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Un imperio de bases militares

En este artículo: Bases Militares, Estados Unidos, Guerra
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bases-militares-colombiaPor: Hugh Gusterson
Bulletin of the Atomic Scientists

Traducción por S. Seguí

Antes de leer este artículo, trate de responder a esta pregunta:

¿cuántas bases militares tiene Estados Unidos en otros países?:

a) 100
b) 300
c) 700
d) 1000.

De acuerdo con la lista del propio Pentágono (1), la respuesta es de alrededor de 865pero si se incluyen las nuevas bases en Iraq y Afganistán la cifra asciende a más de mil. Estas mil basesconstituyen el 95 por ciento de todas las bases militares que los demás países mantienen en territorio ajeno. En otras palabras, Estados Unidos son a las bases militares lo que Heinz es al ketchup.

La vieja manera de hacer colonialismo, practicada por los europeos, consistía en hacerse cargo de todo un país y administrarlo. Pero el procedimiento era chapucero. Estados Unidos ha sido pionero de un enfoque más ágil de imperio mundial. El historiador Chalmers Johnson afirma: “La versión norteamericana de la colonia es la base militar“; Estados Unidos, añade, tiene un “imperio de bases militares.”

Estas bases no les salen baratas. Excluyendo sus bases en Afganistán e Iraq, Estados Unidos gasta alrededor de 102.000 millones de dólares al año en la gestión de sus bases en el exterior, según Miriam Pemberton, del Institute for Policy Studies. Y en muchos casos, tenemos que preguntarnos para qué sirven. Por ejemplo, los Estados Unidos tiene 227 bases en Alemania. Tal vez tuvieran sentido durante la Guerra Fría, cuando Alemania estaba dividida en dos por el telón de acero y los responsables de la política estadounidense trataban de convencer a los soviéticos de que el pueblo estadounidense consideraría un ataque a Europa como un ataque a EE.UU. Sin embargo, en una nueva era en que Alemania está reunificada y Estados Unidos está preocupado por otros focos de conflicto en Asia, África y Oriente Próximo, tiene tanto sentido para el Pentágono mantener sus 227 bases militares en Alemania que tendría para el servicio de correos mantener una flota de caballos y calesas.

Ahogada en burocracia, la Casa Blanca está desesperada por recortar gastos innecesarios del presupuesto federal. El congresista por Massachusetts Barney Frank, demócrata, ha sugerido que el presupuesto del Pentágono podría reducirse en un 25 por ciento. Tanto si consideramos políticamente realista el cálculo de Frank como si no, las bases en el exterior son sin duda un objetivo apetitoso para las tijeras del recortador de presupuestos. En 2004, Donald Rumsfeld, estimó que Estados Unidos podría ahorrar 12.000 millones de dólares con el cierre de unas 200 bases exteriores. El coste político sería casi nulo dado que las personas económicamente dependientes de las bases son ciudadanos extranjeros y no pueden votar en las elecciones estadounidenses.

Sin embargo, las bases extranjeras parecen invisibles a los que pretenden recortar el presupuesto del Pentágono, que alcanza los 664.000 millones de dólares anuales. Tomemos el artículo del New York Times The Pentagon Meets the Real World (El Pentágono ante el mundo real (2) El editorialista del Times pedía a la Casa Blanca que tuviera el “coraje político” de recortar el presupuesto de defensa. ¿Sugerencias? Suprimir los programas de adquisición del caza F-22 y del destructor DDG-1000, y reducir el Sistema de Combate Futuro del ejército de tierra, a fin de ahorrar 10.000 millones más al año. Todas son sugerencias aceptables, pero ¿qué pasa con las bases en el extranjero?

Aunque los políticos y los expertos mediáticos parecen ignorar estas bases y entienden el estacionamiento de tropas de EE.UU. en todo el mundo como un hecho natural, el imperio de bases militares estadounidenses atrae la atención de académicos y activistas, como lo demuestra una conferencia sobre las bases exteriores celebrada en la American University a fines de febrero. NYU Press acaba de publicar el libro de Catherine Lutz Bases of empire, un libro que reúne a académicos que estudian las bases militares de EE.UU. y activistas opuestos a estas bases; Rutgers University Press ha publicado el libro de Kate McCaffreyMilitary Power and Popular Protest, un estudio de la base militar de Vieques (Puerto Rico) que tuvo que cerrar sus puertas ante las protestas masivas de la población local. Y Princeton University Press está a punto de publicar Island of Shame, de David Vine, un libro que cuenta la historia de cómo Estados Unidos y Gran Bretaña acordaron en secreto deportar a los habitantes chagos de Diego García a Isla Mauricio y las Seychelles, para que su isla pudiera convertirse en una base militar. Los estadounidenses hicieron un trabajo tan refinado que incluso gasearon a todos los perros chagos. A estos pobladores indígenas, chagos, se les ha negado hasta hoy el acceso a los tribunales de Estados Unidos, pero ganaron su causa contra el gobierno británico en tres juicios, aunque al final la sentencia fuera anulada por el más alto tribunal del país, la Cámara de los Lores. Ahora están interponiendo recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Los líderes americanos hablan de sus bases extranjeras como un elemento que permite consolidar las alianzas con otros países, principalmente a través de los acuerdos comerciales y la ayuda que suelen acompañar a los arrendamientos de las bases. Sin embargo, los soldados de EE.UU. viven en una especie de cocoon, simulacro de EE.UU. en las bases, mirando la televisión estadounidense, escuchando rapheavy metal estadounidense y comiendo la fast food de su país, para que los jóvenes pueblerinos y chicos de la calle tengan poco contacto con otra forma de la vida. Mientras tanto, del otro lado de la cerca de púas, los residentes y las empresas locales suelen ser económicamente dependientes de los soldados y tener interés en su permanencia.

Estas bases pueden convertirse en focos de conflicto. Las bases militares descargan incesantemente desechos tóxicos en los ecosistemas locales, como en Guam, donde las bases militares han llevado a la creación de no menos de 19 vertederos tóxicos. Esta contaminación genera resentimiento y, a veces, como en Vieques en la década de 1990, movilizaciones sociales en toda regla contra las bases. Estados Unidos utilizaba Vieques para sus prácticas de bombardeo durante 180 días al año, y cuando Estados Unidos se retiró, en 2003, el paisaje estaba cubierto de municiones, de las que algunas habían estallado y otras no, cartuchos de uranio empobrecido, metales pesados, petróleo, lubricantes, disolventes y ácidos. Según los activistas locales, el índice de cáncer en Vieques era un 30 por ciento superior al del resto de Puerto Rico.

También es inevitable que, de vez en cuando, los soldados de EE.UU. -a menudo borrachos- cometan delitos. El resentimiento que causa estos crímenes se exacerba por la frecuente insistencia del gobierno de EE.UU. de impedir que estos crímenes sean juzgados por tribunales locales. En Corea, en 2002, dos soldados estadounidenses mataron a dos muchachas adolescentes cuando se dirigían a una fiesta de cumpleaños. Los activistas coreanos aseguran que éste fue uno de los 52.000 delitos cometidos por soldados estadounidenses en Corea entre 1967 y 2002. Los dos soldados fueron repatriados de inmediato a Estados Unidos para que pudieran escapar al tribunal coreano. En 1998, un aviador de los marines seccionó el cable de un telecabina de esquí en Italia, matando a 20 personas. Funcionarios de EE.UU. le dieron al piloto un tirón de orejas mientras se negaban a permitir que las autoridades italianas lo juzgaran. Estos y otros incidentes similares han lesionado las relaciones de EE.UU. con algunos importantes aliados.

Los ataques del 11 de septiembre fueron sin duda el ejemplo más espectacular de la clase de retroceso que puede generar el resentimiento local contra las bases de EE.UU. En la década de 1990, la presencia de bases militares estadounidenses en las cercanías de los lugares más sagrados del Islam sunita, en Arabia Saudí, enfureció a Osama bin Laden y proporcionó a Al Qaeda una potente herramienta de reclutamiento. Estados Unidos cerró prudentemente sus bases principales en Arabia Saudí, pero abrió nuevas bases adicionales en Iraq y Afganistán que se están convirtiendo en nuevas fuentes de fricción en las relaciones entre Estados Unidos y los pueblos de Oriente Próximo.

Este imperio proporciona a Estados Unidos una capacidad de intervención global, pero la forma del mismo, en la medida en que su peso principal está en Europa, es un vestigio inflado y anacrónico de la Guerra Fría.

Muchas de estas bases son un lujo que Estados Unidos ya no puede permitirse en una época de déficit presupuestario récord. Por otra parte, las bases estadounidenses en países extranjeros tienen un doble filo: proyectan el poder estadounidense en todo el mundo, pero también inflaman las relaciones exteriores de EE.UU. y generan resentimiento por los fenómenos de prostitución, daño ambiental, pequeña delincuencia, y etnocentrismo cotidiano que son sus corolarios inevitables. Estos resentimientos han obligado recientemente al cierre de bases estadounidenses en Ecuador, Puerto Rico, y Kirguistán, y si el pasado es el inicio del futuro, son de esperar otros movimientos contra las bases estadounidenses en el futuro. Durante los próximos 50 años, estoy convencido de que seremos testigos de la aparición de una nueva norma internacional según la cual la instalación de bases militares en el extranjero será tan indefendible como lo ha sido la ocupación colonial durante los últimos 50 años.

Nuestra Declaración de Independencia critica a los británicos por el acuartelamiento de grandes unidades de tropas armadas entre nosotros y por hallarse sus tropas protegidas, mediante juicios simbólicos, del castigo a los crímenes que pudiesen cometer contra los habitantes de estos Estados Unidos. ¡Bellas palabras! Estados Unidos debería comenzar a tomarlas en serio.

Referencias de la nota:

  1. http://www.defense.gov/pubs/BSR_2007_Baseline.pdf
  2. http://www.nytimes.com/2009/03/01/opinion/01sun2.html

Datos del autor: Hugh Gusterson es profesor de antropología y sociología en la Universidad George Mason y antes enseñó en el MIT en el marco de su Programa sobre ciencia, tecnología y sociedad.
Tiene publicados trabajos de campo sobre la cultura de los científicos de armas atómicas y los activistas antinucleares en Estados Unidos y Rusia. Ha publicado también varios libros sobre estos temas: Nuclear Rites: A Weapons Laboratory at the End of the Cold War (UCP, 1996), People of the Bomb: Portraits of America’s Nuclear Complex (U of M Press, 2004) y Why America’s Top Pundits Are Wrong (UCP, 2005), éste como coeditor.

Se han publicado 5 comentarios



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  • jeffrey Pinal dijo:

    Ese profesor al decir (Los ataques del 11 de septiembre fueron sin duda el ejemplo más espectacular de la clase de retroceso que puede generar el resentimiento local contra las bases de EE.UU. En la década de 1990, la presencia de bases militares estadounidenses en las cercanías de los lugares más sagrados del Islam sunita, en Arabia Saudí, enfureció a Osama bin Laden y proporcionó a Al Qaeda )
    queda como un tonto, pues esta mas que claro que el ataque del 11 de sept solo pudo ser autoatentado, y el edificio 7 que se derrumbo 5 horas despues le ponen el fin a la duda que hubiese ver buildingwhat.org

  • alirio dijo:

    La pregunta que hago ¿Hasta donde estan dispuestos a ceder los nortemericanos ante el auge de las nuevas economias,que poco a poco van reduciendo el poderio economico de USA,sin la tentacion de usar su fuerza militar?

  • JESUS dijo:

    El sometimiento para la sumisión de los pueblos, de sus estados al poder norteameriano.

    Conciencia de la necesidad de expulsar o prohibir en sus paises la instalación de las bases militares norteamericanas, son por decir remotas, dado que la misma población admite la necesidad de estas cuando en su pais, como en el caso del Perú, aparecen movimientos rebeldes armados (tengan o no aceptación estos en el pueblo).

    Los soldados norteamericanos, porque visten su uniforme solamente, ya que muchos lo conforman los mismos emigrantes latinos, son bien recibidos y hasta admirados.

    Ciertamente, hace falta una educación política desde los intereses de los trabajadores, para tomar conciencia del grave daño y peligro que representan estas bases militares y sus soldados para la independencia y una real soberanía nacional, pero sobre todo para el desarrollo de los movimientos populares.

    No olvidemos, ademas, que los invasores (porque son invasores) no están compuestos por soldados norteamericanos como tales, sino que en su mayoría obedecen a contratos militares con contratistas privados y sus miembros no resultan ser sino mercenarios.

    Desde Perú escribo

  • Pepe dijo:

    Tenemos que luchar para evitar ,en los paises de nuestra america la presencia militar norteamericana , y expulsar donde hubiere , tal es el caso de nuestra cuba más de cien años ya con presencia militar norteamericana y casi 100 con bases militares en contra de nuestra voluntad. Las bases militares solo tienen el proposito de se cabezas de playa para la intervención militar , por que , de hecho son un acto de ocupación a nuestros paises y por tanto un menoscabo sustantivo a nuestra soberania , y punta de lanza para la intervención en nuestros pueblos. Ese poder inteligente que constituye la base de la vieja con maquillaje politica colonial del imperialismo norteamericano, ahora acude a contratistas privados , es SEAL, DELTA o como se llamen más las seudo ONG al servicio imperial que de forma subrecticia y solapada invaden con sus ayudas las mentes de nuestros ciudadanos , por otra parte sus transnacionales de la informacion constituyen hoy quizas las bases militares – pues obedecen a los objetivos estrategicos del gran capital – la forma más inmediata de intervenir y socabar nuestra independencia y soberinia y por desgracia hasta que no desterremos de nuestras tierras con una política verdaderamente encaminada a formarnos e instruirnos – planes de alfabetización y superación para nuestros pueblos como el YO SI PUEDO y dar trabajo digno a cada uno- solo podemos ahora organizarnos en un frente único y solido contra todos los tipos de agresión tanto informativa como militar o paramilitar, ellos y sirve de ejemplo el golpe a ZELAYA con su escuela de las americas formarön en esencia una oficialidad militar latinoamericana obediente y sumisa al imperio ; mas apatrida que patriota; el consejo de seguridad del sur debe fortalecerce con doctrinas nacionalistas por lo menos EN ESTE MOMENTO HISTORICO que destierren poco a poco pero sin pausa y definitivamente la mentalidad neocolonial de los ejercitos del sur, que a fuerza de tanto golpe de estado y asesinato d tanto PINOCHET y STRORNER ENTRE OTROS nuestros pueblos tienen que desterrar. formar fuerzas armadas dignas de las tradiciones de los libertadores y padres fundadores para responder unidas al pueblo ante cualquier tipo de agresión imperialista a cualquiera de nuestros pueblos de america, tenemos la obligacion historica de convertinos en un bastión unido de naciones listas para responder a la injerencia imperial. la unidad de nuestros pueblos debe ser la respuesta más inmediata a los planes imperiales.

  • NoMasBasesImperiales dijo:

    Yo repudio todas esas bases que solo sirven para crear conflictos locales, degradar el medio ambiente y gastos para el pueblo estadounidense. Qué cierren la ilegal base de Guantánamo!!!

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