El peligro del olvido de la historia

El periodismo, puede considerarse, de las profesiones más implicadas en el acontecer nacional e internacional, y también entre las más vilipendiadas y peligrosas, dentro de un mundo que es lo más parecido a un cachumbambé o un papalote impulsado por el viento, de acuerdo al lugar para donde sople.
Quizás por ello, la celebración cada año del Día Internacional del Periodista, el 8 de septiembre, haya perdido motivaciones, y hasta la figura de Julius Fucik y su “Reportaje al pie de la horca” sean poco conocidas por las nuevas generaciones de profesionales de la prensa.
Cuando decenas de nuestros colegas mueren cada año durante los bombardeos a Gaza o el Sur del Líbano por las nuevas hordas fascistas de Israel, acudo a Fucik, a través de la prosa literaria del poeta chileno y Premio Nobel de Literatura (1971), Pablo Neruda, quien, en uno de sus viajes a la capital checa, escribió un texto que tituló “Conversación en Praga”, donde describe el lugar donde Julius Fucik estuvo preso y fue torturado: la cárcel de Pankrac.
Y cito: “Por las calles de Praga, en invierno cada día pasé junto a los muros de la casa de piedra en que fue torturado Julius Fučík. La casa no dice nada, piedra color de invierno, barras de hierro, ventanas sordas. Pero cada día yo pasé por allí, miré, toqué los muros, busqué el eco, la palabra, la voz, la huella pura del héroe”.
Para quienes hemos visitado el lugar, observado la celda 267, donde el héroe y periodista checo fue torturado salvajemente, una reflexión nos llega a la mente: su capacidad de resistencia, su amor a la vida, su advertencia a quienes amaba, a los que llamaba a “estad alertas”.
Fucik fue ahorcado el 8 de septiembre del año 1943, por los alemanes nazis en una cárcel cercana a Berlín luego de su detención en Praga, Checoslovaquia, lugar donde había nacido, ejercido el periodismo y combatido al fascismo.
Confieso que me siento con el deber de recordar a Fucik, no sólo como patriota y combatiente contra el fascismo, sino también como periodista y escritor comprometido con su tiempo.
Hoy los reportes mundiales hablan de 700 periodistas asesinados en un año, ya sea por bombardeos israelíes, o por grupos armados en otros países, que, matando a un periodista, creen haber matado la verdad.
En nuestros días de enajenante uso de las redes sociales, un fenómeno que —para bien o para mal— hasta hace creer que cada dueño de un celular es un periodista, observamos la superficialidad, el odio y otros males importados, propios del capitalismo como sistema social decadente, que laceran al periodismo honesto que debemos practicar.
Fortalecer el estudio de la ética y la historia del periodismo cubano y universal, nos garantizaría mejores profesionales, analíticos, críticos, a la vez defensores de un modelo social inclusivo, solidario, de resistencia activa y de compromiso con la verdad.
No puede ser la apología un componente de la profesión, como no puede ser el estímulo a quienes se dedican a llenar sus redes de mentiras, ofensas y otras formas de propuestas para destruir nuestro proyecto y hacer rendir a nuestro pueblo.
Al Día Internacional del Periodista nos corresponde mantenerlo vivo y al periodismo que hacemos, consagrarnos a la verdad y la ética.
- El peligro del olvido de la historia
- El Siglo de Fidel: Todavía las botas del Comandante en Jefe resuenan en los pasillos del CIGB (+ Video)
- Primera red de radares meteorológicos en Cuba
- Rinden homenaje a Eduardo Torres-Cuevas en el primer aniversario de su partida física
- El Siglo de Fidel: El alcalde gallego que sería “el primero en coger un fusil” por Cuba (+ Video)
- ir aHistoria »


Haga un comentario