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El charco de la indiferencia

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Imagen creada con inteligencia artificial usando Copilot.

Cada jornada, en las paradas de La Habana, se escribe una crónica cotidiana de resistencia. Bajo el sol intenso y con la paciencia como único equipaje, los cubanos aguardamos ese milagro mecánico que nos lleve a casa. La escena presenciada en el entronque de la CUJAE fue un fiel reflejo de ese acontecer diario: la espera prolongada, la llegada del ómnibus convertida en un mosaico humano, la lucha por un espacio mínimo donde hasta el aire parece tener precio.

Dentro de ese microcosmos rodante se desarrolló una historia que merece ser contada, no para señalar, sino para invitar a la reflexión. Primero, el cobro de 20 pesos por un tramo corto hasta Primero de Mayo. Luego, la música estridente que acompaña estos viajes, como si el volumen pudiera aliviar el malestar colectivo.

El punto de inflexión llegó al cruzar el semáforo de la intersección. Una voz femenina, marcada por el acento oriental que enriquece nuestra identidad nacional, pidió detenerse. La negativa inicial del conductor fue el primer eslabón de una cadena de desencuentros. Ante los llamados desesperados de una mujer que desconocía dónde debía terminar su trayecto, se escuchó la frase que aún retumba como un monumento a la desfachatez: “Voy a parar frente al charco de agua”. Y así lo hizo, deteniendo el vehículo junto a una extensa laguna que bordeaba el asfalto, en un lugar claramente inapropiado para el descenso.

El suceso tomó entonces un matiz particularmente preocupante. Risas y ofensas brotaron entre algunos pasajeros, jóvenes y mujeres entre ellos, como si la incomodidad ajena fuera motivo de burla y diversión. Por unos minutos, la desorientación de una compatriota se convirtió en espectáculo público y todos fuimos un poco más pobres en humanidad.

Afortunadamente, la historia no terminó allí: la solidaridad habló más alto. Otros viajeros, quizá los mismos que callaban inicialmente, comenzaron a alzar la voz en defensa de la mujer. “Chofer, hay un charco de agua, mueve la guagua”, “Déjela bajar donde corresponde”, se escuchó. Fue la presión colectiva y la solidaridad, esa fuerza silenciosa pero poderosa de nuestro pueblo, la que logró que el conductor finalmente trasladara el vehículo hasta un lugar adecuado.

Lo más hiriente de aquel episodio, sin embargo, no fue solo la negligencia, sino la actitud posterior del conductor, quien, lejos de asumir su responsabilidad como servidor público, pareció creer que transportarnos era un favor personal. Sus alaridos desproporcionados y su mirada de fastidio completaban la imagen de quien, teniendo en sus manos un deber social —el de mover a quienes necesitan llegar a sus hogares, a sus trabajos, a sus vidas—, lo convierte en moneda de cambio para la arrogancia.

Y entonces se cierne una pregunta incómoda sobre ese reducido espacio de la guagua: ¿debemos, los ciudadanos, mostrar pleitesía por un servicio que es, ante todo, un derecho? ¿Hemos naturalizado tanto el sacrificio que ahora agradecemos, con la cabeza baja, lo que por esencia nos corresponde?

No se trata de negar las difíciles condiciones del transporte en Cuba ni el esfuerzo de quienes lo sostienen; sin embargo, no cabe tolerar vestigios de autoridad mal entendida que exigen gratitud por lo que nos corresponde por derecho.

El conductor no nos hacía un favor. Cumplía —o debía cumplir— una función social. En ese sentido, su actitud no solo agredió verbalmente a la mujer que pidió ayuda, sino que vulneró el contrato invisible de respeto mutuo que debe guiar la relación entre servidores públicos y ciudadanos. Porque en una sociedad que se precia de ser justa y humana, ningún servicio esencial puede convertirse en terreno para la humillación ni la necesidad ciudadana en motivo de burla o desdén.

Este episodio, aparentemente pequeño, encierra grandes lecciones. Nos recuerda que, en los momentos más difíciles, debemos aferrarnos a nuestra educación y a nuestros valores. El estrés cotidiano no puede convertirse en excusa para la falta de empatía y decencia. Ser culto no es solo poseer instrucción, sino saber comportarse con decoro y compasión ante las vulnerabilidades ajenas.

El transporte público seguirá siendo un desafío. Mientras trabajamos por solucionar sus carencias materiales, debemos transitar en paralelo la ruta más importante de todas: la del respeto mutuo, ese camino empedrado de pequeños gestos que conduce inexorablemente a una convivencia más civilizada y profundamente humana.

Al final del viaje, lo que recordaremos no será lo apretados que íbamos ni el reparto de moda que aturde los sentidos, sino cómo nos tratamos en el camino. En ese trayecto no podemos permitir que nadie quede varado en el charco de la indiferencia.

Se han publicado 45 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Roberto dijo:

    Si el prpblema solo.fuera la escasez...esa la tuvimos en los primeros años de los 90..el problema más grave es la sociedad..y la escasez tiene solución..pero el nivel de nuestra sociedad está en un nivel franco de retroceso..pero muy mal..mal..

  • Eutelia dijo:

    Como dice el refrán se acabó el querer la indolencia la falta de sensibilidad,la violencia, la intolerancia la falta de respeto y la falta de todo tipo de valores se han apoderado de la sociedad tristemente y nada que ver con el grado cultural.Ojalá los protagonista de tal desfachatez sientan verguenza al leer los comentarios y se tome alguna medida con este conductor indeseable.

  • Vecino dijo:

    Supongo hayan denunciado al chófer

  • Yo dijo:

    Desafortunado encuentro y pésima actitud del chofer.
    Yo me gradué en la Cujae en 1985, y la situación de los ómnibus era igual o peor a la narrada por el periodista, o sea, en ese aspecto seguimos igual 40 años después.
    Pero en el aspecto humano éramos diferentes, es cierto que no había guaguas y la 101 era un tormento en un sentido u otro, pero dentro de todos había un chofer que si llegaba a la 1:00 pm no se iba con los que estaban en la parada, él esperaba que salieran los estudiantes a la 1:15 pm y su ómnibus se llenaba al tope.
    Intentaba no dejar tirado a estudiantes.
    Hoy ni remotamente es igual, solo peor.
    Hacia donde llegaremos?

  • Tunero dijo:

    Valga la solidaridad, y nadie fue capaz de coger la chapa del ómnibus y realizar la denuncia, por mí ese no manejaba más

  • Mulata dijo:

    Yo espero que las personas encargadas tomen carta en este asunto, porque este suceso es algo humillante, vergonzoso, que falta de sensibilidad, de humanidad, que triste que cosas como estas estén sucediendo en nuestra Cuba.

  • Francisco Jiménez dijo:

    Muy bien comentario pero donde esta denunciar la chapa y al cobductor y la empresa a que pertence porque entonces parece en vez de un comentario una historieta

  • Luis dijo:

    ¿Soy el único que ve esta crónica como un símil de la sociedad cubana?

  • Amado Avila Estrada dijo:

    Muy buena la intencion de su articulo periodistico, pero aun seguimos arrastrando el vicio de no tomar al toro por los cuernos.
    Le falto precision y un poco de compromiso, y quizas hasta algo de temor por tener que enfrentar en su momento a un chofer agresivo; ahora yo puedo pensar que fue un P12 y quizas fue un P16.
    Observe que no soy el unico forista que de un modo u otro plantea lo mismo. Sldos

  • AlexSC dijo:

    Lamentable que existan seres humanos tan insensibles que realmente se comportan como animalitos salvajes.
    Correcto criticar tanta vulgaridad e indecencia que solo puede traer males mayores en un futuro.
    Por suerte, siguen existiendo otros que llevan más dignidad y decencia que se solidarizaron y exigieron detuviera el ómnibus en otro lugar.
    Bien por el periodista por publicar este artículo que encierra una denuncia y una lección.
    Ojalá y le aplicaran una sanción al abusador chofer de ese ómnibus.
    Ser cultos para ser libres!

  • Delfina Carabllo González dijo:

    Muy atinado su comentario, excelente yo diria,esp pasa no solo en el teamporte,se hace cotidiano en los servicios tanto privados como publicos que los empleados piensan que hacen un favor ,que no tienen que respetar al cliente.Nos hace falta mejorar la cultura del servicio publico.

Se han publicado 45 comentarios



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Frank Martínez Rivero

Frank Martínez Rivero

Periodista de Cubadebate. Graduado en el 2010 de Comunicación Social en la Universidad de La Habana.

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