El espíritu de Guantánamo: Tratos crueles e inhumanos para los Cinco
AL denunciar los abusos sufridos por los presos del campo de concentración norteamericano de Guantánamo, activistas de derechos humanos y abogados defensores han señalado varios tipos de abusos que ya han sido aplicados a René González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González durante los casi ocho años de detención, revela un examen de la cronología de su detención.
Con el reciente suicidio de tres de los más de 450 detenidos de la base naval ilegal, representantes de varias organizaciones han descrito toda una serie de malos tratos ejercidos en contra de los presos para perturbarlos sicológicamente, entre los cuales el confinamiento solitario en condiciones humillantes y el escaso contacto con el mudo exterior.
Uno de esos grupos, Amnistía Internacional manifestó expresamente, en un comunicado, que los suicidios al parecer son "el resultado trágico de años de detenciones arbitrarias e indefinidas" - términos que se pudieran aplicar a los cinco cubanos encarcelados, absueltos por un panel de tres jueces de la Corte de Apelación y cuya liberación inmediata ha sido reclamada por una comisión de juristas de Naciones Unidas.
Para intentar romper la moral de los cinco cubanos arrestados por haber infiltrado grupos terroristas de Miami y tratar de llevarlos a traicionar a Cuba, el FBI y el Departamento de Justicia, orientados por la Casa Blanca, han recurrido a una infernal serie de maniobras de chantaje que violan todas las normas penitenciarias y los convenios internacionales contra la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Los Cinco que el FBI mantuvo encarcelados en celdas de confinamiento solitario durante 17 meses a partir de los últimos días de septiembre de 1998, siguen hoy encarcelados, por pura crueldad, en cinco prisiones distintas del inmenso territorio norteamericano con contactos prohibidos o muy restringidos, según el caso, con sus familiares.
LAS TÉCNICAS MÁS SOFISTICADAS DE CHANTAJE DEL FBI
Desde el día mismo de su detención, cuando el Agente Especial Héctor Pesquera corrió a informar del arresto de "espías" a los congresistas cubano-americanos Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, hasta las últimas trabas migratorias impuestas a los familiares por el Departamento de Estado, los cinco cubanos han sido objeto de tratos destinados a romper su voluntad con todos los métodos de la parafernalia policíaca norteamericana.
Ese fatídico 12 de septiembre, después de realizado su arresto bajo la estrecha supervisión de Pesquera, los cubanos arrestados fueron conducidos al cuartel general del FBI en Miami donde el primer interrogatorio estuvo ya marcado por el engaño, el chantaje y las promesas para socavar su voluntad con el uso de las técnicas más sofisticadas de interrogatorio de que dispone la policía política federal estadounidense.
Ante el fracaso de sus habituales métodos de intimidación, los investigadores llevaron a los cinco al Federal Detention Center de Miami, en el centro de la ciudad, para ubicarlos inmediatamente en las celdas especiales de confinamiento del piso 13, en detención solitaria absoluta, sin contacto con nadie por espacio de 17 días, es decir, hasta el siguiente 29 de septiembre.
Derechos del detenido, normas de detención y presunción de inocencia, todos los principios de la justicia más elemental fueron ignorados en contra de los Cinco, todos sin el más mínimo antecedente judicial en ese país.
El 14 de septiembre, 48 horas después de su arresto, sin haber podido tener acceso a condiciones elementales de higiene, los detenidos fueron fotografiados, agotados y sin afeitar. Las fotos fueron entregadas a la prensa con el propósito obvio de presentar al público "la imagen de peligrosos criminales".
Quince días más tarde, sin motivo ninguno, los cinco detenidos son conducidos a las celdas de castigo del Special Housing Unit, un eufemismo para la sección de castigo llamada el "Hueco" donde permanecieron encerrados, en condiciones infrahumanas, durante los siguientes 17 (diecisiete) meses.
UN TRATO RESERVADO A PRESOS RECALCITRANTES
Las condiciones de detención, de extrema severidad, fueron concebidas por el sistema penal norteamericano para presos recalcitrantes: 23 horas del día de reclusión en la celda con una sola hora diaria de "salida", de lunes a viernes: los sábado y domingo, los cinco pasaban las 24 horas en la celda.
La descripción de las celdas en el "hueco" del FDC de Miami lo dice todo: con menos de 3 metros de largo por 2 de ancho, piso de cemento mal acabado, cama de metal, colcha, meseta y asiento de concreto, sin respaldo, inodoro metálico, lavamanos metálico, una plancha de metal rectangular que sirve de espejo, un pequeño baño interior con ducha metálica donde abunda el moho y la humedad. Allí estuvieron hasta el 3 de febrero del 2000. Según el reglamento, el tiempo máximo para mantener a un detenido en estas condiciones es de 60 días... en los casos de indisciplina caracterizada con graves actos de violencia.
Mientras tanto, en su jaula "especial", los detenidos tienen que
moverse esposados, con las manos a las espaldas y las visitas con sus abogados se realizan separados por un espeso cristal que hace imposible revisar documentos y dificulta al máximo la preparación del proceso legal.
En una carta fechada del 10 de marzo de 1999 y dirigida a la fiscal Caroline Heck-Miller, el abogado de Fernando le reitera las pésimas condiciones de confinamiento e insiste en denunciar que "el acusado come, se baña, hace sus necesidades en la celda, no habla con nadie excepto con su abogado subscrito, o con un guardia ocasional; no ha salido de su celda por más de 45 minutos desde su arresto, excepto cuando fue llevado a la Corte".
El 3 de mayo de 1999, ocurre una escena particularmente cruel: René González, esposado y encadenado a una silla y bajo la vigilancia de dos agentes del FBI, recibe la visita de su pequeña hija Ivette.
El 16, ante el rechazo de René a la propuesta de colaboración con el gobierno norteamericano, el FBI de Pesquera detiene a su esposa y la somete a un proceso de deportación. Un acto más de chantaje que se concluirá el 21 de noviembre del 2000 cuando es deportada a Cuba después de haber sido sometida a un penoso proceso de inmigración.
El 26 de junio del 2001, después del veredicto, los cinco son conducidos nuevamente al "hueco" en represalia por la redacción de un comunicado al pueblo norteamericano, y coincidiendo con la visita del Fiscal General en Miami.
Son despojados de todas sus pertenencias personales, incluyendo cartas, fotos, poemas, una máquina de escribir, y hasta el más pequeño pedazo de lápiz. Las cartas de protesta de los abogados terminan en el cesto de basura de la Fiscal Caroline Heck Miller.
TODO PARA QUEBRAR SU MORAL
El 28 de junio, un funcionario federal visita a Gerardo Hernández y le dice que la medida de regresarlos al "hueco" ha sido aplicada por "cuestiones de seguridad", bajo la consideración de que, con la publicidad dada al proceso judicial, podrían "tener problemas" con el resto de la población penal. Pretexto totalmente absurdo que nunca se demostró, de ninguna forma, en los contactos que los cinco tuvieron con otros detenidos a lo largo de sus casi cinco años de encarcelamiento.
El 12 de julio, Pesquera participa sin que nadie vea o denuncie lo grotesco de tal situación en un agasajo ofrecido por la Fundación Nacional Cubano-Americana a los directivos del FBI que estuvieron involucrados en el caso de los cinco.
El 13 y 14 de agosto salen del "hueco" y se designa a los cinco nuevas celdas en pisos y en alas diferentes del FDC, separándoles en un nuevo intento por quebrar su moral. Antonio es ubicado en el ala Este del piso 11; Ramón, en el
piso 10, ala Oeste; Fernando, en la celda del ala Este del piso 9;
René en el ala Este del piso 8, y Gerardo en el piso 7.
El 5 de diciembre, a unas horas de las vistas de sentencia, casi tres años después del arresto de los cinco, las madres de Gerardo, Fernando, Antonio y René reciben visas para viajar a EE.UU., pero la visa de Elizabeth, esposa de Ramón, es demorada sin explicaciones. Después de recibir sentencias que violan toda jurisprudencia, los cinco siguen siendo objeto de persecuciones de parte de las autoridades carcelarias, inspiradas por el FBI, la Fiscalía y la propia Casa Blanca.
El 5 de febrero del 2002, se sabe por un cable de la agencia francesa AFP que, según declaraciones de Patricia Ward, portavoz del FDC de Miami, los cinco serían trasladados a cinco cárceles distintas en cinco lugares, a miles de kilometros los unos de los otros.
Después de estancias iniciales en los varios "huecos" de sus respectivos centros de detención, siguen resistiendo, adaptándose a las distintas condiciones de encarcelamiento, luchando para mantener comunicaciones, tanto con sus respectivas familias, sus defensores y la representación cubana en Washington, con todas las dificultades que provocan las enormes distancias.
GERARDO, DESNUDO EN LA "CAJA": EL HUECO DEL HUECO
El 28 de febrero del 2002, mientras preparan su apelación ante la corte de
Atlanta, Gerardo, Ramón y René son enviados a celdas de castigo en confinamiento solitario, totalmente incomunicados, sin acceso ninguno ni a sus familiares ni a sus abogados, a escasos días de la presentación de su informe de apelación.
Días después, Fernando y Antonio son también bajados
al "hueco", totalmente incomunicados, incluso de sus abogados.
El 5 de marzo del 2003, se conoce por parte de funcionarios de la prisión de Lompoc que en el caso de Gerardo las visitas de sus abogados o de los cónsules deben previamente ser comunicadas a Caroline Heck Miller, de la Fiscalía de Miami, o con un oficial del FBI del área de Los Ángeles.
"Cuando vio a Gerardo, estaba desnudo, encerrado en lo que llaman la caja, es decir un hueco' dentro de un hueco', sin ropa y sin tener absolutamente ningún contacto con el mundo exterior. Cuando lo sacaron, sacaron también a todos los demás presos que estaban en el hueco' porque él no podía ser ni visto, no podía oír la voz humana ni ver a ningún ser humano", contaba Ricardo Alarcón al recordar cómo el abogado neoyorquino Weinglass había descrito su primer encuentro con Gerardo Hernández, uno de Los Cinco patriotas cubanos encarcelados en los Estados Unidos.
"Leonard Weinglass nos describió las condiciones en que vio a Antonio cuando él -¡que es su abogado!- logró finalmente poder reunirse con su cliente, contó Alarcón. Estaban preparando el documento de Apelación y él no había podido siquiera verlo para explicarle la propuesta que estaba haciendo. Y se lo encontró encadenado. No pudo ni siquiera conversar con él. ¡Hablaron por un teléfono a través de una barrera de cristal!"
Con la crueldad de su situación, aislados a propósito en cinco prisiones distintas del inmenso territorio norteamericano, los cinco sufren el hecho de que están cumpliendo la sentencia en un país extranjero, lo que de por sí es un sufrimiento adicional.
SIN COMUNICACIÓN CON SUS ABOGADOS
El 12 de marzo, los abogados presentan ante el Tribunal
Federal del Distrito Sur de la Florida una moción urgente para que se ponga fin inmediatamente al confinamiento en solitario impuesto arbitrariamente contra sus clientes.
La Moción subraya que la medida impuesta contra los acusados les impide toda comunicación con sus abogados defensores, incluso mediante el teléfono, y fue tomada por el Gobierno con plena conciencia de que esa comunicación es indispensable para preparar los documentos de apelación, que claramente obstruye el proceso legal, desconoce los derechos de los acusados y sus defensores y viola la Constitución de Estados Unidos.
El 14 de marzo, la fiscal Caroline Heck Miller afirma al abogado Leonard Weinglass que el Fiscal General ha autorizado lo que llama Medidas Administrativas Especiales el 24 de febrero, en contra de Los Cinco, y que estas estarían en vigor por un año, pudiendo ser extendidas por un período adicional.
Sin embargo, el 28 de marzo, las autoridades norteamericanas
restablecieron de nuevo a los cubanos en la población penal, sin
explicar las razones de estas medidas especiales.
LOS FAMILIARES, INSTRUMENTO DE TORTURA MENTAL
La manipulación de las solicitudes de visas y de las visitas de familiares constituye uno de los instrumentos más crueles usados por el Departamento de Estado para acabar con la resistencia de los cinco cubanos.
Adriana Pérez y Olga Salanueva, esposas de Gerardo Hernández Nordelo y René González respectivamente, nunca han sido autorizadas a visitar a sus maridos desde ya numerosos años, en violación de todos los instrumentos internacionales de derechos humanos, y de la propia legislación norteamericana.
El 29 marzo del 2002, Olga Salanueva recibió una visa para visitar a su marido René Gonzalez. El 23 de abril, la visa está revocada bajo pretexto que Olga pueda ser "vinculada a actividades terroristas" -cuando se detiene a su marido por haber infiltrado grupos predicando el terrorismo.
El 25 de julio del 2002, la esposa de Gerardo, Adriana, fue retenida por más de 10 horas en el aeropuerto de Houston, cuando viajaba, con visa, para visitar a su esposo; los esbirros del FBI la interrogan intensamente, le toman las huellas dactilares y la expulsan. Nunca más será autorizada a viajar a los Estados Unidos.
A partir de junio de 2003, se elimina progresivamente la posibilidad de que los funcionarios consulares cubanos acompañen a los familiares de los Cinco durante sus visitas a las distintas prisiones. Se impone luego la condición que los diplomáticos no pueden permanecer durante los fines de semana con los familiares y que tenían que regresar a Washington.
El Departamento de Estado sigue multiplicando las trabas a las solicitudes de visas de parte de los familiares que se autorizan después de largos meses de tramites y de plazos impuestos deliberadamente por el Departamento de Estado.
Olga y Adriana se han visto ordenadas de no solicitar otra visa antes de un largo plazo. La pequeña Ivette, de seis años de edad, no ha visto su padre desde más de seis años.
Un comité de cinco eminentes juristas, expertos en materia de derechos humanos, de las Naciones Unidas, decretó por decisión unánime que la detención de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René es arbitraria e ilegal.
Sus condenas fueron anteriormente revocadas por decisión unánime de tres magistrados del Tribunal de Apelaciones de Atlanta.
Aunque esas decisiones fueron anunciadas hace ya alrededor de un año, los cubanos siguen encarcelados. Y siguen sometidos a tratos crueles que constituyen graves violaciones de sus derechos humanos y que violan toda una que violan toda una serie de normas penitenciarias reconocidas y convenios internacionales contra la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Mucho se pudiera añadir a la lista de los malos tratos sufridos por los Cinco. Lo cierto es que mucho antes del campo de concentración de Guantánamo, ya experimentaban este espíritu de crueldad y de venganza que se perfeccionará luego detrás de las rejas de la base naval ilegal.
De la misma forma que se varias organizaciones de defensa de los derechos humanos han abogado el cierre de Guantánamo, se debe exigir la liberación de los Cinco, victimas del cinismo cruel de un Gobierno que hoy pretende luchar contra el terrorismo mientras ampara a terroristas como Luis Posada Carriles y alienta, ampara y financia, de una forma u otra, a grupos que promueven el terror, a través de su plan de anexión de Cuba.


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