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Kennedy: ¿doble carril hacia Cuba?

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La existencia de una cinta de audio que prueba la disposición del asesinado presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, a iniciar un diálogo con Cuba, aporta luz a un tema conocido, pero no logra llenar todos los vacíos del asunto.

La grabación fue hecha el 5 de noviembre de 1963, 17 días antes del magnicidio en Dallas, y recoge una conversación en el despacho oval entre el mandatario y George McBundy, jefe del Consejo Nacional de Seguridad, según difundió recientemente el canal televisivo Discovery.

Según el grupo de estudios National Security Archive (NSA), especializado en la obtención y análisis de documentos desclasificados por el gobierno estadounidense, en aquel encuentro Kennedy aprobó el viaje secreto a Cuba de su embajador alterno ante las Naciones Unidas, William Attwood.

Siete meses antes, Gordon Chase, especialista en asuntos latinoamericanos del Consejo Nacional de Seguridad, había elevado a McBundy un memorando en el cual recomendaba un cambio en la política de Washington hacia Cuba.

Discovery recuerda que la recomendación de Chase tenía lugar apenas unos meses después de la llamada Crisis de Octubre, la cual puso al mundo al borde de un enfrentamiento nuclear.

Pero tales revelaciones, salvo la existencia de la cinta, no aportan nada nuevo, como tampoco desmienten la política agresiva mantenida por la administración Kennedy contra la joven Revolución cubana.

La Habana ha sido escenario de varias reuniones sobre los acontecimientos que condujeron a la denominada crisis de los misiles, y en tales citas han participado muchos de los principales protagonistas, incluído el entonces secretario de Defensa, Robert McNamara.

También en la capital cubana se editó hace ya varios años el libro "En el ojo de la tormenta", de Carlos Lechuga, entonces embajador de Cuba ante las Naciones Unidas, quien adelanta buena parte de las aseveraciones del citado material del Discovery.

Lechuga fue contactado por William Attwood, embajador alterno de Estados Unidos ante la ONU, a la postre designado por Kennedy para entrevistarse con altas autoridades de la isla.

La cinta, según el NSA, evidencia que el presidente estadounidense estaba muy preocupado por una eventual filtración de las tratativas, e incluso propuso sacar a Attwood de la plantilla gubernamental a fin de poder desmentir cualquier acusación sobre un cambio de política hacia Cuba.

Ello podría estar en sintonía con el doble carril por el cual transitaba su gobierno, que había heredado una serie de planes desestabilizadores contra el proceso revolucionario liderado por Fidel Castro.

Fue su administración la que finalmente dio luz verde a la invasión por Bahía de Cochinos, financiada, armada y entrenada por Estados Unidos. Cuando aquella agresión mercenaria fue derrotada en apenas 72 horas, el jefe de la Casa Blanca se abstuvo de ordenar la entrada en acción de las tropas y medios del Pentágono.

Sin embargo, también bajo su mandato se desarrolló el plan Mangosta, puesto a punto por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para articular a grupos contrarrevolucionarios con el fin de desarrollar acciones terroristas y de desestabilización dentro de la isla.

Por aquella época, la CIA fraguaba intentos de asesinar a Fidel Castro y a otros dirigentes revolucionarios. La Agencia, afirma, tuvo autorización del más alto nivel para tales planes criminales.

Fue la rúbrica de John F. Kennedy la que formalizó la política de bloqueo contra Cuba, endurecida luego por sucesivas administraciones y mantenida hoy en su punto más álgido.

Peter Kornbluh, analista del NSA, opina que la cinta desclasificada "muestra que toda la historia de las relaciones Estados Unidos-Cuba podría haber sido muy diferente si Kennedy no hubiese sido asesinado".

La hipótesis otorga incluso más materia a quienes no descartan la participación de la contrarrevolución de origen cubano en el complot para eliminar físicamente al mandatario estadounidense.

De hecho, sus representantes estuvieron involucrados directamente en el escándalo Watergate, en el Iran-contras e incluso en una ola de atentados contra instalaciones turísticas en Cuba a fines de los años 90.

Además, las organizaciones contrarrevolucionarias anticubanas tienen un amplio expediente criminal no solo contra la Isla, sino también en los propios Estados Unidos y otros países.

La conclusión de Kornbluh no debe ser descartada. Sin embargo, habría que ver los términos bajo los cuales el presidente Kennedy estaba dispuesto a conversar con la dirigencia cubana.

Basta recordar los condicionamientos de todo tipo, y las presiones unilaterales y de fuerza, incluído el bloqueo, con los que 10 administraciones estadounidenses han pretendido doblegar a Cuba

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Orlando Oramas León

Orlando Oramas León

Periodista cubano, subdirector del diario Granma.

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