Cuba

Miles de cubanos asisten a la Tribuna Antimperialista José Martí para mostrar su apoyo a Raúl y a la Revolución cubana. Foto: Enrique González (Enro)/Cubadebate.
El poeta Rubén Darío definió el cuello del cisne como un signo de interrogación en un poema dedicado a otro poeta, Juan Ramón Jiménez. Los poetas se preguntan por la vida y las palabras para comprenden el valor de los matices que marcan la realidad. Cuando el imperialismo norteamericano amenazaba la cultura en español de América Latina, el cuello del cisne supo utilizar su belleza para preguntar: “¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”. Y no es que Rubén, formado en la poesía de otros idiomas, temiese las posibilidades del bilingüismo, ce n´est pas posible, sino que se negaba a que la cultura de su comunidad fuese invadida y arrasada por una potencia extranjera. Rubén, que se reconocía como hijo de América y nieto de España, heredero de Garcilaso y Quevedo, se negaba a que su lengua acabase por ser extraña en su propia tierra, y convertía las preguntas del cisne en advertencias: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?” o ”¿Callaremos ahora para llorar después?”.
Rubén Darío escribió su poema en una situación difícil para decirnos que no puede confundirse una agrupación de naciones con una verdadera comunidad. Hispanoamérica, o también Iberoamérica, no es una agrupación de naciones, una estructura de acuerdos internacionales o una corporación económica, sino una comunidad con vínculos culturales y humanos, de sangre y de poesía, nacidos a lo largo de los siglos. Las apuestas políticas, incluso ante los procesos de independencia, se traicionaban a sí mismas si olvidaban los vínculos profundos de la palabra comunidad. Lo entendió muy bien el profesor Rafael Altamira, formado en la Institución Libre de Enseñanza, cuando empezó a reivindicar en los inicios del siglo XX, ya ocurrida la pérdida de las últimas colonias en 1898, una psicología de la civilización española no confundida con el viejo imperialismo, pero inseparable de la fraternidad latinoamericana. El intelectual cubano Fernando Ortiz, maestro y amigo de poetas, temió al principio la vuelta a un viejo imperialismo, pero tardó poco en comprender que el peligro para Cuba estaba en una nueva ambición protagonizada por los EE.UU y afianzó su hermandad con la cultura española como respuesta a los intereses económicos de los bárbaros que querían convertir la isla en el patio trasero de las grandes compañías norteamericanas. Y esa hermandad cultural latina fue la que sostuvo una comunidad representada por García Lorca, Alberti, Nicolás Guillén o Fernández Retamar.
Hacer memoria no significa irse por los cerros de Úbeda, sino tomar conciencia de los significados reales de las situaciones históricas. Y no podeos callarnos para llorar después cuando los bárbaros fieros atacan de nuevo a Cuba con un bloqueo que maltrata sobre todo a la población cubana, dejándola sin electricidad, sin combustibles y sin unas condiciones dignas de supervivencia. A golpes sobre la piel cubana, la estrategia se ha preparado para castigar a las empresas españolas, europeas y canadienses, en beneficios de los intereses comerciales norteamericanos. Y la agresión se convierte en una amenaza esperpéntica cuando, después de violar día a día la justicia internacional y el derecho de las naciones, se denuncia de manera absurda a Raúl Castro por un acontecimiento que sucedió hace 30 años. Bajo las furias, el mensaje es claro: no nos interesa ningún tipo de negociación interior, porque queremos apoderarnos económicamente de la isla, aunque eso suponga maltratar a la población y cortar cualquier salida propia para sus crisis social y política.
Es difícil entender que una defensa seria de Cuba no pase por analizar las situaciones actuales de la Revolución. Pero resulta más difícil entender a los que dicen apostar por la democracia y la libertad cubana, por la dignidad cubana, cuando apoyan un sometimiento inhumano a los bárbaros fieros del Norte y justifican una agresión que acabe con su independencia nacional y con los vínculos históricos de su sentido de pertenencia y su identidad. Cuba necesita hoy solidaridad activa, apoyo, mucho apoyo económico y cultural contra el bloqueo de los bárbaros, fraternidad europea, iberoamericana, y la esperanza de que el pueblo cubano encuentre por sí mismo una salida digna a esta situación. Las preguntas del Cisne de Rubén Darío navegan una vez más por las venas abiertas de España y América latina. Somos comunidad, que no se olvide.
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Si cae Cuba, caerá toda América, y después, el resto del mundo. Por tanto, hoy la trinchera contra el fascismo imperial y tecnócrata es en Cuba, como un día lo fue en Moscú. Si no se salva a Cuba, no se podrá salvar a la humanidad.
Agradecidos le estamos, Poeta, por sus palabras de apoyo, muchos cubanos de la Isla y otros tantos allende los mares que aman y defienden su Patria como si en ella vivieran.Gracias!!!