Beethoven, un referente para Cuba

Beethoven con el manuscrito de la Missa Solemnis. Obra del pintor Joseph Karl Stieler (1820)
El alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827) es considerado por la mayoría de los especialistas y el público en general como uno de los músicos más importantes de la historia; reconocido sobre todo por sus nueve sinfonías, sus conciertos y sonatas para piano, así como sus composiciones de cuartetos de cuerdas.
Destacó por ser un innovador en las estructuras musicales, la armonía, el contrapunto, por la originalidad de sus obras y el enfoque de las expresiones emocionales. Todo ello le valió un lugar cimero en la historia de la música, y desde finales del siglo XVIII es uno de los compositores más influyentes del mundo.
Beethoven y Cuba
La música del genio alemán no se quedó en los círculos intelectuales de Europa, se extendió por el resto del mundo y llegó a nuestro país.
Según las fuentes de las que dispone este autor, la referencia más antigua que se tiene de la interpretación de una pieza de Beethoven en Cuba es del año 1866, cuando se crea en La Habana la Sociedad de Música Clásica.
En su concierto inaugural apostaron por romper la tradicional interpretación de música italiana y apostaron por un repertorio variado que incluyó piezas de Arthur Rubistein, Joseph Haydn –con arreglos del músico cubano Nicolás Ruiz Espadero- y hasta el Ave María de Franz Schubert. Entre las obras de ese día destacó la Séptima Sinfonía de Beethoven con adaptación para pequeña orquesta.
Más allá de las fechas, los cierto es que el músico alemán fue ganando popularidad en nuestro país y sus melodías se hicieron cada vez más habituales a los oídos de los cubanos.
En 1872, el músico santiaguero Rafael Salcedo (1844-1917) fundó en la indómita ciudad la Sociedad Beethoven, con el objetivo de promover la obra de dicho compositor y desarrollar el talento artístico en la región oriental.
Salcedo tuvo una intensa participación en la vida cultural santiaguera y se empeñó en dotar a la ciudad de una orquesta. Sus esfuerzos rindieron frutos y para inicios de la década de 1880 ya se había creado la Sociedad de Música de Cámara, la cual realizó en 1888 y con gran éxito un concierto dedicado a Beethoven.

La Sociedad de Música Clásica en 1884. En el piano el destacado músico Hubert de Blanck.
Desde finales del siglo XIX importantes músicos cubanos incorporaron a sus repertorios obras del genio alemán. Para inicios del siglo XX estas recibirían un nuevo impulso con la creación de diversas orquestas sinfónicas, en especial la Banda Municipal de La Habana, una de las mejores del continente en las primeras décadas de la centuria.
Importantes músicos cubanos como Ignacio Cervantes, José White, Ernesto Lecuona, Adolfo Guzmán o Frank Fernández han interpretado obras de Ludwig van Beethoven. Desde la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional en 1959 múltiples han sido las ocasiones en las que ha interpretado sus piezas y en más de una ocasión se han organizado ciclos de conciertos.
El 16 de diciembre de 2021 el Ballet Nacional de Cuba se sumó a los festejos por el natalicio del alemán y estrenó una obra danzaria inspirada en la Séptima Sinfonía.
José Martí, admirador de la música de Beethoven
Nuestro Héroe Nacional fue un gran amante de la música, lo cual dejó patente en varias de sus crónicas. Gustaba en especial de la obra de Beethoven. Varias investigaciones del Centro de Estudios Martianos nos dan pistas sobre el tema.
La primera referencia la hallamos en su crónica White publicada en la Revista Universal de Política, Literatura y Comercio de México el 4 de junio de 1875. En la ocasión escucha una “Sonata en Do menor” interpretada por el cubano José White y el puertorriqueño Gonzalo Núñez.
Siete años después se encuentra residiendo en Nueva York y publica para varios medios de Latinoamérica. El 23 de mayo de 1882 informa en el diario La Opinión Nacional de Caracas sobre una semana de música en esa ciudad en la cual una orquesta interpretó una misa para la cual tuvo palabras muy elogiosas.
Se oyó la misa de Beethoven místico, que no cede en belleza a la Pasión de San Mateo de Bach arrebatado.
En noviembre de 1884 concluye el cuento Irma –compilado por primera vez en la Edición Crítica de las Obras Completas– en la cual la protagonista estudiaba música. Martí aprovecha el tema para ambientar el viaje de Irma a Alemania y describir cómo los discípulos del conservatorio de música habían dispersado por el mundo la obra de Beethoven.
Es en La Edad de Oro donde Martí le dedica más palabras al describir para los niños elementos biográficos del músico.
El padre de Beethoven quería hacer de él una maravilla y le enseñó a fuerza de porrazos y penitencia tanta música, que a los trece años el niño tocaba en público y había compuesto tres sonatas. Pero hasta los veintiuno no empezó a producir sus obras sublimes.
No cabe dudas de que José Martí fue un gran amante de la música y en especial disfrutaba de la obra de Beethoven. Sus crónicas sobre esta expresión artística delatan que estamos en presencia de un hombre conocedor de ella y con una elevada sensibilidad para su apreciación.
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