Imprimir
Inicio » Opinión, Cultura  »

Yo voy a pedir pa ti, Puerto Rico, lo mismo que tú pa mí

En este artículo: Adalberto Álvarez, Cuba, Cultura
| +

Es imposible definir algo que no sabemos bien qué es. Pasa con la suerte, de la que tanto hablamos en la pelota. Contra República Dominicana la bendita suerte no nos asistió. Si engorroso su debate en el plano teórico, un ejemplo práctico lo explicaría mejor: cómo es posible que Michel Enríquez batee en un juego, de lesa importancia, tres veces para la doble matanza y además cometa un error sólo explicable bajo la presión del mismo (y la mala suerte).

Si recapitulo sobre estos días maravillosos de reinado del béisbol, me veo no lamentándome tanto de la derrota al final de la primera fase contra Puerto Rico (exceptuando la desmesura del nocao) porque nos daba lo que creía dos ventajas y lo fueron luego: se abría contra Venezuela (escuadra contra la que sabía podíamos ganar) y se removía hacia la pelea el espíritu de nuestro equipo. Vimos que así fue.

Me planté después ante el Dominicana-Puerto Rico, inicial de la segunda vuelta, para disfrutar del juego, por supuesto, pero también para, vestido de manager, definir la estrategia de Cuba frente a ellos. Pensé que entre esos dos enormes desafíos, era menos difícil ganarle a Dominicana. Aunque cuajado de astros y nombres, lo vi precisamente como una suma de individualidades, menos equipo que un Puerto Rico que se nota trabajó antes del torneo para aceitar el juego colectivo, a pesar de sus no menos poderosas estrellas.

Pero a la altura de esa fatídica tercera entrada, pesó como la Gran Piedra la mencionada pifia de Michel, aunque era temprano todavía en el desarrollo del partido Dominicana-Cuba. Ya se también algo inútil vaticinar sobre lo que hubiese sido, pero allí el juego habría quedado solamente dos carreras debajo y con nuestro pitcheo arriba, tras el dominio real de Yadier Pedroso.

El error produjo una especie de mareo en la defensa de campo (índice similar o superior al del resto), cuya consecuencia fueron nuevas pifias técnicas y mentales. Esa bujía que es la combatividad se apagó, de la mano además del sólido dominio ejercido por el abridor Odalis Pérez, perteneciente a esa legión de lanzadores que le hacen daño al Cuba de cualquier tiempo al usar un pitcheo más combinativo y lento que anclado en la sobrevalorada velocidad.

En el transcurso del encuentro, se fue produciendo una paulatina recuperación, pero apenas se descontó (exceptuando la carrera del jonrón de Yulieski Gourriel) porque no se bateó, o mejor no se produjo con oportunidad (ay, los ponches de Eriel, Paret y Pedroso), pues la diferencia de hits entre ambos equipos fue mínima, entonces la diferencia en contra era ostensible en el noveno. Aún así se peleó y se amenazó, al punto que en el bate de Pedroso estuvo el empate. De esos empates que uno le pide a Dios, por lo menos al Dios de la Pelota.

He ahí que mis razones sobre la posibilidad de ganar ese juego, aunque no fueron más que sueños, no estuvieron tan lejos de la verdad. Fuimos más derrotados por nuestros propios errores que por la consabida fortaleza dominicana. El pitcheo, para mí, resistió. Si bien no fue hermético, tampoco lo vi débil como contra Puerto Rico, signo de que va acostumbrándose a ese nivel.  En resumen, sólo permitió cuatro limpias a esa tanda de horror que le puede hacer el doble a cualquiera.

Claro que ya ese juego es agua pasada, pero repasarlo me da, nos da claridad, en las vísperas del decisivo de hoy frente a Puerto Rico y, sabiendo que si ganamos, frente al próximo, otra vez contra República Dominicana en el cruce de la tercera fase.

Todo es verdad frente a nuestro hermanos puertorriqueños. El estado del equipo. El talento de sus peloteros. La condición de anfitriones. Pero ellos ganaron el malo y nosotros podríamos ganar el bueno. Junto a Adalberto Álvarez, Puerto Rico, yo voy a pedir pa ti, lo mismo que tú pa mí.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Omar Valiño

Omar Valiño

Teatrólogo y escritor cubano. Director de la revista Tablas.

Vea también