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Traficantes de información

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times-murdoch1Por Magdalena Trillo
Granada Hoy


SEAN Hoare. Todos los tabloides británicos, incluidos los del imperio Murdoch, abrieron el martes con su foto en portada. Hasta hace unas semanas, un periodista anónimo. Hoy, un protagonista más del culebrón de la News Corporation. Dice la policía que fue una muerte “inexplicable pero no sospechosa”. Estaba enfermo (era drogadicto y alcohólico), aunque su vida se ha apagado justo cuando la Cámara de los Comunes interrogaba al magnate de la prensa ante los flashes de medio mundo. Fue el delator de Andy Coulson, ex director del histórico News of The World y consejero de Comunicación del primer ministro James Cameron. Desveló los entresijos del ‘periodismo’ de espionaje que practicaba el diario. Escuchas ilegales, pago a policías, utilización de sistemas de rastreo de personas a través de móviles. Nada excepcional, una rutina en el quehacer informativo. Jamás importó el medio utilizado para conseguir un titular. Ninguna realidad estropeó jamás una exclusiva.

Su testimonio es el que más me ha estremecido. “Me pagaban para que saliera y me drogara con estrellas del rock, para emborracharme, tomar pastillas y esnifar cocaína con ellas. Empezaba el día con una raya y un Jack Daniel”, publicaba El País. La propia Rebekah Brooks, la número dos del patriarca australiano, reconocía en el Parlamento haber recurrido a detectives. “Como otros diarios de la competencia”, se defendió, y “sin violar la ley”.

¿Cuándo se cruza la línea roja?

El caso Murdoch salta a las portadas justo cuando tengo sobre el escritorio la revista que la Federación de Periodistas de España dedica a los “enemigos íntimos” -medios y poder; periodistas y políticos- y un libro de Pascual Serrano sobre los grandes grupos mediáticos como “traficantes de información”. Leo a compañeros de profesión rechazar el compadreo, las connivencias, las complacencias, los silencios y las banderías y clamar por la prudencia y la distancia hacia las fuentes. Lamentan que hayamos sido más “cómplices que víctimas” y que las relaciones entre política y periodismo hayan sido “excesivas”. Hay quien habla ya de “refundar” el periodismo como ha de “refundarse” la izquierda; como ha de regenerarse la política.

En España no hay diarios sensacionalistas, oficialmente, pero se tergiversa, manipula y trafica con información. Dice el diccionario que “traficar” es comerciar, negociar con dinero y mercancías. Aunque no medie un euro, ¿no traficamos si amenazamos con el silencio informativo cuando no responden a los intereses comerciales de la empresa? ¿No traficamos cuando tapamos una noticia para no perjudicar a una fuente? ¿No traficamos cuando edulcoramos un titular? ¿No traficamos cuando distorsionamos un enfoque para condicionar un caso? ¿Cuando intentamos influenciar? ¿Presionar?

La segunda acepción de traficar es “hacer negocios no lícitos”. Y lo cierto es que hay muchos escalones entre las prácticas de antes, reprobables pero dentro de la legalidad, y el delito. Entre lo que denuncia Miguel Serrano para la generalidad de los grupos españoles (manejos en Bolsa, especulaciones financieras, fraudes fiscales, chantajes, sobornos, atropellos laborales) y la realidad de los Hoares del mundo. Sólo dista la ética, la profesionalidad. Un día llegas a la redacción con un titular de una rueda de prensa, otro día te llama una fuente, en ocasiones te filtran documentos y cuántas veces cazas el titular tomando una cerveza o un café… Pero, ¿y si sigues, bajas peldaños y caes, por ejemplo, en la normalidad del pago de una información? ¿Lo merece una foto exclusiva? ¿Una historia capaz de duplicar, triplicar, las ventas en el quiosco? ¿Pinchamos teléfonos? ¿Espiamos?

Decía Brooks que las escuchas ilegales no eran una práctica extendida; advertía Hoare que él “formaba parte de la política del periódico”. ¡Pura rutina! Como cuando llegas de becario a un diario, te dan una libreta y un boli y te explican cómo hacer la ronda de sucesos…

Se han publicado 1 comentarios



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  • Francisco A. Dominguez dijo:

    Money, money, money… Everything is money… Los divorcios aumentan con la crisis. Antes las parejas servian para superar, o por lo menos hacer mas llevaderas, las crisis. Hoy son un estorbo mas dentro de la crisis… Asi que no podemos esperar mucho del periodismo, que como sabemos es el cuarto poder, y como tambien sabemos, los poderes se entienden muy bien entre si… Money, money, money… Everything is money…

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