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De nuevo a la venta el embutido de “voto cubano”

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Foto: Michael Ciaglo/Getty Images.

Varios artículos han aparecido en la prensa estadounidense en días recientes acudiendo al argumento del impacto del “voto cubano”, como razón probable que explique que el gobierno de Joe Biden no haya corregido aún los retrocesos registrados en la relación bilateral con Cuba, bajo la administración precedente.

Cuando aseveraciones como estas se ven como lluvia de estrellas en los medios de prensa de Estados Unidos es que existe comunidad de criterios entre un grupo de observadores, o se ha lanzado intencionalmente la idea para ver hasta dónde es asumida o rechazada por el público.

Sobre este tema se ha escrito mucho a ambos lados del Estrecho de la Florida. El profesor Guillermo Grenier y su equipo de la Universidad Internacional de la Florida poseen un registro exacto de las variaciones de opinión entre los cubanos residentes en dicho estado a partir de 1991. Desde La Habana expertos como los doctores Antonio Aja y Jesús Arboleya, del Centro de Estudios Demográficos y de Migraciones, poseen datos y conclusiones que tienen puntos de contacto con las observaciones del primero.

Los entendidos en la materia coinciden en que el por ciento de cubanoamericanos registrados para votar son y han sido una porción mínima de los residentes en el estado de la Florida con derecho al sufragio, que estos no votan en bloque como grupo, ni en relación con los temas que se registran en la boleta y que en aquellas circunscripciones donde tienen mayor presencia siempre han ganado los demócratas, aunque el estado en general alterne entre uno y otro partido en cada elección. Pero a pesar de ello, el tema resurge cada cuatro años.

Quizás se deba proponer la perspectiva de dejar las cifras a un lado por un momento, para adentrarnos en cuestiones cualitativas.

Después de todo, las estadísticas que se analizan son en la mayoría de los casos aproximaciones, no son datos definitivos, ya que no hay registros oficiales sobre cuántos cubanos son elegibles para votar en cada ciclo, cuántos se registran y muchos menos sobre quién votó y por qué candidatos. Las especulaciones sobre el tema se basan en encuestas y otros estudios parciales, que en un ambiente de polarización son cada vez más cuestionables.

Hay un elemento poco manejado a la hora de entender las distorsiones del voto entre los cubanos. La mitad de los empleos no agropecuarios del estado de la Florida están relacionados con los servicios (desde restaurantes hasta pescaderías) o pertenecen al aparato estatal, en particular los distintos niveles del sistema de educación.

Es decir, un cubano de bajos ingresos (y sobre todo recién llegado) que no declare su fe contrarrevolucionaria (aunque vote de otra manera) verá siempre reducidas sus posibilidades de empleo y, por tanto, la manutención de su familia. En el área de los servicios serán entrevistados por las generaciones que se “exiliaron” primero a raíz del triunfo revolucionario. Muchos de los empleos gubernamentales no decisorios se contratan en ese estado por mecanismos que hacen recordar la “chambelona” cubana prerrevolucionaria: voto contra chequera.

Tenemos derecho a preguntar por qué si radica en New York tanta población judía como en Israel, que cuenta además con poderosas organizaciones para promover sus intereses, nunca escuchamos hablar de voto de ese origen como un elemento definitorio a nivel nacional o local. Algo similar podría cuestionarse sobre la cantidad de mexicanos en el sur y oeste del país, que raramente se presentan como elemento decisivo en una u otra contienda.

El llamado “voto cubano” en Estados Unidos es un producto político que ha sido bien promovido en el mercado electoral, que está sustantivamente financiado y que cuenta con un grupo importante de compradores y publicistas. Pero no deja de ser eso, un producto fabricado, ficción más que historia real.

Foto: Michael Ciaglo/Getty Images.

Los primeros cubanoamericanos que obtuvieron puestos electivos en la política local del sur de la Florida eran militantes demócratas y accedieron a sus responsabilidades sin el apoyo de una maquinaria engrasada desde el nivel local hasta el federal. No es hasta 1982 que se fabrica la primera versión de “voto cubano” bajo el gobierno de Ronald Reagan.

Durante las dos décadas anteriores, las agencias federales estadounidenses (dominadas por demócratas o republicanos en alternancia) fueron construyendo poco a poco una “comunidad” que tenía un respaldo legal único para instalar su enclave (Ley de Ajuste Cubano), que contaba con presupuestos especiales para garantizar su asentamiento en el nuevo destino y que tuvo siempre un espacio político preferente en la corriente principal del pensamiento social estadounidense, por ser una consecuencia del “comunismo extra hemisférico”.

Ningún otro grupo inmigrante contó con tales privilegios, a ningún otro grupo inmigrante se le construyó una identidad con tanto nivel de articulación y recursos.

Después del flujo migratorio del Puerto de Mariel (1980) y la lectura que hizo la sociedad estadounidense sobre los nuevos migrantes, se percibió con más claridad que los amplios sectores de la “comunidad cubanoamericana” no se sumarían en lo adelante a proyectos como el de la invasión por Playa Girón, o la Operación Mangoose. Cada vez más la “liberación” de Cuba parecía un objetivo que no se lograría de inmediato, ni de un solo golpe, por lo que habría que planificar en el largo plazo.

Existe una amplia bibliografía que ha hablado de líderes cubanoamericanos, cuando en realidad los “presidentes” y “coordinadores” de las principales organizaciones que los fueron nucleando, de alguna manera actuaron como operativos de los servicios especiales estadounidenses. En tal calidad, aunque ya varios en condición de jubilados, cumplieron tareas políticas con respaldo del financiamiento oculto del presupuesto federal estadounidense.

De manera curiosa, aunque promovían la “causa” de restaurar la “democracia” en Cuba, ninguno de ellos estuvo dispuesto a someterse a sufragio al interior de su organización, salvo muy raras excepciones, ni abandonaron o han abandonado el “cargo” durante décadas. Los que han fallecido fueron heredados monárquicamente por sus familiares más cercanos. Muchas de las llamadas “organizaciones” cubanoamericanas tenían menos miembros que palabras en su denominación.

La evolución cualitativa de los cubanoamericanos en los años ochenta fue respaldada por la percepción de los manejadores de influencias republicanos, con el razonamiento de que tal grupo humano se podría convertir en un factor importante para ampliar y asentar la presencia del partido en un estado con fuerte militancia rival (demócrata) y que cada vez cobraba más importancia en el juego del Colegio Electoral en las elecciones presidenciales, o para sumar y restar apoyos en la Cámara de Representantes en los comicios de medio término.

Los cabecillas que fueron escogidos para ponerse al frente del llamado “voto cubano” prometieron lealtad solo a cambio de que comenzaran a aprobarse programas “contra Cuba” en el Congreso federal, que llevaban asociados un financiamiento importante, la mayor parte del cual sería invertido ¿dónde?, pues en el sur de la Florida.

Por las plantillas de las llamadas Radio y TV Martí, en las listas de empleados de innumerables programas de “cambio de régimen” han desfilado cientos y miles de cubanoamericanos que fueron conformando un modo de vida y creando una fortuna gracias a la venta del producto denominado “voto cubano”.

El círculo del oportunismo se cerraba cuando una parte importante de los fondos antes mencionados pasaban de los bolsillos de los empleados federales a las campañas políticas de aquellos candidatos que juraban fidelidad ¿a quién?, pues al Partido Republicano.

A inicios de la década de los años 90 los patrocinadores floridanos del “voto cubano” mostraron cierta mayoría de edad, al distanciarse de sus “padres” republicanos (el equipo de George H. W. Bush) para apoyar a un candidato rival (William J.Clinton) que prometió medidas extremas contra la Isla (la llamada Ley Torricelli).

Sin embargo, a pesar del acuerdo en la cima política, los patrones de votación de los cubanoamericanos no cambiaron de forma significativa, ni en los comicios de 1992, ni en el 1996. La historia narra que en el 2000 el “voto cubano” no fue definitorio para George W. Bush. Su victoria fue sellada gracias al golpe palaciego que protagonizaron las congas cubanas para detener el reconteo de votos en Miami-Dade.

A pesar de dichas oscilaciones en las preferencias de los caciques cubanoamericanos, el Partido Demócrata no fue capaz de fabricar su propio producto (con un discurso asociado) para intentar prevalecer entre los cubanoamericanos y mucho menos promoverlo.

Gracias a la agresividad verbal y física de los cabecillas miamenses, en muchos casos ni siquiera se atrevieron los demócratas a abrir oficinas locales, o a imprimir octavillas para pegarlas en los postes del sistema de alumbrado. La victoria republicana más significativa ocurrió cuando incluso importantes personeros demócratas pasaron a ser consumidores la fabricación sobre el “voto cubano”, la cual han digerido desde entonces a conveniencia.

La política hacia Cuba diseñada por Barack Obama para los últimos años de su período presidencial, considerando los más altos intereses de la política estadounidense, aunque no significó de inmediato un reto a las finanzas de los vendedores promotores del “voto cubano”, sí indicó una preferencia hacia el papel de otros actores dentro de la masa cubanoamericana, que no militaban en la casta de los primeros co-propietarios del engendro electoral.

Obama fue reelecto a un segundo mandato no solo sin el apoyo de aquellos, sino a pesar de una racista oposición protagonizada por aquellos. Para frustración de los estrategas de la Calle Ocho y sus padrinos, en los años de la recomposición política oficial entre Cuba y Estados Unidos, todas las encuestas (imprecisas o no) apuntaron a una modificación de la actitud cubanoamericana en cuanto a la relación con su país de origen, la llamada “agenda familiar” y a los viajes en número nunca vistos hacia la Isla, para participar de varios modos en la realidad cubana.

Durante estos mismos años, sin embargo, se produjeron al menos otros dos procesos paralelos que tendrían cierto impacto sobre el funcionamiento del “voto cubano”.

El enfrentamiento bipartidista brutal contra la Venezuela chavista provocó una desestabilización interna, que a su vez generó un flujo migratorio de personas y capitales en diversas direcciones, entre ellas de manera relevante la ciudad de Miami.

En Colombia las interpretaciones generadas por las fuerzas de derecha después de la firma de los Acuerdos de Paz y las políticas neoliberales que se reforzaron desde entonces, también impulsaron a un sinnúmero de nacionales a buscar la realización de sus expectativas personales en el exterior, preferentemente en la Florida, lugar que tenía el valor agregado de contar con una extensa lista de asociados comerciales en el negocio del tráfico de las sustancias prohibidas.

Ambos grupos humanos y sus recursos financieros asociados no han creado estructuras políticas propias en el nuevo escenario hasta el momento. Un alto por ciento de ellos se subordinó al cacicazgo cubanoamericano en la “gran cruzada” contra el socialismo en la región. Aquellos que patentaron la historia del “voto cubano” en la enciclopedia de la política estadounidense ofrecieron respaldo incondicional a las “causas” venezolana y colombiana. A los recién llegados solo se les ha pedido amplificar el mensaje reaccionario, anticomunista y a la altura del 2016 y el 2020 ser más trumpista que el propio Trump.

La estrategia demócrata para llevar a Joe Biden al poder centró esfuerzos y recursos en estados, ciudades y grupos étnicos que consideraron esenciales para la victoria. Sólo muy cerca de los comicios los operativos de dicho partido concluyeron que tendrían algunas opciones de éxito en la Florida e hicieron esfuerzos tardíos para atraer cierta audiencia.

Pero ante el “voto cubano” no presentaron una defensa coherente de su plataforma, no escogieron candidatos con opciones de éxito y no apoyaron con financiamiento a los que tenían posibilidades reales de vencer a sus oponentes demócratas. Estos errores dejaron un espacio vacío que fue llenado por el discurso radical trumpista, por los miedos a invasiones alienígenas y por el rechazo a conspiraciones de todo tipo.

De alguna manera el candidato republicano ganó en la Florida porque el demócrata ya había perdido con antelación.

Aún así, tomando como buenas las llamadas encuestas a boca de urna, el por ciento aproximado del “voto cubano” a favor de Trump en el 2020 no se separó de modo significativo de los patrones históricos y mucho menos “definió” la balanza final al nivel del estado. Otras acciones sí lo hicieron, como por ejemplo, la imposibilidad de más de un millón de ex convictos y otros procesados por la ley que no pudieron reconquistar su derecho al voto, a pesar de que la población del estado aprobó tal posibilidad (Tema 4) en las elecciones del 2016.

De todos modos, el resultado de los comicios sirvió para una nueva subasta del “voto cubano”, que muchos adquirieron a bajo costo y han consumido con placer.

Los resultados debían, sin embargo, invitar a algunos a hacer una lectura inversa de lo publicado hasta ahora sobre el tema. A pesar de las campañas de demonización contra la izquierda real o supuesta, la instauración de un discurso uniforme en todos los medios masivos y la demonización de cualquier disidente en las redes sociales, entre un 40 y 45 por ciento de los cubanos americanos residentes en el Sur de la Florida se mantuvo firme en el respaldo de la agenda demócrata; una parte de ellos aspirando a la continuidad de la política de acercamiento hacia la Isla.

Hay muchas razones para no consumir la historieta sobre el “voto cubano”. Aquellos que compran el supuesto asociado están huérfanos de argumentos, en el fondo tienen coincidencia ideológica con sus promotores, o no cuentan con la voluntad política para asumir riesgos en el agitado mar de las preferencias.

La política de Estados Unidos hacia Cuba debería estar construida a partir de los intereses nacionales de aquel país. No ya de una dominación imposible que se ha probado por más de 60 años, sino en la representación de la voluntad de una mayoría de granjeros, maestros, doctores, obreros, funcionarios públicos, empresarios y también de muchos cubanoamericanos (demócratas, republicanos y de otras varias filiaciones) que ven en la normalización de relaciones con la Isla la actitud más racional.

Sorry guys, aquí el “voto cubano” no vende.

Se han publicado 14 comentarios



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  • RGT dijo:

    En mi humilde opinión pienso que el problema actual en las relaciones entre Cuba y EEUU pesa el lastre de la política de Trump. Este señor tuvo la osadía política (osadía sí, porque todo el mundo apoyaba el acercamiento) de desarticular las tibias medidas de Obama y avanzar a un nivel de hostilidad aun más alto que en los 90, cuando fueron redactadas las leyes Helms-Burton y Torricelli. Ahora Cuba tiene nuevo liderazgo, Fidel y la generación histórica demostraron tener co...raje para enfrentar el cerco; quieren saber qué podemos hacer nosotros, nos van a seguir presionando. Debemos resistir y vencer

    • El Triste dijo:

      Contradicción es más importante el voto cubano fuera de Cuba que en Ciuba, les hacen mas casoa un grupo de cubanos fuerade Cuba que a todo el pueblo cubano en Cuba.
      Que triste

  • Clara Danger Cleger dijo:

    EXCELENTE ARTICULO, UNA MUESTRA MAS, CON DETALLES QUE LO QUE TIENEN CONTRA NUESTRO PAÍS ES OBSESIÓN MALÉVOLA, EL MUNDO PUEDE ESTAR EN UNA SITUACIÓN EXTREMA, COMO LOS EJEMPLOS QUE PONE EL PERIODISTA PERO NO ESOS PAÍSES NO SON CUBA, EN SU PAÍS E.U MATAN NIÑOS A NIÑOS PORTAN ARMAN SE ENCUENTRAN MILES DURMIENDO EN LAS CALLES O EN LOS SUBTERRÁNEOS, ESA SITUACIÓN NO MERECE ANÁLISIS, ESO LO ENGENDRA LA SOCIEDAD Y NO LE IMPORTA NADA AL GOBIERNO, PERO CUBA, EN LA QUE TODOS SOMOS IGUALES Y EL ESTADO SE PREOCUPA Y OCUPA DEL BIENESTAR DE SU PUEBLO, LA QUE TIENE UNA REVOLUCIÓN GANADA POR NUESTROS AÑOS DE LUCHA , PRIMERO CONTRA EL COLONIAJE, LUEGO EN LA REPÚBLICA NEO COLONIAL, TRIUNFANDO EL 1 DE ENERO DE 1959 CON UN COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, SU EJERCITO DE BARBUDOS Y UN PUEBLO QUE SIGUE Y SEGUIRÁ A SU PCC ÚNICO Y A SU GOBIERNO CON UN VOTO DE "SI POR CUBA"

  • Luis Alberto dijo:

    Biden no solo va a mantener la política del ex presidente Trump,sino que incluso incrementará la asfixia económica contra Cuba porque eso le garantiza sustanciales apoyos en el partido republicano.Sin embargo, considero irresponsable e incauto la desmovilización doctrinal y axiológica en contra del imperialismo yankee.Con Biden,con Obama,con Carter o con Trump el objeto del imperio para con Cuba no vario,así que la militancia contra el gobierno norteamericano debe vigorizarse y hacerse más efectiva dentro de las nociones socialistas.

    • Manuel dijo:

      Amigo, el Partido Republicano y la parte más recalcitrante del exilio cubano en Miami, JAMÁS le van a perdonar a Biden su victoria sobre Trump, haga lo que haga y aplique la política que sea. Da lo mismo que sean más trumpista que el loco del peluquín (como ha hecho hasta ahora) y que siga en el intento de asfixiarnos, lo van a llevar contra las cuerdas durante los 4 años del mandato.
      No obstante, Biden se va a seguir haciendo el graciosito con la gusanera gritona, los 10 ¿cubano?-americanos en ambas cámaras y también el desentendido con relación a Cuba, porque en el fondo, es lo que todos los presidentes de turno aspiran a anotarse en su "legado": destruir a la revolución y reconquistar el territorio rebelde que se les escapó en 1959.
      Tampoco hay que olvidar que todos los que conocieron a Biden durante el mandato de Obama afirman que se había opuesto a TODAS las decisiones importantes del presidente, desde el asesinato de Osama bin Laden hasta la apertura con Cuba.
      Engañados estuvimos todos, me incluyo, cuando pensamos que podría ser de alguna forma diferente a su predecesor.

    • Sergio dijo:

      Y cuales son las naciones "SOCIALISTAS", nos puede usted ilustrar?

  • Maritza dijo:

    Realmente se ha hecho un mito del voto cubano y la construcción da una imagen que determina polítiicas, así que a la maquinaria reaccionaria le funciona. Ellos han vivido y viven de la mentira y así seguirán mientras les funcione

  • Yulier dijo:

    Según recuerdo Trump ganó Florida por diferencia de 3%, 51 a 48.....si el voto cubano es el 6% del estado Florida y suponiendo 50% voto por Trump motivados "manipuladamente", se puede concluir que un 3 % de los cubanos pueden decidir una elección.
    En mi opinión solo los cubanos de la Florida pueden quitar el bloqueo en las elecciones, tomando la mejor decisión a favor de la negociación.. comportandose como grupo unido.

    • ffa dijo:

      tristemente durante muchos años lo que emigro de cuba a EEUU fue, en su mayoria, lo mas delincuente, bruto y arrastrao de la sociedad cubana, lo cual provoca ahora que por ejemplo un negro ametralle a la embajada cubana mientras grita trump forever sin darse cuenta que esta gritando el nombre de un supremacista blanco confeso para el cual es no es mas que un esclavo haciendo su trabajo sucio. De la misma forma y sin poner una idea delante de otra votan muchas personas en miami, por los mismos herederos del negocio contra cuba que mantienen la florida como uno de los estados mas pobres de los EEUU y de peor gestion de la pandemia por ejemplo.

  • RFGS dijo:

    Aqui les dejo una página que demuestra el mito del "voto cubano"... https://www.politico.com/2020-election/results/florida/
    Como verán, en los tres condados (municipios) más poblados del sur de la Florida y donde se supone habitan una gran cantidad de cubanos, el voto al partido demócrata (Biden) sobrapasó, en puntos porcentuales, al voto republicano (Trump) por: 7% en Miami-Dade, 30% en Broward y 13% en Palm Beach, justo donde tiene su retiro el que no logró su reelección.

  • Felito dijo:

    Para mí resulta notable la cantidad de jóvenes cubanos emigrantes en total sintonía con la política de bloqueo, agresividad, a veces con una obsesión que no tiene explicación, justo en el tiempo en que supuestamente la generación radical de la que habla el autor languidece. O sea el "relevo" parece estar garantizado.
    Pero este fenómeno es una constante del problema y las autoridades del país y el pueblo debemos entender que habrá que lidiar con ese fenómeno y buscar avanzar y desarrollar el país es esas circunstancias.

  • Joel Almeyda Expósito dijo:

    La esencia de todo este dilema es, sencillamente, que a la oligarquía financiera yanqui no les ha convenido nunca el ejemplo de rebeldía, de dignidad, de coraje, y de capacidad de resistencia que ha mostrado Cuba y su pueblo, seguirán haciendo tropelías de todo tipo contra nuestro país, su propósito esencial es ponernos de rodillas y desmoralizarnos mediante el hambre y privaciones de todo tipo, la independencia tiene un precio muy alto y es el que estamos pagando.

  • Rosiña dijo:

    Este buen artículo me hace recordar la composición del canta autor Alberto Cortés cantada por Piero: Los americanos, donde el autor hacía un retrato hablado de estos, orgullosos, prepotentes, engreídos, soberbios. Por su propia personalidad, nunca nos van a perdonar nada, desde Girón hasta las vacunas, incluyendo todo el proceso histórico desde 1959 hasta la fecha, Biden no será el que haga la diferencia, es demasiado americano.

  • Patricia Arenas Bautista dijo:

    Artículo muy elocuente y preciso, digno del conocimiento, experticia y responsabilidades de su autor. Sería interesante conocer las características del voto cubano más allá del estado de la Florida, en otras ciudades y estados, con particular énfasis en New Jersey.

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José Ramón Cabañas Rodríguez

José Ramón Cabañas Rodríguez

Director del Centro de Investigaciones de Política Internacional.

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