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Aquí están las grandes alamedas

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CARACAS.-"Va a ganar", pronosticaba una señora en la madrugada de este histórico 15 de agosto. Se lo decía el corazón, pero también la confianza que otorga la certeza de no volver atrás. Y desde hoy la historia le da la razón.

La revolución bolivariana ganó una batalla trascendental. Chávez proseguirá su mandato por la voluntad soberana de la mayoría del pueblo venezolano, aquel que no se dejó escamotear a su presidente cuando el golpe artero de abril del 2002. El mismo que luego aguantó, a pie firme, y derrotó contundentemente al paro.

Hasta bien entrada la noche se mantuvieron las filas de votantes, que desbordaron a las capacidades instaladas para el sufragio. No es extraño, muchos de los que pusieron su dedo en la máquina de votación ejercían el voto por primera vez, también estrenaban su cédula de identidad. La nueva democracia, no la formal y excluyente de copeyanos y adecos.

Es por ello la celebración es en Miraflores, frente al balcón del pueblo, donde el mandatario había citado de antemano a celebrar la victoria, que él califica de todo el pueblo, pues los espacios están abiertos a diversos sectores de la sociedad.

Pero no es casual que en muchos centros de votación  fueran rostros sencillos, mulatos, aindiados los primeros en las filas, luego extendidas por cientos de metros en todo el país.

Son los mismos que, enfrentando la represión, bajaron en avalancha de los cerros de Caracas para abortar el golpe fascista de abril y, en alianza con la  mayoritaria oficialidad constitucionalista y patriota, rescatar el proceso bolivariano.

Entonces se explica por qué en estos días de leyenda se menciona tanto a Salvador Allende y la experiencia pacífica y constitucional del Gobierno de la Unidad Popular, asesinada a plomo y sangre por la CIA y la junta pinochetista, con la oligarquía lacayuna como telón de fondo.

La misma receta se intentó aplicar en la tierra de Bolívar, a despecho del recurso constitucional del referendo revocatorio, un aporte de la Constitución bolivariana que sienta cátedra en América Latina, donde tantos presidentes gobiernan con altos índices de impopularidad.

Pero la derecha se lanzó, con el aliento y el contubernio de Washington, a la ensayada fórmula de la subversión, apostando a los resultados del golpe de Estado en Chile y la guerra sucia en Nicaragua, mientras los medios de comunicación privados envenenaban el éter y las páginas impresas y digitales, cual el principal partido de la oposición.

Inédita victoria contra la manipulación, que confirmó aquello de que la mentira tiene piernas cortas. Sobre todo cuando la conciencia popular se abre espacios en la medida en que retroceden el analfabetismo y la exclusión a la que estaban condenados millones de ciudadanos del quinto país exportador de petróleo y con una de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta.

"No nos van a quitar las misiones, esas son del pueblo", es un reclamo repetido de boca en boca durante la campaña y ya es una realidad. Son, entre otras, las Robinson, Sucre, Rivas, Vuelvan Caras, Barrio Adentro, que han penetrado en los cinturones de la pobreza en toda la vasta geografía venezolana.

Me lo confirmaba en Pro Patria, populoso suburbio caraqueño, un negro anciano quien con más de 80 años conseguía su primer par de espejuelos y, eufórico, dejaba de recuerdo el bastón a la joven optometrista.

Es sólo una de tantas anécdotas humanas que se van haciendo cotidianas y le dan raigambre y esencia a esta revolución alegre y victoriosa. Así se expresa ahora a mi alrededor, sin rencor, dando rienda al futuro.

Son las primeras horas de la madrugada del 16 de agosto. Desde los cerros y barrios caraqueños suenan los cohetones o petardos. La avenida Urdaneta está colmada de gente, eufórica. Allá, en el balcón, Chávez  habla a la multitud e imagino que debe haber repetido para sí aquella frase tan venezolana que dijo a su hermano, Adán, aquella madrugada del 14 de abril del 2002: "que vaina más buena hermano, este si es un pueblo arrecho".

Ocurrió aquí mismo en el Palacio de Miraflores, donde los fuegos artificiales alumbran esta histórica madrugada caraqueña e iluminan las grandes alamedas, anunciadas en la Moneda y hoy hechas realidad.

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Noelio Tiuna

Noelio Tiuna

Periodista venzolano, colaborador de Cubadebate.