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Máximo Gómez frente a la ocupación militar de Estados Unidos: ¿pasividad o estrategia política?

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maximo gomez baez

El 10 de diciembre de 1898 quedó firmado el tratado de paz acordado en París entre España y Estados Unidos. Al igual que lo sucedido en el protocolo de paz, suscrito en Washington al concluir las hostilidades, no se mencionaba la independencia de Cuba. La crítica situación suscitó que el general dominicano-cubano Máximo Gómez Báez, hasta ese momento atento al desenlace de los acontecimientos, en carta enviada a Edmond S. Meamy desde Yaguajay, manifestara sus criterios sobre la conducta “dudosa” de “los hombres del Norte”:

… Primero, contemplando indiferente por largo tiempo el asesinato de todo un pueblo, y segundo, y a la postre cuando se determinaron a intervenir en la cuestión y suprimir el verdugo, ya exánime el Pueblo, se le cobra el tardío favor con la humillante ocupación militar de la tierra sin un  motivo racionalmente justificado. De aquí que aunque la soberanía de España es verdad, que ha desaparecido de Cuba, no es aún libre el cubano ni independiente la tierra después de tanta sangre derramada.[1]

A partir del 1ro de enero de 1899 dejaba de existir oficialmente la soberanía española, a la vez que se hacía cargo de Cuba el Gobierno de Ocupación Militar.  La fórmula empleada en las nuevas circunstancias, según Máximo Gómez, no podía estar sustentada en la violencia. En misiva cursada al general José María Rodríguez develaba los planes hegemónicos de Estados Unidos. Las autoridades interventoras buscaban propiciar un clima de inestabilidad interna: “…para que nuestra actitud le sirva de pretexto para apoderarse de una vez de Cuba”.[2]  En tal sentido, aconsejaba al pueblo cubano la necesidad de tener, “cuidado, tacto exquisito y mucha previsión” en esos  momentos históricos”.[3]

Los historiadores que se acercan al tema muchas veces no se explican por qué Gómez reservó para su Diario de campaña sus impresiones sobre “el gran negocio”, que entendía significaba la actitud del “poder extranjero” con “su tutela impuesta por la fuerza”.[4]

La consulta y el procesamiento de la valiosa documentación existente en el fondo personal de Máximo Gómez, atesorada en el Archivo Nacional de Cuba, permiten un enfoque mucho más certero acerca de su pensamiento y praxis en tan complejo contexto. La orientación principal del accionar del Generalísimo durante el período de ocupación (1899-1902) pudiéramos definirla en términos de estrategia política, cuya principal premisa consistió en establecer en un plazo breve la República de Cuba. Esta idea respondía a las disposiciones de las autoridades estadounidenses que condicionaban su retirada al establecimiento de un gobierno propio con capacidad de regir su destino. En tal sentido, materializar el ideal republicano del viejo guerrero era una forma de poner coto a la presencia indefinida de Estados Unidos en la Isla.

Preocupación por el futuro de Cuba

El primer paso importante dado por el General fue la comunicación dirigida, el 6 de enero de 1899, al presidente y demás miembros de la Comisión Ejecutiva de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana reunida en la finca “El Carmen”, Marianao.  En ella expresaba su preocupación por el futuro de Cuba, así como la necesidad urgente de convocar a una sesión “para considerar la situación y determinar a seguidas la constitución de la República de Cuba”.  De existir algún obstáculo impuesto por el gobierno interventor, declaraba: “…orillemos aquellos hasta conjurarlos y no levantemos manos de la obra hasta tanto dejarla terminada”.[5]

Lo que de hecho representó el primer intento de fusión de los pilares revolucionarios no llegó a concretarse en la práctica.  El 11 de enero de 1899, la Comisión Ejecutiva presidida por Rafael María Portuondo, respondió al mensaje de Gómez asegurándole que no tenía motivos para dudar de los actos de las autoridades norteamericanas. Incluso, auguraba “una intimidad tan grande de relaciones” que abreviaría la retirada de las tropas.[6]

El segundo momento en el accionar político de Gómez tuvo lugar a finales del primer año de la ocupación. Luego de fracasados sus intentos ante los miembros de la Asamblea de Representantes se dio a la tarea de contactar con determinadas figuras de ascendencia en sus respectivas localidades, en su mayoría procedentes de las filas del Ejército Libertador. Por medio de la correspondencia cruzada diariamente hacia y desde las más diversas zonas del país, el General orientaba los pasos a seguir en la realización del “anhelo supremo de Patria Soberana, decorosa, independiente y feliz”.[7]

Tales indicaciones tuvieron su punto culminante en los últimos meses de 1899, cuando ordenó a Antonio González Acosta remitirles a los ayuntamientos de toda la Isla, previamente elegidos por el voto popular, un manifiesto redactado en la Quinta de los Molinos. El documento estipulaba la convocatoria para una Asamblea General que procedería inmediatamente al nombramiento de la Convención Nacional por sufragio directo.[8]

González Acosta, por su parte, lamentaba no haber cumplido la orden, a causa de un mensaje del presidente norteamericano William McKinley que contrariaba lo estipulado en su manifiesto. Gómez solo se limitó a contestarle: “… Despache V. todo, no importa que el Presidente de los EE.UU. no piense de igual modo que nosotros, pero la verdad es como toda verdad justa y clara que los amos de la tierra son los que deben disponer e intervenir en los negocios de su propia casa…”[9]

Para que la república que se estableciera funcionara de acuerdo con los preceptos de Gómez debía, desde sus raíces, buscar la unidad de todos los elementos dispuestos a mantener la vigencia del legado independentista, a su juicio, único modo de “salvar a este País lo más pronto, de la tutela que se nos ha impuesto”.[10] La unidad y la concordia, que durante la guerra pregonara el estratega como el medio rápido y eficaz de poner fin a las hostilidades y establecer la república cordial a la que aspiraba José Martí, mantuvo en lo esencial el mismo significado al firmarse la paz, solo que las adaptó a las exigencias del nuevo contexto histórico.

Esa política unificadora no constituía un elemento abstracto dentro de la estrategia de Gómez. La multiplicidad de clubes, partidos y otras organizaciones que surgían no era más que una de las manifestaciones en la que se expresaba el fraccionado independentismo.

La mayoría de las veces el único vínculo entre los “Partidos de coge a quien puedas y dime donde hay”,[11] era el origen de sus miembros, en tanto los criterios que defendían mostraban una heterogeneidad de matices que imposibilitaba cualquier intento de fusión. La gravedad de la situación se la transmitía al general Francisco Sánchez en los siguientes términos:

Es decir que fue necesario un Weyler para mantenernos unidos, porque en presencia de aquel monstruo todo el mundo comprendió que la desunión pudiera perdernos, y se aparenta ahora ignorar que estamos en frente de otro peligro mayor.[12]

Unidad y concordia en el centro de su accionar político

Desde luego, la política de unidad y concordia fue un factor dinámico en su accionar político. La concepción de la misma ganó en precisión en la medida que aquellos elementos opuestos al movimiento de liberación nacional, ocupaban un espacio importante en la Cuba de inicios del siglo XX. Los trabajos unificadores del Generalísimo, apoyados por grupos provenientes del campo independentista, coincidían con algunas gestiones realizadas por él ante el gobierno interventor.

Tales gestiones en modo alguno se redujeron a la mera solicitud de cambios administrativos. Las posibles modificaciones en manos de los jefes estadounidenses no conllevarían a transformaciones sustanciales. Por consiguiente, las declaraciones al primer gobernador militar de la Isla, el general John Brooke fueron precisas, el conocimiento que tenía Gómez “de los hombres capaces de dirigir la cosa pública” lo ponía en condiciones “de poder indicar las  personas que han de sustituir a las aludidas”.[13]

Citemos, a manera de ejemplo, la carta al general William Ludlow con fecha 15 de abril de 1899. En el documento Gómez recomendaba a Néstor L. Carbonell, veterano de la Guerra de los Diez Años, para que ocupara un puesto en su administración. Aludía para ello a su capacidad como editor y también a “sus condiciones como patriota”.[14]

Este proceder tuvo lugar entre 1899 y mediados del año siguiente. Tras celebrarse los primeros comicios municipales, el general Gómez centró su atención en las personas elegidas para cargos importantes en la administración del país. Mediante ellos comenzó a colocar en los puestos públicos a individuos de probada trayectoria revolucionaria. El fundamento de esa labor quedó resumida en la correspondencia dirigida al general Francisco Carrillo, a mediados de 1900: “… me he puesto de pie firmes, con Espada en mano, a las puertas del templo sagrado de las libertades cubanas, para impedir que se introduzcan en él los mercaderes de oficio…”.[15]

Las alcaldías fueron un centro clave en sus labores.  En las cartas dirigidas a los alcaldes de la Habana, Alejandro Rodríguez Velasco y, posteriormente, Miguel Gener y Rincón, les orientó a los individuos que, a su entender, debían ocupar los cargos públicos del país. Procuraba así la máxima representación de los partidarios de la independencia dentro del conglomerado de tendencias que buscaban ocupar un espacio en la base de lo que sería el futuro edificio político republicano.

Para esta labor se apoyó también en hombres de su entera confianza como el general Bernabé Boza, alcalde municipal de Santa María del Rosario y Fernando Figueredo, Subsecretario de Estado y Gobernación durante el gobierno de Brooke.  En una de sus misivas a este último, fechada el 26 de septiembre de 1901, le solicitaba un puesto para Francisco Arredondo Miranda, y advertía: “… de esos hombres así es que se debe formar la base de la República”. La respuesta de Figueredo no se hizo esperar, y en la misma misiva anotaba: “Esta es una orden, por mi parte será cumplida”.[16]

Entre los problemas comprendidos en lo que él denominó “política salvadora de los intereses nacionales cubanos”, aparecen sus gestiones por el establecimiento de las Milicias Cubanas. De acuerdo con sus ideas, esta institución consistiría en un cuerpo armado compuesto, aproximadamente, por quince mil hombres que, según sus palabras, harían “innecesaria la intervención de las tropas americanas y de la misma Guardia Rural”.[17]

Según los planteamientos de Gómez al Gobernador de la Isla, el cuerpo armado permitiría eliminar el bandolerismo que tenía su origen “en la miseria y el descontento y por modo alguno en la manera de ser del pueblo de Cuba”.  Con la garantía del orden público, la sociedad cubana podría demostrar que era capaz de regir de manera ordenada su propio destino, así como de ejercer “todas las prerrogativas”, además de cumplir con “las obligaciones inherentes a la condición de Nación independiente”. [18]

Ciertamente, la desintegración del aparato militar en aquellas circunstancias facilitó en gran medida los planes de dominación proyectados por la administración de Estados Unidos. No obstante, no fueron los deseos del general Gómez, sino las condiciones objetivas del momento, las que propiciaron la precipitación de un hecho irreversible.  Para el General en Jefe no bastaba, y así lo trasmitía a sus hombres, con la afirmación del Congreso norteamericano para alcanzar la independencia, era necesario “que el pueblo cubano organizado o sea, el Ejército Libertador, esté en pie reclamando la promesa”. De lo contrario afirmaba: “…sería traicionar a la patria, en el momento decisivo de su triunfo”.[19]

Sin embargo, el hambre, la miseria, el cansancio y la labor divisionista de algunos oficiales, unido a la impronta potencialmente desestabilizadora del gobierno interventor, llevaron al Ejército Libertador a su desmembramiento y posterior disolución. Pero de ello no fue responsable el General en Jefe, cuyas concepciones eran contrarias a tal decisión. El Generalísimo fue privado, por factores de muy diversa índole, de “su” ejército, nunca renunció a él.

¿A dónde se había llegado?

Los historiadores que generalmente plantean la existencia de una actitud pasiva de Máximo Gómez frente a la ocupación norteamericana coinciden en afirmar que, al inaugurarse la república el 20 de mayo de 1902, pudo ver realizados sus sueños “con emoción cándida”. Parece que todo quedaba resumido en una frase: “Ya hemos llegado”.

¿A dónde se había llegado?, es la pregunta que se impone cuando se consideran los posibles motivos que inspiraron esas palabras, extraídas de los testimonios del doctor Gustavo Pérez Abreu. Ciertamente la república, al margen de su carácter mediatizado o neocolonial, se había instaurado y con ella se cumplía el fin estratégico de su accionar encaminado a evitar la anexión o “el naufragio de la nave”, como él la llamaba, durante el período de ocupación.

La expresión no significa, empero, que el General hubiera estado de acuerdo con las bases de la república. Desde el mes de febrero de 1901, condenaba, en carta a la poetisa puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, la orden militar que disponía la elección de los delegados a la Convención Constituyente, encargados de redactar la Constitución, y como parte de ella acordar las relaciones que habrían de existir con Estados Unidos.  Según Gómez: “Eso de “ordeno” y eso que la convención deje como Principio Constitucional (eterno) la base de las relaciones políticas entre Cuba y los EE.UU., me parecen un par de esposas”.[20]

Cuando al mes siguiente el Presidente norteamericano sancionó la enmienda elaborada por la fracción republicana encabezada por Orville H. Platt, para ser presentada al Senado y agregada a la Constitución de la República de Cuba, Máximo Gómez, en carta a María Escobar, le manifestaba sus impresiones sobre el hecho: “Cuba será constituida en República, pero con la libertad e independencia que le permita la Ley Platt”.[21]  En otro momento, al referirse al mismo asunto, señalaba en la intimidad de sus escritos:

Con la intervención armada de los EE.UU. en la guerra de independencia es indiscutible que Cuba, al inaugurar la República, ha quedado tan íntimamente ligada así en lo político, como en lo mercantil a la Gran República Americana, que casi y sin casi vienen a constituir tan fatal o fortuita intimidad, un cúmulo de obligaciones, que han hecho de su independencia un mito…[22]

“Y como si el hecho histórico no valiera nada -añadía- ahí tenemos la Ley Platt, eterna licencia convertida en obligación para inmiscuirse los americanos en nuestros asuntos”.  De ahí el fundamento de sus confesiones al puertorriqueño Sotero Figueroa sobre la necesidad de salvar lo mucho que quedaba de la revolución redentora: “su Historia y su Bandera”.  De no ser así, advertía:

…llegará un día en que perdido hasta el idioma, nuestros hijos, sin que se les pueda culpar, apenas leerán algún viejo pergamino que les caiga a la mano, en el que se relaten las proezas de las pasadas generaciones, y esas, de seguro les han de inspirar poco interés, sugestionados como han de sentirse por el espíritu yankee.[23]

Indudablemente, Máximo Gómez, sin llegar a ser un teórico del fenómeno imperialista, puesto que ni su formación ni época se lo permitían, presentó una concepción bastante nítida sobre los problemas que se precipitaban en el entorno cubano. No en vano aducía, como preocupante fundamental en aquellas circunstancias, el hecho de no encontrar “en el seno de nuestra República de mañana otras fuerzas que oponer a las fuerzas avasalladoras que como ley fatal han de ejercer los americanos en América”.[24]

La condena de Máximo Gómez a los mecanismos de dominación impuestos por el gobierno de Estados Unidos no llegó a trascender sus escritos. A su entender, y en eso fue muy explícito, afrontar la situación por medio del enfrentamiento armado con la nación norteña hubiera sido visto por el mundo como “el quijotismo más ridículo”. Como expusiera en su “Porvenir de Cuba”, para evitar esa situación se imponía recurrir a un recurso “absurdo” y “contraproducente” para los intereses de la revolución: “Para la lucha en el campo de las revoluciones, no contamos con ninguna de las ventajas que ellos poseen y, puede decirse, que la lucha es en extremo desigual”.[25]

Más bien sus cartas a determinadas figuras, así como sus escritos íntimos, siempre fueron el desahogo de los sentimientos y las pasiones de un hombre que en su intensa vida no acostumbró a expresar públicamente sus verdaderas emociones. En tal sentido, podemos encontrar con frecuencia numerosas expresiones que, de no ser asumidas en el contexto en que fueron pronunciadas y bajo las condicionantes emocionales expuestas, nos harían pensar que el Viejo”, cansado de los avatares de la política cubana, procedería a retirarse tranquilo a Santo Domingo en compañía de su familia.

Más que proceder a un juicio apresurado llevado por el contenido o el mensaje trasmitido, se impone hurgar en la historia e interrogarla si se quiere. La respuesta no puede ser otra que al margen de las declaraciones, en ningún momento Gómez dejó de asumir posturas políticas ante los acontecimientos del país, aun en los más delicados. Su activa participación en las campañas presidenciales ―tanto en la promoción de la candidatura Estrada Palma- Masó, como posteriormente en su oposición a la reelección estradista― sus consejos al pueblo, fuesen mediante proclamas o de forma directa, sus gestiones muchas veces encubiertas encaminadas a preparar el futuro edificio republicano de acuerdo con sus concepciones, hacen cuestionar la pasividad y mucho más el manido complejo de extranjero que le han sido atribuido en muchas ocasiones.

De nada valdría buscar un pronunciamiento público que incitara a la lucha contra una situación que siempre consideró injustificada. Sin embargo, la cautela no debe confundirse con pasividad, ni mucho menos con candidez. Máximo Gómez actuó en circunstancias extremadamente complejas en las cuales, ante las posibles variantes de solución a la situación existente, asumió aquella que creyó más conveniente para el establecimiento y conservación de una república independiente, y en consonancia se proyectó.

Citas:

[1]. Máximo Gómez: “Carta a Edmon S. Meamy”, Yaguajay, 20 de diciembre de 1898, en Gonzalo de Quesada y Miranda: Archivo de Gonzalo de Quesada. Documentos históricos, Editorial de la Universidad de La Habana, 1965, pp.496-497.
[2]. Máximo Gómez: “Carta a José María Rodríguez”, Jinaguayabo, 14 de enero de 1899, en Archivo Nacional de Cuba (ANC): Fondo Máximo Gómez, legajo  22 No. 3011.
[3]. Máximo Gómez: Dos palabras de consejos a mis amigos cubanos, Calabazar, 20 de agosto de 1900, en Bernabé Boza: Ob. cit., p.310.
[4]. Máximo Gómez: Diario de Campaña, 8 de enero de 1899, pp. 424-425.
[5]. Máximo Gómez: “Carta a la Comisión Ejecutiva de la Asamblea de Representantes”, 6 de enero de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, Legajo 20, No. 2872
[6]. Carta de la Comisión Ejecutiva a Máximo Gómez, 11 de enero de 1899, en Joaquín Llaverías y Emeterio Santovenia: Actas de las Asambleas de Representantes y del Consejo de Gobierno, durante la Guerra de Independencia, t. VI, Imprenta El Siglo XX, La Habana. 1932, pp. 35-36
[7]. Máximo Gómez: “Carta a Pedro E. Betancourt”, 24 de abril de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 20, No. 2892.
[8]. El Manifiesto convocaba a una Convención Nacional, “donde se manifestara las legítimas aspiraciones del pueblo de Cuba” y respondiera a los ideales de independencia por los que se había luchado. Véase el texto del “Manifiesto al pueblo de Cuba”, firmado por Máximo Gómez, Arturo Ramoneda, Eduardo González, Antonio González, Enrique Messonier y Jorge Lacedonia, en J. Buttari Gaunaurd: Boceto crítico histórico. Obra escrita en cuatro etapas, Editorial Lex, La Habana, 1954 y la carta de Antonio G. Acosta a Gómez con fecha 13 de diciembre de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 21, No 2915.
[9]. Máximo Gómez: “Carta a Antonio G. Acosta”, 1 de enero de 1900, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 21, No. 2915.
[10]. Máximo Gómez: Diario de Campaña, 8 de enero de 1899, p. 423.
[11]. Así denominaba un articulista del periódico La Lucha a los partidos políticos formados en el país. Ver el ejemplar con fecha 28 de febrero de 1900.
[12]. Máximo Gómez: “Carta a Francisco Sánchez”, Calabazar, 14 de agosto de 1900, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 22, No. 3050.
[13]. Ídem.
[14]. Máximo Gómez: “Carta a William Ludlow”, La Habana, 15 de abril de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 20, No. 2892.
[15]. Máximo Gómez: “Carta a Francisco Carrillo”, Calabazar, 30 de agosto de 1900, en Hortensia Pichardo: Máximo Gómez. Cartas a Francisco Carrillo, Editora Política, La Habana. 1986, p.271.
[16]. Máximo Gómez: “Carta a Fernando Figueredo, 26 de febrero de 1901, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 29, No. 3772.
[17]. Máximo Gómez: “Carta a John Brooke, 7 de mayo de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 21, No. 2904.
[18]. Ídem.
[19]. Citado por Orestes Ferrara: Mis relaciones con Máximo Gómez, Molina y Compañía, La Habana, 1942, p.200.
[20]. Máximo Gómez: “Carta a Lola R. de Tió, 12 de febrero de 1901, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 2, No. 2927.
[21].  Máximo Gómez: “Carta a María Escobar”, Calabazar, 24 de marzo de 1902, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 29, No. 3781.
[22]. Máximo Gómez: “Porvenir de Cuba”, (s/f), en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 22, No. 3081.
[23]. Máximo Gómez: “Carta a Sotero Figueroa”, 8 de mayo de 1901, en Emilio Rodríguez Demorizi: Papeles dominicanos de Máximo Gómez, Editora Montalvo, República Dominicana, 1954, p.396.
[24]. Ídem.
[25]. Máximo Gómez: “Porvenir de Cuba”, (s/f), en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 22, No. 3081.

 

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Se han publicado 16 comentarios



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  • DE CUBA CON ♥ dijo:

    Todo lo dejó y todo lo sacrificó por Cuba

  • Raul dijo:

    Para mi, el mas grande estratega militar de nuestra historia…hombre de gran enteresa y profundo espiritu revolucionario e independentista. Gloria eterna al Generalisimo. Deberiamos abordar mas de el en nuestras escuelas.

  • Henry. dijo:

    Máximo Gómez

    Nació el 18 de noviembre de 1836 en Baní (República Dominicana).

    Hijo de Andrés Gómez y Guerrero y Clemencia Baéz y Pérez.

    Aprendió a leer y a escribir en su casa, más tarde lo sigue educando su padrino, el cura Andrés Rosón. Éste quiso educar al niño para el sacerdocio, pero Máximo se alista en el ejército.

    Soldado de los que peleaban con machete, sobre un caballo o a pie y hasta descalzo.

    A los 16 años Gómez se unió al ejército dominicano en la lucha contra las tropas haitianas alcanzó el grado de alférez. Tomó parte con las tropas anexionistas en la Guerra de Restauración Dominicana. Llegó a Cuba en 1865 como oficial del Ejército español y en 1868 se alista en el movimiento emancipador cubano. Sus dotes de mando y las victorias logradas le convirtieron en el jefe de las fuerzas revolucionarias hasta su dimisión en 1876.

    En 1892 se une a José Martí, líder del Partido Revolucionario Cubano, con quien desembarcó en Cuba tras el grito de Baire (1895) que inició la guerra de la independencia de Cuba. Fue jefe militar de las fuerzas revolucionarias hasta el final de la guerra en 1898. Tras la expulsión de los españoles y la independencia de la isla, y depuesto del cargo por la Asamblea, apoyó la candidatura de Tomás Estrada Palma a las presidenciales de 1901.

    Casado con Bernarda del Toro, fue padre de catorce hijos, entre ellos Francisco (Panchito) Gómez Toro, que murió a los veinte años en el combate de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896.

    Máximo Gómez murió el día 17 de junio de 1905 sin ninguna fortuna personal en su villa de La Habana.

  • Y!R0Z dijo:

    Excelente material… siempre he considerado al Generalísimo un excelente decisor… lástima que la diferencia de épocas no le permitió ver la tarea cumplida por el Comandante en Jefe… Gracias Yoel

  • Rolando dijo:

    En 1900 los norteamericanos dieron una bofetada a Cuba al intervenir en ella.
    En 1959 Fidel les dio una bofetada de respuesta a los norteamericanos, al imponerles la independencia de Cuba.
    Ahora, en 2016, los norteamericanos vuelven a coquetear con Cuba “normalizando las relaciones” pero manteniendo el bloqueo, la ocupación a Guantánamo y las intervenciones y ofensas a países amigos como Venezuela.
    Hay que prepararse para dar una nueva bofetada de respuesta a los norteamericanos, tan contundente o mayor que la de 1959, que los mantenga A DISTANCIA de la isla.

  • José dijo:

    Siempre he sido un gran admirador de Máximo Gomez. Una descripción muy esclarecedora de Yoel Nuñez. Hoy vuelvo a preguntar, lo que hace cuatro años en una encuesta que se hizo en la Feria internacional del libro en la Cabaña. ¿porque no se edita su Diario de campaña ? sería muy interesante que las generaciones actuales conocieran de su pensamiento y accion en los campos de Cuba. Yo lo tenía y lo perdí cuando lo preste y me acordé de Eusabio Leal cuando dijo. Si no quieres perder una amistad no prestes un libro.

  • Miguel Justel Ramos dijo:

    ¡¡Muchas gracias Dr. Cordoví por este hermoso artículo, y sobre todo, por este necesario acto de justicia!! Creo que para todos los cubanos “libres y de buenas costumbre que consideramos a Máximo Gómez Báez como nuestro Hermano”, este trabajo nos exalta el orgullo que siempre hemos sentido por su conducta intachable para con la Patria.

  • Henry. dijo:

    Los cardenenses tenemos el orgullo de poseer en uno de los museos de la ciudad la habitación donde murió el Generalísimo Máximo Gómez, salvada en 1908, gracias a la labor de Oscar María de Rojas, fundador y director del Museo y Biblioteca Pública de Cárdenas.
    La habitación – primer monumento trasladado en Cuba – se hallaba instalado desde 1909 en el antiguo Museo y Biblioteca, ubicado en Avenida de Vives.
    Margarita, hija menor del Generalísimo, visitó el cuarto y quedó admirada de la fidelidad que mantenía en la estructura. Aquel testimonio personal posibilitó que Urbano uno de sus hijos donara el mobiliario del dormitorio para ubicarlo en la habitación reconstruida.
    En la habitación se encuentran: la cama, el escaparate, retratos, pinturas y la Mascarilla mortuoria del Generalísimo.

  • Roy dijo:

    Grande entre los grandes, general de generales uno de los mejores estrategas de nuestras contiendas.

  • Sergio dijo:

    Gracias por el articulo. Yo soy un aficionado a la historia, principalemente la Historia de Cuba la cual eh aprendido un poquito después de viejo, INFELIZMENTE.

    Una vez hablando con el padre de un amigo, no se porque salió a relucir el tema, él, HISTORIADOR, me dijo algo muy parecido a lo que se relata en este articulo. Incluso de la envidia y la rencilla que había hacia la figura de Máximo Gómez por ALTOS MILITARES del Ejercito Libertador. Y me dijo que, ante esta situación, Gómez adoptó una posición firme, como dice el AUTOR, pero sin dejar de saber cual era su lugar en este proceso, pues al final, era extranjero, y eso se lo hicieron ver en muchas ocasiones. Era algo así como,,, esta es mi posición, pero al final, ustedes que son CUBANOS, tienen la última palabra.

    Por lo cual la postura de GOMEZ fue muy DIGNA, muy lejos de lo que piensan muchos, incluyendo a HISTORIADOES e INVESTIGADORES, que concluyeron de este modo, no se por cual motivo.

    Es mi humilde apreciación al respecto.

    Saludos,

  • guinero-bayamés dijo:

    LO QUE NO SE DICE QUE EL VIEJO QUIEN FUE QUIÉN ENSEÑO A LA CARGA AL MACHETE EN CUBA, MAESTRO DE LOS HERMANOS MACEOS Y OTROS, QUIÉN DESDE EL 68 ESTABA EN LA MANIGUA, CON HIJOS Y ESPOSA, ALGUNOS DE SUS HIJOS MURIERÓN DE HAMBRE EN LA MANIGUA, Y POR ÚLTIMO YA VON CIERTA EDAD, LE MACHETEAN A SU HIOJO QUERIDO, PANCHITO, CANSADO DE VER TANTA DIVISIONES, TRAICIONES, DESPUÉS DE HABER PASADO TANTA HAMBRE EN LA MANIGUA, PENURIAS, UN PÁIS CON TRAIDORES, DIVISIONES AMBICIONES, YA EL VIEJO ESTABA CANSADO. NADIE EN CUBA, NADIE HIZO LO QUE EL GENERALISIMO HIZO POR LA INDEPENDENCIA DE CUBA DESDE EL 68 HASTA EL 98, NADIE, NO OLVIDAR EL FUE EL MAESTRO DE MACEO Y HERMANOS, SIN SER CUBANO DE NACIMIENTO, NADIE LUCHO COMO ÉL, NADIE.

  • Eusebio Castllo Marcial dijo:

    Honor Gloria a ese gigante de nuestra historia. Ejemplo de internacionalismo militante, lo dio todo por la independencia de Cuba. Gran estratega militar comprendió que la batalla que en aquel entonces tenía en Frente debía ser en los campos de las ideas. Enfrentar la potencia extranjera que surgía en esa época era el suicidio de la República, de la patria por la que tanto había luchado generaciones entera.
    La futura generaciones hicieron su parte, cristalizada por Fidel, Raúl y la Generación del Centenario. Una Cuba libre, soberana e independiente.
    Gracias Gómez. Gracias Fidel. Gracias Raúl.
    Viva Cuba libre

  • Don Vicente Antonio de Castro y Bermudez dijo:

    Señor mío es increible como nadie de los que se pasan la vida criticando y hablando boberías sobre temas politicos y de actualidad en Cuba no le hayan dedicado unas líneas a este gran Hombre,un verdadero héroe.El GENERALÍSIMO.Dios lo tenga siempre a buen recaudo,pues méritos para abrir las puertas del cielo tiene y de sobra.
    Un saludo a todos.

  • Professional dijo:

    Gomez simpre ha sido el mambi q mas he admirado

  • Candela dijo:

    Gracias Cubadebate por publicar este artículo que hace justicia a uno de los imprescindibles de nuestra historia.
    Siendo una adolescente encontré en la biblioteca de mis abuelos una fotografía del momento en que se izó sola la bandera de la estrella solitaria. Al lado estaba en interventor yanqui. Ya había conocido en la escuela la humillación de la Enmienda Platt y la República mediatizada. Al ver la foto, pregunté por qué Máximo Gómez había aceptado semejante barbaridad y por qué los cubanos de entonces, se habían rendido “tan fácil” a los yanquis. Con lágrimas en los ojos, mi abuela me contó que siendo muy niña, ella presenció desde la otra orilla del malecón,el momento en que se izó la bandera y cómo la gente se arrodilló y besó la tierra cubana, que se abrazaban y lloraban de alegría y que no era justo juzgar mal a quienes entonces hicieron posible lo que Puerto Rico no pudo lograr. Me habló del sufrimiento de la gente y de los estragos de la reconcentración de la que nadie quería hablar para no recordar y dijo que la ya olvidada frase de “lo que le cayó encima fue un 20 de mayo”, estaba llena de fuerza, inteligencia y valor, a pesar de todos los pesares.
    Es muy importante este acercamiento desprejuiciado y objetivo a la historia para poder extraer de ella las experiencias que son válidas para todos los tiempos, porque mañana nuestros nietos y bisnietos, de no saber los entresijos de lo que vivimos hoy, también podrán juzgarnos a la ligera por lo que se está haciendo en este momento de inflexión en las relaciones con EEUU, en un mundo en crisis estructural, de guerra por etapas, de cambios geopolíticos en las relaciones internacionales y tras más de medio siglo de resistencia frente al imperialismo, nuestro país anda sorteando estas aguas revueltas para llevar a puerto lo más seguro posible y con el menor costo social posible, el proyecto de independencia y soberanía de nuestra nación. HONOR, A QUIEN HONOR MERECE.

  • Dr. Justo Alberto Escalona Cartaya dijo:

    …llegará un día en que perdido hasta el idioma, nuestros hijos, sin que se les pueda culpar, apenas leerán algún viejo pergamino que les caiga a la mano, en el que se relaten las proezas de las pasadas generaciones, y esas, de seguro les han de inspirar poco interés, sugestionados como han de sentirse por el espíritu yankee.[23]

    Es dificilisimo el reto que se nos presenta,pero debemos asumirlo con responsabilidad y valentia.Estas palabras tienen plena vigencia y solo nosotros,la familia cubana en pleno,debe trabajar para conjurar el cataclismo social que nos amenaza.VIVA CUBA LIBRE.

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Yoel Cordoví Núñez

Yoel Cordoví Núñez

Doctor en Ciencias Históricas. Vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba.

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