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Oración de la Guerra

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Me perdonan si vuelvo a traer en estas Cartas a Gore Vidal, pero creo que no debería dejar pasar lo que ahora regresa a mi memoria, leyendo en las noticias que George W. Bush, con el patrioterismo a la orden del día, le ha regalado por Navidad a los ciudadanos de su país el anuncio de que más soldados partirán al campo de batalla a destripar enemigos. Al menos unos 70 000 en los próximos dos años se irán, como Mambrú, a la guerra en el Medio Oriente.

Antes de subirse al auto que lo llevaría a un encuentro con escritores en la Casa de las Américas, Gore Vidal me confesó que el lazo que lo une a Mark Twain, el célebre autor de Un yanqui de Connecticut en la corte del rey Arturo, es su antiimperialismo, particularmente la ácida crítica a esa máquina de matar en la que se convirtió Estados Unidos después de su intervención en Cuba y Filipinas, en 1898.  

Entre nosotros quedó suspendida "La Oración de Guerra" (en inglés, War prayer), un cuento corto escrito por un Mark Twain asqueado por la intervención estadounidense en la guerra  de España contra sus últimas colonias.

Salí a buscar la plegaria y la encuentro en el Mark Twain, cronista de su época, una edición de la Editorial Arte y Literatura, del 2003. Descubro asombrada por qué tanto insistía Gore Vidal en el antimperialismo que lo hermana con Twain, que parece su hermano gemelo, harto del fanatismo religioso y el patrioterismo ciego como argumento para justificar la guerra.

La estructura del cuento de Twain es simple: la prensa exalta el patriotismo y los norteamericanos apoyan la guerra contra España. Los tambores retumban, las pistolas de juguetes se venden como caramelos, los fuegos artificiales ascienden al cielo por doquier. En una ceremonia religiosa, los estadounidenses imploran la protección a las tropas. De pronto aparece un extraño y misterioso personaje que anuncia que es el mensajero de Dios y explica que ha venido para revelarles la segunda parte de su oración, aquella que "el pueblo" desea pero que no se atreve a decir en voz alta: la petición de sufrimiento y destrucción de sus enemigos.

En 1904, Twain ofreció el cuento a Harper's Bazaar, que lo rechazó por considerarlo radical e impropio de una revista femenina. Mark Twain dio instrucciones para que fuera publicado tras su muerte, porque "sólo a los muertos les está permitido decir la verdad". Y así fue. Él murió en 1910 y su "Oración de Guerra" se publicó, parcialmente, en 1916.  "Desde entonces es sediciosa, por recurrente", dicho Gore Vidal. Con toda razón. Y aquí les va:

Oración de Guerra (fragmentos)

Oh Señor, Padre nuestro, nuestros jóvenes patriotas, ídolos de nuestros corazones, se dirigen al frente de batalla - ¡no te apartes de su lado! Desde la dulce paz de nuestros hogares nosotros les acompañamos -en espíritu- a aplastar al enemigo. ¡Oh Dios, nuestro Señor, ayúdanos a destrozar sus soldados y convertirlos en despojos sangrientos, ayúdanos a cubrir sus campos sonrientes con las pálidas formas de sus patriotas muertos, ayúdanos a ahogar el tronar de los cañones con los gemidos de sus heridos retorciéndose de dolor, ayúdanos a destruir con un huracán de fuego sus humildes moradas, ayúdanos a estrangular los corazones de sus inocentes viudas con dolor inconsolable, ayúdanos a dejarlas sin techo con sus pequeños para que anden solas y perdidas por el desolado país vestidos de harapos, hambrientos y sedientos, sufriendo las llamas del sol en verano y los helados vientos en invierno, con el espíritu roto, hundidos de sufrimiento, implorándote les des la muerte y siéndoles negado este descanso -te pedimos lo hagas por nosotros que te adoramos- Señor, frustra sus esperanzas, arruina sus vidas, alarga su amargo peregrinar, haz pesados sus pasos, riega su camino con sus lágrimas, mancha la blanca nieve con la sangre de sus pies heridos! Te lo pedimos en espíritu de amor, a ti que eres la fuente del amor y fiel refugio y amigo de todos los que están cansados y buscan tu ayuda con corazones humildes y contritos. Amén.

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros "Antes de que se me olvide", "Jineteros en La Habana" y "Chávez Nuestro", entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo "Juan Gualberto Gómez" y el Premio Nacional "José Martí", por la obra de la vida. Fundadora de Cubadebate y su Editora jefa hasta enero 2017. Es columnista de La Jornada, de México.

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