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Obama, camino a una derrota

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Barack Obama. Foto: EFE

Barack Obama camina desde hace semanas con la cabeza baja camino al cadalso electoral. A una semana de las elecciones de este próximo martes 2, con una caída del índice de popularidad desde el 70% al 45%, reconoció de antemano su derrota en el programa de TVDaily Show del comediante progresista Jon Stewart. “La gente está frustrada”, dijo el presidente. Y como tímida disculpa añadió: “hay cosas que la gente ni sabe que hicimos”. Una disculpa que suena rara viniendo de boca del comunicólogo por excelencia. Para intentar demostrar que no todo está perdido, Obama dijo en esa entrevista: “Nunca dijimos que podríamos conseguir todos nuestros objetivos en 18 meses”.

En estas elecciones a mitad de mandato por las que tiene que pasar cada presidente estadounidense, se elige a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los 100 que componen el Senado; a 38 gobernadores, mientras tienen lugar simultáneamente varias elecciones locales y territoriales.
Todas las encuestas auguran que un tsunami republicano arrasará en las dos cámaras y en los principales estados en disputa, dejando maniatado a Obama en sus dos últimos años de mandato y abortando (lapsus, los republicanos no abortan) sus posibilidades de ser reelegido en 2012. La causa de esta derrota anunciada, de este desgaste tan acelerado del milagro Obama que obnubiló a medio mundo hace sólo un par de años, no puede atribuirse exclusivamente a las ya de por sí demoledoras consecuencias de la crisis capitalista mundial, que tuvo su origen precisamente en Estados Unidos.
Sin ser ningún radical, si uno atiende a los parámetros internacionales, Obama sí lo es para Estados Unidos. Ya fue demasiado que un partido como el Demócrata, conservador, esclavista y antinegro desde que nació en 1824 y por varias décadas, al punto de ser el apoyo fundamental del Ku Klux Klan (el presidente Harry Truman fue miembro reconocido del KKK), evolucionara durante el siglo XX hacia unas posturas progresistas, cambiándose los papeles con el Partido Republicano (ambos nacieron del mismo tronco, el Partido Demócrata-Republicano) y llegara en el siglo XXI a nombrar a un candidato presidencial afroamericano. Demasiado cambio, sí.
Pero Barack Obama no sólo viene enfrentando desde que inició su mandato el 20 de enero de 2009 el agresivo hostigamiento y boicot del Partido Republicano y de los principales lobbies, que cuentan con gran poder de influencia. No, Obama, a pesar de haber sido votado mayoritariamente en la interna de su partido frente a su gran rival, Hillary Clinton, su actual secretaria de Estado no tiene el apoyo de todos los demócratas ni mucho menos. Esto se vio en el rechazo de miembros de su propio Gabinete a que investigara las graves violaciones de los derechos humanos cometidos por la Administración Bush al amparo de la “guerra contra el terror”, se vio en su frustrante batalla por cerrar Guantánamo, y se volvió a comprobar en el debate de la reforma sanitaria, que terminó descafeinándose tanto que poco quedó de su idea original.
Son varias las familias políticas que coexisten dentro del Partido Demócrata y Obama juega un papel bonapartista, haciendo equilibrios entre unas y otras. El jueves pasado, en el prestigioso blog The Caucus del New York Times, el analista Michael D. Shear explicaba las presiones que sufría Obama dentro de su propio partido, y el peso que tienen las distintas corrientes. “¿Es Obama demasiado tímido?”, titulaba Shear su nota.
Y explicaba que ésa era la crítica que le hacía el sector más “liberal” de los demócratas, que en Estados Unidos es equivalente aprogresistaizquierda. Shear explicaba que el sector más liberal o de izquierda del Partido Demócrata, el Progressive Caucus, con 78 miembros en la Cámara de Representantes (de un total de 255 representantes demócratas), presionaba al presidente para que fuera más radical en su programa. Este sector le pide que se apoye en ellos, en “un más pequeño y más cohesionado caucus”.
Pero los llamados Blue Dogs y los New Democrats, la corriente de losmoderados y de los centristas, acumulan 105 escaños en dicha Cámara, son mayoría en el bloque demócrata .
Barack Obama sabe, por tanto, que aunque su ideario esté más cercano al Progressive Caucus, necesita indispensablemente del apoyo de las otras dos corrientes para intentar sacar su programa adelante.
Shear recuerda en su análisis, para más Inri, que según una última encuesta de Gallup, el 42% de los estadounidenses dicen ser “conservadores”, el 35% “moderados” y sólo un 20 se reivindica “liberal”. Con esas cifras internas y externas sobre la mesa, Obama no tiene demasiado para festejar. En las últimas semanas ha concentrado sus esfuerzos en remodelar su Gabinete, en un intento por atacar aquellos problemas más inmediatos que acucian a los ciudadanos.
Esta realidad es bien conocida por el Partido Republicano y de ahí su euforia y radicalización. Actualmente tienen 178 escaños en la Cámara de Representantes y 41 en el Senado, pero están seguros de conseguir la mayoría en las dos cámaras.
Desde que Obama llegó al poder, el Partido Republicano radicalizó su discurso y engendró el Tea Party, un movimiento con valores cavernícolas, ultraconservador, xenófobo y homófobo, enemigo acérrimo de todo lo que huelga a Estado y defensor a ultranza de las armas, que ha ido creciendo como la espuma en todo el país.
Liderado por Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y ex candidata a vicepresidenta en tándem con John McCain en las elecciones en las que ganó Obama, en poco tiempo se ha convertido en una poderosísima corriente dentro del Partido Republicano. Palin reconoce públicamente que luchará dentro de su partido para ser la candidata republicana a las presidenciales de 2012. Los comicios del martes darán una primera pauta de cuán cerca están los republicanos de volver a la Casa Blanca.

(Tomado de Miradas al Sur, Argentina)

Se han publicado 2 comentarios



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  • Luis M. Domínguez Batista dijo:

    A Sara Palín la debieron nombrar Secretaria de Defensa para que terminara con las guerras (Afganistán e Iraq) Ella tiene buen dominio del verbo y una imaginación que puede asustar a muchos, pero convence a algunos y de cierto es que le admiten la perorata, no porque esta sea eminente, sino porque alcanza el discurso de conveniencia y la gente les gusta oír de lo que quieren, así le son útiles a los regímenez ambivalentes, cosa que no logran todos. Sara Palín pone a prueba al Partido Democrata con su política de derrota por el Partido Republicano con TEa Party como remolcador.

    Una mujer ambisiosa y evolucionada hacia las nuevs teorías neoconservadoras es útil al estar entre los dos partidos, el gobernante y el que gobierna desde una posición de contrapartida, pero que al fin entra en la canasta americana de la política de tránsito. Su conquista tiene el sabor del brillo y el lujo, hacen falta conquistar Albion, entrar en Washinton D.C. y tomar el poder.Al parecer el aire del Potomac fortalece y da vida.

    Es tradicional ya que la oposición juegue a la amenaza del congreso y luego que gana las elecciones congresionales, como les ocurrió a Bush, gobiernan entonces a dos manos.

    EE.UU. en año no tuvo un líder más carismático que Obama. En el se reune toda una cierta cantidad de herramientas que hacen que el imperio adquiera unas características especiales, un brillo nuevo, un sueño a realizar. Por una parte le da cierto tipo de armonía y concilia izquierda con derecha, negros con blancos, mestizos con extranjeros llegados y toda la gama de la sociedad americana; no crea conflictos pero no termina con los viejos; mantiene pero termina guerras, permite y propone, saca partido donde cada cual está buscando una partida que les convenga a sus intereses.

    La juventud norteamericana no tiene un candidato hoy mejor que Obama; tampoco lo tienen los negros ni los latinos; aparentemente no les conviene a los magnates, pero lo que los combaten, en su mayoría son los propios que lo disfrutan. No quiere el mundo otro que no sea Obama, si bien este no ha terminado las guerras no tiene en mente comenzar otra, salvo que amenaza a extender bses por América Latina como cuestión de meter miedo y no termina con las cárceles ni los tratamiento extrajudiciales a prisoneros.

    Alega en los discursos, a los que llena de sueños que hace exclamar a los opositores que es socialista, marxista, musulmán, que el solo no puede hacerlo todo y necesita la compañía de la comunidd internacional. Es supuestamene amigo de la banca y de los que se quedan sin viviendas a la vez y luego , en su gobierno, los millonarios crecen.

    Nada al parecer la nueva Albion o la nueva Columbia, que se dice fue el bocablo romántico y de los sueños de la nación americana en la independencia, luego que tomaran el D.C. por capital imperial y el Potomac como aliento.

    El. D.C. tiene o tenía, porque ahora quizás los negros se crean blancos o por lo menos mestizos y herederos de Washington, mayoría de habitantes negros, desde que en el territorio imperaba la esclavitud y hoy lo amenazan con invadir una raza nueva, pero no por el color. Piensan ganar la capital con un nuevo espíritu mucho más liberal que el que ha imperado hasta ahora y quizás conviertan el Capitolio en un museo, tal que impere el espítitu de Bacunin, todo liberal y todo fuera de las garras del Estado.

    No van siquiera a esperar que se materialice lo que Karl Marx dijo que el comunismo se establecería con la desaparición de las clases y cuando estas desaparecieran y reinara un solo ser humano sin razas en la tierra también desaparecería el Estado.

    Vaya que van a ser adelantados los Teapartyanos.

    El mal peor que no ven en EE.UU. es que Tea Party se convierta en un partido ideológico y asimile la radicalización de la derecha republicana y resulte una escición de este y tomara a Sara Palín como el nuevo Hitler Mundial u otro con iguales o similares pensamiento, cosa que alcanzaría a situar el lider como un nuevo Hitler mundial, pero a diferencias de aquel con un poder real y temerario en las manos y pudiera que apareciera un testamento político al estilo del Mei Kan y que esta alcanzara el poder en el próximo período o en el otro. No se trata del tiempo de espera aunque el tiempo no está como para regalárselo a nadie porque la impronta de los cambios están ahí, si que valdría la pena.

    Los problemas ideológicos calan mucho más que las imposiciones económicas o las militares.

    Si bien es cierto que el hombre es un ente económico, tambien conocemos de pueblos hambrientos que se han ido a la guerra a defender un imperio por el solo hecho del patriotismo que han enraizado en ellos.

    El Tea Party nacio de la incompetencia de los ingleses y del ancia de libertad de los norteamericanos para hacer la independencia y luego fue realidad en la toma del poder por las trece colonias.

    El Tea Party de hoy, es de dos cosas una: o una estrategia norteamericana para hacer más fuerte el poder real de EE.UU. dando cabida a los dos partidos en uno, una radicalización peligrosa de la derecha norteamericana y mundial por remendar al capitalismo y darle fuerza de vida y atrasar los cambios mundiales por lo menos en un siglo.

    Hay que tener y ponerle atención al Tea Party porque pudieran aparecer muchas Saras Palín y muchos otros y pudieran aparecer Mei Kan bien pensados, venidos de creencias e ideologías evolucionadas que pudieran enfocar en formas nuevas un cambio a la derecha que pudiera darle luz y fuerza al capital, como que no es muy real ni probable, pero que no deja de traer esas intenciones.

    Niegan los americanos la casaca inglesa, pero llevan dentro es espíritud burgués emprendedor y se olvidan de que sus pueblos originarios fueron indios y que su capital tuvo un día mayoría negra y orgullosa descendiente de esclavos.

  • Claire dijo:

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Roberto Montoya

Roberto Montoya

Roberto Montoya es analista de política internacional y autor, entre otras obras, de los ensayos ‘El imperio global’ y ‘La impunidad imperial’.

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