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Entrevista a Alfredo Guevara para la Mesa Redonda

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Presentada el 3 de diciembre, 2008

Arleen Rodríguez Derivet: sí, bueno, un saludo a todos nuestros televidentes. Tenemos el placer y el honor de darle la bienvenida hoy en la Mesa Redonda a Alfredo Guevara, fundador entre los fundadores en la Revolución cubana y en todo lo que tiene que ver con la cultura cubana. Por supuesto que el motivo fundamental son los 30 años del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, un hijo de Alfredo Guevara y de tantos cineastas e intelectuales de América Latina y del mundo podría decirse ya, y también los 50 que vienen del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos, que de alguna manera también nació de la voluntad de estos creadores. Así que ya le doy la bienvenida, bienvenido a nuestro espacio.

Alfredo Guevara: bueno, pues muchas gracias por admitirme en vuestro espacio. Has pronunciado varias veces la palabra fundación, eso me llena de orgullo porque creo que los revolucionarios somos fundadores, y si no fundamos no sé qué somos, pero lo que más me entusiasma a mí de las cosas en que he participado y sigo participando no es haber fundado, sino sentir que las nuevas generaciones fundan un poquito inspirados en lo que hicimos e inspirados en su propio mensaje y en sus propias inquietudes y en aportes.

ARLEEN: vamos a tomarle la palabra respecto a "mensaje". Esa palabra que ahora, digamos, el hecho de que este es un espacio periodístico, me obliga a ir a lo inmediato, y lo inmediato son dos llamamientos firmados por Alfredo Guevara en relación con el 30 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Hay un primer llamamiento a los cineastas del mundo, cineastas y videoastas que participan habitualmente en estas citas, invitándolos al Festival, convocándolos, pero a la vez diciéndoles cuál es la cruda realidad que vive Cuba en estos días, y un segundo momento del que quiero hablar luego, que es el llamamiento a los intelectuales, particularmente a los cineastas norteamericanos, Me gustaría empezar por el primero.

ALFREDO GUEVARA: cuando escribí el llamamiento y decidí publicitarlo, estaba pensando y pensando cómo decir que habían arrasado con nosotros dos ciclones, uno tras el otro, y resulta que ahora son tres, es decir que…, mira qué pronto quedan atrasados los mensajes. Si lo escribiera hoy tendría que decir tres tormentas inmensas han arrasado, lo hice cuando eran dos pero, mientras pensaba aquello, una señora muy distinguida, productora y cineasta argentina, Liliana Mazure, me mandó una carta en que me decía tenemos que hacer algo, sabemos que…, etcétera, etcétera, y no podemos nosotros los cineastas llegar a La Habana con las manos vacías. Agarré la frase y dije: aquí tengo el llamamiento, y realmente ese llamamiento lo inspiró ella, es decir, lo inspiró el amor de una latinoamericana por Cuba.

Pero claro, expresa mis sentimientos, los sentimientos del equipo del Festival, y creo que es muy justo que nadie venga… da lo mismo si vienen con las manos llenas o no, lo importante es que sepan adónde vienen, y que en las circunstancias cubanas es bien difícil, porque estamos queriendo hacer tantas cosas, y al mismo tiempo llegaron esos dos ciclones, y ahora se sumó otro, que…

No sé si alguna vez tú y yo hemos hablado de un libro que no se conoce en Cuba por desgracia, que se llama El huracán, y que no se ha republicado, es un libro de Fernando Ortiz; y la sabiduría de Fernando Ortiz le hizo imaginar cómo el huracán, que es una constante de año tras año, transforma la vida de los pueblos y de la naturaleza, transporta semillas, cambia la vegetación, destruye lo que existe, permite que se construya lo que no existe, etcétera, cómo los habitantes originales de Cuba y del Caribe en general imaginaron e hicieron perdurar en la piedra, de distintos modos, esa locura de la naturaleza que es el huracán y sus consecuencias sobre sus vidas, cómo se construye un bohío, cómo se construye un bajareque, cómo se construye algo que tiene profundidad para defenderse de la velocidad del viento. Estamos comprobando que un bohío resiste más que una casa normal, lo cual no quiere decir que quiera yo que sigamos viviendo en bohíos, es hora de vivir en las mejores condiciones posibles; pero ellos, en las condiciones y las posibilidades que tenían, fueron capaces de encontrar soluciones para enfrentar el huracán. Por eso fue ese llamamiento, pero, en realidad, lo que yo quería, y quiero, y queremos todos nosotros, es llamar, llamar y llamar para tender la mano.

ARLEEN: Efectivamente, bueno, hay un segundo llamamiento, a ese llamado, me imagino que hay un nivel de respuesta altísimo, hay más de 114 filmes en concurso, hay un comportamiento también a la altura del llamamiento, ¿sí?

ALFREDO GUEVARA: Sí, el Festival está asegurado. El Festival tiene… y humano mayor cantidad de participantes, de participación con obras. Tiene algunas cosas nuevas como es el film en construcción. Ya un jurado trabajó, seleccionó cinco obras de distintos países que tendrán ayuda, será un taller ¿no? para ayudar a terminar esos films, y tendrán un premio también en metálico que los ayudará a realizarlo, ¿no? Por supuesto, comprenderás que los fondos cubanos son muy…, pero nos las ingeniamos de modo tal que otras instituciones, instituciones aceptables quiero decir, nos ayuden en el financiamiento del Festival, porque con los recursos de Cuba no se podría hacer un Festival de esta magnitud.

ARLEEN: De igual manera entiendo que es sorpresivo para los propios cineastas saber que en medio de estas circunstancias Cuba no renuncia a realizar el Festival.

ALFREDO GUEVARA: Bueno, no sé si es sorpresivo, pero yo pienso que para muchos no, por una razón, porque todos saben que los cubanos somos testarudos como no hay nada que se nos pueda comparar. Ese es un orgullo que tengo de que nunca renunciamos al combate en cualquier circunstancia que sea.

ARLEEN: hábleme ahora de S.O.S. Amistad, el llamamiento a los artistas e intelectuales norteamericanos.

ALFREDO GUEVARA: bueno, yo he sido muy cuidadoso en ese llamamiento. S.O.S. Amistad es el llamamiento que le tocaba a Cuba hacer, que nos tocaba a los cineastas, a los intelectuales del audiovisual hacer, porque, triunfó Obama, que yo no menciono en el llamamiento, pero que está subtextualmente. ¿Qué va a pasar con Obama? Lo que va a pasar no lo sabemos, lo único que no va a pasar es que sea peor que Bush, porque peor que Bush no puede ser nada. Entonces, tiene que ser por fuerza mejor que Bush, y ojalá que sea muy, muy mejor que Bush, y mejor aún, que sea la antítesis de Bush. Pero no tengo la bola de cristal y supongo que él no la tiene tampoco, de cómo serán las circunstancias de los Estados Unidos y del mundo que le permitan ir más lejos, más cerca de lo que sería un ideal para alguien partidario del progreso, vamos a no decir ni siquiera de la izquierda, como es mi caso; es decir, yo soy socialista, pero vamos a ponernos en la piel del otro, un simple progresista. Ojalá que nos dé lo que un simple progresista podría dar para América Latina. Vamos a no hablar de Cuba que no es a mí a quien me toca, pero para América Latina, es decir, un cambio de actitud ya sería un acontecimiento, un respeto a los derechos de los mismos norteamericanos, derechos constitucionales, ya sería un acontecimiento.

Incluso el llamamiento que hago puede tener dificultades, porque siguen poniéndole… es decir, Bush está ahí todavía, llegó algo que por fuerza es mejor que él, pero está ahí, y las condenas por viajar a Cuba, etcétera, siguen vigentes. Veremos, pero de todas maneras, una mano tendida, y ser siempre el que tiende primero la mano es una obligación de los cineastas y de los intelectuales cubanos.

ARLEEN: Me permito leer cómo comienza el llamamiento: "¿Será este un mundo de tinieblas o esperanzas? ¿Sería justo vivir la experiencia de los cambios radicales o el sueño de que se cumpla cuanto se ha prometido en medio de intensas tensiones, o al menos parte de ello, con los brazos no extendidos? En unas pocas semanas ha sido derrotada sobre su propio terreno una política de brutalidad imperial, guerrerista y cruel, incapaz de aceptar la dignidad del otro, impositiva y avasallante y, casi al mismo tiempo, quizás por las mismas razones, se desploma el sistema financiero mundial basado en el abuso definido en desmedido afán de lucro y fundamentado en una filosofía político-económica que hacía y hace del libre mercado y de su supuesta mágica regulación su fundamento".

No sé, pero yo intuyo o percibo en este mensaje a los intelectuales, a los cineastas norteamericanos, que hay más que una bienvenida al cambio, hay como una celebración del posible fin de años de barbarie. Y yo me pregunto también, viendo que habla del "pellízcame", de Michael Moore, y del "ojalá", de Eduardo Galeano, en cuál de los dos se inscribe el espíritu de este llamamiento.

ALFREDO GUEVARA: Bueno, en realidad me inspiro en los dos. En pellizcarme, como Michael Moore. Es normal que Michael Moore se pellizque porque es un norteamericano que ha sufrido en su carne todo tipo de persecuciones, y que ha tenido el coraje de la denuncia y de la honestidad. Porque resulta que es inconcebible que para ser honesto haya que tener coraje. Lo entiendo muy bien a él.

Yo no tendría que pellizcarme tanto, porque yo siempre he pensado que los Estados Unidos son un país mucho más complejo que lo que creemos a veces, mucho más complejo que un monolito, y que el monolito es el núcleo del imperio, es decir, el establishment, ese núcleo duro que dirige la política, etcétera, pero que el pueblo norteamericano, y Martí se encargó de decirlo muy tempranamente, es a veces ingenuo, a veces, a partir de su ingenuidad, cruel, y a veces muy desinteresado y muy amistoso, y que entonces hay que tomarlo en toda su complejidad y tratar de comprender los sectores, y no renunciar a trabajar acercándose, como lo hacemos nosotros, a todo el que tenga la mano tendida. Tantas manos tendidas puede que un día aplaquen al mundo. "He vivido en sus entrañas", dijo José Martí.

Entonces…, yo no he vivido en sus entrañas, traté de vivir una vez y me expulsaron por las buenas, y nunca más he podido entrar, aunque he entrado. Entonces… eso no importa, lo que importa es que nosotros tenemos, en Cuba, al experto en política norteamericana, al más experto de todos los expertos y de la suma todos los politólogos habidos y por haber de todos los centros de estudios, es Fidel. Si Fidel no hubiera sido Fidel, no sé qué hubiera sido de nosotros en ese campo, por una razón muy sencilla: él es especialista, no le gustaría tal vez, ojalá que no me oiga, que le diga: y torero también, porque le ha dado unos pases a las situaciones más peligrosas que solo un torero casi mágico podía haber dado.

Bueno, yo creo que es muy importante que de Martí a Fidel hayamos tenido quienes…, porque Martí se ocupó de advertir lo que se estaba formando, y no estaba formado todavía del todo, lo que se estaba formando en ese Estado. Ya había muchos síntomas, muchos síntomas internos, pero Martí fue un, qué sé yo…, no un profeta, fue alguien con una visión que se ha repetido en Fidel.

ARLEEN: Usted me decía una vez a propósito de la presentación del libro Cien horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, de alguna vez que tuvo un diálogo, hace muchos años con Fidel, donde él decía que era la experiencia lo que lo había convertido acaso en esa suerte de visionario de lo que podría venir.

ALFREDO GUEVARA: Sí, yo me acuerdo de esa conversación nuestra, en realidad fue la palabra intuición…

ARLEEN: intuición…

ALFREDO GUEVARA: …que él la utilizó, pero de buenas a primeras se detuvo y me dijo: pero es la acumulación de experiencia, de conocimientos, etcétera, que en un momento dado se entrelazan y le da a uno la luz precisa de por dónde tomar el camino.

ARLEEN: Es decir, ¿usted tiene esperanza de que estos 30 años del Festival de Cine Latinoamericano, reunidos los seres humanos, estoy hablando de hombres y mujeres del audiovisual en América Latina y el mundo, porque este Festival se ha abierto mucho más allá de América Latina, y los norteamericanos convocados por otra parte bajo la circunstancia nueva, podrían dar también una señal novedosa, fundadora, al mundo?

ALFREDO GUEVARA: No lo sé. Los resultados de los proyectos solo se comprueban después de ponerlos en práctica. Lo hacemos con pasión infinita, lo hacemos desde lo más hondo del corazón. Ojalá, esta vez me toca decirlo como Galeano, y no me refería a Galeano… Galeano, que lo conozco muy bien, tenía que hacer el artículo que hizo, es decir, no le pueden dar gato por liebre. Es un hombre experimentado, estudioso, que ha hecho algunas de las obras que permanecerán, sobre América Latina, sobre los problemas de América Latina, sobre los problemas de nuestros pueblos, sobre las luchas de nuestros pueblos, sobre su historia. No puede actuar como un tontín, tiene que decir, esto parece imposible, pero va y sí… y cuando encontré la palabra ojalá, me acordé de Silvio y de su Ojalá, bueno pues yo estoy dispuesto también a decir ojalá, pero lo que sí no quiero es cruzarme de brazos. Yo creo que no hay derecho a cruzarse de brazos cuando una situación nacional, internacional, que te concierne por tu profesión, o te concierne por tu militancia, te dice: es posible un cambio… pues hay que empujar el cambio, ¿te das cuenta? Si uno lo logra protagonizar, mejor; si uno puede hacer un aporte directo, mejor; pero si no lo puede hacer, de todas maneras hay que estar luchando.

Porque yo digo que cuando se abre a medias una ventana y vale la pena lo que hay más allá de la ventana, hay que abrirla completa y hay que luchar porque se abra completa. Y yo creo…, yo le he llamado al posible encuentro "Puentes y más puentes", pero si quieres le llamo "Ventanas y más ventanas", le llamo como quieran, pero que podamos mirar más lejos y con más transparencia.

ARLEEN: Ahora se aproxima, en semanas estamos asistiendo al aniversario 50 de la Revolución, medio siglo. Hay un libro maravilloso que me ha sorprendido en esta casa, algo así como ¿Y si fuera una huella?, ¿no?

ALFREDO GUEVARA: Sí, ¿Y si fuera una huella?

ARLEEN: es un epistolario, las cartas… me imagino que hay un montón de revelaciones en este libro…

ALFREDO GUEVARA: ya lo leerás.

ARLEEN: Pero me fascinó especialmente cuando lo abrí y vi que la primera carta es de Cesare Zavattini felicitándole por el advenimiento de la Revolución, y que ya en esa carta se anuncia el advenimiento del cine que acompañaría a la Revolución. Entonces, para mí es obligado hablar un poquito de ese hijo también de Alfredo de los que junto a él fundaron el nuevo cine cubano al llegar casi a los 50 años de esta fiesta que junto a la Revolución celebra Casa de las Américas, el ICAIC y tantas cosas fundadoras.

ALFREDO GUEVARA: Bueno, yo estoy asombrado -esta vez me digo pellízcame- de haber durado tanto como he durado, de ver cómo duran las cosas fundadas, de ver cómo la esperanza todavía llena nuestras vidas, de poder cumplir algunas metas no logradas, de sentir que generaciones de jóvenes -bueno, mi papel hoy día es ir hacia América Latina-, que generaciones de jóvenes de América Latina invaden el Festival, se apoderan de él, y nos dejan a aquellos que hemos vivido los 50 años nos dejan atónitos, porque nos asombramos de lo que hemos hecho, nos asombramos de pensar que lo que comenzó casi de la nada, se ha convertido en un movimiento que cubre América Latina y que influye en el mundo y tiene prestigio en el mundo entero, pero sobre todo la pléyade

-insisto, pero es que es lo que más me golpea- la pléyade de jóvenes, de obras, quiero decir obras nuevas, jóvenes que están en su primera obra, o que las traen en construcción, en proceso, y algo muy lindo que quiero confesar: confían en nosotros. Yo me siento orgulloso que en el mundo del audiovisual no estén nuestros enemigos.

ARLEEN: pero hay algo más, es el triunfo de aquello que anunciaba ya Zavattini y que ustedes lo iniciaron, sobre la banalidad, que ha cundido como un cáncer durante todos estos años, desde los centros más poderosos de producción de lo que es el supuesto arte cinematográfico, luego, la llegada de estos 50 años y a los 30 del cine, le deja a usted más satisfacciones por lo que veo y más alegría que cualquier otra sensación. ¿Podría así, brevemente, si le dijéramos escoge algo que nos diga lo que ha pasado en estos 50 años, alguna película, o dos o tres películas, nombres, cosas que la hagan sentir esa satisfacción?

ALFREDO GUEVARA: A mí no me gusta mencionar, porque el que menciona tres, excluye trescientas, y yo no quiero excluir, yo quiero sumar, porque a los críticos de cine les toca jugarse esa carta. Pero yo precisamente, como he optado por dejar la dirección del cine cubano, y dedicarme por completo al conjunto del cine latinoamericano, que comprende también lo que va surgiendo en el cine cubano, yo creo que yo debo tener una cierta equidistancia, mantenerme como alguien que los saluda y alienta, y les abre caminos, porque el Festival abre caminos, una prueba de ello es que muchas películas premiadas en el Festival, o premiadas en fase de guión en los concursos de guión, salen al ruedo en el mundo, o se realizan si estaban en fase de guión, y al siguiente Festival o dos Festivales después, aparecen los mismos directores con las películas que fueron soñadas en el marco del Festival. Yo creo que ese es mi papel y lo quiero respetar.

Pero no quiero dejarte sin respuesta, porque tú usaste la palabra "banalidad". Yo creo profundamente en la sociedad, en la vida en sociedad. Yo creo que el hombre no es que tenga que vivir en sociedad, que tiene que hacerlo, no le queda otro remedio, no hay otro modo de supervivencia. Debe vivir en sociedad porque cuando se vive en sociedad, por poquito que se tenga, hay una pizca de amor hacia los otros, una pizca de solidaridad, y a veces mucho amor y mucha solidaridad. Los mejores, las vanguardias, están llenos de amor por el prójimo y dedican sus vidas a ello. Esos son los revolucionarios, somos. Pero yo creo en el individuo también, y creo que el colectivo, la sociedad, la masa, la muchedumbre, no son nada si el individuo, uno a uno, no es también y sobre todo persona, es decir, autonomía del pensar y del decidir. Y yo creo que no está bien valorado el triunfo fundamental de la Revolución cubana en estos 50 años, que ha sido elevar la población cubana en su conjunto, en su nivel de instrucción, yo no diré de cultura, en su nivel de instrucción, hasta un punto tal, que va teniendo la posibilidad de ejercer su libertad, su autonomía como persona, de pensar sus actos, de pensar sus adhesiones y de pensar sus rechazos.

Si hemos logrado que los individuos sean personas y que la suma de todas las personas sea lo que hace la sociedad me sentiré y me siento feliz. Y ¿por qué lo digo? Porque siempre encontramos, y yo también, un papel para enumerar las dificultades y los errores, y yo también, los errores de los otros y los errores míos también, que a veces los detecto, pero lo importante es que hemos logrado una sociedad con la potencialidad de lanzarse hacia adelante en un momento dado porque tiene el tesoro más grande: tiene millones de personas preparadas.

Somos 12 millones y hay 1 millón de universitarios; hay dos o tres millones de ciudadanos con una educación más bien superior, todo el mundo está alfabetizado, instruido, pero ¿por qué no pensar que van a llegar y que los vamos a conquistar?

Yo soy un optimista nato, pero parece que también soy un revolucionario nato y que hasta el final de mi vida estaré pensando que lograremos el objetivo que hemos perseguido, y es no solo preparar a nuestro pueblo para un despegue que puede ser de esplendor, sino que sea.

ARLEEN: Claro que sí. Bueno, yo le agradezco muchísimo sus palabras para nuestro espacio, también para TeleSur, la contribución de Alfredo Guevara a todo esto, y siempre me queda la duda del título de ese libro Y si fuera una huella, ¿ya no tiene suficientemente comprobado Alfredo Guevara que ha dejado una profunda huella ya en la cultura y en la Revolución cubana?

ALFREDO GUEVARA: No lo sé. Yo sé que he hecho cosas, sé que las voy a seguir haciendo. Sé que las he hecho con una honestidad total y completa, sé que actúo de acuerdo a convicciones y al precio que sea, sé que eso me hace un verdadero fidelista, un verdadero martiano, y eso es lo que quiero ser siempre. No porque quiera…, porque debo, porque debemos, y bueno, no estoy dispuesto a decir he dejado una huella, eso sí, quiero dejarla, quiero dejarla en la conciencia de los jóvenes, es decir, entregarles mi experiencia, mis vivencias, etcétera, y esa necesidad se ha hecho mucho más intensa en los últimos años porque siento que todo se va tergiversando, se va enredando, que los revolucionarios… bueno, Fidel está dando una lección ahora, pero… que los revolucionarios no escribimos, que escriben todos los que están dispuestos a decir horrores, a tergiversarlo todo y a calumniarnos.

Bueno, Fidel es Fidel y yo soy yo. Él es un gigante y yo soy una figura pequeña, pero tesonera como esos bichos que no paran hasta que no abren un hueco que llega hasta la luna -un hueco en el universo- y creo que es maravilloso sentirse a esta edad dispuesto a luchar por aquellas cosas en que se cree de un modo…, en fin, por hacer posible lo imposible.

ARLEEN: Gracias por la huella.

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Arleen Rodríguez Derivet

Arleen Rodríguez Derivet

Periodista cubana y conductora del programa de la televisión cubana "Mesa Redonda", que transmite una emisión especial para Telesur. Es coautora del libro "El Camaján".

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