Chile: ¿Gesto simbólico o paso a la verdad y la justicia?
De muy diversas maneras se ha interpretado en Chile el reconocimiento por el Ejército de ese país de su responsabilidad en los asesinatos, personas desaparecidas, torturas y otros abusos contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
"Paso histórico para la reconciliación", dicen algunos, "mea culpa sin precedentes", dicen otros que aplauden la reciente declaración publicada en el diario La Tercera por el comandante en jefe del Ejército, general Juan Emilio Cheyre, titulada "Ejército de Chile: Visión del futuro". Para las agrupaciones de familiares de presos, desaparecidos y torturados el reconocimiento de Cheyre no es más que "un gesto simbólico", pues lo que necesita Chile son hechos concretos, la verdad y que se haga justicia y no queden en la impunidad tantos crímenes y abusos cometidos. La Armada y la Fuerza Aérea de Chile, que también participaron en la masacre, no han hecho ningún pronunciamiento sobre la declaración de Cheyre.
Lo real es que hasta este momento ningún alto cargo de las Fuerzas Armadas chilenas había reconocido la responsabilidad de tal institución en el baño de sangre. Lo más que se escuchó y aisladamente fue que se trató de excesos cometidos por individualidades. Cheyre, sin embargo, ha dicho que "el Ejército tomó la dura, pero irreversible decisión de asumir las responsabilidades que como institución le caben en todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado"
Nadie sabe a estas alturas, a ciencia cierta, cuántos fueron los chilenos asesinados, desaparecidos o torturados por la dictadura de Pinochet. En un informe de 1991 de la Comisión Nacional Verdad y Reconciliación, se investigó la muerte y desaparición de tres mil chilenos y que hubo 10 000 torturados. Otros informes hacen ascender a 8 000 la cifra de muertos y desaparecidos. Previo a la declaración del general Cheyre, ha estado trabajando otra comisión nacional independiente, que debe entregar su informe en la presente semana al presidente Ricardo Lagos, y la cual ya ha anunciado que el número de víctimas de las violaciones de derechos humanos durante la dictadura de Pinochet asciende a 37 000.
Para algunos analistas de la situación chilena lo contundente del informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y/o Tortura ha sido determinante en el sorprendente "mea culpa" público del general Cheyre.
Es lógico que muchos se pregunten qué va a ocurrir después de tal reconocimiento y, de modo particular, al principal responsable de tantas víctimas chilenas, al general Augusto Pinochet. ¿Es acaso que terroristas criminales como él no debe someterse a las leyes y la justicia?
Por otra parte, ¿cuándo los oficiales del Ejército chileno reconocerán con sinceridad que esa institución y también la marina y la fuerza aérea actuaron de manera tan brutal, pisoteando la Constitución, en contubernio con los gobernantes imperialistas de Estados Unidos? Decir, como lo establece el general Cherey, que la participación del Ejército chileno en el sangriento golpe del 11 de Septiembre de 1973 y su actuación a lo largo de 17 años estuvo inspirada por "una óptica propia de la Guerra Fría" y que "el Ejército no pudo sustraerse a la vorágine inapelable de esa visión" no es suficiente y tampoco puede justificar en lo absoluto tantos atropellos y crímenes contra el pueblo chileno, que había decidido por sí mismo, en las urnas y dentro de las reglas de la democracia existente, quienes debían ser sus dirigentes políticos y cuál camino debían seguir para consolidar la independencia, la soberanía y la justicia social en Chile. Aquel 11 de septiembre no sólo se asesinó a Salvador Allende y a muchos de sus más leales compañeros sino se asestó un golpe tremendo a los muchos sueños y esperanzas de Chile. Y todo eso no tiene cura o que se pretenda su olvido solamente con "mea culpas" en blanco y negro. Necesita, además, hechos reales, concretos y transparentes.
Pienso que no puede haber un futuro digno para Chile y para los chilenos si no se hace justicia, si los culpables de tantos crímenes, de tantos abusos, de tantos muertos, desaparecidos y torturados no son llevados a los tribunales y respondan por la sangre derramada y por todo el daño hecho a la institucionalidad, a la independencia y soberanía de esa nación y a ese sufrido pueblo.
Reconciliación con impunidad para los verdugos y terroristas, no. Reconciliación con olvido o "borrón y cuenta nueva" sobre tantos atropellos y crímenes, no. Eso no ha funcionado ni funcionará jamás en la historia de ningún pueblo.


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