La manifestación de las madres santiagueras contra la dictadura batistiana

Desfile y concentración de mujeres por la calle Enramada en la ciudad de Santiago de Cuba, en protesta por los crímenes y asesinatos cometidos a plena luz pública. La primera mujer desde la izquierda es Vilma Espín.
En su libro sobre la lucha insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista, titulado Aldabonazo en la clandestinidad revolucionaria cubana 1952-1958, el Dr. Armando Hart nos cuenta sus testimonios de aquellos inolvidables acontecimientos desde el momento mismo del golpe de Estado.
En este valioso libro expone las razones que le permitieron afirmar que, si tras el Moncada Fidel se había convertido en el líder indiscutible de la juventud cubana, luego del 30 de noviembre y el 2 de diciembre de 1956, el Movimiento 26 de Julio pasó a ser el centro político principal y más importante de la oposición a Batista en toda la nación.
Para él −como en los tiempos de la Guerra de 1868− Santiago y la Sierra se convirtieron en la región de mayor efervescencia política, sede de los principales acontecimientos revolucionarios que tuvieron lugar, y por eso afirmó que de hecho, Oriente se convirtió en la capital de la Revolución.
Justamente, desde finales de diciembre de 1956 y en los primeros días de enero de 1957, en venganza por el desembarco del yate Granma, tuvo lugar una intensa ola de represión, violencia y asesinatos conocida como las Pascuas Sangrientas y al mismo tiempo, la tiranía llevó a cabo en Santiago de Cuba los horrendos crímenes del adolescente William Soler Ledea de solo 15 años de edad y de Froilán Guerra Ramírez de 17 años.

Vilma y Chaviano.
Estos espantosos sucesos causaron indignación total en la población santiaguera y colmaron la copa en aquella indómita región, lo que la convirtió en un hervidero del que brotó la protesta cívica convertida en una manifestación de denuncia y condena de las madres y mujeres santiagueras contra la dictadura batistiana por los sistemáticos crímenes que la tiranía cometía contra sus hijos.
A pesar de que el régimen tenía suspendidas las garantías constitucionales, no pudo impedir la manifestación de aquellas valerosas mujeres en defensa de la vida de sus hijos, el 6 de enero de 1957, el Día de Reyes. El punto de partida fue la iglesia de Dolores y de allí recorrieron la célebre y céntrica calle Enramada de la ciudad santiaguera.
Los hombres se colocaron en las aceras y las mujeres marcharon por las calles. En la línea delantera de la enardecida multitud llevaban una gran tela en la que se podía leer: “CESEN LOS ASESINATOS DE NUESTROS HIJOS. MADRES CUBANAS”. También portaban otros inmensos carteles de denuncia a la insoportable situación y para reclamar que no se siguiera torturando y asesinando. Los dirigentes del Movimiento 26 de Julio ―entre los cuales se encontraba Hart― fueron los principales organizadores de la protesta.
Nunca pudo olvidar cuanto lo conmovieron aquellos sucesos, descritos por él en una conmovedora carta a su familia. En homenaje a todos los jóvenes de la Generación del Centenario que como William Soler y Froilán Guerra perdieron la vida víctimas de la crueldad, la tortura y la violación de sus derechos humanos en la época de la dictadura batistiana, Cubadebate la reproduce a 57 años de los hechos descritos.
Santiago enero, 1957
Queridos todos:
Aprovecho el viaje de una persona amiga para escribirles.
Estamos bajo los efectos del hermoso espectáculo de esta mañana: cerca de tres mil mujeres desfilaron por las calles santiagueras en silenciosa protesta por la brutal carnicería humana de estos días que llegó a límites indignantes para el espíritu más tímido cuando un jovencito de 15 años fue torturado y desgarrado sus miembros por los agentes de la opresión. Se movilizaron en menos de 24 horas ese inmenso gentío de mujeres que hizo que a muchos hombres se le humedecieran los ojos a su paso impresionante.
El comercio fue cerrado sus puertas y yo vi a un oficial del ejército americano con los ojos abiertos sobrecogido por la emoción. Las empleadas de los establecimientos se fueron uniendo a la manifestación por iniciativa de los propios empresarios. Los soldados que mandaron para disolver aquella ola de mujeres que lloraban con dignidad y valor estaban también impresionados. Muchos de ellos eran tan jóvenes como nosotros y creo que su alma, por esta vez y quizás por otras tantas, estaba en duda frente al paso de la razón.
Todo lo que les cuento es poco en relación a este hecho que pone de manifiesto hasta donde llega la compenetración de este pueblo con las más puras ideas de justicia. La calidad ciudadana del oriental es excepcional en todos los conceptos. Las clases pudientes, ciertamente las más reacias a comprender están aquí prácticamente vinculadas a la lucha por la libertad.
He encontrado aquí las esencias de la Cubanía. En ésa el sentimiento oposicionista es unánime pero en muchos casos es un simple resentimiento contra alguien en especial, en tanto que por acá ese sentimiento hace nacer una justa indignación pero resulta de tal pureza y profundidad que se convierte en actitud militante. De esta manera por ésta se encuentran perfectamente maduras las condiciones psicológicas indispensables para el triunfo de una verdadera conmoción revolucionaria. Se está muy distante de los grandes focos de infección formado por las dirigencias políticas y sociales y por ende se está más propicio para una idea realmente nueva.
Hoy, contemplando muy de cerca y muy a profundidad a los mejores valores de la Cuba que soñamos y al mismo tiempo algo distante en el espacio y el tiempo ―midiendo este último por los sucesos que mueven nuestras vidas― me reafirmo en el sentimiento de la urgencia revolucionaria. Y creo que esta ya está definitivamente en marcha. Es más parodiando a alguien podríamos decir: si en la conciencia rebelde los cubanos no existiera una revolución andando, habría que crearla. Pero no marchamos a hacia ella; solo tendremos los cubanos que encauzarla porque ya la tenemos dentro en forma de un inmenso descontento la mayoría y con firmes característica de sentimiento madurado en los menos, pero a la postre serán los que más determinarán.
¡Y si no fuera así! Martica, Enriquito, Lilian Teresa, Mariló y Héctor Rafael[1] tendrían que vivir en un país totalmente colonizado ―práctica y aun quizás hasta teóricamente también― por cualquier poder extraño. Sí, porque si no resolvemos pronto nuestros problemas vitales ―y el más vital es que nación se encuentre así misma― a la vuelta de 25 años las grandes concentraciones de poderes se producirán sin nuestro concurso e influencia. Y eso equivale a liquidar la obra de los fundadores y forjadores de la independencia política. […]
He ahí, Gustavo[2] una razón marxista de la necesidad de sentar las bases revolucionarias en menos de 10 años y una explicación concreta del porqué de nuestro actuar rápido. Sí, porque no hay un segundo que perder. Hay pues que apurarse. Y tengo fe en el pueblo. Un pueblo que a diario gente que se dan de maduras lo cargan de palabras huecas. Quiérase palabrería más hueca que los editoriales de los últimos días. Tengo fe porque si yo, lleno de limitaciones soy capaz de entregar lo poco que poseo por alcanzar una vida superior (la que se vive al servicio de la historia), ¿qué no están ya haciendo las inmensas legiones de compatriotas que son capaces de mayores sacrificios y más altas virtudes? Y los he visto. De carne y hueso. Los he visto mucho en estos días llenos de una emoción que mi destino pobre me había reservado en medio de tanto dolor. Dolor por la angustia que produce saber perdidos para siempre a los mejores cubanos cuando los malvados nos siguen entorpeciendo. Dolor porque es triste ver caer a personas con quienes habíamos intimado por el trabajo conjunto de meses. Pero todo tiene su parte buena; sin estas grandes emociones la vida no valdría nada para mí.
Como ven ésta es toda una carta mía. Su letra, su contenido, su aparente alejamiento de lo concreto, etc. ¡Es tan bello en lo vago lo concreto de uno mismo! Pero en fin no podía ser de otra manera. ¿Qué mejor regalo de reyes que un pedazo de mí mismo? En definitiva lo único que poseo pues desde hace tiempo sólo he logrado exteriorizar hacia seres situados fuera de mi cuerpo, grandes pasiones cuando ella se encuentra muy adentro de mis ideales. Este es el caso de Yeyé [3]a la que sólo pude llegar porque estaba en el centro de este mundo.
A ustedes mismos. Hace algún tiempo solo pienso en el dolor que les causo y busco comprensión. Los quiero sintiendo ese dolor y queriendo que comprendan que el primer deber de un hombre es ser fiel a su conciencia. Sé que es así aunque el lógico egoísmo los domine.
No crean que puede pasarme algo triste para ustedes, porque todos, absolutamente todos estamos en peligro.
Jacinto[4]
[1] Se refiere a sus sobrinos.
[2] Uno de sus hermanos jimaguas.
[3] Uno de los seudónimos que utilizó Haydée Santamaría Cuadrado, en la lucha clandestina.
[4] Uno de los seudónimos que utilizó el Dr. Hart, en la lucha clandestina.








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