LA PAMPA DE GRANITO Y ALGUNAS CONFESIONES
Hace ya muchos, muchos años, cuando era un adolescente, mi padre, preocupado por mi actitud ante los estudios, por mi aboluta despreocupación, se le ocurrió darme a leer algunos libros que guardaba en el escaparate, envueltos en una lona, con un terrible olor a naftalina --para evitar las trazas, decía él. Un tío, que había tenido algún éxito en los negocios y, además, era mi padrino de bautizo, solía decir que el día que yo me muriera había que poner en la loza mi nombre, la fecha de nacimiento y muerte y una frase: "Una gran pérdida de tiempo". A estas alturas, todavía no sé si tenía razón o no. Espero que no.
Como yo era un gran lector de cualquier cosa, menos de los libros de las asignaturas del bachillerato que estudiaba, no me costó gran trabajo complacer a mi padre, aunque prefería leer a Malaparte, Sartre, Camus, novelas de aventuras y alguna que otra historia considerada picante para los años 50s del pasado siglo.
De los libros que mi preocupado padre me dio, recuerdo tres títulos: El Hombre Mediocre, de José Ingenieros, Hacia una Moral sin Dogmas, del propio autor. Más tarde me leería, ya adulto, La Simulación en la Lucha por la Vida, también de Ingenieros, un libro que podría recomendarse, junto con El Hombre Mediocre, como de obligada lectura para todos los jóvenes mayores de 25 años, porque a esa edad ya se puede dicernir si Ingenieros se tomó el trabajo de escribirlos tomándolo a uno como patrón. Y a partir de ahí tomar decisiones sobre la propia vida.
El tercer libro que él insistió en que me leyera fue Motivos de Proteo, de José Enrique Rodó, un escritor uruguayo, fallecido en 1917. Motivos de Proteo fue publicado por primera vez en 1909. Consiste en una recopilación de fábulas, no recuerdo si escritas por el autor -perdonen mi incultura literaria--, cada una con una enseñanza sobre la vida, como es usual.
De todas las fábulas, la que más me impactó fue La Pampa de Granito: Un abuelo vive con sus tres nietos en la llamada Pampa de Achala, en Argentina, un lugar desértico compuesto principalmente de granito, con muy poca agua, a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar, y decide sembrar árboles para hacer fértil la tierra estéril. El viejo quiere entrañablemente a sus nietos, como solemos querer los abuelos.
Como no tiene herramientas, solo las semillas, obliga a uno de sus nietos a cavar con las manos en el granito, y cuando los dedos le sangran, lo fuerza a que lo haga con los dientes, hasta que el hueco es lo suficientemente profundo para sembrar la simiente. Luego, como no tiene agua para regarla, le retuerce el brazo a otro de sus nietos para que llore y con sus lágrimas riegue la semilla recién enterrada. Y así va, de tramo en tramo, sembrando árboles en la pampa de granito, haciéndolos cavar con sus manos ensangrentadas o con los dientes, y llorar para regar las simientes. Hasta que un día las semillas comienzan a germinar y los árboles a crecer.
Confieso que al principio la fábula me pareció particularmente cruel. Después la vida me enseñó que su enseñanza era cierta, y que el abuelo era la Voluntad, y los nietos el Trabajo, la Perseverancia y el Tesón, los cuatro elementos fundamentales para poder realizar una obra social en esta "pampa de granito" que es el mundo en que vivimos. Comprendí que sembrar las simientes de la libertad, la justicia, la igualdad social, de los derechos humanos, y hacerlas germinar, cuesta y costará sangre, sudor y lágrimas al hombre que decida emprender esa tarea, porque tendrá que sacrificarlo todo en aras de su objetivo.
Confieso que desde hace varios años, comparo a Fidel con el abuelo de la Pampa de Granito. Sobre todo después de haber tenido el honor y la oportunidad de participar en las reuniones casi diarias que se celebraban en los inicios de la Mesa Redonda --cuando el secuestro del niño Elían González--, regularmente hasta la madrugada. Nosotros nos íbamos a dormir, pero Fidel se quedaba trabajando con sus colaboradores para atender otros asuntos de suma importancia para el país.
Un día le pregunté a Olga, una de sus secretarias, como ellos podían resistir semejante tren de trabajo, y sin pensarlo me contestó: "viéndolo trabajar a él". En otra ocasión le preguntamos a uno de sus médicos más cercanos como era posible que a su edad Fidel pudiera dormir apenas dos horas diarias, a veces ninguna, vencer el cansancio, mantener su mente clara, y estar activo hasta altas horas de la noche o días enteros, mientras que nosotros estábamos agotados. "En mi opinión -nos dijo-a base de Voluntad".
Me tomo el atrevimiento de decir algo que todos ustedes saben: que las semillas que Fidel sembró y sigue sembrando "a base de Voluntad" e Inteligencia, Trabajo, Perseverancia y Tesón en este mundo de granito, germinaron y germinan en Cuba, y en otras muchas partes del planeta. Que no es solo la obra material de la Revolución, a pesar del bloqueo genocida de Estados Unidos, de la incomprensión de algunos, tal vez de muchos, y, porqué no, de "la ingratitud de los hombres". Es sobre todo el semillero de ideas de justicia, de igualdad, de dignidad, de solidaridad e internacionalismo que Fidel ha sembrado en mi generación y en las siguientes, a base de una vida ejemplar.
Hace poco, con motivo de la operación de Fidel, un grupo de viejos, que ya pasamos los sesenta --que nacimos y crecimos en los años del capitalismo cubano bajo control norteamericano--, conversamos acerca de la influencia en nuestra generación de la obra y el pensamiento de Fidel. Y llegamos a una conclusión que les confieso: Entre muchas otras cosas, nos enseñó a pensar como cubanos, a tener una ética, un sentido de la justicia y de la igualdad, una dignidad de cubanos, que se expresa en la lucha por nuestra independencia y soberanía frente al imperio. Fidel nos enseñó a conocer, en toda su magnitud inconmesurable, el valor de la palabra Patria.
Ahora que Fidel se recupera de una delicada intervención quirúrgica --que Raúl asume provisionalmente sus funciones, y por ello nos sentimos en buenas manos, bien dirigidos--, le pido, Comandante en Jefe, que ponga esa VOLUNTAD con mayúsculas en función de su curación. Todavía hay muchas semillas de justicia que sembrar y regar en este mundo. Y si ya no puede con sus manos, sí podrá guiar a los que tengan que hacerlo, Abuelo de la Pampa de Granito.

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