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¿Qué impide realmente el cierre de la prisión en Guantánamo?

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Atrapados en la doctrina Bush

La infame prisión de Guantánamo fue abierta por George W. Bush. Foto: Reuters / Archivo de Cubadebate

La infame prisión de Guantánamo fue abierta por George W. Bush. Foto: Reuters / Archivo de Cubadebate

Por:Karen J. Greenberg /TomDispatch

(Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo)

No hay lugar para la justicia en Guantánamo – Introducción de Tom Engelhardt

Siguiendo la moda impuesta por los presidentes modernos y a falta de tan solo nueve meses para dejar el cargo, Barack Obama ya está planeando el complejo post-presidencial que llevará su nombre, compuesto por una biblioteca, un museo y una fundación. Este tipo de instituciones parece aumentar su opulencia y su aire imperial a medida que pasan los años y las administraciones. Según parece, la voluntad de Obama dejará pequeños los 300 millones de dólares recaudados por George W. Bush para su versión de esta institución, pues se propone dedicarla entre 800 y 1.000 millones de dólares. Con estas perspectivas para su futuro posterior a la Casa Blanca y siendo su presidencia ya casi parte de la historia, está claro que últimamente ha estado muy ocupado con “su legado”. Y, en lo referente a política exterior, es evidente que puede alardear de haber conseguido algunos logros. Dos de los más obvios son el acuerdo nuclear con Irán y la apertura a Cuba. A su manera, ambos suponen un punto de inflexión que rompe con relaciones envenenadas que se prolongan, en el caso de Irán, más de tres décadas y media y, en el caso de Cuba, más de medio siglo.

Ya pueden imaginarse las exposiciones dedicadas a celebrarlas en el Centro Presidencial Barack Obama, que se levantará en la parte meridional de Chicago. Pero es difícil no preguntarse cómo manejará dicha institución las tres grandes promesas de política exterior que el nuevo presidente realizó en los tiempos lejanos de 2008-2009. Después de todo, lo que en gran medida le llevó a la presidencia fue su atrevida promesa de acabar la catastrófica guerra de George W. Bush en Irán: “Así que, cuando sea comandante en jefe me propondré desde el primer día de mi presidencia un nuevo objetivo: acabar esta guerra”. Nueve años más tarde, está llevando otra vez al país al “lodazal” de una guerra en Irak, la tercera o la cuarta en las últimas cinco presidencias (dependiendo de si contabilizamos el apoyo de la administración Reagan a la guerra de Saddam Hussein contra Irán en los ochenta). En este momento, cuando acabamos de enviar a Qatar los B-52, el bombardero clásico favorito de la era de Vietnam, como contribución a esa iniciativa bélica y nos encaminamos a una ampliación gradual aún mayor de nuestra implicación en el lodazal de Irak, probablemente estemos hablando de una futura exposición museística del infierno.

Pero no llegará a la altura de la exposición especial que algún día, sin ninguna duda, explorará la promesa sincera del presidente de esforzarse al máximo por reducir el arsenal atómico estadounidense y global y situar al planeta en la senda de la abolición nuclear, un término que nunca jamás había rondado el despacho oval. Las ambiciones desarmamentísticas del presidente fueron, de hecho, responsables de que recibiera el premio Nobel de la Paz en 2009, un honor concedido, prácticamente en exclusiva, antes de que realizara cualquier logro. Ahora, ese mismo hombre preside un plan de renovación y modernización del mismo arsenal nuclear presupuestado en 1 billón de dólares para las próximas tres décadas, en el que se incluye el desarrollo de una primera generación de armas nucleares “inteligentes”, potencialmente de primer uso. No cabe duda de que la evolución del primer presidente abiertamente antinuclear merece un lugar especial de (des)honor en el futuro Centro Obama.

No obstante, salvo que los próximos meses nos deparen grandes sorpresas, ninguna exposición será más sorprendente o retorcida que la que tendrán que dedicar al “cierre” de Guantánamo, el notorio campo de prisioneros deslocalizado de la era Bush. Después de todo, tal y como Karen Greenberg señala en el artículo que sigue, el cierre de Guantánamo en menos de un año fue una de las primeras promesas del presidente al entrar en la Casa Blanca. A menos que consiga hacerlo por encima de la férrea oposición del Congreso republicano en estos meses finales, el cierre de Guantánamo podría ser el no va más de su futuro museo.

***
¿Qué impide realmente el cierre de Guantánamo?

¿Puede usted creerlo? Estamos en el último año de la presidencia del hombre que al llegar a la Casa Blanca juró que cerraría Guantánamo y, sin embargo, este lugar y todo lo que representa sigue formando parte de nuestro mundo. Muchos años después, aun podemos leer noticias sobre las pesadilla continua de esa nefasta prisión, desde detenciones sin cargo a huelgas de hambre y alimentación forzosa. Su nombre todavía resuena en los salones del Congreso enfrascados en un agrio debate sobre lo que debería o no hacerse al respecto. Continúa siendo un símbolo global de lo peor que Estados Unidos puede ofrecer.

En el caso improbable de que llegara a cerrarla antes de acabar su presidencia, Donald Trump ya ha jurado que lo reabriría y lo llenaría de “tipos malos”, mientras Ted Cruz prevenía contra la devolución de la base naval donde se encuentra la prisión a los cubanos. En resumen, dicha cárcel continúa persiguiéndonos como un espíritu maligno. Aunque Obama siga resuelto a cerrarla, poco ha hecho por reducir su población penal, y el Congreso republicano mantiene su determinación a mantenerla abierta. Con solo nueve meses antes del cambio de presidencia, la cuestión es: ¿Podrá llegar a cerrarse algún día la prisión que simboliza la guerra de este país contra el terrorismo?

“Detenidos perpetuos”

Esta es la pequeña y funesta historia de un lugar en el que la mayor parte de los estadounidenses preferirían no tener que pensar.

En enero de 2002, el presidente George W. Bush inauguró el Centro de Detención de la Bahía de Guantánamo. Su objetivo era retener en él a “lo peor de lo peor” de la guerra contra el terrorismo, en palabras del entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Con el tiempo, su población llegó a alcanzar los casi 800 prisioneros, procedentes de 44 países, algunos de ellos capturados en Afganistán, otros conseguidos mediante recompensas pagadas a vecinos vengativos o tribus hostiles y algunos capturados en operativos de la CIA en países alejados del territorio talibán. Entonces, la prisión encerraba más seguidores que líderes de al-Qaeda y los talibanes, pero muchos de los reclusos no eran ni lo uno ni lo otro: simplemente estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. Tras reconocer este hecho, en unos pocos años la administración Bush envió a más de 500 de vuelta a sus países de origen o a otros dispuestos a aceptarlos.

Luego, en 2006, Bush convirtió la mentira de Guantánamo en una realidad. Su administración finalmente transfirió a la ya entonces notoria prisión-isla a “lo peor de lo peor”. Entre esos 16 individuos estaban cinco acusados de participar en la conspiración del 11-S y otros a quienes se creía responsables de atentados devastadores contra objetivos estadounidenses en los noventa, incluyendo a las embajadas de este país en Kenia y Tanzania en 1998, y al destructor de la armada Cole en el puerto yemení de Adén en 2000. Todos ellos llevaban años custodiados por la CIA en “cárceles clandestinas” de países de todo el mundo. Todos habían sido sometidos a “técnicas de interrogatorio mejoradas”, el eufemismo que utilizaba el gobierno (y en aquellos días también los medios de comunicación) para nombrar algunas de las prácticas de tortura conocidas más antiguas.

Ese cambio supondría un punto de inflexión. En vez de ir reduciendo la población reclusa hasta cerrar el lugar, como debería haber ocurrido, la prisión se convirtió exactamente en lo que Rumsfeld había prometido que sería: un lugar para encerrar a los “detenidos más valiosos” que EE.UU. tenía en su poder. Entre ellos, Khaled Sheik Mohamed, el cerebro del 11-S y otros cuatro presuntos autores de la planificación o la realización de los atentados en Nueva York y Washington.

Ese mismo otoño, el Congreso aprobó la ley de comisiones militares cuyo objetivo era convertir Guantánamo en un enclave para impartir justicia y no solo un lugar de detención deslocalizado. A su llegado momento, Mohamed y los demás serían juzgados por militares estadounidenses en Cuba, no por tribunales civiles en Estados Unidos. Parecía que las comisiones militares, como los detenidos más valiosos, servían para definir Guantánamo (más que allá de un simple lugar de maltrato, humillación e injusticia) y la posibilidad de avanzar en el contexto de la guerra contra el terrorismo. Quienes no fueran liberados ahora podrían ser juzgados. Y sin embargo, al acabar el gobierno de Bush, solo se había conseguido condenar a tres prisioneros, y ninguno de ellos formaba parte de esos “detenidos más valioso”; en cualquier caso era un número menor que los cinco detenidos muertos en prisión durante esos años.
Este hecho debería haber sido suficientemente revelador como para extraer conclusiones. Resultaba que ni siquiera un “sistema de justicia” secretista, militarizado y dudosamente legal conseguía juzgar a unos individuos que participaron en el crimen que dio inicio al nuevo siglo, cuando las principales pruebas contra ellos a menudo procedían de formas brutales de tortura. Como resultado, cuando Obama llegó al poder en enero de 2009, la mayor parte de los detenidos en Guantánamo estaban instalados en una especie de limbo. En aquel momento seguía habiendo 242 presos y los juicios militares no avanzaban. El nuevo presidente llegó sobre un caballo blanco, lleno de promesas para acabar con el estancamiento de Guantánamo y dispuesto a actuar con sentido común. Enseguida prometió clausurar de una vez por todas la prisión y suspendió las comisiones militares.

Eso dejaba sin resolver el problema del estatus incierto de diversos detenidos, individuos que entraban básicamente en tres categorías: los que ya no se consideraban un peligro para Estados Unidos y debían ser liberados; los que se consideraban demasiado peligrosos para ser puestos en libertad pero que no podían ser juzgados ni siquiera por tribunales militares -puesto que su testimonio había sido conseguido mediante tortura- y debían mantenerse en detención indefinida (un grupo al que la reportera del Miami Herald denominó acertadamente “prisioneros perpetuos”); y los que algún día serían juzgados por alguna comisión similar a las comisiones militares suspendidas.
Al llegar el verano de su primer año en el poder, Obama anunció que estaba dispuesto a aceptar la claramente poco estadounidense realidad de la detención indefinida y las comisiones militares, aunque en una forma que el Congreso aún debería legislar. A partir de entonces, su presidencia quedaría siniestramente atrapada por la doctrina Bush sobre Guantánamo y, con o sin promesas, pronto fue evidente que el presidente no estaba preparado para jugársela por los presos de Guantánamo: tenía otras cosas que atender (como su propuesta de sistema de salud). Mientras tanto, una comisión especial nombrada por el presidente determinó que 48 presos tendrían que permanecer de cualquier modo en prisión indefinida, 36 debían ser juzgados y el resto podría ser liberado y transferido a terceros países.

Foto: Reuters

Foto: Reuters

La reducción de Guantánamo

Si tomamos en cuenta sus promesas, no se trata de un logro del que estar muy orgulloso, pero en sus siete años de mandato el presidente Obama ha hecho al menos ciertos avances en relación con el volumen de la población del penal. Cierto es que el ritmo de liberación de los presos ha sido terriblemente lento. Docenas de prisioneros declarados no peligrosos siguen pudriéndose en sus celdas. Mientras tanto, las negociaciones diplomáticas para su reasentamiento en países que no sean tan frágiles como para que el terrorismo siga siendo una realidad cotidiana y en los que tampoco continúe su maltrato se hacen eternas (y los congresistas republicanos siguen luchando con uñas y dientes para mantenerlos donde están). Con todo, en la actualidad “solo” permaneces detenidas 80 personas, una tercera parte de la población penal de enero 2009. 26 están listos para su liberación pero llevan años esperando su traslado, 44 continúan presos sin cargos en detención indefinida y 9 se enfrentan a acusaciones reales ante las comisiones militares.

No obstante, a pesar de la reducción de las cifras, el campo de detención sigue siendo esencialmente lo mismo que era bajo el gobierno Bush, un monumento a los malos recuerdos. Todavía mantiene a docenas de individuos encerrados en una triste situación de desesperanza, algunos de ellos con su liberación aprobada pero temiendo que su traslado nunca llegue, otros habiéndose rendido por completo y en huelga de hambre, básicamente con la intención de suicidarse.

Teóricamente, el ritmo de traslados de aquellos cuya liberación ha sido aprobada podría acelerarse y la Junta de Revisión Periódica, encargada de decidir si un individuo ya no supone ningún peligro para este país, podría reunirse con más frecuencia para decidir la libertad de un número cada vez menor de detenidos cuyo futuro sigue siendo incierto. Si así fuera (y podría ser) en pocos meses la población de Guantánamo podría reducirse a (relativamente) unos pocos presos.

Vale la pena señalar que los contribuyentes estadounidenses continúan aportando lo suyo para mantener Guantánamo y el grupo cada vez menor de reclusos en su situación actual. Se estima que en 2015 el coste de mantenimiento de un solo detenido está entre 3,7 y 4,2 millones de dólares al año. Si la población penal se redujera considerablemente, esos millones de dólares por detenido se dispararían. Cuanto menor sea el número remanente y mayor el coste por cabeza, es más probable que incluso un Congreso reacio llegue a aceptar en su momento su traslado a Estados Unidos, aunque “el cierre de Guantánamo” en esas condiciones suponga trasladar a territorio estadounidense la detención indefinida sin cargos, la violación más fundamental del proceso penal imaginable.

Retroceso de la justicia

Eso dejaría un asunto y solo uno entorpeciendo el cierre oficial de Guantánamo: las comisiones militares, lo cual resulta bastante irónico. Después de todo, a diferencia de la detención indefinida o la tortura, dichas comisiones son un signo reconocible, aunque con fallos, de la tradición legar estadounidense, ya que fueron empleadas durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial.

Dichas comisiones han estado marcadas por el fracaso desde el comienzo. No estaban previstas inicialmente por los abogados y funcionarios de la administración Bush que organizaron la guerra contra el terrorismo, montaron el campo deslocalizado en Cuba y perfeccionaron esas “técnicas” de tortura clásicas. En realidad, las detenciones fuera del país tenían el propósito de esquivar casi por completo el sistema judicial de EE. UU. y conseguir información de los prisioneros por cualquier medio. La meta estaba suficientemente clara: compensar la desafortunada falta de conocimiento de los servicios de inteligencia estadounidenses sobre Osama bin Laden, la red de al-Qaeda, sus escondites y sus campos de entrenamiento.

Para concederse flexibilidad en los interrogatorios y el trato a los detenidos, la administración rechazó considerarlos prisioneros de guerra, ya que en ese caso los métodos de interrogatorio estarían limitados por las Convenciones de Ginebra. En su lugar, acuñaron el término “combatientes enemigos” para crear una categoría más allá de los límites de la legalidad. Hasta el día de hoy, los oficiales y funcionarios de EE. UU. siguen sin llamar “prisioneros” ni “prisioneros de guerra” a los detenidos que quedan en Guantánamo.

Poco después de la instalación de la prisión, el gobierno Bush remitió a 24 de esos “combatientes enemigos” a un proceso ad hoc que empezó a denominar “comisiones militares”, hasta que en junio de 2006 el Tribunal Supremo las declaró inválidas a menos que fueran autorizadas por el Congreso (que sumisa y apresuradamente aprobó la Ley de Comisiones Militares de 2006).

Muchos años después, solo 8 prisioneros han sido condenados por estas comisiones, que fueron suspendidas y luego reavivadas por Obama. Tres de esas condenas, impuestas antes de que jurara el cargo, han sido anuladas o revocadas. Visto de otra manera, se podría decir que las comisiones están siendo incapaces de conseguir su meta: reducir los casos de Guantánamo. En su día pudieron reclamar 8 veredictos de culpabilidad, ahora solo 5 y en los próximos meses, dependiendo de las decisiones futuras de los tribunales de apelación de Washington, esa cifra podría verse aun más reducida. En resumen, las comisiones no han mostrado el menor progreso en cuanto a su meta de cerrar Guantánamo.

Claro que existen en EE. UU. tribunales federales con mucha experiencia en juicios de terrorismo, con un índice del 100% de condenas en los casos importantes. Al principio, la intención era trasladar los juicios de las comisiones militares al territorio del país para otorgar reconocimiento a las autoridades nombradas por Obama, e incluso se llegó a efectuar el traslado de un detenido de máximo valor, Ahmed Ghailani, al tribunal federal de Nueva York. Pero aunque el jurado le consideró culpable de uno de los cargos contra él, sentenciándole a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, su ejemplo fue utilizado por quienes quieren mantener Guantánamo abierto como una prueba de que los terroristas tienen la oportunidad de salir libres si son juzgados en tribunales federales. Una buena parte de las pruebas contra Ghailani, contaminadas por la tortura, fue rechazada por el tribunal. Aunque el jurado desconocía el hecho de que hubiera sido torturado o de su estancia en Guantánamo, Ghailani fue absuelto de 283 de los 284 cargos que pesaban contra él. Dado que la situación no permitía otorgar peso al “valor de las convicciones”, el presidente Obama y el fiscal general Eric Holder se echaron atrás en medio de un aluvión de críticas y las comisiones militares continuaron actuando en Guantánamo.

Afortunadamente, para todos los que tenemos la esperanza de que la prisión se clausure antes de morirnos, más tarde o más temprano la idea de transferir a los acusados formalmente de terrorismo a los tribunales federales tendrá que revisarse. Si esto llega a ocurrir, el lugar que cuenta con más posibilidades de recibir dichos casos es probablemente el juzgado del distrito este de Virginia (EDVA por sus siglas en inglés), un lugar relativamente cercano a la Casa Blanca. Este tribunal ha visto desde el 11-S una serie de casos graves de terrorismo, incluyendo los de Zacarías Moussaoui, John Walker Lindh y Abu Alí.

Además, al estar situado cerca de Washington, sus jueces y fiscales están familiarizados con el uso de información confidencial relacionada con la inteligencia. Se encuentra próximo al Departamento de Justicia y puede solicitar el testimonio de expertos y autoridades del FBI, la CIA y cualquiera que haya trabajado en estos asuntos en los últimos años. Por último, tiene la reputación de ser un juzgado que trata los casos que le corresponden con celeridad, cumpliendo los plazos previstos, lo que es importante dado el retraso que acumulan estos juicios.

¿Se cerrará Guantánamo?

El EDVA podría recibir el encargo de juzgar los casos de las comisiones militares por distintas vías, desde una ley presidencial que se oponga a la prohibición del Congreso de trasladar prisioneros de Guantánamo a los EE. UU. hasta una autorización del mismo Congreso. No obstante, si hay alguien que podría facilitar mucho todo esto es el general de brigada Mark Martins, fiscal jefe de la oficina de comisiones militares desde 2011. Gracias a la lealtad de sus soldados, una mente legal y un comportamiento público carismático, Martins ha defendido durante seis largos años la posibilidad de que las comisiones militares de Guantánamo puedan trabajar como tribunales válidos, constitucional y legalmente, con procedimientos y garantías similares a los juzgados de lo penal. Tiene la capacidad para declarar la inviabilidad de las comisiones, dejando a la administración sin más opción que cerrarlas. Si llegara a hacerlo, constituiría un punto de inflexión.

Martins ha sido asesor del general David Petraeus en Irak y Afganistán y copresidente de la comisión especial que volvió a instaurar las comisiones militares después de que Obama jurara su cargo y ha sufrido todo tipo de contratiempos. A lo largo de estos años, ha recibido puñaladas por la espalda de la CIA, en sus intentos por espiar la sala de justicia de las comisiones en Guantánamo y los cuartos donde los abogados se reunían con sus defendidos. Los tribunales federales le han prohibido continuar con sus pesquisas sobre los detenidos al declarar “ilegales” las principales acusaciones contra ellos; se ha visto sorprendido por la transferencia misteriosa de materiales del consejo de defensa a los ordenadores de la acusación; y humillado, un mes tras otro, por no ser capaz de cumplir la promesa que hizo de que los procedimientos de la comisión en cuanto a “garantías fundamentales de imparcialidad y un juicio justo” serían “comparables a los de los juicios de los tribunales federales”. Por el contrario, dichos procedimientos han resultado ser una farsa.

Si el general Martins llegara finalmente a aceptar la realidad de Guantánamo –que, dada su historia, nada de lo que allí se haga podrá parecerse a la verdadera justicia- podría llegar a convencer a un Congreso recalcitrante, a la postrera administración Obama y al público estadounidense de la única conclusión realista: que las comisiones militares nunca llegarán a funcionar y que ha llegado la hora de cerrar definitivamente la prisión de Guantánamo. Después de todo, es difícil de imaginar un sistema que funcione peor que el que, durante una década, no ha conseguido ni siquiera iniciar los juicios de los acusados de perpetrar los atentados del 11-S.

Esos atentados dejaron una herida abierta que no se cicatrizará si no hay una justicia real. En aras de los familiares de las víctimas, de la capacidad del país para salir adelante y de la propia confianza de la nación en su sistema judicial, es preciso juzgar a los acusados y ya se ha demostrado que tal cosa no es posible en Guantánamo.
Pero también tenemos que ser conscientes de la posibilidad de que la prisión no sea clausurada en lo que queda de presidencia de Obama, de que este país permanezca sumido en la oscuridad de Guantánamo y de un mundo siniestro asociado eternamente a Estados Unidos, y que se nos siga conociendo como una nación que desea evitar la justicia, cuando no rechazarla abiertamente. Aunque ya haya transcurrido demasiado tiempo, el cierre de Guantánamo y el traslado de las comisiones militares de vuelta a los tribunales federales contribuiría a sanar la herida que la guerra contra el terrorismo infligió a la identidad más profunda del país, la de una nación de justicia para todos.

Karen J. Greenberg, colaboradora habitual de TomDispatch, es directora del Centro para la Seguridad Nacional de la Escuela de Derecho de Fordham y autora de The Least Worst Place: Guantánamo’s First 100 Days.

Fuente:http://www.tomdispatch.com/blog/176130/ / Tomado de Rebelión

Se han publicado 29 comentarios



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  • labala dijo:

    Obama lo prometio solo con la intencion de ganar votos, pero para nadie es un secreto que aunque quiera el no tiene como cerrarla, pues hay otros intereses y fuerzas mas poderosas detras del preesidente de EU, hasta estos momentos yo estoy bastante no totalmente complacido con lo que ha hecho, principalmente por tener de vuelta en casa a los 5.
    rios

  • opinador dijo:

    En Guantánamo también hay terroristas, eso no se puede negar

    • Papo dijo:

      …y qué tenemos que ver nosotros, los cubanos, con esos terroristas (si son realmente terroristas).
      ¿Por qué están en NUESTRO TERRITORIO?, los terroristas que los cuidan y los terroristas acusados.
      ¿Te gustaría que el gobierno, con la ley y con la fuerza, ocupara una habitación de tu casa y la llenara de cucarachas y ratones?.
      CON SOLO OCUPARLA aterrorizan a todos los que lo rodean…

  • EddySS dijo:

    Como Posada Carriles le es a los Estados Unidos, su imagen del terrorismo;
    Así le es la Base Naval de Guantánamo al pensamiento reaccionario del imperio.
    La cárcel simboliza la prisión de sus ambiciones hegemónicas.

    Obama sabe muy bien lo que dice, Obama sabe muy bien lo que hace.
    La cárcel de Guantánamo le es a Cuba, lo que el Imperio le es al Bloqueo.

    Algún día triunfará la cordura.

  • Roberto dijo:

    Pero si a eso le sumas la oposicion del Congreso a todo cuanto a querido hacer el presidente por acabar de cerrar la carcel, entenderiamos mejor, hace poco le hicieron una entrevista a un abogado estadounidense, creo que uno de la Corte Suprema y explico claramente cuales son los pasos a dar para cerrar Guantanamo y si esta en manos del presidente o no.

  • CubanoAlFin dijo:

    Confieso que me confunde este reportaje. He leído en diferentes medios que el Presidente Obama ha presentado varios planes para cerrar aquella cárcel y que el CONGRESO los ha vetado TODOS. Muchos de aquellos planes incluirían la reubicación de los detenidos en territorio norteamericano y por supuesto el lobby congresional SE OPONE ROTUNDAMENTE. Sé que Uruguay accedió a albergar en su territorio a partes de estos prisioneros y así en otros países. En fin, Obama pensó que eso era más fácil y se enredó en una disputa con el congreso de mayoría republicana que lo bloquea y le hace más difícil su gestión. EN LO PERSONAL, CREO QUE NO SE LE PUEDE IMPUTAR A EL (Obama) EL FRACASO POR CERRAR dicha penitenciaria, es justamente todo lo contrario. Finalmente, no entiendo el objetivo emprendido por los medios de desacreditar la gestión del Presidente que más ha hecho por Cuba, no sé si es racismo o alguna otra intolerancia. Pero no se desesperen. Ha Obama lo vamos a extrañar muy pronto, miren lo que se está cocinando, no confío en ninguno de los precandidatos con mayores posibilidades, ni en Clinton (recuérdese que su marido firmó la HELMS-BURTON) y mucho menos en el tal Trump que entre otras animaladas ha dicho que “ … NO CERRARIA GUANTANAMO Y QUE … (escuchen bien)… OBLIGARIA A CUBA A PAGAR EL MANTENIMIENTO DE LA BASE… ” Esto es lo que se avecina. Obama en su campaña prometió cerrarla y no ha podido, este tipo (Trump) desde la campaña está diciendo que NO. Evalué y compare las actitudes y después critique. Saludos

    • Papo dijo:

      No devolver El Territorio de Guantánamo a CUBA…..es una desverguenza de Todos Los Estados Unidos de Norte-América…

      En cuanto a las amenazas de “trump” y otros… no nosotros: USA es quien más le debe preocupar… Hai Capito?

      • Agustina dijo:

        Oye Papo, por casualidad tú afitas una stanza en la Habana? E libera adesso?

  • Inye dijo:

    ¿lo que impide cerrar guantánamo?, pero eso es muy fácil, LA DESVERGUENZA.

    • Michel dijo:

      Muy bueno.
      Saludos

    • Jorge dijo:

      Inye te felicito, el mejor comentario, y le agrego: que es la identidad de USA

  • Marien Martínez Alvarez dijo:

    Gracias por los comentarios y estoy de acuerdo con mis colegas que visitan y escriben su forma de ver y críticar el congreso que no deja cerrar la Base Naval de Guantánamo, cuanto quisiera decir Cuba es libre completa, pero no lo puedo decir con mi gran sonrisa, Obama si fuera por el el boqueo vendría abajo y la Base Naval de Guantánamo también pero en los USA quien manda el país es el congreso y el presidente es un títere para decir que son un país democrata,tenemos que seguir luchando con las ideas, como dijo nuestro comandante en jefe FIDEL,para poder recuperar nuestro pedazo de tierra

  • Pryce Ricardo dijo:

    ¿Qué impide realmente el cierre de la prisión en Guantánamo?
    R/ La politiquería!!!!

  • Pedro Antonio dijo:

    Todo está en su ideología, la demagogia no es nada nuevo. La conocemos muy bien.
    dice muchas cosas, hace algunas como para que crean que ya es bueno. El mundo necesita entender más esa política. ¡y Hacer más!

  • yolanda dijo:

    Habra algún día un govierno justo en los Estados Unidos? Yo quisiera imaginar ese país tan grande, con un govierno justo que ame a su pueblo y que todo lo que haga sea para bien de su pueblo !… pero eso nunca será posible !…Ellos han escogido hacer lo malo, lo corrupto, lo que destruye, y todo lo que causa sufrimiento a la humanidad, por querer tener eso que se llama Poder”. El poder que construye y el poder que destruye !..Todos tenemos esa gran opción de elegir por hacer lo bueno o por hacer lo malo y de ser seguidores de los buenos o ser seguidores de los malos.

    • yolanda dijo:

      Hay que pensar, hay que pensar mucho!…es importante pensar para poder elegir por hacer lo bueno o por hacer lo malo.

  • Galindo dijo:

    Lo impide la existencia del imperio, que en esencia es fuerza, abuso, intimidación en fin TERROR, y eso solo se logra con muchas armas, muchas mentiras, marginación y cárceles para quien no claudique.

  • A garcía dijo:

    Como ya no hay motivos militares para mantener la Base ocupada , quieren justificarla con cárcel para terroristas, indigna conocer que la mayor parte o casi todos los prisioneros que existen allí no tienen cargos , no han sido juzgados por ningún tribunal .
    La historia del 11-S se parece mucho a la historia del Maine y a otras tantas que se han prefabricado para justificar los fines . Esperemos con paciencia las notas de la Historia

  • vivianmr dijo:

    Lo impide el miedo, si el miedo a los cubanos, su fortaleza, principios, valores. Nos pertenece el territorio, màs temprano que tarde la justicia triunfarà.

  • Armando Perez dijo:

    De lo que se habla en el artículo no es de devolver la base a Cuba sino de cerrar su uso como prisión. Le impide que no hay dónde meter a los prisioneros. Nadie los quiere. Los estados no lso quieren porque temen represalias por otros terroristas y los países que pudieran recibirlos no garantizan quie se mantengan en prisión o que no se incorporen nuevamente al terrorismo, lo cual ya ha sucedido. Obama ha tratado, pero no ha podido. Bush también trató durante su segundo period y no pudo. Cuando Obama lo prometió, él no se imaginaba lo difícil que era realmente.

    • Papo dijo:

      HAY QUE SER “IDIOTA” PARA NO COMPRENDER QUE MI COMENTARIO, ES UNA BURLA, AL ABSURDO PLANTEAMIENTO DE NO DEVOLVER:

      EL TERRITORIO OCUPADO DE GUANTÁNAMO

      Armando Perez dijo:
      De lo que se habla en el artículo no es de devolver la base a Cuba sino de cerrar su uso como prisión. Le impide que no hay dónde meter a los prisioneros. Nadie los quiere. Los estados no lso quieren porque temen represalias por otros terroristas y los países que pudieran recibirlos no garantizan quie se mantengan en prisión o que no se incorporen nuevamente al terrorismo, lo cual ya ha sucedido. Obama ha tratado, pero no ha podido. Bush también trató durante su segundo period y no pudo. Cuando Obama lo prometió, él no se imaginaba lo difícil que era realmente.
      9 MAYO 2016 A LAS 13:35
      / RESPONDER

      Papo dijo:Su comentario ha sido recibido.
      Ayyyyyyyy !!!!!!!!!….. Pobrecitos: Bush y Obama….luchando y luchando…..y el Mundo No Los Comprende….

      
¡Son “los terroristas” señores! “No Hay Donde Meterlos”… ¡¡¡Comprendan!!!
…porque si se escapan; acaban con el “mundito” querido nuestro……y después nos quedamos sin “mundito”… ¿Y Qué Vamos a Hacer Cuando No Tengamos “mundito”?

      …..eh…eh !!!??? ¡¡¡¡¡ Diganme…Díganme !!!!!


      EL TERRITORIO DE GUANTÁNAMO OCUPADO HACE MÁS DE CIEN AÑOS… eso no es lo importante… lo que se trata, es de “nuestro mundito querido”… y los prisioneros son “terroristas”…..”muy piligrosos”.

      
Piensen que si esos terroristas se unen a: Xi Jinping, Putin, Fidel y Maduro …..se ACABÓ el MUNDO……….

      
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ COMPRENDAN POR FAVOR !!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡ COMPRENDAN !!!!!!!!!!


      Ayyyyyyyyyyyy….…. Ayyyyyyyyyyyy……..

      
9 MAYO 2016 A LAS 16:14 
/ RESPONDER



      Papo dijo:Su comentario ha sido recibido.

      …… oye…… ¡¡¡¡¡ Que No Comprenden !!!!!


      9 MAYO 2016 A LAS 16:15

    • Anselmo dijo:

      Estimado Armando Pérez. Después de leer su comentario sería inteligente borrar el artículo y los comentarios de los foristas. Su inteligente opinión explica todo de manera excepcional y definitiva, es una aclaración óptima y actualizada. Aparecer como una simple nota en este diario elevaría el nivel del mismo.

      • Papo dijo:

        Deja ver si me pongo de acuerdo con el que edita o controla los comentarios:

        Cierto que sí, Armando Perez es genial, nos ha dejado entender el real dilema de los presos en la Base Naval de Guantánamo. Claro, no hay donde meterlos. Y nadie los quiere (solo Cuba).
        ¿Y si se escapan? Tan peligrosos como son.
        Verdad que Bush quería sacarlos, ayyyy, pero no pudo y Obama se enteró después (debe ser que Bush le mandó un “telegrama” [por trén], explicándole lo difícil que era, tratar de sacarlos).
        Y CLARO, el artículo no dice nada, de “devolver nada”… aquí: “” jorobita jorobita lo que se dá no se quita “”. Eso hay que explicarlo en Las Naciones Unidas. pa´que sepan:

        Jorobita Jorobita: Lo que se dá no se quita. Ese es un buen argumento: Sólido y Puro, que debe tener el “pentaGóno” bueno, el petágono como le dicen los que no saben “inglich”…

        Oyeee…. ¿No será: “armando perez roura”? Con Razón. Ese es un GENIO del EXILIO.

      • Armando Perez dijo:

        Está claro que muchos de los que opinaron aquí no se leyeron ni el propio artículo sobre el cual opinan y por eso escriben tantos despropósitos. En el artículo se explican las dificultades legalesy politicas para cerrar la prisión. Es una lástima que con tanata educación que hay en Cuba. la gente no sepa interpretar lo que lee y sólo opine en consignas, descalificaciones o insultos.¿Y es así como piensan enfrentar el desafío de la relaciones con USA y su influencia cultural? Despabílense que los veo mals lentos que un suero de miel de abeja.

      • Papo dijo:

        SI ARMANDO:
        El problema es que ya algunos venimos de regreso cuando otros ván.
        El Magnífico Artículo Explica Al Detalle Todo Lo Concerniente A Los Vericuetos En Que Se Fundamentan Las Injusticias…

        Tenemos un Diccionario: “diccionario de la real academia de la lengua HUMANA”.

        EUFEMISMO: Inflexión sistemática que se utiliza en todo lo que se expresa, a través de U.S.A., para dominar El Mundo. Carece de credibilidad y es utilizado en los Sometidos.

        Disculpa si te sentiste ofendido.

  • lili dijo:

    todos sabemos que el sistema político e ideológio de los EU es diferente. Ellos dicen pero otros aprueban.Obama ha dicho y hecho mucho más pero otros aprueban.Se ha arriesgado.Pasaran años para que algunos cambien los mecanismos,tambien nos tenemos que ariesgar.

  • gricelh dijo:

    Interesante el artículo, explica y aclara cosas importantes…¿Pero, p q esa costumbre de emitir opiniones como si estuviéramos en un ring de boxeo? CD nos da la oportunidad de emitir criterios, por favor hagamos un uso responsable de la palabra y no demos muestra de nuestras carencias para aceptar la diversidad. Obama nunca podrá superar las restricciones de los verdaderos dueños del estado na, las transnacionales y la oligarquía y para esos Guantánamo es una prueba de su hegemonía, una bota en el cuello de un pueblo q no se rinde… El pueblo na, más temprano q tarde hará justicia, nosotros no abandonaremos la lucha….

  • E . dana dijo:

    GRICELH , MIS APLAUSOS

  • egp dijo:

    Ciertamente somos ignorantes del peligro que para los cubanos es el problema de los ¨terroristas¨ y la usurpación de nuestro territorio, es la estrategia diseñada por los goviernos de los estados unidos desde Ike hasta Obama y el posible candidato futuro.¨Los derechos se conquistan con el filo del machete¨ nos legó nuestro mayor general A,Maceo, pero eso fue hace casi dos siglos, en esta epoca hay que pensarlo bien,nadie puede desidir por la vida de los demás y poner en peligro la existencia de un pueblo. No obstante¨PATRIA O MUERTE¨!!VENCEREMOS!! !VIVA CUBA LIBRE Y SOBERANA!!

Se han publicado 29 comentarios



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