Las elecciones no solucionarán la guerra civil en Irak
Desde noviembre de 2004 Washington ha insistido en que los iraquíes votarán el 30 de enero de 2005. Bush declara elocuentemente cómo las elecciones preparadas en el extranjero resultarán en un "Irak libre". ¿Es esta una estrategia de retirada o sólo la ilusión de una? Es más, Bush ha liderado una campaña para alentar a cientos de miles de iraquíes que viven en el exterior a que se inscriban para votar. Algunos no hablan árabe ni nunca han puesto un pie en Irak. De todas maneras, votarán a favor de candidatos de los cuales muchos nunca han oído hablar. Entonces el recién "electo" gobierno redactará una constitución y ganará mágicamente la legitimidad. Las fuerzas de EEUU se podrán marchar e Irak negará la ley de Humpty Dumpty y armará de nuevo sus pedazos.
Sin embargo, los hechos cuentan una historia diferente, en la cual todos los caballos y los hombres del rey no podrán armar unas elecciones creíbles, unas que el mundo -así como los iraquíes- acepten como legítimas. Es más, ¿cómo es que una potencia ocupante, que no ha sido invitada, puede convocar a unas elecciones en medio de una guerra civil que su ocupación ha provocado? Con la invasión Bush provocó la misma guerra civil que los iraquíes habían evitado precariamente durante décadas. Los ocupantes -ya sean nazis o norteamericanos- tienden a comportarse brutalmente. Nótense las similitudes entre lo que las fuerzas de EEUU hicieron en Faluya y cómo los ocupantes nazis realizaron sangrientas campañas de venganza en contra de la población civil después del asesinato en 1942 de un alto oficial nazi (Reinhard Heydrich, "el carnicero de Praga"). Después de que combatientes de la Resistencia mataran a cuatro mercenarios norteamericanos, las fuerzas de EEUU con frío cálculo, arrasaron a Faluya usando bombarderos y artillería contra blancos civiles.
Sin embargo, tales acciones no disminuyeron la magnitud de la Resistencia. ¡Por el contrario! Para que el público norteamericano no subestime la magnitud y fuerza de la Resistencia, el Jefe de Inteligencia de Irak, General Mohammed Shahwani, dijo a un periódico saudí que "EEUU se enfrentaba a 40 000 combatientes decididos". El apoyo a la "insurgencia", aseguró, llegaba a unos 200 000.
Compárese la determinación de la Resistencia con la voluntad de los miembros de la maquinaria electoral, cuidadosamente seleccionados por Washington. Los funcionarios de EEUU no pueden persuadir -ni siquiera sobornar- a decenas de partidos políticos iraquíes, ni siquiera a kurdos, para que se mantengan en las listas de candidatos. No sólo se han retirado decenas de ellos, sino que los candidatos que permanecen hacen una campaña clandestina, usan máscaras y viajan con guardaespaldas cuando salen de su casa.
La Resistencia persigue a los colaboradores tanto como aquellos civilizados movimientos europeos de Resistencia hacían con los que colaboraban con los ocupantes nazis. Y los iraquíes evidentemente saben más acerca de la Resistencia que acerca de los candidatos. El propio periódico en Bagdad de Ayad Allawi, el jefe iraquí nombrado por Estados Unidos, asegura que menos de 10% de los adultos pueden identificar a los candidatos. Pero todo iraquí sabe de la Resistencia.
Irónicamente la ocupación norteamericana sirvió de partera a este movimiento que ahora ataca al falso proceso electoral. Los periodistas-prostitutas occidentales (esos insertados con los militares o autoprisioneros en los hoteles) reportan acerca de "insurgentes" que lanzan granadas a edificios con notas que advierten de que no hagan del edificio un colegio electoral; o que sacan a comisionados electorales de sus autos y les dan un tiro en la cabeza. El 18 de enero, un bombardero suicida atacó la sede en Bagdad del mayor partido político chií del país. Murieron tres personas. El 19 de enero los "insurgentes" asesinaron a tres candidatos, once días antes de las elecciones. El 20 de enero, combatientes de la Resistencia detonaron cuatro bombas en un plazo de 90 minutos matando al menos a 26 personas. Su mensaje: los colaboradores con la ocupación norteamericana morirán.
Bush distrae al público de estos hechos crueles. El 14 de enero Bush dijo a Barbara Walters de ABC que valió "absolutamente" la pena invadir Irak y derrocar a Saddam Hussein. Desestimó los hechos que invalidan sus razones originales para ir a la guerra: la ausencia definitiva de armas de destrucción masiva y el hecho de que Irak no estaba desafiando a la ONU ni apoyó a Al Qaeda ni a los atacantes del 11/9.
Lo vacío de la retórica política de Bush no altera los fríos hechos monetarios de esta guerra. Bryan Bender (Boston Globe, 14 de enero) dice que el Pentágono "planea pedir al Congreso hasta $100 mil millones en fondos suplementarios para pagar la guerra actual en Irak y Afganistán, lo que llevaría el total presupuestado hasta ahora más allá de los $200 mil millones de dólares. Pero oficiales militares dicen que los estimados de la administración no incluyen la inversión que será necesaria para reparar lo que ellos dicen que son unas fuerzas terrestres en vías de destrucción".
Bender citó al Representante Martin T. Meehan (demócrata por Maryland), miembro del Comité de los Servicios Armados: "Vamos a estar pagando por esta guerra durante años en el futuro", Cada mes, unos $5 mil millones se gastan en mantener la ocupación de Irak -sin contar los apenas iniciados esfuerzos reconstructivos. Los ingresos procedentes del petróleo iraquí significan menos de $150 millones.
Y es improbable que aumenten los ingresos por el petróleo. A mediados de enero, un comunicado de la Resistencia iraquí enviado a un video a los medios occidentales mostró a un hombre enmascarado que se dirigía al Presidente: "A George W. Bush le decimos: Usted pidió Que los traigan'. Y lo hemos hecho. Como nunca esperaron. ¿Tiene usted algún otro reto?" "Combatientes de la Resistencia iraquí sabotean el oleoducto" casi a diario, decía el mensaje. "Los haremos gastar tanto como lo que roben, si no más aún. Entorpeceremos y luego detendremos el flujo de nuestro petróleo robado, y así haremos inútiles sus planes".
¿Planes? El plan era invadir, apoderarse de los medios de producción de petróleo, entregar el gobierno a los designados -luego elegidos- lacayos que declararían su pasión por la economía de libre mercado; y luego marcharse (dejando unas cuantas bases en suelo iraquí). Ciertamente, los discursos acerca de las elecciones encubren el robo de los recursos. Bush ha declarado su principio: "democracia", el cual ha encontrado un terreno nada firme. Bush se parece a Groucho Marx, quien dijo: "Esos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros". Bush habló de "un Irak libre" mientras su Casa Blanca aprobaba la tortura y el Pentágono hablaba de formar escuadrones de la muerte. Algunas víctimas iraquíes aseguran que los norteamericanos superaron a los salvajes de Saddam Hussein. Un antiguo recluso de la prisión de Abu Ghraib dijo a un periodista alternativo que soldados norteamericanos le aplicaban regularmente electricidad en el ano, pero que no podían suministrarla a su casa.
Iraquíes menos afortunados mueren cuando bombas norteamericanas errantes caen sobre su hogar -como las arrojadas sobre una casa de Mosul el 9 de enero. El Pentágono dijo que 5 civiles murieron a consecuencia de ese error; los residentes aseguran que los muertos fueron siete niños y siete adultos. Un soldado dijo a un miembro del Congreso que su unidad recibía una granada de mortero cada día cuando salía de su base protegida. "No importa cuánto poder de fuego desplegáramos, ellos seguían disparando". Así que, naturalmente, los nerviosos soldados hacen fuego contra cualquier cosa que se mueva.
No es de extrañar que crezca la insurgencia. Es más, los titulares de los periódicos debían gritar: "¡GUERRA CIVIL EN IRAK!" La prensa se niega a identificar la diaria matanza de iraquíes como guerra civil.
Mientras los iraquíes sufren por la guerra de Bush, la elite de seguridad nacional de Israel y sus contrapartes neo conservadoras en Washington están de plácemes. A Israel no le cuesta nada. La destrucción de Irak dejó a Israel como la mayor potencia regional sin que le haya costado la vida a un solo soldado israelí.
¿Habrán estudiado los que toman las decisiones en Washington la historia iraquí antes de enviar a los soldados a la guerra allí? ¿Leyeron los informes de la CIA de que una invasión norteamericana probablemente causaría la guerra civil? Si la Asesora de Seguridad Nacional Rice o el Secretario de Defensa Rumsfeld hubieran consultado los libros de historia, hubieran sabido que desde el siglo 7 las facciones en contienda -la minoría sunní y la mayoría chií- han vivido alternativamente en coexistencia pacífica y asesina confrontación. Es más, otras minorías también han vivido precariamente en la región, especialmente los kurdos y los caldeos cristianos. Es fácil desestabilizar la frágil armonía de países como Irak -o como Líbano en los años 80.
Si se celebran las elecciones del 30 de enero y los chiíes ganan una mayoría, la Resistencia continuará. Es improbable que un dominio chií lleve a Irak a una democracia estilo occidental. Esperen algo parecido a una teocracia al estilo de Irán, en detrimento de las minorías religiosas y de los intereses de EEUU.
Los iraquíes nunca han exigido que Estados Unidos adopte el estilo político de ellos. Es más, la invasión, ocupación y elecciones se derivan de la estrategia imperial norteamericana, no de los deseos de los iraquíes.
En 1920, atraída por el descubrimiento de petróleo en la región, la Liga de las Naciones creó "estados-naciones" en el Medio Oriente. Para proteger sus monopolios petroleros, Francia e Inglaterra instauraron monarquías. Por tanto, como dice Edwin Black (Newsday, 12 de enero), "democracia" significa "ambiente estable para el petróleo".
Después de la mascarada electoral de enero, la Resistencia continuará entorpeciendo el flujo de petróleo y realizando atentados contra los líderes gubernamentales que sean elegidos. Bush no tendrá la opción de declarar la victoria y retirarse. Seguirá comprometiendo tropas norteamericanas para mantener el ficticio Irak que ha inventado, con la ayuda de los medios ovinos, o permitirá que el pueblo que vive en la Cuna de la Civilización de más de 6 000 años determine su propio destino. "Las elecciones no hacen una democracia", escribió Black, "las democracias hacen elecciones". ¿Cuánta más muerte y destrucción deberá ocurrir antes de que Bush reconozca el fracaso de su misión para "liberar a Irak"?
No aguanten la respiración. ¡Salgan a la calle!
Landau dirige los medios digitales en el Colegio de Letras, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Cal Poly Pomona y es miembro del Instituto de Estudios para Política. Su libro más reciente es El negocio de Estados Unidos: cómo los consumidores reemplazaron a los ciudadanos y de qué manera se puede invertir la tendencia.
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