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Ante la libertad de mentir y matar

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  Ernesto Vera, destacado periodista cubano  

Algunas reflexiones sobre el poder mediático y su complicidad
con el crimen

 La falsa  libertad de prensa de los grandes empresarios transnacionales y nacionales vive hoy la gran crisis de la doble censura, la propia y la imperial, sin el menor respeto por los destinatarios de sus mensajes mentirosos y perversos.

 Este momento histórico actualiza como nunca la necesidad de obtener los objetivos del movimiento del Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación (NOIIC) que fuera aprobado en la ONU y en la UNESCO y después engavetado en esos foros  por las presiones de los países poderosos, especialmente Estados Unidos e Inglaterra, además de las traiciones de los que en Europa se decían socialistas.

 Han sido las guerras y sus consecuencias las que han contribuido con más fuerza en imponer la desinformación, tanto en esos conflictos armados como en la cotidianidad no bélica. En ese aspecto, los nazis de hoy fueron los maestros de los nazis de ayer.
 La verdad histórica es que Hitler y Goebbels copiaron la propaganda de guerra de los ingleses y norteamericanos en la Primera Guerra Mundial. El primero consideró que la razón principal de que Alemania perdiera la guerra de 1914 había sido porque  fue vencida en ese campo.

También surgió del Comité de Información Pública estadounidense o Comisión Creel, la monstruosa y perversa industria de relaciones públicas, destinada al control de las mentes, sobre todo por la experiencia de algunos de sus integrantes, como Edward Bernays. El libro titulado Propaganda, de Bernays, ha sido la biblia de esa industria, donde la publicidad comercial, las relaciones públicas y el periodismo se mezclan con objetivos a la orden del cliente y mediante las tarifas correspondientes.

 El origen turbio que cambió el sentido de la palabra propaganda - repetir mentiras hasta hacerlas verdades - también practicado por Goebbels tiene historia parecida a la refundación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuando en 1950 en Nueva York, sufrió el golpe de la CIA y se convirtió en instrumento de lo   más poderoso y peor de la prensa, después de desplazar a las pocas voces discrepantes afiliadas desde 1943, cuando fue fundada en La Habana.

 Toda esa historia se enlaza con el Libre Flujo de la Información proclamado por Estados Unidos en 1946, después de convertirse en el verdadero y único beneficiario de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces los grandes medios de prensa, surgidos de la magia de un concepto de libertad que está por encima de sociedades, naciones, gobiernos, parlamentos, tribunales, leyes nacionales e internacionales y principios éticos, tienen la potestad de pretender reglamentar las mentes impunemente como se hace en los ejércitos bajo el mando imperial. Sin poder mediático no hay poder militar de agresión, aunque se usen las armas más poderosas. Sin esa complicidad los asesinos no dejarían de serlo y mucho menos alcanzarían la condición de héroes como observamos que se pretende hoy.

 La libertad de prensa, derivada del derecho individual de la libertad de expresión, adquiere un valor nuevo en la época de los medios masivos y alcanza la categoría de derecho colectivo, de derecho de la sociedad a exigir y participar en la difusión de una información veraz. De esa manera, la relación impuesta de los medios masivos con el individuo, deforma la única relación justa, que es la de la  sociedad con los medios. ¿Dónde radica el derecho a una información veraz, que no sea en la sociedad? ¿Por qué se ha negado a la sociedad ese derecho y se lo han arrogado los medios, que además lo han negado a través de la SIP, al declarar que agregarle el contenido de veracidad a la información es un atentado a la libertad de prensa? De esa ilegítima libertad sin responsabilidad nace el derecho a mentir legalmente y del poder financiero surge la única posibilidad de realizarlo masivamente, mediante el secuestro admitido de una libertad de prensa que no se alcanzó con capitales, sino con la sangre de los combatientes de los pueblos que lucharon por la independencia de nuestras naciones, lo que permitió la existencia de Constituciones que la consagran.

Se trata del ejercicio de la libertad de mentir en forma organizada y estratégica para tratar de preservar el dominio vigente mediante la promoción de la ignorancia y la práctica del engaño. De esa libertad formal y tiranía real se nutre la ilusión de la prensa como Cuarto Poder, donde sólo hay uno que los controla a todos mediante el poder económico, político y militar del imperialismo y sus lacayos locales.  El número de poderes y el orden que tengan -alguno ha dicho que el poder mediático ha desplazado al poder político- es secundario. Lo importante es conocer quienes son los que están detrás de cada uno. En este teatro de títeres pueden ser denunciados hasta algunos políticos y gobernantes corruptos, pero nada se dice de los grupos económicos, de los grandes empresarios que son los poderes reales de la sociedad dominante y los que ordenan los anuncios comerciales principales a los medios.

Si alguien dudara el maridaje de los poderes mediático y militar, puede comprobarlo con lujo de detalles hoy. Nunca como en nuestros días ha sido más palpable el dominio imperial al entrar en su etapa nazi fascista, ni se había expresado en forma tan ofensiva su propaganda. Esta, que pretendía seducir -como alguien la ha calificado-  ha dado lugar a la del terror, la amenaza y la agresión militar, para tratar de gobernar mediante el miedo.

La capacidad inteligente del ser humano trata de ser cambiada por la actitud de obediencia cortesana que le permita sobrevivir en la esclavitud mental que se trata de imponer. Antes la mentira imperaba con todo su derecho, pero las guerras requerían de aprobación. Ahora las guerras de agresión pretenden ser tan libres como la mentira mediática. El mal ejemplo de los medios dominantes le abrió el camino al crimen militarizado y es la principal base de apoyo conque cuenta. La perversidad y la infamia no tienen imágenes más parecidas.
Igual que en 1950, la SIP pretende representar también los intereses de los periodistas de fila e incorporarlos al modo de pensar de los grandes propietarios. Su Declaración de Chapultepec en 1994 reitera esa actitud en la medida que niega el carácter profesional de la función periodística, al condenar la colegiación obligatoria.

Ese documento niega el derecho de la sociedad a exigir la información veraz y se opone a toda ley o reglamentación social orientada a defender la salud mental de los que reciben un mensaje cada vez más enajenante por parte de los grandes medios.

Esta nueva biblia del poder mediático desconoce  todos los Principios internacionales de ética profesional en el periodismo,  aprobados en 1983 por todas las organizaciones de periodistas en el marco de la UNESCO. Sus títulos claros no necesitan de argumentación:
El Derecho del pueblo a una información verídica, La Consagración del periodista a la realidad objetiva, La Responsabilidad social del periodista, La Integridad profesional del periodista, El Acceso y participación del público, El Respeto de la vida privada y de la dignidad humana, El Respeto del interés público, El Respeto a los valores universales y la diversidad de culturas, La Eliminación de la guerra y otros males que enfrenta la humanidad y La Promoción de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación.

Todos esos principios, absolutamente todos, son violados por el imperio de la mentira. Defenderlos bastaría para desenmascarar a los que más repiten y más mal uso hacen de la palabra libertad.

Dictaduras militares o democracias tuteladas, los dos regímenes preferidos y auspiciados por Estados Unidos, según la época, son diseñados con la misma política de desinformación, las  primeras con carácter temporal y las otras de forma permanente. El doble rasero  imperialista es integral, como expresión de un pragmatismo sin valores éticos en todos los aspectos. No se les puede confiar " ni tantito así" como afirmara Ernesto Che Guevara.

El día de la libertad de prensa y todos los días deben convertirse en jornadas permanentes de reivindicación del derecho a vivir con  dignidad, sin miedo a la barbarie que pretende imponerse en todo el mundo. Los periodistas deben ser abanderados de los pueblos en la lucha por la libertad de prensa verdadera, la que es leal con las causas justas y se opone al dominio nazi fascista que Estados Unidos trata de implantar. Estar en uno u otro bando determinará la dignidad profesional o la complicidad con el crimen. El valor de la libertad adquiere su calificación ética en la medida que se orienta a la búsqueda de la verdad y a la realización de la justicia.

Nuestros profesionales, con más de seiscientos mártires en la región latinoamericana, sabrán ser fieles a la raíz libertadora de la prensa independentista.

Los periodistas cubanos tenemos el privilegio no sólo de defender a la Patria y a la Revolución, sino  adquirimos también la posibilidad de ser solidarios con todo accionar que honre los sagrados valores de la humanidad, premisa de la libertad legítima.

Periodismo libre en patrias libres, bandera de combate de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), adquiere hoy su vigencia más contundente. Estoy seguro que será honrada cada día más en la nueva liberación que José Martí proclamó hace más de un siglo.

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Ernesto Vera

Ernesto Vera

Periodista cubano. Presidente de honor de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).