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De eslabones sueltos y trucos espantables

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Donald Trump. Foto: Reuters.

La homogeneidad es una joya rara en cualquier época. Des atenernos a varios de sus sinónimos (similitud, equilibrio, semejanza, parecido), o como dice la Academia de la lengua: Dicho de un conjunto: Formado por elementos iguales, se evidencia sin tanto protocolo. Siempre fue difícil conseguir unidad y los preceptos actuales no son excepción, más bien lo mismo elevado a la quinta potencia. Difieren de estar sujetos a principios de naturaleza conjunta. En síntesis, las divisiones dentro de cada sociedad, se profundizaron.

En Estados Unidos ese síndrome se advierte entre partidarios y oponentes a los códigos de Donald Trump. Eso es: quienes asumen por buenas (un 40% ahora) la suntuosidad de sus mentiras, groserías e insolencias, y el creciente bando de los sensatos o quienes añoran un poquito de moral, y, por supuesto, los muy lastimados nativos, afro descendientes y emigrados apabullados por el desgobierno y la indecencia política.

Las grandes inconformidades, incentivadas por la crisis sanitaria y económica del presente, descubren movimientos particulares. Uno parte de  83 super-millonarios con una carta al G20, exhortando a que les cobren más impuestos.

“Nuestros gobiernos tienen que subir los impuestos a gente como nosotros. Inmediatamente. Sustancialmente. Y que sea permanente”.

Casi seguro es algo defensivo, pues de paralizarse la economía planetaria, o si persisten grandes vacíos mientras se recompone, ellos concluirán perjudicados. Cuerdo, por muy interesado que sea el motivo.La referencia, como la parcelación de ideas no es materia exclusiva de un ámbito. Lo sugiere un fenómeno interesante.

La ultraderecha europea que acaparó ventajas de la crisis migratoria en el 2017, no logra hacer lo mismo con la pandemia y sus derivaciones sobre el crecimiento económico.

En Italia, el jefe de La Liga, Matteo Salvini, hace esfuerzos por emerger, sin éxito esta vez. Y no porque el progresismo impere en el país transalpino, sino debido a la competencia de su correligionaria Giorgia Meloni. Esa es una división al interior de una tendencia y no por discrepancias ideológicas en puridad. El trasfondo está en el parón económico, los descontentos y secuelas del trance sanitario anunciando inquietudes sociales cercanas.

En el gigante del Viejo Continente, la situación se presenta más controlada según se aprecia en el descenso de Alternativa para Alemania, durante los comicios locales recientes. Que los ultras ataquen a la derecha de su escalón inferior, no es original pero tiene hoy expresiones subrayadas.

En España a través de Vox y el Partido Popular, y en Francia con una Marie Le Pen y su rebautizado Reagrupamiento Nacional,  bastante descolocada, pero segunda figura en el catastro electoral galo. Para Emmanuel Macron existe una oportunidad en los dos espinosos años restantes de mandato, pero ella y cuanto representa, siguen ahí.

La técnica favorita de las formaciones extremistas se fundamenta en acusaciones permanentes contra sus contrarios. En España no le dan tregua al gobierno presidido por Pedro Sánchez. En Berlín, igual blasfeman contra Ángela Merkel pese al acierto de la canciller en el enfrentamiento a la pandemia. Esa crispación añade conflictos pero no resuelve ninguno.

Tampoco el negacionismo, al refutar lo necesario de observar las medidas que los epidemiólogos plantean ante una enfermedad que nadie sabe si concluye o solo tiene alivio temporal.

Tales contrasentidos son consecuencia de la ceguera ultraderechista que intenta capitalizar los malestares y recurso para mantener lo dañino. Ocurre en EE.UU. donde un grupo nada despreciable desea repetir el plato Trump. Hay propensiones similares en Polonia, por ejemplo, donde el  partido Ley y Justicia (PiS), seguirá en el poder. Las elecciones que acaban de concluir dieron mayoría a esa formación ultraconservadora y a quien la representa, Andrzej  Duda, a la sombra del  presidente del PiS, Jaroslaw Kaczynski.

Fue por estrecha mayoría y luego de la descrita como “una de las batallas (electorales) más cruentas de los últimos años”. El derrotado fue el alcalde de la capital, el moderado Rafa Trzaskowski.

No lo creerán, pero el tema en disputa, o esencialmente esgrimido para lograr el triunfo, fue  negar o defender los derechos de las personas LGBT. Duda en contra, y Trzaskowski a favor. Otro proyecto, consistente en indemnizar a los judíos por el robo que les hicieron los nazis, fue tragado por el mismo agujero negro.

El candidato presidencial ganador y todo el aparato propagandístico e institucional tras él, influyó sobre los habitantes de las zonas temerosas siempre de perder algo o convencidas ex profeso de que Estados Unidos y Donald Trump, son preferibles al Pacto Comunitario.

De ahí los planes de Duda- Kaczynskii y su ansia por re afincar a Varsovia en la OTAN y Washington, con rango de socios preferenciales. Contradictorio dada la ventajosa membresía con la UE, desde donde, eso es cierto, le critican prácticas incompatibles con  algunos valores de Los 27.

Es el caso de lo decretado hacia el sistema judicial, convirtiéndole en demasiado subordinado al gobernante y a intereses sectarios metamorfoseando el dictamen de los jueces y la impartición de justicia. Es uno de los emprendimientos para anular la separación de poderes y el estado de derecho. Así lo consigna la UE, desde donde abrieron expediente crítico al gabinete del PIS por esas reformas para seguir acumulando más poder del establecido. Estos acontecimientos, por demás, provocaron protestas ciudadanas no escuchadas.

El conservador Duda obtuvo un 51,21% de los votos frente al 48,79% logrado por su opositor. El pequeño  margen retrata la profunda parcelación en este país este-europeo  donde los medios difusivos principales y  eclesiásticos habituados a intervenir en asuntos de política, le dieron todo su apoyo al candidato ultraconservador, usando a los colectivos LBTG como perversos atacantes de los valores familiares. La negativa a aceptar la educación sexual como asignatura en la enseñanza, los define.

Las divisiones se expresan también en el factor etario. En ese sentido se repite el esquema observado en EE.UU., donde también los más jóvenes prefieren un cambio de rumbo. En el caso polaco, a ese elemento se añade la procedencia. En zonas agrarias se acumulan los de mayor edad y tienden a conservar lo existente y a creen en el copiado lema de “Polonia Primero”. ¿Se percatan?

Los mensajes dirigidos a crear miedo hacia hipotéticos enemigos fueron y son emitidos profusamente bajo la administración Trump, buscando venderse como salvadores de peligros inexistentes. A veces fue el comodín para obtener réditos con campañas anti migratorias, vistiéndoles de paladines comprometidos a mantener a salvo puestos  de trabajo y ¿valores? ancestrales. No es insignificante coincidencia que a los dos lados del Atlántico, se emplee el miedo o  la descalificación, a veces asesina, de las minorías para lograr conveniencias de status o en urnas.

La pugna por prevalecer lleva a grandes dislates, como el  empleado por el presidente norteamericano al tildar de comunistas a sus oponentes del partido demócrata, pese a que ni por asomo, han planteado cambiar el régimen. Parecido cuando le achacan a China diseminar el coronavirus. Tener un culpable ajeno no quita responsabilidades propias, pero ayuda. Los ultras polacos hacen algo similar con respecto a la homo y la transfobia, o con Rusia, practicante de todos los males.

Una pragmática colaboración resultaría de mayores beneficios para estos y aquellos. Si se hicieran se quedarían sin monstruos con los cuales espantar.

Se han publicado 1 comentarios



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  • nany dijo:

    Hay que observar, en los próximos meses, las maniobras del multimillonario sin escrúpulos, y las que desarrollen de sus oponentes, para que se esclarezca de una vez hacia donde se inclina la balanza. Dios nos coja confesados, diría un religioso.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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