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Rodrigo Sosa…La Quenística (+ Fotos)

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Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

El reconocido poeta Fayad Jamís se enamoró de La Habana al punto de querer inventarla en caso de que no existiera. El poeta no pudo descifrar con palabras el enigma de la ciudad; la energía que se entremezcla con los ritmos que emanan de cada esquina.

El misterio atrapa, ensordece, y Fayad Jamís no es el único que ha quedado rendido ante los pies de una ciudad que no duerme en las noches y es música en las mañanas. Rodrigo Sosa (Misiones, Aristóbulo del Valle, Argentina, 1989) el quenista, vino un día y quedó seducido por la ciudad. Quizás él también se inventara La Habana si no existiese.

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─ ¿Cómo termina Rodrigo Sosa estudiando en Cuba?

-Formaba parte de la comitiva de artistas argentinos que vinieron a la Feria Internacional del Libro de La Habana del 2007. Recién había cumplido 17 años. Llevaba mucho tiempo tocando la quena─ instrumento de viento de los más antiguos del continente ─en el circuito profesional de escenarios y festivales de Argentina. Había ganado par de premios, pero mi formación era empírica, como la del 90 por ciento de los quenistas. La música folclórica normalmente se trasmite desde la oralidad.

“Quería volcarme a lo académico, buscar la información que me faltaba. Estaba sondeando en ese entonces qué formación necesitaba como quenista porque esa carrera prácticamente no existe en los conservatorios de música. Lo más cercano era la flauta traversa.

“Cuando vine a tocar acá hicimos un recorrido por las escuelas de arte y vi la calidad del sistema pedagógico, al margen de la admiración que ya sentía por la música cubana, aunque, confieso que mi conocimiento de las sonoridades del país no era tan profundo como pensaba. Hasta hoy día lo sigo diciendo: ‘el sistema de enseñanza artístico cubano es alucinante, competitivo y fuerte’.

“Así decido instalarme en La Habana y hacer la carrera completa de flauta traversa, sin saber nada de ese instrumento, ni de teoría, ni de solfeo, ni de piano. Entré en la Escuela Nacional de Música y ahí inició ese largo proceso que necesitó un doble esfuerzo.

“Tenía mucha práctica en el escenario y cuando me hacen la nivelación, pensaba que esa experiencia me validaba para estudiar, y no fue así. Me mandaron para un aula donde el resto de los estudiantes tenían nueve y 10 años. Fue un baldazo de agua fría, pero me hizo entender que académicamente tenía que empezar desde cero.

“Así pasaron seis años que fueron como un encierro en el que estaba todo el tiempo estudiando, pero con la idea clara de que lo que quería al final era volcar todo eso a la quena. Mucha gente dudaba de que lo pudiera hacer porque en el camino me iba a enamorar de la flauta. Tenía cierto miedo a olvidar la quena, pero en el fondo sabía que no iba a pasar.

“Me gradué, terminé esa responsabilidad académica y empecé a buscar la manera de grabar y experimentar todas esas ideas que tenía en la mente”.

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Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

“Son cosas de Dios”, asegura si preguntas por qué la quena. En su familia nadie es músico, con excepción de un tío abuelo que no tuvo mucha influencia en él, al igual que su abuela materna que tocaba el acordeón.

“Vengo de una provincia llamada Misiones en donde no se toca la quena porque es un instrumento típico de los territorios andinos como Jujuy y Salta, los más cercanos a Perú”, explica el músico a Cubadebate.

La quena llegó a su vida a los 12 años, cuando su profesor Víctor Vallejos le dijo que tenía dedos perfectos para tocar ese instrumento. “Andaba con una flauta dulce que había descubierto casi por casualidad en la escuela. No sabía que cosa era la quena, pero fue amor a primera vista. A partir de ahí nunca más me separé de ella. Elegirla fue casi accidental”.

Luego inició lo que califica como un viaje para descubrir la esencia de la música andina. Visitaba constantemente las provincias de Argentina más cercanas a la Cordillera de los Andes para escuchar y relacionarse con esas sonoridades.

“Ese propósito de vida se consolidó con 12 años cuando me subí a un escenario por primera vez y dije ‘quiero ser quenista’. Esa idea fija la mantengo hasta hoy. No tuve ningún tipo de duda, dije ‘nunca voy a parar con esto’ y hasta el día de hoy no me he detenido”. 

Egresó del Instituto Superior de Arte (ISA) en el 2012 y en el 2016 decide vivir en Cuba definitivamente. En esos cuatro años grabó su primer disco La quenística, una realización independiente que luego registra con Colibrí, su casa discográfica hasta hoy.

“En ese tiempo empecé a coquetear con los músicos cubanos, a buscar qué tipo de música quería hacer con la quena y cómo iba a fusionar la música andina, la raíz de la quena, con la música académica, la clásica, el jazz, la improvisación, la armonía, la forma de vivir la música africana a través de los tambores, los tumbaos. Ese primer álbum es el resultado de todo ese experimento. Es la primera vez que se grabó un danzón, un latin jazz con la quena. Hice tangos argentinos con versión latín jazz; conozco a Alexander Abreu y me apoya muchísimo para grabar el disco. Pancho Amat, Israel Rojas, Alejandro Falcón”, refiere Sosa.

Si bien no significa que ahora sea estático y no le guste dar dos pasos más allá, ese inicio fue una época de mucha experimentación. “Al primer fonograma uno siempre llega con cierta virginidad y una inmadurez bonita, de no saber bien a dónde va a ir. No estaba seguro si iba a vivir acá, o en Argentina. Estuve un tiempo allá, aquí, en Perú. Paralelo a eso comenzamos a hacer conciertos en Cuba. Recuerdo esa primera presentación formal que hago con Alejandro Falcón en el Museo Nacional de Bellas Artes; después tocamos en la Casa de las Américas.

“Eran las primeras veces que el público cubano veía un quenista como solista y eso fue como que inclinando a que todo empezara a asentarse aquí. La forma en que yo quería que funcionara mi música tenía que ser con instrumentistas e intérpretes cubanos, con esa esa forma de sentir. Donde mejor iba a funcionar la fusión de la música andina con la cubana era aquí”.

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Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

─ ¿Cuán difícil fue insertar la música andina en Cuba?

-Fue complicado como toda primera vez, porque nunca antes una quena había sonado en Cuba, ni había convivido en el ambiente del jazz. Claro, eso generó muchos detractores, personas que me cuestionaban que por qué no lo hacía con una flauta.

“Eso fue un estímulo porque toda la música que he hecho─ no solo la cubana o el jazz─ ha sido siempre con profundo respeto y humildad, con un conocimiento anterior de las raíces de esas sonoridades. Por eso esa música nunca ha dejado de ser sincera y el público la ha aceptado. Los detractores se quedan en el camino y uno sigue para adelante.

“Además, una de las cosas que me motivó a quedarme fue el apoyo de Colibrí. Busqué por muchos países alguien que creyera en mi propuesta y solo encontré ese sostén en el Instituto Cubano de la Música. Ni siquiera en Argentina. Así que te imaginarás lo importante que es el público cubano y lo agradecido que estoy con este país. Por eso siempre digo que Cuba es mi segunda Patria, mi segunda casa”.

─ ¿Qué es lo que más te gusta de Cuba? 

-Amo a Cuba, a su gente. Vengo de Aristóbulo del Valle, un pueblo extremadamente tranquilo. Las personas del campo se crían con el concepto de que la familia es muy importante y siempre hay mucha cercanía a ella. Me encanta vivir en La Habana porque es un pueblo grande.

“Esta ciudad se parece mucho a mi pueblo. Estoy tranquilo, uno conoce con los vecinos, hay solidaridad, principios, dignidad, integridad. Es un lugar muy afectuoso que me hace sentir lo menos extranjero posible aun cuando sé que soy de otro país.

─ Más allá de tocar un instrumento diferente, ¿cuáles crees que sean las características que te diferencian de otros músicos?

-Por un lado, tengo una ley y una conciencia de que la mejor forma de dialogar con el instrumento es el estudio casi obsesivo de la técnica. No lo hago para competir con nadie sino porque considero que así es la mejor manera de conocer el instrumento y entrar en una comunión, que cada día puede mejorar, por supuesto, porque nunca termino de conocer la quena.

“Además, considero muy valioso el amor absoluto que siento por la raíz de donde vengo, que no es precisamente la misma de la quena. Venero la esencia de la música latinoamericana y eso hace que todo lo que uno haga después sea jazz, rock, música barroca, se haga desde esa raíz y ese orgullo de decir ‘vengo de un lugar donde se hace este tipo de música’.

“Lo más importante para mí es la música folclórica y cuando vivía en Argentina mi mapa musical llegaba hasta ahí. Hoy día el danzón es parte de mí, la rumba, el son. Creo que ese el camino a la originalidad en su máxima expresión. Además, toco un instrumento que tiene una estética tan fuerte que tiene su sello, aunque toque rock and roll o heavy metal. Eso no pasaría igual si, por ejemplo, tocara la guitarra eléctrica que tiene otras estéticas que se asocian a muchas otras músicas. La quena viene con su impronta.

“Debemos mantener el orgullo de lo que heredamos, de la música de nuestros abuelos, de nuestras influencias, de nuestros indígenas. Si no es un orgullo para nosotros la música folclórica, estamos perdidos. Se puede escuchar música foránea, pero nada nada como lo de uno y mezclarlo luego con la música de afuera.

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Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

Gracias al dominio técnico que posee Rodrigo Sosa de su instrumento recorre de manera magistral varios géneros musicales y ritmos caribeños. Confiesa que le encanta tocar todo lo que lleve mucha percusión cubana, también danzones y sones, y adora el acto de la improvisación en base a esas reglas.

“Soy un fanático de los flautistas de charangas, Richard Egüés, El Tosco o Maraca, que fueron y siguen siendo profesores. Me enseñaron, por ejemplo, el estudio de lo sobre agudo de la flauta. Me encanta la música cubana; es alucinante escucharla, tocarla, los tumbaos en el piano, la marcha de las tumbadoras. Toda esa energía siempre trato que esté presente. Toda esa música que se hace aquí es parte de mi mundo sonoro”.

Hago música argentina, agrega Rodrigo, y hago música cubana, porque son los dos lugares donde tengo distribuido mi corazón.

Aunque ha ganado premios como jazzista, no se considera como tal. Si tuviese que elegir, dice ser un folclorista. “Nadie se escapa del jazz, de esa forma de usar los acordes, de la improvisación”. 

Por otro lado, Rodrigo Sosa lleva a la quena como una filosofía de vida. “No podría ser de otra manera. El soplar, el convivir con instrumentos, tiene un sentido totalmente filosófico que te genera muchas preguntas, y algunas de ellas no tienen respuestas. Tocar la quena es sagrado y eso no caduca”.

El instrumentista defiende la tesis de que cuando un músico sube al escenario tiene que ser consciente de que tener delante a más personas, hace que el acto de creación sea más sagrado aún.

“Siento un profundo respeto y amor por el escenario, por lo que significa estar ahí. No es lo mismo crear un disco y entrar a un estudio de grabación, que es otro templo, por supuesto, a la comunicación que se entabla con el público en un concierto en vivo”.

La quena es la columna vertebral de la vida de Rodrigo Sosa, la manera de expresarse, de pensar, de creer, de ver como interpreta la fe a través de la música, de todol o que es. “Es un estado superior”.

Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

Rodrigo Sosa. Foto: Cortesía del entrevistado.

En video, “Los caminos del Cóndor”

Vea además:

Día Internacional del Jazz: “Es mejor cuando improvisas”

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  • elar dijo:

    Muy bien por Rodrigo, felicidades y sigue asi, creando , un saludo.

  • Gema 25 dijo:

    Muy interesante! Es un instrumento cuyo sonido deleita. Excelente intérprete, sus éxitos así lo validan y sobre todo, agradecido y humilde. Éxitos!

  • Yezenia dijo:

    Qué interesante!La escuela Cubana ejemplo en todo su esplendor.Orgullosa de ser .

  • Rolando Gil dijo:

    Músico y persona excepcional Preciosa exposición de los motivos por los cuales ama a su música, a sus orígenes y todo lo que ha contribuido y contribuye a su formacion profesional

  • reyi dijo:

    me gusta su música y se nota el amor que siente x ella encima del escenario, ademas modesto y guapo

  • Fernando Martinez dijo:

    Viendo a Sosa en Bochalema, Colombia por la tv me tiene sorprendido con la Quena cordial saludo desde Colombia del trombón de Cali pachanguero con grupo Niche

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Thalía Fuentes Puebla

Thalía Fuentes Puebla

Periodista de Cubadebate. Licenciada en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (2019). Máster en Cultura Audiovisual por la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes (2025). Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2022). Ha obtenido premios y menciones en el Concurso Nacional de Periodismo "26 de Julio". Contactos: thalyfuentes14@gmail.com. En Twitter: @ThalyFuentes

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