Ella creía en el amor
Lo dijo su amiga Asela en la velada homenaje que sacudió nuestra tradicional concepción de duelo, con una estremecedora celebración de la vida: "Vilma creía en el amor".
No sé cuántos más coincidirán en reconocerle importancia a la frase, pero yo siento que todo lo que sentimos esa tarde y en las horas posteriores, tiene que ver con lo específico y lo general de esa esencial creencia.
No cualquiera cree en el amor. Algunos incluso pasan por la vida sin conocerlo. Y creer en el amor es la primera condición para merecerlo.
Cuando Asela nos dice que Vilma creía en el amor, nos está explicando también otra frase breve y significativa de la velada: ese "único amor" del que habló Machado Ventura en su inusual panegírico de una heroína.
A una mujer que desde muy joven sobresalió por su indiscutible atractivo físico, su osadía y su inteligencia y que cultivó afectos profundos como la amistad basada en ideales comunes, más de un compañero de luchas la amaría abierta o silenciosamente.
Pero ella no solo aspiraba a ser amada. Ella quería amar. Y amó y fue amada del modo en que solo consigue hacerlo y serlo una creyente del amor. Lo dicen su sonrisa y el beso de aquella boda a la que medio Santiago sirvió de testigo. Lo ratifica cada fruto de ese amor que se multiplicó sin desentenderse del tronco. Lo vuelven leyenda las miradas a las que ni el tiempo ni los cristales les roban ternura y brillo. Lo canta ella misma, mientras él besa sus cenizas.
Nadie es igual después de perder a un ser querido. Tampoco un país.
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