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El envenenamiento de Arafat

En este artículo: Israel, Magnicidio, Palestina, Yasser Arafat
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Con Yasser Arafat (a la derecha). Uri Avnery es un periodista, escritor y activista por la paz israelí. Formó parte del Parlamento israelí (Knéset) durante tres periodos legislativos (1965-1969, 1969-1973, 1979-1981), con un total de diez años como diputado.

Con Yasser Arafat (a la derecha). Uri Avnery es un periodista, escritor y activista por la paz israelí. Formó parte del Parlamento israelí (Knéset) durante tres periodos legislativos (1965-1969, 1969-1973, 1979-1981), con un total de diez años como diputado.

Uri Avnery
zope.gush-shalom.org

Traducido para Rebelión por LB.

Para mí no fue ninguna sorpresa. Desde el primer día estuve convencido de que a Yasser Arafat lo envenenó Ariel Sharon. Incluso escribí sobre ello en varias ocasiones.

Era una simple conclusión lógica.

En primer lugar, un completo examen médico realizado en el hospital militar francés donde murió no encontró ninguna causa que explicara su repentino colapso y muerte. No se halló rastro de ninguna enfermedad que supusiera una amenaza para su vida.

Los rumores difundidos por la maquinaria propagandística israelí sobre que Arafat tenía SIDA eran flagrantes mentiras, mera continuación de los rumores que propaló la misma maquinaria afirmando que Arafat era gay. Todo ello no era sino otro episodio de la implacable labor de demonización del líder palestino, que duró décadas.

Cuando no existe una causa evidente para una muerte es que debe existir otra menos obvia.

En segundo lugar, sabemos ya que varios servicios secretos poseen venenos que no dejan rastros rutinariamente detectables. Entre ellos están la CIA, el FSB ruso (sucesor del KGB) y el Mossad.

En tercer lugar, las oportunidades abundaban. Las medidas de seguridad de Arafat eran decididamente laxas. Solía abrazar a perfectos desconocidos que se presentaban como simpatizantes de la causa palestina, y a menudo se sentaba a comer con ellos.

En cuarto lugar, había un montón de gente que tenía el objetivo de matarlo y los medios para hacerlo. La persona más obvia era nuestro primer ministro, Ariel Sharon. En 2004 llegó incluso a decir que Arafat “no tenía póliza de seguro”.

Lo que antes era una probabilidad lógica se ha convertido ahora en una certeza.

Un examen de sus pertenencias realizado por encargo de Al Yazira TV y practicado por un instituto científico suizo de gran reputación ha confirmado que Arafat fue envenenado con polonio, una sustancia radiactiva letal imposible de detectar salvo que se la busque expresamente.

Dos años después de la muerte de Arafat el ex agente del KGB / FSB Alexander Litvinenko fue asesinado en Londres utilizando ese mismo veneno. Los médicos descubrieron la causa [de su muerte] de forma casual. Tardó tres semanas en morir.

Más cerca de casa, en Ammán, en 1997 el Mossad estuvo a punto de asesinar al líder de Hamas Khaled Mash’al por orden del Primer Ministro Benjamín Netanyahu. El arma utilizada fue un veneno que mata a los pocos días de entrar en contacto con la piel. El asesinato fue una chapuza y la vida de la víctima se salvó cuando, tras un ultimátum del rey Hussein, el Mossad se vio obligado a proporcionar un antídoto a tiempo.

Si la viuda de Arafat, Suha, consigue hacer que se exhume su cadáver del mausoleo de la Mukata en Ramallah, donde se ha convertido en un símbolo nacional, no hay ninguna duda de que el veneno aparecerá en sus restos.

Las deficientes medidas de seguridad de Arafat siempre me sorprendieron. Los primeros ministros israelíes se protegen diez veces mejor.

Se lo reproché en varias ocasiones, pero él se encogía de hombros. En este sentido, era un fatalista. Cuando su avión realizó un aterrizaje de emergencia en el desierto de Libia y él salió milagrosamente ileso mientras que las personas a su alrededor murieron, se convenció de que lo protegía Dios.

(A pesar de ser la cabeza de un movimiento secular con un programa netamente laico, Arafat era un musulmán sunita practicante que oraba a las horas requeridas y no bebía alcohol. No impuso su piedad a sus ayudantes.)

Una vez lo entrevistaron en mi presencia en Ramala. Los periodistas le preguntaron si confiaba en ver con sus propios ojos la creación del Estado palestino. Su respuesta: “Tanto yo como Uri Avnery lo veremos con nuestros propios ojos”. Estaba muy seguro de ello.

La determinación de Ariel Sharon de matar a Arafat era bien conocida. Ya durante el asedio de Beirut, durante la 1ª Guerra del Líbano, no era ningún secreto que había agentes peinando el oeste de Beirut en su búsqueda. Para gran consternación de Sharon, no lo encontraron.

Incluso después de Oslo, cuando Arafat regresó a Palestina, Sharon no cedió. Cuando se convirtió en primer ministro, mis temores por su vida aumentaron. Cuando en el curso de la operación “Muro Defensivo” nuestro ejército atacó Ramallah, los soldados israelíes asaltaron el complejo de Arafat (Mukata es una palabra árabe que significa ‘complejo’) y llegaron a 10 metros de sus habitaciones. Los ví con mis propios ojos.

Dos veces durante aquel asedio de varios meses mis amigos y yo fuimos a la Mukata y permanecimos allí durante varios días como escudos humanos. Cuando a Sharon se le preguntó por qué no mataba a Arafat, respondió que la presencia de los israelíes lo hizo imposible.

Sin embargo, yo creo que eso no era más que un pretexto. Los EEUU se lo prohibieron. Los estadounidenses temían, con razón, que un asesinato abierto provocara un estallido de cólera antiestadounidense a lo largo y ancho del mundo árabe y musulmán. No puedo probarlo, pero estoy seguro de que desde Washington le dijeron a Sharon: “Bajo ninguna circunstancia se le permite matarlo de forma que se pueda remontar la causa de su muerte hasta usted. Si puede hacerlo sin dejar rastro, adelante”. (Igual que el Secretario de Estado de EEUU le dijo a Sharon en 1982 que bajo ninguna circunstancia se le permitiría atacar al Líbano, a menos que hubiera una provocación clara e internacionalmente reconocida, la cual se proporcionó inmediatamente.)

En una coincidencia extraña, el propio Sharon cayó derribado por un ataque poco después de la muerte de Arafat, y ha vivido en un estado de coma desde entonces.

Esta semana, el día de en que se publicaron las conclusiones de Aljazeera coincidió con el 30º aniversario de mi primer encuentro con Arafat, que para él fue la primera reunión que mantenía con un israelí.

Ocurrió en el momento álgido de la batalla de Beirut. Para llegar hasta él tuve que cruzar las líneas de cuatro ejércitos beligerantes: el ejército israelí, la milicia cristiana falangista libanesa, el ejército libanés y las fuerzas de la OLP.

Hablé con Arafat durante dos horas. Allí, en medio de una guerra, con la muerte acechándole a cada instante, hablamos de la paz palestino-israelí, e incluso de una federación de Israel y Palestina, tal vez incluso con Jordania.

La reunión, que fue anunciada por la oficina de Arafat, causó sensación en todo el mundo. Mi relato de aquella conversación fue publicada en varios periódicos importantes.

De regreso a casa escuché en la radio que cuatro ministros del gabinete estaban exigiendo que se me enjuiciara por traición. El gobierno de Menachem Begin dio órdenes al Procurador General para que abriera una investigación criminal. Sin embargo, al cabo de varias semanas la Fiscalía determinó que no había violado ninguna ley. (La ley se modificó debidamente al poco tiempo.)

En las múltiples reuniones que mantuve con Arafat desde entonces acabé completamente convencido de que era un socio eficaz y confiable para la paz.

Poco a poco comencé a comprender cómo este padre del movimiento de liberación palestino moderno, calificado de archi-terrorista por Israel y EEUU, se convirtió en el líder de los esfuerzos de paz palestinos. A lo largo de la Historia pocas personas han tenido el privilegio de liderar dos revoluciones sucesivas en el transcurso de su vida.

Cuando Arafat comenzó su trabajo Palestina había desaparecido del mapa y de la conciencia mundial. Mediante el uso de la “lucha armada” (alias “terrorismo”) consiguió volver a situar a Palestina en la agenda del mundo.

Su cambio de orientación se produjo justo después de la guerra de 1973. Aquella guerra, como se recordará, comenzó con impresionantes victorias árabes y terminó con la derrota de los ejércitos egipcio y sirio. Arafat, que era ingeniero de profesión, llegó a la conclusión lógica: si los árabes no podía ganar un enfrentamiento armado ni siquiera en esas circunstancias ideales, habría que encontrar otros medios.

Su decisión de iniciar negociaciones de paz con Israel iba completamente en contra de la esencia del Movimiento Nacional Palestino, que consideraba a Israel como un invasor extranjero. Le hicieron falta a Arafat un total de 15 años para convencer a su propio pueblo de que aceptara su línea, utilizando para ello toda su astucia, destreza táctica y poder de persuasión. En la reunión de 1988 del Parlamento palestino en el exilio, el Consejo Nacional, su concepto fue adoptado: un Estado palestino al lado de Israel en una porción del país. Este Estado, con su capital en Jerusalén Oriental y sus fronteras trazadas sobre la base de la Línea Verde, ha sido desde entonces la meta fija e inmutable, el legado de Arafat a sus sucesores.

No es casualidad que mis contactos con Arafat, primero indirectamente a través de sus ayudantes y luego directamente, se iniciaran justo en aquella época: 1974. Le ayudé a establecer contacto con los dirigentes israelíes, especialmente con Yitzhak Rabin. Eso condujo al acuerdo de Oslo de 1993, que mataron cuando asesinaron a Rabin.

Cuando le preguntaron si tenía algún amigo israelí, Arafat dijo mi nombre. La razón era su creencia de que yo había arriesgado mi vida cuando fui a verlo en Beirut. Por mi parte, me sentí agradecido por la confianza que depositó en mí cuando me conoció allí en un momento en el que cientos de agentes de Sharon lo estaban buscando.

Pero, más allá de consideraciones personales, Arafat fue un hombre capaz de hacer la paz con Israel, dispuesto a hacerlo, y – lo que es más importante -, capaz de conseguir que su pueblo – incluidos los islamistas – la aceptaran. Eso habría puesto fin a la empresa colonizadora.

Por eso lo envenenaron.

Uri Avnery ejerció como parlamentario israelí durante diez años. Es un veterano emigrante judío que llegó a Palestina en 1933, un niño que escapaba de Alemania con su familia cuando el monstruo nazi empezaba a agitar la fobia anti judía. Participó en la lucha clandestina por la independencia de Israel y fue herido en la guerra de 1948; se convirtió luego en un activo periodista y escritor, militante por la paz y defensor del laicismo estatal. Formó parte del Parlamento israelí (Knéset) durante tres periodos legislativos (1965-1969, 1969-1973, 1979-1981), con un total de diez años como diputado. El 13 de septiembre de 2003 se ofreció como escudo humano en la zona palestina de la sede de la presidencia en Ramallah. Estuvo ahí junto con otros 30 activistas por la paz, para”evitar las intenciones del Primer Ministro Ariel Sharón de asesinar, con soldados bajo su mando, a Yasser Arafat”.

Se han publicado 12 comentarios



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  • Clemente Martinez dijo:

    Quien dude que Israel y los USA son los fascistas contemporáneos y que están bajo la protección del la sombra del Maligno; es miembro de las legiones oscuras.

  • unkas dijo:

    Abu Amer el mejor lider Palestino. No se si conocera Palestina otro igual
    Con Netanyahu dificilmente habra paz pero es una ayuda Grande que Morsi abra Rafah

    Hay muchos presos Palestinos en huelga de hambre protestando por las detenciones administrativas sin cargos que duran anos. El recientemente Liberado Mahmud Sarsak, jugador de football de la seleccion Palestina, batio el record de huelga de hambre 96 dias. Un heroe como los cinco

    Tambien hay muchos ninos en las carceles de siete a doce anos

    El mes pasado 16 muertos

    Dificil arreglo tiene este asunto pero no es imposible. Esperemos que Al Fatah y Hamas lleguen a un acuerdo y Al Qsam y Al Quds defiendan juntos su pais

    Como dicen en Gaza, la mayor prision del mundo que se parece tanto al ghetto de Varsovia, In shaa Allah habibiy

    Y no vamos a olvidarnos que ayer IOF invadio un rato el Libano, a lo mejor aprovechando que Hezbollah estaba en Venezuela

  • Nasville dijo:

    Si fue envenenado como las pruebas lo afirman, todo apunta a Israel pero cabe preguntarse,QUIEN o QUINES de su circulo MUY intimo podía tener acceso a el y a sus comidas o bebidas como para suministrar el veneno.

    Los Israelíes no eran los únicos enemigos que tenia Arafat.

  • victor dijo:

    Too late, demasiado tarde.

  • Francisco Rivero dijo:

    He leido con atencion esta entrevista y ha llamdo la atencion este pasaje que cito:
    […]
    Cuando Arafat comenzó su trabajo Palestina había desaparecido del mapa y de la conciencia mundial. Mediante el uso de la “lucha armada” (alias “terrorismo”) consiguió volver a situar a Palestina en la agenda del mundo.

    Su cambio de orientación se produjo justo después de la guerra de 1973. Aquella guerra, como se recordará, comenzó con impresionantes victorias árabes y terminó con la derrota de los ejércitos egipcio y sirio. Arafat, que era ingeniero de profesión, llegó a la conclusión lógica: si los árabes no podía ganar un enfrentamiento armado ni siquiera en esas circunstancias ideales, habría que encontrar otros medios.
    […]

    Un saludo cordial

  • VictorJ dijo:

    Viva Arafat ! Viva Palestina !

  • Cariostegui dijo:

    El Señor de los Anillos anda virando el mundo con la guerra
    Con disfraz de bienhechor
    Anda narrando ahora sus cuentos que edulcora con amor
    Nadie dice que es el diablo y que anda suelto con su hedor
    Qué maravilla tiene él, que ha virado hasta el reloj
    Este demonio disfrazado y que acusa al mismo Dios
    Dice que otros están destruyendo el mundo y que él ya lo previó
    Un demonio anda suelto con disfraz de bienhechor
    Por amor de Dios abran los ojos
    Y descubran lo que Jesús no descubrió
    Que hace muchos años que el diablo anda suelto
    Haciéndose pasar por bienhechor
    Por amor de Dios hasta cuándo
    Seguirá haciendo de las suyas y que lo vea solo yo
    riéndose en los horcones de miserias y sembrando tanto horror
    Hay que enviar este demonio de regreso al infierno con urgencia
    Sin que nadie se de cuenta, como igual que él a tantos engañó

  • Ricardo dijo:

    La verdadad siempre alcansa a la mentira.

  • Ricardo dijo:

    La verdad siempre sale a relucir

  • Leandro dijo:

    Nada de qué asombrarse. ¿Cuántos atentados se han planificado contra Fidel Castro directamente o con la anuencia de la CIA?

  • Mirtila Bonet dijo:

    Cuando era adolescente, vi un documental sobre las atrocidades nazis, contra los judíos, cuyo contenido me marcó. Más adelante, supe que no eran solamente judíos, sino que también otras minorías, las que fueron asesinadas. A medida que observaba el comportamiento israelí hacia los palestinos, la gran injusticia de haberles otorgado a los israelitas un territorio, colonizado por los ingleses, cuando el territorio que se debió adjudicarles era en Alemania, pais que los persiguió y culpable de un holocausto. PEro, claro, los morenitos musulmanes, débiles e invadidos, fueron más convenientes para poder asesinarlos también, por el cacareado motivo de la tierra prometida. Ahora, ese pueblo, por el que ya no siento compasión, se dedica a matar y a cometer sus “homicidios selectivos” sustentando el derecho a una patria propia, con sangre, maldad y destrucción de inocentes, además de violación de tratados internacionales, pero nadie se atreve a reclamarles, porque serían acusados de anti-semitismo, cuando los palestinos, son también semitas. Solo el Comandante, los puso en su lugar, rompiendo relaciones ante el Holocausto palestino.

  • ernesto dijo:

    Me párese grotesco y fuera de mi criterio, pero cuando se dan estas atrocidades contra el pueblo de Palestina. Critico a Holocausto por no haber hecho un buen trabajo y que a estos Israelitas derechistas principalmente, olviden ese triste pasaje de la historia.

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