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¿El candidato?

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La búsqueda apresurada de un líder opositor que enfrentar a Hugo Chávez en Venezuela, parece seguir el modelo mediático que dio a luz al opositor de Lula en el Brasil de los 90

henrique-capriles-radonski-fototvDe forma agresiva y sostenida, la imagen de un hombre joven y atractivo acapara hace varias semanas las primeras planas y  los titulares informativos de algunos de los principales medios de Venezuela, en particular  Globovisión, El Nacional y El Universal, los tres  llamados a "diseñar y diseminar" la estrategia contra la V República, elaborada en Washington entre septiembre del 2002 y noviembre del 2003 y recién presentada en su versión criolla como Plan Consenso País. El favorito de la prensa más agresiva del mundo es Henrique Capriles Radonsky,  alcalde de Baruta y aparente "líder nuevo" de una "oposición nueva".

Desde la DISIP -donde está preso hace un par de meses bajo cargos de complicidad en el asedio a la embajada de Cuba durante el golpe de abril de 2002,  aunque aun no ha sido juzgado ni condenado-  Capriles concede largas entrevistas, en las que  toma distancia de lo que llama el viejo liderazgo y descalifica el superpromocionado Consenso País por ser "el resultado de la reunión de cinco burócratas".Y aunque niega tener aspiraciones (políticas), porque su objetivo inmediato es "salir de prisión", se declara "antítesis" de la corrupción -el fantasma que persigue a los gobiernos- y habla del futuro opositor en términos lapidarios, aceptando que es de los jóvenes, pero no de un hombre: "hay que presentar un equipo formado por los mejores".

En la televisión más  furiosamente antichavista,  Capriles es el centro de los dominantes spots de publicidad política contra el gobierno y el protagonista preferido de los espacios estelares de los informativos. En ellos se le puede ver lo mismo jugando básquet que hablando de amor o de política. Todo un héroe de película que soporta los rigores del encierro a base de ejercicios que lo mantienen en  forma y tiene una  novia tan hermosa que puede imponer modas y merecer portadas de revistas.

Adicionalmente,  la defensa pública del joven alcalde la asume fundamentalmente su madre, prueba de que los estrategas de esta promoción mediática conocen la influencia que tiene en el activo sector femenino venezolano la forma física y el carisma de los líderes masculinos y en particular de Chávez, objetivo principal contra el que se pretende lanzar el nuevo producto comunicacional.

La vida y azares de Capriles  transcurre como una telenovela de la vida real en los tiempos de la televisión íntima del Gran Hermano. Disparo directo al corazón de un país que hace más de 50 años escapa con culebrones de  sus angustias cotidianas.

Aunque manejada hábilmente, la táctica no es original. Con el alcalde de Baruta, se trata de repetir la fórmula de O'Globo  hace 14 años. Entonces la televisora brasileña, gemela de Globovisión,  convirtió al multimillonario Color de Mello en el candidato para enfrentar al líder popular (Lula) que amenazaba con llegar a la presidencia.  Si bien el presidente mediático cayó espectacularmente como el peor de los villanos de telenovela, la maniobra resultó un éxito: Lula demoró varios años en conquistar el gobierno y cuando llegó, ya no era el  de la primera vez.

Pero hay  señas adicionales en la caracterización de este Collor venezolano.

El hecho de que esté preso vaya a ser juzgado por su complicidad con las acciones contra la embajada cubana en Caracas, ofrece a los fabricantes del  "líder" una oportunidad única para cazar dos pájaros de un solo disparo. La manipulación informativa es grosera, pero no hay reparo en un ejercicio en el que son maestros: de las imágenes del asedio a la embajada se han extraído los fragmentos precisos para que Capriles aparezca ante la opinión pública como un "noble mediador" entre "los operadores de Castro" y los "enardecidos venezolanos", en cuñas publicitarias que se trasmiten con más frecuencia que las que convocan a votar por el Sí en el revocatorio presidencial.

Como en las horas cruciales de la derrota del golpe, otra vez se les está escondiendo a los venezolanos la esencia de los hechos. No se les deja ver la evidente complicidad del alcalde Baruta con los golpistas y con los violentos. Desde la incitación pública contra la sede al lanzar la infamia de que se estaban sacando armas de allí, pasando por la insistencia personal para revisar la embajada en busca de líderes chavistas (casualmente lo mismo que pedían los violentos revanchistas afuera) hasta su declaración al salir del local, de que no podía garantizar que no estuvieran escondidos ahí los dirigentes del gobierno.

Dos años después, la historia se ha  montado al revés y el caso se sobredimensiona para mostrar "la crisis del Estado de Derecho en Venezuela", centrando el foco en el alcalde símbolo de los "presos políticos del régimen". Y mientras se acusa al gobierno de interferir en el sistema judicial, ocurre exactamente lo contrario: los medios asumen los roles simultáneos de fiscales y jueces que emplazan al ministerio público a aceptar como pruebas los videos manipulados y testimonios sacados de contexto, en un virtual juicio paralelo, contado por capítulos en los espacios estelares de la tele.

Después de más de 60 días en prisión, Capriles solo parece haber tenido tiempo y razones para leerse (y no completo) el libro de un desmoralizado contrarrevolucionario cubano radicado en Miami, algo que ningún político serio citaría jamás. Pero cuenta con otros aderezos que fascinan a la clase media alta y que encantarían a un productor de cine norteamericano. Dice que sus  antepasados padecieron  Auschwitz y  el ghetto de Varsovia, y él mismo, ahora mismo, agradece la oportunidad de "ver la luz" a la gestión del expresidente Jimmy Carter. El escenario, pues,  se ha completado.

Si no es ahora, cuando Chávez lleva claramente las de ganar, Capriles podría ser el candidato perfecto para las próximas elecciones. Nadie podrá olvidar el expediente construido en estos días de enfrentamiento político intenso y ya oiremos hablar de los "méritos" que hizo en estas "arduas horas". En definitiva, la cárcel  siempre había sido el destino de los malandros, jamás de un niño bien.

Solo falta un detalle: los arquitectos de este ejemplar mediático no han tomado en cuenta las abismales distancias entre un líder  como Hugo Chávez, auténtico, de carne, hueso y alma, salido del  corazón del mismo pueblo al que pretenden engañar, vendiéndoles de contrabando a un líder falso, y este Henrique Capriles Radonsky,  mimado de la oligarquía, cuya historia empieza y termina en los medios. Si no se aprendió bien la lección del contragolpe del 13 de abril del 2002, habrá que recordarlo:  la mayoría de los venezolanos debe haber aprendido ya a hacer la distinción entre lo que es y lo que parece ser.

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Isabela Rodríguez

Isabela Rodríguez

Periodista venezolana, colaboradora de Cubadebate.

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