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Haití en mí

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Emiliano Mariscal, médico argentino graduado en Cuba, perteneciente a la Brigada Médica Internacional Henry Reeve. Hospital Integral de campaña de Croix des Bouquets

“En consecuencia, se ha producido una modificación durante estas últimas semanas. Pero ¿dónde? ¿Es un cambio abstracto que no se sustenta en nada? ¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es esta habitación, esta ciudad, esta naturaleza, hay que elegir.” J.P. Sartre

Haití, tierra de gigantes país de montañas, cuna de Petión y Toussaint Louverture, silenciada y mansillada por más de un siglo, aniquilada su dignidad y desterrada la esperanza.

Aquí somos testigos del desarrollo del capitalismo, vivimos el capitalismo desarrollado, caracterizado por inexistencia del rol del estado, premisa de éxito según teoría neoliberal. Estado que no es capaz de garantizar educación, ni salud, ni transporte, ni condiciones mínimas de vida ni salubridad ni higiene, nada de nada. No existe aparato productivo, el estado no dispone de recursos de ninguna clase.

Esta es la cueva de las ONG. Aquí acuden a desembolsar migajas, sin tener en cuenta las necesidades existentes. Justifican en Haití sumas millonarias, cuyos centavos son distribuidos de forma desordenada, heterogénea. Por ejemplo, una ONG que entrega bolsas de residuos, repartiría grandes cantidades de bolsas que servirían para que la gente elimine sus desechos en ella, soñemos que logren que todo se elimine en ellas, pronto se acumularían grandes cantidades de bolsas que nadie recoge y nuevamente las bolsas se deterioran y luego se rompen y nuevamente el problema. La ONG ganó en credibilidad, justificando sumas millonarias (quizá antes abrió una fabriquita de bolsas de residuo en algún sitio) y publicitó su obra “humanitaria”. Haití despierta a los pocos días con sus calles colmadas de desechos.

Hay una batalla que en América Latina se ha acelerado los últimos decenios, que es la contienda cultural, se trata de generar pueblos sin educación, gentes que respondan al patrón de consumo, la cultura del sueño americano desperdigándose por cualquier sitio. El individualismo, la cultura del sálvese quien pueda y de que quien tiene necesidad solo le interesa superarla, aunque sea pasando por sobre otro, en esa lógica no existe sentido colectivo ni preocupación por los demás.

Ese empeño busca cercenar la identidad cultural de los pueblos, así masifican patrones estéticos, patrones culinarios, patrones cinematográficos, amparados en el dinero y en el aparato mediático de que disponen. Mediante éste manipulan la percepción de la realidad, fragmentando la información, parcializándola, creando un estado de opinión favorable a sus intereses, convirtiendo a la gran masa humana en seres que son pensados, cuyas opiniones están basadas en eso que le muestran como realidad.

Todo ello ya lo han logrado en Haití, donde el porciento de analfabetismo es altísimo, el bajo nivel cultural repercute en todos los ámbitos, la población carece de sentido de identidad, no existe amor a la patria, ni sentido de lo colectivo. Aquí se vive en el reino del asistencialismo, que consiste en brindar cosas a las personas sin que tengan que hacer ningún esfuerzo, lo cual con el paso del tiempo los convierte en seres inertes, que solo esperan que los ayuden. Esa práctica se ha hecho norma, y lamentablemente les ha dado resultado, han erradicado la cultura del trabajo, esa respuesta natural del hombre que ante dificultades o necesidades trabaja y con el trabajo es capaz de superar el conflicto o la necesidad, algo que la especie humana ha aprendido a hacer, lo cual ha posibilitado la evolución que nos permite pensar, analizar y actuar.

En Haití, todo el mundo espera, la imagen que me viene a la mente es la de peces de pecera que solo se limitan a abrir su boca y esperar que el alimento les caiga. Así están hoy millones de personas, así razonan los políticos que “manejan las riendas” del país, así enfrentan los miles de desplazados que habitan asentamientos la situación provocada por el terremoto.

En los lugares donde hemos trabajado, solo un porciento pequeño sufrió la pérdida de su hogar, la mayoría de las personas confluyen en busca de alimentos, agua y todo cuanto puedan recibir. En los asentamientos existen formas organizativas con buen funcionamiento en lo que respecta a la recepción de ayuda y su distribución, es difícil para ellos asumir otro tipo de reto, como lo es el trabajar, el disponer de fuerza que realice tareas que mejoren sus condiciones de vida. Nosotros hemos podido vivir esa experiencia, y pudimos lograr resultados, puesto que trabajamos sobre esos líderes, y los fuimos persuadiendo de la necesidad de que algunas condiciones higiénicas de los lugares debían ser modificadas. Esos resultados son parciales, y al continuar su dinámica de relación con ONG´s volverán poco a poco a ese mutismo, a ese esperar permanente. Sin embargo es de resaltar la nobleza de ese pueblo que hemos tenido la suerte de conocer a plenitud, de estar allí donde la necesidad pone a prueba al ser humano, y su comportamiento está lleno de bondad, de respeto.

El momento histórico, donde fuerzas progresistas y revolucionarias empujan procesos de cambio en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, así como la presencia permanente de Cuba, aúna a todos aquellos que anhelan la verdadera y definitiva independencia de América Latina. Dicho proceso permite alcanzar acuerdos y convenios de nuevo tipo,  basados en la complementariedad y en las necesidades de cada país. La dimensión de tales hechos trasciende lo conocido, y posibilita concretar el sueño de la verdadera integración de la Patria Grande. En ese empeño es que el ALBA se propone, basado en la deuda histórica con Haití, establecer un Programa Integral de Reconstrucción, que incluye las esferas de educación, alimentación, infraestructura, salud. En un esfuerzo por potenciar sus propios mecanismos, proponiendo soluciones consensuadas que seas sostenibles y que puedan asumirlo en el mediano plazo los propios haitianos. Esa es la aspiración verdadera, basada en los principios de Martí, Bolivar, Petión. La búsqueda de soluciones reales, concretas y que brinden respuesta a sus necesidades. En la esfera de salud dicho bloque integrador encomendó la tarea a Cuba, por su experiencia y sus resultados en ese campo.

La humanidad está en deuda con este país, símbolo de anhelo libertario y emancipador, y seguirá estando, ya empieza a sentirse el repliegue, en los medios masivos de comunicación hace rato que dejó de ser noticia y desde aquí vemos movimiento de retirada generalizada, mientras tanto Cuba continúa, suma ya el año 12 de la cooperación al pueblo de Haití, ahora bajo los efectos del terremoto, con un personal superior a los 1500 colaboradores y con un plan, ya en ejecución, que logrará la reconstrucción del derruido sistema de salud. Existen hoy día 101 posiciones en que Cuba está presente en Haití, se construirán 30 centros de atención referencial, así como uno de alta tecnología. Todo se estructura en base a asegurar  que los elementos fundamentales de la salud se alcancen, o sea, promoción, prevención, curación y rehabilitación.

El contingente médico de Cuba reúne particularidades que lo diferencian de otras experiencias. Incluye a profesionales de la salud de América Latina, la mayoría de ellos médicos, entre los internacionalistas. Dichos profesionales, fueron educados en Cuba, cuya formación humanista les brindo una visión y un sentido de la solidaridad diferentes.

La Escuela Latinoamericana de Medicina fue creada pensando en brindar la posibilidad de formar médicos provenientes de sitios en que la salud es una utopía, de manera tal que pudiera trabajarse en esos lugares aspectos sanitarios relacionados principalmente con la promoción y la prevención. Más de 7000 jóvenes de América Latina, África y Estados Unidos, han tenido la suerte de graduarse en Cuba, muchos de ellos no lo hubieran siquiera soñado hacer en sus respectivos países.

El verdadero sentido de esta experiencia, la razón de ser de nuestra construcción ha de ser el darnos cuenta de que somos sujetos de cambio, es en ese momento, en que nos damos cuenta que de nuestro accionar ha de llegar el progreso, donde percibimos que si empujamos hay movimiento, que si luchamos tenemos quien se pliegue a ello, que nosotros como jóvenes, contamos con herramientas poco comunes, las cuales nos permiten dejar de hacer eso que hacíamos y venir aquí, constituidos como Brigada médica internacional, dispuestos a dar todo de nosotros por levantar al pueblo hermano, o estar en otros lugares devenidos protagonistas de revolución social, como el caso de Venezuela y su Batallón 51. En ocasiones, el hecho de ser parte activa, de vivir cada día sumergidos en la intensidad de la construcción, no nos permite alcanzar la verdadera dimensión de lo que hacemos, y por eso es que no llegamos a vernos como lo que somos, verdaderos sujetos de cambio, que si de una vez por todas lo interiorizamos y nos comprometemos con ello, hemos de llegar a todos los rincones de nuestra América, como soldados del batallón de batas blancas, dispuestos a construir con nuestras sociedades ese sueño colectivo de la salud, que es justicia social, igualdad, educación, condiciones dignas de vida.

El verdadero sentido de identidad que hemos de incorporar nos compromete más con la tarea, siendo que en nuestras manos se allanan caminos al futuro, que en nuestros pueblos nuestras voces son escuchadas, que muchas manos y voluntades se dispondrán a la lucha junto a nuestra guía, ese es el compromiso que el momento histórico pone en las manos de esos latinoamericanos que fuimos educados en Cuba. Asumirlo como tarea, asumirlo como forma de ver la vida nos permitirá aunar nuestros esfuerzos y nuestras luchas, no solo en Haití, sino también en toda la geografía americana, en cada lugar en que tengamos la posibilidad de hacerlo.

Decía el Che: “Soy argentino y también soy cubano. Y si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica como el que más. Y en el momento en que fuera necesario estaría dispuesto a dar la vida por cualquiera de los países de América latina. Sin pedir nada, sin exigir nada, sin explotar a nadie.”

Se han publicado 4 comentarios



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  • Javier dijo:

    Que grande eres…
    salu2

  • Héctor Diaz dijo:

    Nuestro apoyo y respeto, hermano.
    Exitos.

  • Ernesto dijo:

    Sencillamente expectacular, análisis profundo de alguien que como Martí sabe llegar a la raíz, felicidades.
    Ernesto

  • Humber35 dijo:

    Excelente radiografía de una realidad,
    gran invitación a continuar luchando,
    Hasta la victoria siempre.

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