botánicos, faunísticos, geológicos, geográficos, y de accesibilidad, para proponer planes de gestión con un enfoque sostenible en las áreas targets elegidas, que sufren aceleradamente la degradación de sus condiciones medioambientales.

En la cooperación interterritorial e internacional, y la adecuada articulación de los partners para alcanzar los objetivos propuestos, se basa este proyecto, logrados a partir de la profesionalidad y amplia experiencia demostrada por la ONG italiana ARCS-Arci Culture Solidali.

En los años 2022, 2023 y 2024, la Direzione Generale Educazione, Ricerca e Istituti Cultural, la Sapienza-Università di Roma, la Fondazione Scuola dei Beni e delle Attività Culturali y la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana trabajaron arduamente en función de la superación profesional, campañas arqueológicas y fortalecimiento de las capacidades operativas de los principales socios del proyecto a nivel nacional.

El Gabinete de Arqueología de La Habana se implicó en un plan de actividades con una intensidad sin precedentes, siendo la docencia, los estudios medioambientales y la arqueología, los campos de acción fundamentales que fueron identificados como medio para lograr un enfoque integral e inclusivo al tema del desarrollo urbano y rural sostenible.

Enfrentar acciones con diferentes enfoques, en las que intervienen varias especialidades y actores, y volcar los resultados hacia el desarrollo territorial, implica poseer las capacidades cognoscitivas necesarias para lograr los objetivos propuestos. Por ello, la docencia diseñada en este proyecto se encauzó hacia varias direcciones, lograda mediante la cooperación internacional entre instituciones italianas y cubanas.

Concebida la capacitación desde Italia a través de seminarios web y laboratorios presenciales, dirigida fundamentalmente a técnicos y especialistas pertenecientes a las instituciones que integran el proyecto en Cuba, se diseñaron seis módulos con seis seminarios de formación cada uno, así como dos talleres de capacitación.

Los encuentros se enfocaron en temas necesarios para la implementación y resultados del proyecto, como por ejemplo la sostenibilidad, accesibilidad, diseño de parques arqueológicos, etnobotánica, gestión del patrimonio, tecnologías digitales aplicadas a la gestión patrimonial, cambio climático y medioambiente, patrimonio arqueológico, arqueología publica, marketing cultural y turístico, comunidad y sociedad, y conservación preventiva.

Con todos los conocimientos adquiridos y los resultados obtenidos, se ha procedido a ofrecer charlas, presentar ponencias en eventos científicos y congresos internacionales, se han incorporado contenidos a la licenciatura en Preservación y Gestión del Patrimonio Cultural (Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, Universidad de La Habana) y ofrecidos talleres en el municipio Regla (La Habana).

Fortaleza San Carlos de La Cabaña

La intervención arqueológica fue concebida con la finalidad de realizar un diagnóstico que, en términos cualitativos y cuantitativos, permitiera reconocer, caracterizar y documentar elementos culturales que han formado parte de la formación del paisaje histórico de la bahía de La Habana.

De antemano, este espacio exterior era entendido como un yacimiento arqueológico que se prolongaba entre dos recintos de alto valor patrimonial: la fortaleza y la bahía (Lugo, 2023).

Las evidencias halladas, vinculadas de algún modo con la vida cotidiana dentro de la fortaleza y la ocupación del promontorio, resultaron muy interesantes, y abarcan un rango cronológico entre los siglo XVIII y XX, con alguna excepción del siglo XVII. Tal es el caso de una porción de vasija elaborada en la concha del molusco Sinistrofulgur perversum.

Aunque varios documentos refieren los primeros intentos por fortificar el cerro de La Cabaña, así como la existencia de pequeñas obras de vigilancia anteriores a la construcción de la fortaleza y otras ocupaciones temporales, de esos momentos más tempranos poco o nada permanece, pues la envergadura de la obra de fortificación supuso grandes movimientos en el terreno que modificaron los contextos más tempranos.

Especialmente desconocido es el asentamiento de indios floridanos –o indios de los cayos– que arribaron a finales del siglo XVII a La Habana con el propósito de comerciar, y se establecieron en el cerro de La Cabaña (Jiménez y Arrazcaeta, 2010; Lugo, 2023).

Es probable que con esa ocupación se relacione dicho hallazgo, pues estos gasterópodos habitan desde Carolina del Norte (Estados Unidos de América) hasta la península de Yucatán (México), por lo que es muy significativo que se exhumen en contextos arqueológicos cubanos. Las conchas fueron utilizadas por las poblaciones originarias de la Florida, quienes solían portarlas en sus travesías como recipientes, algunas de ellas talladas.

El estudio somero de la vegetación, muy agredida por la incidencia de la salinidad, la quema intencional constante y la abrupta pendiente de la ladera, reportó la presencia de la planta conocida como Boca de León (Rhytidophyllum crenulatum), especie endémica local que solo se había observado en edificaciones cercanas al Castillo de la Real Fuerza (Centro Histórico de La Habana).

Como resultado de la búsqueda y registro de datos arqueológicos, históricos y medioambientales, y de utilidad para futuras propuestas de gestión que incluyan estrategias de protección patrimonial dirigidas a mitigar los efectos negativos del cambio climático y la antropización, se realizaron una serie de recomendaciones a todas las instituciones que comparten las responsabilidades de protección y comunicación de los valores del sitio, pues la fortaleza forma parte del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña.

Se sugirió, que futuros planes de gestión o proyectos de inversión comprendan nuevas formas de accesibilidad y usos públicos con el propósito de potenciar la condición de hito de visibilidad de la ladera de San Carlos de La Cabaña, como escenario de observación transmarino (Lugo, 2023), y que los resultados se vuelquen hacia el montaje de una sala expositiva dedicada a la vida cotidiana en el recinto amurallado.

Cayo Blanco

La conformación de las pautas que se proponen para llevar a cabo la futura gestión patrimonial, corresponde con el nombramiento de Cayo Blanco como “área de interés cultural”, insertada dentro del Paisaje Cultural Bahía de La Habana. Se justifica la propuesta, teniendo en cuenta que dentro de la zona confluyen valores históricos, arqueológicos, arquitectónicos, naturales, paisajísticos, estratégicos-defensivos e industriales.

Como singularidades se identifican:

–Existencia de uno de los polvorines construidos en el siglo XVIII que aún sobrevive en el entorno de la bahía de La Habana.

–Continuidad de ocupación antrópica desde la época prehispánica en la bahía de La Habana, así como la explotación de los recursos naturales del entorno.

–El área se ubica próxima a la desembocadura del río Luyanó, importante elemento de la cuenca hidrográfica de la bahía de La Habana.

Polvorín San Antonio

Tomando en consideración los resultados de las investigaciones históricas, acciones e intervenciones precedentes, se ejecutaron las intervenciones arqueológicas. Los planos correspondientes al siglo XIX, muestran que el polvorín poseía una línea central con pies derechos que soportaban un nivel intermedio para un entrepiso de madera, y en la planta baja servían como elementos de unión para una tablazón que dividía el inmueble, conformando dos secciones de almacenaje a todo lo largo del inmueble.

Igualmente, se puede observar que el piso fue dispuesto con tablas, colocadas sobre otros elementos de madera con el objetivo de aislar el pavimento de la humedad que genera la roca caliza.

Con los objetivos de constatar la presencia o no de pavimento, así como alguna evidencia del sistema de evacuación interno de las aguas de lluvia, e identificar las afectaciones producidas por la contaminación ambiental y antrópica, y teniendo en cuenta el volumen de información histórica y gráfica que se colectó en el proceso de investigación de archivo, se decidió excavar una trinchera donde se halló un apisonado de cal asentado sobre la roca natural; los muros fueron dispuestos sobre un cimiento, combinados con un corte para construir una canal de desagüe pluvial.

Todo parece indicar que las canales fueron dispuestas a ambos lados y a todo lo largo del polvorín, coincidiendo con las dos gárgolas que sobresalen por el fondo de este, aprovechando el relieve natural de la zona, pues el inmueble se edificó sobre una pequeña terraza marina en declive hacia tierras bajas que debieron ser anegadizas y colindantes con el mar.

Otra de las cuestiones observadas en la superficie del polvorín, fue la gran acumulación de fragmentos de tejas criollas (de muslo, de canal, etc.) cubriendo todo el interior, lo que evidencia la utilización de estas para la cubierta externa superior del techo. Con excepción de los fragmentos de tejas y la porción de madera, no se hallaron otras evidencias arqueológicas muebles.

Los estudios interdisciplinares han identificado, en esta área, afectaciones producidas por acciones antrópicas, que, combinadas con las variaciones e incremento de los efectos del cambio climático, díganse fenómenos meteorológicos de todo tipo, han resultado en:

–Parcial degradación de la roca que compone la edificación, producto de la incidencia del viento, la lluvia y la salinidad.

–El retiro/expolio de la cubierta ha acelerado el grado de degradación de la edificación, y la proliferación de plantas dentro del recinto y en los muros que la componen.

–El aumento en los niveles del mar, producido por los efectos del cambio climático, ha afectado la conservación de la línea costera de manglar que protege la zona, provocando a su vez el aumento de la salinidad de los suelos, el arrastre de basuras de diversos materiales hacia territorios “más interiores”, y el socave de los nichos de marea fósil que se observan en la terraza marina sobre la que se construyó el polvorín.

Guasabacoa II

La necesidad de definir las particularidades del sitio e identificar las afectaciones producidas por el cambio climático, así como por acciones antrópicas, y trazar estrategias que permitan la mitigación de dichas afectaciones, fueron los objetivos fundamentales que propiciaron las investigaciones arqueológicas en este yacimiento aborigen.

El área donde se reportó por vez primera constituye un pequeño promontorio de piedra caliza, y un área interior anegadiza con población de mangle negro o prieto (Avicennia germinans), aunque probablemente ocupara un área más amplia.

En los espacios identificados tradicionalmente como sitio aborigen Guasabacoa II se practicaron cuatro excavaciones. La distribución estuvo planificada de acuerdo a los objetivos trazados, pues se fijaron dos calas en terrenos del cayo, y el resto en las áreas de reciente -década de 1990- rellenado.

Las características del antiguo cayo, con reducidas áreas aptas para establecer algún tipo de vivienda, hacen reconsiderar la clasificación del yacimiento arqueológico como sitio de habitación, teniendo en cuenta las amplias zonas de manglares y terreno anegadizo, presencia constante de plagas, y el amplio territorio en el contexto de la bahía que poseía zonas con mejores condiciones habitacionales.

Se propone entonces su reclasificación como sitio de paradero, reconociendo las facilidades que ofrecía el cayo para la pesca y la recolección de moluscos comestibles, actividades que pudieron tributar a asentamientos existentes en la cuenca del río Luyanó, pues los pobladores autóctonos poseían vastos conocimientos del entorno. En opinión del historiador Gerardo Castellanos, “la zona resulta edénicamente adecuada para la vida primitiva, debido a su proximidad al puerto habanero y a la costa Norte, donde abunda la pesca (...) la extensión y lozanía de sus bosques, la fertilidad de la tierra propicia a todos los cultivos, corrientes fluviales de pequeña fuerza, pero muy beneficiosas a la salud (...) los indios tenían donde escoger y usar a su gusto” (1934, p. 122).

La acción antrópica ha propiciado que se reduzca el área de manglares y se acumulen gran cantidad de desechos de diversa naturaleza (arrastres de basuras procedentes de los barcos y los que expulsa el río Luyanó), siendo los más significativos los dejados tras la construcción y remodelación de la terminal de contenedores de La Habana (pilotes de concreto, postes, motores, tubos de drenaje, acumulaciones de piedras, barcazas de hierro en desuso, etc.).

Con el paso de los siglos, la cuenca del río Luyanó y la bahía de La Habana han alcanzado niveles de contaminación que necesitan ser revertidos. Las afectaciones naturales son más intensas cada día debido al cambio climático, como el aumento del nivel del mar, las que se hacen mucho más evidentes durante el invierno, época del año en que la entrada de los sistemas frontales produce fuertes marejadas, que inundan parte del sitio con el agua proveniente de la bahía, provocando la salinización de los suelos y depresión de la población de manglares.

Se hace necesario entonces proponer medidas inmediatas, como por ejemplo la restitución del manglar, el saneamiento de las aguas, así como proceder a la planificación y construcción de plantas de tratamiento de residuos líquidos y sólidos en las industrias que se ubican en la cuenca del río.

Apuntes finales

La ejecución de investigaciones arqueológicas gracias a la cooperación, trazando como objetivo general conformar propuestas de planes de gestión sostenibles, enfocados en la mitigación de los efectos producidos por el cambio climático, ha sido un logro fundamental de la implementación del proyecto Arqueo-Cuba. Durante los años 2022, 2023 y 2024 se ha trabajado con gran intensidad para lograrlo.

Desde el punto de vista social, se ha fortalecido la participación de las autoridades locales y las comunidades relacionadas con las áreas target en la definición de planes efectivos.

Las herramientas y facilidades brindadas por el proyecto han propiciado la adopción de estrategias para salvaguardar el patrimonio histórico/arqueológico y las áreas naturales que los rodean, así como acrecentar la capacidad operativa en las instituciones y la sensibilización de la población para contribuir a proteger las áreas arqueológicas en zonas rurales y urbanas, reduciendo posibles comportamientos nocivos, como el abandono de desechos y daños a los recursos naturales.

Los relevantes resultados de las excavaciones denotan una elección cuidadosa y acertada de los sitios, logrados, en la mayoría de los casos, a través de la cooperación interinstitucional, aplicando novedosas estrategias que se aplicarán para contrarrestar los efectos del cambio climático y los modelos de desarrollo territorial.

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