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¿Necesitan los haitianos la bendición de Rice?

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Condoleezza Rice se da este martes una vuelta por Haití. Quiere bendecir las elecciones convocadas para el próximo 20 de noviembre. Impartir instrucciones, aportar sugerencias, dictar lecciones de democracia. Su papel se ajusta plenamente al guión que Washington ha escrito para garantizar la sujeción del futuro gobierno haitiano a la norma democrática que Estados Unidos quiere imponer al mundo: un  ejercicio formal, representativo, que termina en las urnas y para nada toma en cuenta los verdaderos intereses populares ni, por supuesto, la menor perspectiva de solución para los acuciantes problemas que gravitan sobre una nación desangrada.

La Rice sonríe y aconseja. Las agencias de prensa recogerán puntualmente sus frases de cajón. Las fotografías mostrarán el beneplácito con que la acogerán los personeros del gobierno interino y las grabadoras registrarán sus palabras de apoyo a lo que llama "un proceso de reformas políticas y económicas".

¿Se atreverá alguien a cuestionar la turbiedad fácilmente detectable en la trama que antecede el ejercicio electoral? No hablemos ya del método expedito seguido para privar a Aristide de su mandato a principios del 2004, víctima de ataques de viejos duvalieristas, vándalos de nuevo cuño y la confabulación de Estados Unidos, Canadá y Francia que aprovecharon los errores, los vacíos y el descontrol político del partido gobernante sobre sus simpatizantes. Situémonos en la propia saga electoral que ha entronizado la atomización política del país. Pujarán por la silla presidencial nada menos que 32 candidatos.

El partido de Aristide, Familia Lavalas, no estará presente en la liza. Las autoridades electorales prohibieron la inscripción del exmandatario entre los candidatos. Los correligionarios de este apelaron a la figura de Gerard Jean Juste, un sacerdote conocido por defender el derecho de los pobres a una vida más digna. Juste tampoco podrá comparecer. Se encuentra en prisión desde julio pasado, acusado de haber asesinado a un periodista, pese que cuenta con numerosos testigos que lo ubican el día de los sucesos fuera del país. 

Sin embargo -increíble pero cierto- figura en la candidatura Guy Philippe. Se trata del mismo hombre que jugó una carta determinante en el derrocamiento de Aristide. Invadió la nación desde República Dominicana, capitaneó bandas armadas en la revuelta de Gonaives y estaba a las puertas del palacio Presidencial en los momentos en que se cocinaba la salida del jefe de Estado.

Para nadie es un secreto el papel de Estados Unidos en el encumbramiento de este siniestro personaje. Entre 1991 y 1994 recibió entrenamiento militar del país norteño, En 1995 ocupó una plaza importante en la Policía haitiana, donde se ganó fama por favorecer las ejecuciones extrajudiciales. En el 2000 tuvo que huir luego de que lo sorprendieran en los preparativos de un golpe contra el presidente Preval.

¿Se atreverá alguien a recordarle a la Rice la pretensión presidencial de Philippe? ¿Le recordarán que en el padrón electoral apenas aparecen inscritos el 50 por ciento de los votantes potenciales? ¿Le pondrán al tanto de los brotes de violencia que acompaña, sobre todo fuera de la capital, el manejo de las fuerzas políticas antagónicas?

No solo es improbable sino imposible. La Rice viaja a Haití para hacer valer su fórmula inamovible, descrita por Noam Chomsky cuando afirmó que "los EE.UU. quieren es ‘estabilidad', es decir, seguridad para las clases altas y las grandes empresas extranjeras; si esto se puede alcanzar a través de mecanismos formales democráticos, perfecto, si no, la ‘amenaza a la estabilidad' que represente un buen ejemplo debe ser destruida antes de que el virus infecte a otros".

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Pedro de la Hoz

Pedro de la Hoz

Periodista cubano, jefe de la página cultural del diario Granma.