El Moncada

Más de un centenar de combatientes se enfrentaron en el cuartel Moncada a las tropas de la tiranía. Foto: Archivo.
Los muchachos sabían que había llegado la “hora cero”; tanto movimiento parecía ser en serio esta vez y no una práctica de tiro ni un examen de disposición de combate. Cada uno se despidió a su manera de la familia. Uno dijo que iba a una comelata en el campo, otros que irían las regatas de Varadero; otros se despidieron como si fueran al trabajo de siempre. Algunas madres no tenían idea de en qué andaban sus hijos; otras sí, aunque sin certezas porque ellos no decían una palabra...
Salieron a Santiago de Cuba, la ciudad, que quedaría en muchos de ellos grabada en sus pupilas para siempre en madrugada; mientras otros le quedarían a Santiago allí, para siempre en sus amaneceres de julio. Bayamo, la ciudad que el Indio Naborí diría que también es verbo: “Vayamos”, sería la acción que complementaba las de Santiago para evitar la llegada de refuerzos al ejército de la tiranía...y allí también saltaron sus héroes.
El propósito: encender la llama de la Revolución desde Oriente, la cuna de nuestras luchas insurrectas; sacar a Batista del poder como mismo él había llegado: a la fuerza; no había dejado el dictador más opciones a los cubanos. Por eso, la vanguardia de jóvenes del año del centenario de José Martí, estuvo en primera línea y puso historia a un día desconocido e hicieron del 26 un número símbolo para la patria.
Al frente de ese grupo está Fidel, y junto a él, aquellos muchachos que desde 1952 fraguaban la nueva revolución desde el periodismo clandestino que condenaba a Batista y valga decir que sin patrocinios extranjeros, solo con sus modestos recursos, libres y soberanos de la plata comprometedora con intereses ajenos a los del pueblo humilde. Y así organizaron las prácticas, consiguieron sus armas,y se fueron a cambiar la historia. Ninguno fue allí a morir, aunque sabían que era una posibilidad. Todos fueron a luchar por vivir.
Estaban Abel, Montané, Tasende, Raúl, el doctor Muñoz, Ramiro y la tropa artemiseña, Ñico López, los jóvenes de Luyanó y Lawton... centenar y medio... estaban las muchachas Melba y Haydée, y con seguridad hubieran sido tres si Elda Pérez no hubiese tenido a su madre enferma y decidieron que permaneciera junto a ella en La Habana; porque sí, al Moncada fue una selección de jóvenes pero el naciente movimiento revolucionario tenía muchos integrantes más que no fueron convocados para la primera acción y sin embargo fueron indispensables en los meses posteriores de la lucha.
El programa del Moncada, que estaba esbozado en el Manifiesto a la Nación escrito por Raúl Gómez García por orientación de Fidel, tenía las bases principales de aquella Revolución que se daría a conocer el pueblo por la radio...la base de lo que luego se detallaría en el histórico alegato de Fidel La Historia me absolverá. Y el que ha sido el desvelo de los moncadistas que luego llegaron al triunfo de enero de 1959 y se propusieron cumplir su palabra desde los días de julio de 1953, por el pueblo y por sus compañeros caídos.
Por eso Fidel, el 26 de julio de 2005, en el acto central que tuvo lugar en la capital, expresó que agradecía en nombre de sus compañeros y en el suyo propio: “pues llevo sobre mi concienca el peso enrome de haberlos persuadido a realizar tan atrevida acción sin que el azar me haya impedido vivir tantos años de lucha hasta llegar a este instante emocionanate 52 años después.”
Fidel nunca olvidó a sus compañeros, ni el recuerdo le permitió regresar a lugares entrañables de aquellos días como 25 y O porque el dolor lo embargaba. Por eso en la lucha encontró el mejor alivio y la mejor razón, por eso estuvo hasta el último minuto de su vida pensando en ellos, siendoles fiel y por que sus vidas fuesen conocidas. Ese es Fidel, el jefe que corrió siempre el riesgo mayor en el combate y que hizo de la Historia un arma para defender su patria.
La Revolución triunfó 5 años, 5 meses y 5 días después del 26 de julio de 1953. El cuartel donde fueron torturados los moncadistas apresados es una ciudad escolar desde el 28 de enero de 1960: los que fueron allí a defender a Martí en su centenario, regresaron en su aniversario 107 a convertir en escuela lo que fue un taller de tortura y muerte. Esa es la Revolución, con la certeza de que, además, ninguna escuela volverá a ser un cuartel de aquellos.
El Moncada, como decía Haydee se hizo grande por la firmeza de los que murieron y la firmeza de los que vivieron. A los que continuamos corresponde estar a la altura de los vivos y los muertos, conscientes de que vivimos en una Revolución que hizo posible lo que parecía imposible, y no hay cerco que no podamos burlar combatiendo, con inteligencia, mente fría y corazón ardiente.
El Moncada fue el plan perfecto de asaltar, más que una fortaleza, el corazón de un pueblo que nunca volvió a ser el mismo.
En el centenario de Fidel, el mejor discípulo de Martí, hay que combatir con la entrega de aquellos jóvenes del Moncada, con la pureza de sus ideas, con su desinterés, con su confianza en el futuro, con el programa de la Revolución que tanta sangre ha costado bien presente y bien defendido; con el valor de los que resistieron las torturas, o de los que pasaron su vida siendo consecuentes con aquella mañana de la Santa Ana. Ni la mirada de Tasende, ni el cuerpo ensangrentado de Abel, aquel rostro de Gómez García destruido por golpes, y decenas más también masacrados por orden del tirano, pueden olvidarse, en ninguna circunstancia.
Mi Moncada es la Patria....y para mí, también, mi Patria es el Moncada...
Por nuestro honor de revolucionarios, seguimos en combate.

Fidel junto a un grupo de los futuros jóvenes asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel Céspedes, julio de 1953. Foto: Archivo Nacional/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.


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