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Quitando teflón

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Hasta último momento se temió que ni siquiera pudiera ser firmado un documento final conjunto. Foto: AFP/ Getty Images.

Tampoco en esta ocasión la disyuntiva es definir si el vaso está medio lleno o medio vacío. Las realidades se imponen por su propio peso y en la reunión del G20 en Argentina fue imposible ocultar que el 2018 concluye con problemas -muchos de ellos heredados de la situación por la cual fueron creadas estas citas-, y van a ingresar iguales o peorcitos en un 2019 repleto de incertidumbres.

Hasta último momento se temió que ni siquiera pudiera ser firmado un documento final conjunto. Luego de ajustes, eufemismos variados y omisiones no menos linajudas, hubo un texto capaz de revelar entre líneas, o sobre ellas, lo ocurrido y lo pendiente.

El título es un antipoema de antología: “Construyendo consenso para un desarrollo justo y sostenible”. No hay la menor mención al proteccionismo ni al libre comercio o al multilateralismo. Se buscaron ambigüedades para evitar el empleo de esos términos. Y lo mismo se hizo con lo referido al calentamiento global, ratificando lo acordado en la polémica cita anterior de Hamburgo, pero exceptuando a EE.UU., sin criticarlo, como lo más natural de estos tiempos.

Argentina, como país con la presidencia este año (el próximo será Japón), propuso tres prioridades: futuro del trabajo, infraestructura para el desarrollo y futuro alimentario sostenible. Todo incompatible con la situación interna del anfitrión, para cuyo gobierno sigue pendiente también el asunto sobre la igualdad de género.

Pareciera que basta con mencionar los problemas, incluso si nada se hace por solucionarlos. Reformar la Organización Mundial del Comercio sería uno de esos tópicos donde se alcanzó consenso, pero cada cual tiene su visión propia sobre qué debe ser modificado.

El plan contra la corrupción -otro ejemplo- es tan genérico como en ocasiones anteriores. Sobrepasa con holgura el decenio desde la formulación en la ONU sobre la urgencia de darle batalla a ese fenómeno, inscrito entre los mayores agresores de casi todas las economías, o de su normal desempeño, y asiento para la continuidad de crímenes como el narcotráfico.

La existencia de problemas serios en varios países le añadió notas ácidas a esta cita en Buenos Aires. Dentro de Estados Unidos transcurría, y se mantiene, el diferendo  por el presupuesto, y dentro de este el muro con México. Aparte, se conserva la indefinición sobre la caravana de centroamericanos.

Las protestas de los chalecos amarrillos se recrudecen en Francia. Sea porque quienes protestaban por el aumento de los combustibles ampliaron sus demandas a otros asuntos que afectan a la sociedad, sin descontar que los actos vandálicos lo mismo pueden ser excesos aislados, o, también, designio para agravar dificultades.

En el Reino Unido sigue curso la polémica por el Brexit. Una parte de los propios conservadores están contra el último plan presentado por Teresa May y amenazan con desbancarla del cargo. En tanto, los laboristas dicen esperar a la votación del día 11 en el parlamento para hacer firme su propósito de un adelanto electoral.

En España, a la cual invitan a las reuniones del G20, hay una batalla enconada contra Pedro Sánchez y el PSOE, de tal índole que es capaz de provocar otra situación delicada a solo seis meses de este gobierno. El problema más general estuvo incrementado por protestas y paros en Cataluña y el País Vasco sobre todo, enfocados en exigencias salariales y prestaciones tronchadas con la austeridad.

También hubo evidencias de resurgimiento en la ultraderecha tanto en los tratos en el congreso como en las elecciones andaluzas. Esa situación, con su propio ABC, se aprecia en Hungría, Polonia y Alemania. En esta última no habrá Ángela Merkel cuando concluya su actual legislatura. Todo esto está dicho de forma somera, sin entrar en detalles peliagudos.

Debe mencionarse también el incidente en el Mar de Azov entre Rusia y Ucrania, pues sirvió de pretexto (o fue fabricado así) para impedir la cumbre entre Vladimir Putin y Donald Trump. Ese asunto parece tener más connotación que las matanzas israelíes de palestinos o la ampliación de los territorios ocupados por los sionistas.

Ni Washington ni los demás mueven un dedo ante violaciones tan espectaculares como esas o las acaecidas en Yemen, pongamos por caso, pero se magnifican asuntos (ojalá no ocurrieran o no los provocaran) y apartan soluciones para temas enormes. Tal el desarme nuclear (abandono del tratado de misiles de medio alcance, los famosos euromisiles), la lucha antiterrorista o la conclusión de una paz para Siria. La prensa cita dos breves conversaciones entre el mandatario estadounidense y el ruso, en las cuales, desde luego, no cabían temas de tanta envergadura.

China, sin embargo, obtuvo un protagonismo no planeado y algunos resultados. Xi Jinping logró destrabar, al menos por un trimestre, la aplicación de nuevos aranceles. EE.UU. ya tenía preparadas nuevas tasas para Beijing, ascendentes a 200 mil millones de dólares. Ese freno a la guerra comercial que daña a todos los demás (así lo confirman los mejores economistas y los hechos) fue procurado por el gigante asiático para seguir negociando de forma civilizada.

“Los viejos motores de crecimiento todavía no han sido sustituidos por unos nuevos y, al mismo tiempo, se están creando con rapidez nuevos riesgos (…) La economía mundial tiene ante sí otra oportunidad histórica”, dijo el presidente chino, quien recordó que el grupo de naciones del G20 conforma por encima del 80 por ciento  mundial, por eso si cada economía crece y tiene estabilidad, las restantes tendrán similar fortuna. Uno de los medios para facilitarlo es “el libre comercio y el sistema multilateral de comercio basado en normas”.

El jefe de Estado chino se reunió con su homólogo argentino (punto no solo de ese encuentro, sino de una gira por varias naciones) y además con Emmanuel  Macron y Ángela Merkel. Coordinó con ambos asuntos globales como el cambio climático, la reforma de la OMC, el tema nuclear de Irán, la salvaguarda del multilateralismo y la expansión de inversiones y comercio. Con Trump, aparte de lo económico, trató sobre la desnuclearización de la península coreana.

Con todo o con nada, volvemos a la interrogante: ¿medio vacío o medio lleno el vaso del G20? Una primera respuesta pudiera ser: hay que entrarle en serio a los problemas y quitarle teflón a los acuerdos.

 

(Politetrafluoroetileno o teflón, se describe como un polímero similar al polietileno, usado para revestimiento de utensilios y otros. Por extensión, a la virtud de que no se le pega nada, la gracia popular lo endilga a quien oye pero no escucha, o lee y no aprende)

Se han publicado 2 comentarios



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  • Prof. Dr. C. Alfredo Pita Hernández dijo:

    Interesante artículo sobre hechos y situaciones que hoy están presentes en países del G-20. Al parecer Argentina no pudo declinar ser la sede del evento.
    Gracias

  • lujan dijo:

    Sí, realmente han estado “teflonados” los integrantes de una cumbre donde el anfitrión es un Neo, lo de liberal, No; es un gobierno conservador o mejor dicho, conservador para algunos; otros, que no conserven nada, que lo pierdan todo. Y otro/as, que no lo tengan nunca. Desde Argentina saludo fraterno Cubadebate E.Luján.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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