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Dos décadas después de Dolly

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La novedosa técnica empleada, conocida como transferencia nuclear de células somáticas, consistió en introducir el material genético de células derivadas de la ubre de una raza de oveja que tiene la cara blanca —conocida como Finn Dorset— en un óvulo no fecundado y previamente «enucleado» de otro ovino que tiene la cara oscura —raza Scottish Blackface Hardy—. De aquí se creó un embrión que se transfirió al útero de una tercera oveja.

Literalmente se puede decir que esta cría sin padre biológico tuvo tres madres. Lograr que el núcleo de una célula adulta pudiese ser reprogramado para engendrar un ser vivo, era algo imposible hasta ese momento.

La nacida tenía la cara blanca y era muy viable en aquellos instantes de tensión; dentro de la primera media hora se puso de pie. Por el hecho de haber surgido del material genético de la célula de una glándula mamaria ovejuna, se cuenta que un miembro del equipo presente en el parto sugirió el nombre de Dolly en alusión a Dolly Parton, una estrella norteamericana de la música country —conocida también como «la Reina del country»— distinguida, además de la voz y el pelo rubio, por sus abultados senos.

Dolly se desarrolló en principio como una oveja normal y dio a luz seis veces. Pero vivió la mitad de lo que realmente se esperaba: el 14 de febrero de 2003 fue sacrificada por sufrir una enfermedad pulmonar provocada por un virus, el cual fue causante de un tipo de cáncer.

El origen de Dolly abrió el terreno con un vasto diapasón que abarca desde un gran salto científico hasta controversias éticas muy embarazosas. Muchas preguntas surgieron: ¿Qué edad real tenía Dolly? ¿Se asumía su edad cronológica, o la edad de la oveja de cuya célula fue clonada? ¿Acaso se reinicia el reloj biológico cuando se clona una célula? ¿Cuál sería el siguiente paso?
En el terreno político y ético han sido múltiples las querellas y los temores sobre las implicaciones del experimento de Dolly y la posibilidad de la clonación en humanos. Este último asunto ha sido fuertemente criticado por la mayoría del mundo.

En el transcurso de estos 20 años han surgido escándalos diversos y se han clonado otros animales como caballos, perros y vacas. Incluso han habido intentos por clonar animales extintos, como el mamut.

Mucho del trabajo científico relacionado hoy con la clonación está orientado a mejorar especies para fines comerciales. Por ello no es de extrañar que se haya afinado la técnica, la cual resulta cada día más eficaz y menos costosa.

Esto ha creado un comercio de servicios que ofrecen animales domésticos clonados o cría de ganado de élite con precios que pueden rondar fácilmente los cien mil dólares. Tampoco asombran noticias donde «se piensa en grande», como que una empresa china llamada BoyaLife, junto a otros asociados, se prepara para inaugurar en el presente año la que ha de ser la primera fábrica de animales clonados para el consumo humano.

Los patrocinadores de esta propuesta refieren tener entre sus objetivos principales el de satisfacer la aumentada demanda de carne de ternera en el Gigante asiático y, a largo plazo, resolver el problema de la escasez de alimentos en mayor escala.

Todas estas son experiencias vividas o que están por venir, concebidas a partir del nacimiento de Dolly. Desde luego, el gran peligro está en la avaricia y la extravagancia de personas inescrupulosas que si dan un mal uso a la ciencia, si descartan la ética como carta decisiva mientras experimentan en el camino de la clonación humana, podrían estar jugando con la naturaleza de la especie más «inteligente» del planeta.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 1 comentarios



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  • Aroldo dijo:

    Y el ser humano no va a parar hasta que se clone a otro ser humano, vivir para ver, digo si no lo han hecho ya y se lo tienen guardado.

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Julio César Hernández Perera

Julio César Hernández Perera

Médico cubano. Especialista de II Grado en Medicina Interna, Doctor en Ciencias Médicas, Profesor Titular.

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