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Llevo siempre a La Habana en mi mirada

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Foto:Archivo/Cubadebate.

Es, dice la crítica,  un creador ambicioso, subversivo de las formas y los conceptos. Es el artista del asombro. Escruta y analiza la realidad a partir del lenguaje de la memoria y se revela hondamente preocupado por los conflictos existenciales y culturales que amenazan la supervivencia del hombre contemporáneo. Denota oficio y disciplina y exhibe una imaginación prodigiosa. Domina la pintura, el dibujo y el diseño y mientras muchos admiran el colorido de sus obras, el pintor insiste en afirmar que la línea es en su quehacer una constante que puede ser tan o más importante que el color.

En realidad, se considera más dibujante que pintor este hombre nacido en La Habana el 22 de abril de 1943 y que en 1964 se radicó en Chicago para asentarse poco después en Miami. En un momento pensó en que su vocación era la arquitectura, pero un buen día se sorprendió como pintor. Desde entonces su camino ha sido arduo y difícil. Fue maestro, trabajó como profesor asistente en una universidad, desempeñó disímiles empleos hasta que tomó la determinación de vivir o morir de la pintura, un arte que define como ingrato a veces y muy grato también desde el punto de vista de la compensación monetaria que puede reportar.

Pero Dopico-Lerner no se deja llevar por esos términos cuando se coloca ante la tela o el papel en blanco. No piensa entonces qué galería acogerá su obra ni en la aceptación que le dispensará el público. Pinta ya. Después verá qué pasa.

Y ha sido, sucesivamente, casi abstracto y figurativo antes de situarse en un momento en que lo que hace se ubica entre lo abstracto y la figuración, en una encrucijada en que realidad e irrealidad se buscan en un constante juego de alusiones, para conseguir, dice el crítico cubano Jorge de la Fuente, un ejercicio de la razón pictórica que indaga en la simbología de sueño, una simbología que se construye  con imágenes de manifiesta ambigüedad para crear una atmósfera de misterio.

Es el artista del nerviosismo, de la memoria desesperada. Complica todo lo que piensa y crea, escribe el dominicano Cándido Gerón. Es el artista del caos, el insatisfecho ante la creación que amenaza con destruir su propia obra para construirla de nuevo.

En 1968,  Lerner, que todavía  no consideraba la pintura como una opción, matriculó Arquitectura. Un día, durante una clase,  un profesor que lo veía dibujar le preguntó qué carrera llevaba. Arquitectura, respondió Dopico. Dijo el maestro: Da lo mismo morirse de hambre como arquitecto que como pintor. Y los dos son artistas.

El vaticinio no se cumplió; no murió de hambre. Dopico  es un pintor cotizado que mereció, entre otros reconocimientos, la importante Beca Cintas  (1976-77) del Instituto para la Educación de las Naciones Unidas. Tiene en su haber una veinte exposiciones personales, una de ellas, en La Habana; y ha participado en más de cien muestras colectivas. Su obra forma parte  de numerosas colecciones públicas y privadas. Este encuentro tuvo lugar en Miami, en 2015.

Pinto según mis emociones

-¿Quién es Vicente Dopico Lerner?

-Es una buena pregunta que, sin embargo, no nos formulamos porque vivimos demasiado de prisa en esta gran locura en que se han convertido las sociedades modernas. Pasamos la vida sin saber quiénes somos o quiénes fuimos y muchas veces confundiendo nuestro verdadero origen.

Es asimismo una interrogante que puede contestarse de muchas maneras. Hoy, ahora, soy un artista plástico que se deja someter a las preguntas de un periodista amigo. Como en la Teoría de la Relatividad, todo depende del dónde  y del cuándo. En verdad, soy un pintor que se ubica en su taller. En la soledad de ese ambiente puedo encontrarme conmigo mismo y con mi arte.

Vicente Dopico. Foto: Archivo/Cubadebate.

Nací en la Habana hace ya muchos años. Me identifico siempre  como   “un artista plástico habanero” porque  me siento muy atado sentimentalmente a esa ciudad, por su historia, su melancolía, su cercanía al mar. La Habana es como un balcón a ese  océano que algunos  identifican como el estrecho de la Florida, otros, como el golfo de México, y otros,  como el Caribe. Es muy difícil encontrar otra ciudad con las características de la Habana… yo por lo menos no la he encontrado.

En Luz y Oficios, precisamente dos de las calles más antiguas de La Habana, fue que mi padre, un emigrante gallego, abrió su quincalla. Nací dos años después.  Aún recuerdo los olores que me rodeaban en aquel  ambiente de actividades portuarias, muy cercano a la Alameda de Paula, donde corría y jugaba en los primeros domingos de mi vida .Vivo en Estados Unidos desde hace muchos años; aquí  estuve en varias escuelas de arte y he recorrido con mi pintura todo Estados Unidos y países como Santo  Domingo, Puerto Rico y  Cuba, donde tengo grandes amistades en el mundo de la plástica.

Recuerdo que usted me entrevistó en los días en que presenté  mi exposición personal en el Convento de San Francisco, por cierto, muy cerca de la esquina de Luz  y Oficios. Se tituló Aguardando que escapen los demonios.  Esta muestra de mi  obra en la Habana se realizó gracias  a la invitación que    me extendió el doctor Eusebio Leal  en aquella ocasión. Por lo tanto, y como conclusión a supregunta: Yo me defino como un artista plástico («un pintor») que siempre está reinventándose y que  en su peregrinaje por el mundo, lleva a La Habana en su pupila. Ese es mi origen. Ese soy yo.

-Si  tuviera que hablar acerca de su pintura ante un público que no la conoce, ¿qué diría de ella y de sí  mismo?

-Depende del público que la perciba. Decía Mark Rothko en 1948, que la obra de arte cobra vida propia cuando la observa una mirada sensible a supropio lenguaje(el lenguaje de la obra). Esto quiere decir que a pesar de haber sido creada por un ser humano, bajo las condiciones emocionales del mismo, esa pintura no tiene por qué influir emocionalmente igual en otra persona ajena al artista. Por lo tanto,  la obra pertenece al pintor solo mientras no  esté terminada. Luego de firmada se convierte en universal.

Sería imposible explicar una obra de arte. El arte se siente, no se explica. Igual   pasa con la poesía: recuerdo que en la película Le Postino, cuando  el cartero le suplicaba a Neruda que le enseñara y le explicara que quería decir su poema y como se construía un soneto. Fue obvia la respuesta del poeta: La poesía no se explica, se siente.

Yo, como todo pintor o artista plástico puedo comunicar con los que aceptan mi obra por razones ajenas a mi intención y viceversa. Casi nunca sé cuál será el producto final de la pieza que en la que trabajo. En el ejercicio de pintar se conjugan factores físicos y emocionales y a  veces  nos encontramos con el  imponderable, el accidente, un reto del que todo artista debería saber cómo apropiarse.  Yo pinto según mis  emociones…. Eso se logra entender con  la experiencia, porque lo vas notando a través de tu vida como artista. Es por        eso que podemos diferenciar los periodos de Picasso según sus personajes y según su color: periodo rosa, periodo azul e inicios del cubismo.  Esto  se repite  en casi todos los revolucionarios de la plástica de principios del siglo xx, así le paso también a los expresionistas alemanes del siglo XIX y hasta se  puede identificar en  los  impresionistas franceses como Monet y Renoir.

No me gusta encasillar mi obra dentro de algún movimiento plástico.  En realidad, la pintura moderna se nutre de todo lo que le antecedió y por ello no deja de ser original y espontánea. Un poco de Warhol y Dekooning pudieron producir un Basquiat. Yo soy de la opinión de que mientras la obra de arte despierte  emociones favorables o desfavorables es una buena obra de arte.

Siempre estoy tratando de reinventarme

-¿Cómo llegó a la pintura?  Los especialistas aluden a su “sólida y envidiable” educación y trayectoria artística. ¿Lo considera así?

-La escuela ayuda, pero no determina. La buena obra de arte no se crea  en las academias. El artista nace artista. Una educación complementaria es posible que acelere la obtención o el descubrimiento de un estilo propio, pero no influye en la calidad de aquel u otro pintor.

Desde muy joven, casi niño, visitaba las salas del Museo Nacional, en el Palacio de Bellas Artes. Vivía  bastante cerca de aquella institución, por lo que me era fácil la visita.  Así, por sus obras, conocí a  Mijares, a Cundo Bermúdez  y a Portocarrero ante  de conocerlos personalmente. Visitaba  además la Academia de San Alejandro. Tenía un amigo que estudiaba allí, pero no podía matricularme porque era muy joven; tendría entonces unos once o doce años, no mucho más.

Aunque haya hecho mil cosas diferentes, el arte siempre ha sido  la pasión en mi vida; la pintura era mi destino final. Sin embargo,  no comencé a pintar profesionalmente hasta los 27 ó 28 años cuando, para complementar los ingresos de mi trabajo regular de ocho horas, vendía  unas acuarelas horribles. Entre mis clientes  había una galerista del norte de Florida que siempre me compraba varias…más tarde me enteré que las vendía diez veces más caras. El arte en el sur de la Florida allá por los años 70, no estaba  muy de moda, más al norte y al centro de Florida se podía vender algo mejor, por lo que cargaba con mis paneles y me iba a los festivales de arte que tenían lugar  en centros comerciales de Orlando, Tampa y otras ciudades. No eran tiempos fácilesaquellos…

Años más tarde me gradué  en la universidad católica de St. Thomas y, entre otras eventualidades,  tuve la suerte de encontrar buenos mercados para mi obra sin tener que irme del Caribe.  Estuve viviendo por unos años entre República Dominicana y Miami. Exhibí dos veces en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo, en 1997 y 2000. Como le mencioné,  en Cuba exhibí en el convento de San Francisco y en una muestra colectiva en Casa de las Américas, todo esto fue en el 2001-02. En Puerto Rico tuve una excelente muestra personal en el Museo de las Américas, en San Juan, en el 2010. En  Estados Unidos he participado en más de cien muestras colectivas y veinte muestras personales. Sin embargo, siempre estoy tratando de renovarme,  siempre estoy tratando de reinventarme.

-Su obra suele desconcertar a la crítica y al público. Un crítico como Manuel Álvarez Lezama la define como “onírica, freudiana, postmoderna y también caribeña y universal” . Los entendidos por otra parte aprecian en usted las influencias más disímiles, desde los personajes de una novela como Pedro Páramo hasta las máscaras bizantinas, mientras que usted reconoce el influjo de Matta y un toque dramático-grotesco que le llega de Bacon.  Sin contar lo que debe haber aportado a su obra la pintura norteamericana de la postguerra, la Escuela de Nueva York y la Nueva Figuración. Hace ya casi quince años, usted me dijo en La Habana: “Encontré o creo haber encontrado una identidad propia que se da en el uso del color, la ligereza del trazo y en el dramatismo de mi obra, una identidad que también es cubana”. ¿Dónde, a su juicio, se ubica hoy el artista?

-Tal vez Álvarez Lezama la califica como freudiana por  el carácter de los personajes que incorporo. No es mi intención darle ese carácter .Por otro lado, tampoco he leído a Pedro Páramo. Sé que es una novela corta de Juan Rulfo, donde aparecen personajes fantasmales, que quizás se puedan notar en mi obra, pero no, nunca he tomado inspiración de esa novela. Sin embargo no descartaría el onirismo, ya que el sueño es como una  inspiración del subconsciente. No es coincidencia que una de mis muestras, yo diría que una de las más importantes, se llamó Sueños de la razón pictórica, (Museo de Arte Moderno, Santo Domingo Marzo, 1997). Así tituló Jorge de la Fuente su crítica a esa colección, y yo lo asumí  como el título de la muestra.

Jorge hizo en aquel entonces un buen trabajo critico basado en ese punto de vista y su ensayo  fue muy   interesante. Sin embargo, mi constante atracción por el periodo de la post-guerra en el arte norteamericano, el llamado «action painting»,  el  expresionismo abstracto, me hacen pensar que yo tomé un poco de esa fuente, porque en el año 1970  me fui para Nueva  York, donde aquellos vientos de renovación  intelectual aún se sentían.

Me incorporé a uno de los talleres del Art Student League, una institución de arte de NY, muy antigua y famosa por su liberalismo  académico y también por sus ex alumnos. Por allí pasaron Jackson Pollock, Robert Motherwells y otros. Yo solamente hice allí algunos talleres dirigidos por  Mario Cooper,  un conocido acuarelista americano….es lógico entonces que tenga de alguna manera que estar influenciado por este movimiento plástico de  mediados del siglo XX. Y lo que le dije en la Habana lo corrobora  ahora, sigo considerando, que aunque diferente, mi obra se inserta en la pintura cubana,  primero porque yo soy cubano, aunque mi obra no haya nacido en Cuba. Yo considero el arte como un vehículo de integración cultural y la plástica es una de las corrientes culturales que más se ha destacado en Cuba en los últimos cuarenta años. Muchos artistas formados en Cuba se han establecido fuera de la isla  sin renunciar a su identidad,lo que nos enseña la fuerza que ejerce la cultura en las raíces de una nacionalidad.

Se han publicado 2 comentarios



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  • Ana C. dijo:

    Grcs.Ciro,precioso artículo,como d sus costumbres, una vez más me llevo d paseo x nuestra Cuba mientras leía este.Salud y saludos.

  • S.O.S dijo:

    Interesante artículo, Gracias maestro Ciro de Santa Amalia,

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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