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La Luz de la Memoria: Quién, cómo y por qué del libro “Noble Habana” (+ Podcast)

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Foto: Alejandro Azcuy

Alejandroz Azcuy, el autor del libro “Noble Habana”, presentado el sábado en la Calle de Madera, fue el invitado esta semana al programa "La Luz de la Memoria". Durante una hora, animada con canciones dedicadas a la capital, conversamos con él sobre las motivaciones, los protagonistas y la colaboración que recibió de familiares, amigos y autoridades, para lograr en unos pocos meses, la exquisita obra que fue regalo del Presidente de la República a los principales invitados extranjeros a los festejos por los 500 de La Habana.

Azcuy es fotógrafo autodidacta, miembro de la UNEAC, del Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica, el Fondo Iberoamericano de Fotografía, la Asociación de Comunicadores Sociales y de la Asociación de Artistas Visuales.

Escuche el podcast

Prólogo del libro Noble Habana

La Habana se ha dejado retratar por Alejandro Azcuy, pensando él en la mejor forma de halagarla en su medio milenio de existencia que ahora celebramos… De esta manera, el espléndido regalo a esta hermosa ciudad –desde su ingenio creativo hecho galería de imágenes en un libro como real joya para cualquier archivo bibliográfico-, con nombre y cuerpo de mujer, ese que la obra del ser humano ha querido vestirlo con el más ecléctico de los tejidos arquitecturales entre cuyas tramas y urdimbres se enredan los plateados hilos de las arterias urbanísticas que la caracterizan…

La Habana de todos…; la de algunos de paso breve por ella en viajes de ida y vuelta que la descubren en cada paraje; La Habana de los nacidos en ella que, no por transitarla día a día, la saben o la conocen para así re-descubrirla a cada instante y en cada «escena» que, desde lo alto, se torna insólita.

Alejandro Azcuy ha retratado a La Habana desde las alturas para conseguir en cada pieza la verdadera dimensión del enorme paisaje urbano en que se convierte esta ciudad que es «la capital de todos los cubanos», agenciándose –para ello- de ciertos artilugios que solo permitirían la audacia de la toma aérea y de su cámara en mano para esas otras ya en un plano más humano, las de sus gentes que la habitan con los pies bien puestos en la tierra…

El ingenio creativo de Azcuy no solo se detiene en aquellos efectos de resultado de espectacularidades… El artista, como tal, maniobra febrilmente para convertir a la luz en ese otro protagonista principal dentro del trabajo compositivo en sus congelaciones y, de ahí, los logrados rejuegos de valores y de las atmósferas conseguidas sin manipulaciones de ningún tipo, solo con las obligatorias correcciones de aquellas luces y del color, el también intérprete –y no secundario- de sus nobles propósitos que coadyuvan a la singular «puesta en escena» fotográfica de su labor…

Entonces, la ciudad en sus calles, plazas y parques, museos y teatros, fábricas y edificios, fortalezas y palacios, al igual que de sitios y elementos u objetos de excepcional interés histórico que se convierten en indudables iconos de representación simbólica dentro de ella; la ciudad en sus propios habitantes, los habaneros, o de los venidos de todas partes, sus hombres y mujeres, sus niños y ancianos, sus deportistas, sus obreros, sus médicos y científicos, sus artistas, sus escritores…

Cada lugar representado con aquellos significantes que los identifican, incluso tácitamente para no perdernos en las posibles incertidumbres de ubicaciones territoriales… Marianao con su consejero orientador Obelisco (Monumento al sabio cubano Dr. Carlos Juan Finlay), centro rector del magnífico conjunto de edificaciones al estilo del Art-Dèco (la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, Maternidad Obrera y el Instituto Pre-Universitario Manolito Aguiar, entre otros) y su mundialmente conocido Cabaret Tropicana; 10 de Octubre con la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús y San Pablo de la Cruz (conocida como Los Pasionistas de la Víbora); El Vedado con su Avenida de los Presidentes (la Calle G, con sus hermosos trabajos de jardinería artística) y su magistral monumento arquitectónico y escultórico –el más esbelto de todos- dedicado a José Miguel Gómez, la Universidad de La Habana con su empinada escalinata a la que solo pueden descubrírsele sus decorados descansos en ese espectacular enfoque aéreo, su Cementerio Colón –camposanto magnífico que cobra vida a través de sus esmerados conjuntos escultóricos-, la Plaza de la Revolución y su Memorial José Martí, este en otra sorprendente toma más allá de su elevada estatura y de sus impresionantes concentraciones y desfiles de pueblo que tienen allí su principal médula; Centro Habana con la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús y Centro Loyola (conocida como la Iglesia de Reina) y su robusto edificio para la Gran Logia de Cuba de A.L. y A.M., sin perder de vista a los patios interiores de los llamados «solares» centrohabaneros; el Cerro, con el Acueducto Albear y sus fuentes de transparentes aguas en Palatino y su Ciudad Deportiva, escenario ideal de magnos eventos internacionales en variadas disciplinas, sede también del Instituto Nacional de Deportes y Recreación (INDER); Playa en los límites de entrada por sus dos túneles para dar paso a la arteria de la calle 31 y a su Quinta Avenida, que se exterioriza en ostentosas arquitecturas como la Casa de las Tejas Verdes y en los trabajos de atractiva jardinería transitable, hasta llegar al fantástico conjunto de edificaciones de autoral arquitectura compartida que fue inicialmente la Escuela Nacional de Arte (ENA) para ahora signarlas como parte de la Universidad de las Artes (ISA) –por una lado- y por el otro, con el acceso por su famoso puente al Parque Almendares al borde del río del mismo nombre y sus paisajes de fantásticas vegetaciones cuasi escultóricas construidos por la propia naturaleza; Cotorro con su Antillana de Acero y San Miguel del Padrón con la Finca Vigía que resguarda la estancia de Ernest Hemingway en La Habana; Regla con sus Guaracheros y Guanabacoa con sus centros de religiosidad sincrética; Arroyo Naranjo con su Parque Nacional Zoológico y su Jardín Botánico Nacional, donde ahora viven y conviven animales y plantas endémicas y de todo el orbe; Habana del Este con sus complejos de fortalezas militares en lo que sobresale el esbelto peñón del Castillo de los Tres Reyes del Morro, con el Cristo de Jilma Madera como ideal mirador también del paisaje suficientemente abarcador de la capital cubana y la Ceremonia del Cañonazo que le sigue indicando a los habaneros que ya son las 9:00 de la noche; y La Habana Vieja desde todos sus ángulos posibles: el de su centro histórico con su barroca Catedral por dentro y por fuera, la gallarda Giraldilla, su Plaza Vieja, sus angostas calles con nombres de funciones y gestiones, los Palacios de los Capitanes Generales y del que ahora ocupa el Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo), sus coloniales palacetes de coloridos vitrales y reducidos balcones que miran a sus adoquinados accesos y las galerías techadas para mitigar la intensa luz solar que sofoca a cualquier caminante; y por sus límites con Centro Habana, nuestro Museo Nacional de Bellas Artes en sus edificios para el Arte Cubano y Universal, la estatua ecuestre del Generalísimo Máximo Gómez en un sorprendente primer plano que deja ver como fondo al otrora Palacio Presidencial (en la actualidad Museo de la Revolución), la figura marmórea del Héroe Nacional de Cuba en el Parque Central que lleva su nombre, el emblemático Hotel Inglaterra, el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y su sala García Lorca, otrora Teatro Tacón entre los mejores en el mundo a mediados de la centuria decimonónica, el Capitolio Nacional (nueva sede de la Asamblea Nacional de Poder Popular) con su impactante Salón de los Pasos Perdidos y sus austeros Hemiciclos, el Teatro Martí (con nombre original de Irijoa) y su Parque de la Fraternidad, visión re-descubierta ahora por esa predominante intención del autor de fijas capturaciones desde arriba, que nos lo hace casi irreconocible… Y lo que no podía faltar, el «gran sofá de La Habana», su Malecón que traspasa –a través de la Avenida del Golfo- varias zonas municipales, ese que soporta las enormes olas que saltan sobre sus muros para dejar penetrar al violento mar sobre el asfalto en tiempos de perturbaciones climatológicas, ese que dibuja con prodigiosa línea los bordes de la «ciudad maravilla», ese que sirve para el amor, el juego, el peligroso baño marino, la pesca y a una fiesta Bienal que lo engalana con sus obras de arte: el añorado Malecón en las calurosas noches habaneras…

También aquí, en este cuidadoso compendio «curatorial» de piezas fotográficas, los oficios y prácticas laborales que pudieran identificar a La Habana: sus factorías tabacaleras, los bicitaxistas y sus «máquinas rodantes» de criolla invención, sus artistas zanqueros en consuetudinarias parrandas callejeras, las estatuas vivientes retando a la mismísima quietud…

La Habana toda, sí, aunque puedan faltar algunos elementos -ante un acucioso ojo observador- que asimismo la pudieran identificar: perdonables ausencias –pocas, en verdad, si de ello se tratara- ante el arduo y complejo trabajo artístico de Alejandro Azcuy que, no obstante, se distinguirá siempre por la impecable facturación de sus fotografías, esas que, seguro estoy, salieron -más que de los utilizados drones y de su perspicaz cámara- de su alma que es también habanera…

En el Cerro, celebrando ya los 500 años de mi eternamente linda ciudad, a los treinta días del mes de mayo de 2019.

Antonio Fernández Seoane.

La Luz de la Memoria

Durante 13 años (2002-2015), Arleen Rodríguez Derivet mantuvo al aire el programa La luz en lo oscuro, que durante la última hora y media de la noche de cada domingo, entraba con un mensaje de amor y esperanza a las cárceles de los Cinco Héroes cubanos presos injustamente en los Estados Unidos, por las frecuencias de Radio Rebelde.

Tras el regreso de los Cinco a Cuba, el programa realizó con ellos sus últimas emisiones. Pero el director del espacio, Demetrio Villaurrutia y su guionista y conductora, insistieron en mantener la especial conexión que durante ese tiempo se había establecido con su amplia audiencia nacional e internacional.

Después de ensayar otras variantes de realización, surge La Luz de la Memoria, que mantiene frecuencia dominical y un formato de diálogo con uno o más invitados, que se intercala con música, preferentemente escogida por los entrevistados.

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  • alina dijo:

    INTERESANTE CONOCER LA HISTORIA DE LA HABANA, ME GUSTARIA TENER EL LIBRO DONDE LO PUEDO ADQUIRIR

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Arleen Rodríguez Derivet

Arleen Rodríguez Derivet

Periodista cubana y conductora del programa de la televisión cubana "Mesa Redonda", que transmite una emisión especial para Telesur. Es coautora del libro "El Camaján".

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