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Impactante discurso de Francisco en el Congreso de EEUU: “Es mi deber construir puentes” (+ Fotos y Video)

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El Papa Francisco se dirige al Congreso en el Capitolio en Washington. Foto: AP/Carolyn Kaster

El Papa Francisco se dirige al Congreso en el Capitolio en Washington. Foto: AP/Carolyn Kaster

Señor Vicepresidente,

Señor Presidente,

Distinguidos Miembros del Congreso, Queridos amigos:

Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.

Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.

Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada rostro.

En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco– conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.

Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.

Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.

Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos.

Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.

Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.

El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.

Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» (Declaración de Independencia, 4 julio 1776). Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.

En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes.

Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los «vecinos», a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.

Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).

Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.

Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.

¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.

No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. «La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para «entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común» (ibíd., 3). «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos» (ibíd., 14).

En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (ibíd., 139). La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar «nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder» (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.

Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas».

Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.

En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).

Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.

Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios. Cuatro representantes del pueblo norteamericano.

Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.

De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.
Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América.

El Vocero del Congreso John Boehner, de Ohio, en el encuentro con el Papa Francisco en el Capitolio. Foto: Bill Clark/Roll Call/ via AP, Pool

El Vocero del Congreso John Boehner, de Ohio, en el encuentro con el Papa Francisco en el Capitolio. Foto: Bill Clark/Roll Call/ via AP, Pool

El Papa habla ante el Congreso. Foto: Evan Vucci/ AP

El Papa habla ante el Congreso. Foto: Evan Vucci/ AP

El Papa habla ante el Congreso. Foto: AP Photo/Susan Walsh

El Papa habla ante el Congreso. Foto: AP Photo/Susan Walsh

El Papa habla ante el Congreso. Foto: Pablo Martinez Monsivais

El Papa habla ante el Congreso. Foto: Pablo Martinez Monsivais/ AP

Se han publicado 105 comentarios



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  • Veguero dijo:

    Tremendo discurso y que velocidad de Cubadebate en publicarlo, es muy probable que sea el mejor discurso que se ha pronunciado por siempre en este espacio. No mencionó a Cuba directamente pero sin dudas alabó nuestro proceso común con EEUU y nuestro papel en el logro futuro y seguro de la paz en Colombia.
    Papa Francisco, te queremos por siempre.

    • pedro luis dijo:

      ok

  • Katy dijo:

    Excelente el discurso, gracias Francisco…

    • RICARDO PEREIRA dijo:

      eres katy la de polvenir en 10/10

  • Williamsw dijo:

    Simple y llanamente magistral, ojalá sus palabras sean aceptadas y llevadas a la práctica por ese Congreso.

    • Jose R Oro dijo:

      Completamente de acuerdo con usted. Ademas, creo que hay que ver la composicion misma del Congreso de los EE.UU. de manera dinamica. El Congreso de los EE.UU. a que el Papa Francisco se dirigió hoy es muy diferente a los Congresos del pasado que eran eminentemente formados por políticos llamados WASP (iniciales en Inglés de Blanco, Anglosajón y Protestante). Ahora 138 representantes y 26 senadores son católicos para un 31% del Congreso de los EE.UU., lo que constituye una cifra alta, si tomamos en cuenta que solo el 22% de la población adulta de los EE.UU. pertenece a esa confesión. Los dos líderes de los representantes y de los senadores son católicos como lo es también el Vicepresidente Joseph R. Biden Jr. (quien es constitucionalmente el presidente del Senado). Ni de lejos todos los católicos en el Congreso son progresistas (pero muchos si lo son) ni siguen los pensamientos del Pontífice Francisco, pero la influencia hoy es mucho más alta que en el pasado.

  • Henry dijo:

    Un discurso muy inteligente, sin mencionar palabras claves se refirió a los inmigrantes, a los que se oponen a las relaciones con Cuba, a la eliminación de las armas, al medio ambiente, etc…. Ojala y sus palabras hayan calado en el corazón de los congresistas.

    • Ernesto dijo:

      Ojalá Henry, ojalá…..y no la canción de Silvio, sino OJALÁ! El problema es que San Money para ellos es muy fuerte. Sobre todo aquellos que se hacen llamar “Ultraconservadores” que se autodenominan así, pero al final no es tanto Conservasionismo, sino todo el chorro de dinero que les entra. Total, yo me pregunto ¿si la Tierra o la Humanidad desaparecen, donde co…es usará todo ese dinero? jajajajaja….Ni en Martes, ni en el Edén ni en el Infierno. Saludos

  • Ernesto dijo:

    Muy buen discurso, que auqnue ya él había dicho que no mencionaría directamente a Cuba, si que lo hizo muy bien con verbos claros y precisos, sobre el proceso de restablecimiento entre Cuba-EEUU, y enhorabuena las palabras del Santo Padre.Saludos!!

  • Alejandro dijo:

    ! Felicidades PAPA !

  • BP dijo:

    Espectacular discurso

  • Dariel Verdecia dijo:

    De verdad que me he quedado sin palabras, cuanta sabiduría hay en este señor de Dios, me atrevería a decir que es el Papa más de pueblo que haya existido, donde dice verdades tan claras sin tener que acudir a terminologías muy católicas. Dios guarde para siempre a este señor que ha venido abrir las mentes que no creen que un mundo mejor es posible.

  • Asela dijo:

    Es historico este discurso del Papa Francisco, sepamos leer entre lineas, dijo a los Congresistas norteamericanos y al pueblo norteamericano con sabias palabras lo que debian saber, quizas muchos no lo quieran oir o lo hayan oido sin entender, pero se que tambien hubo muchos que si entendieron, pero a buen entendedor pocas palabras, valientes palabras, me complace saber que su discurso fue aplaudido varias veces, es signo de interpretacion e interiorizacion, !larga vida a Francisco, oremos por el todos los dias!, saludos

  • Tláloc dijo:

    ¡Tremendo discurso! Este papa cada vez me gusta más. Ninguno de los que le antecedieron habló como él ni demostró tanta sensibilidad ante los problemas de los humildes, de los más vulnerables y de la madre tierra. Ninguno como él realizó por la paz las acciones concretas que lo han venido caracterizando; ni siquiera Juan Pablo II, que se conoció como El Mensajero de la Paz. ¡Larga vida al papa Francisco!

    • LBG dijo:

      Me parece que ninguno de los anteriores venía de Nuestra América.. el Papa sabe bien de lo que está hablando.

  • cadillac dijo:

    TREMENDO DISCURSO !!! hablo las cosas como son y deben de ser. !!!!!!
    impresionante las fotos del Congreso.

  • Darío dijo:

    Valiente el Papa Francisco, llamando de forma precisa cada cosa por su nombre ante ese auditorio que representa tantos intereses dispares y creo que muy poco populares

  • Jose R Oro dijo:

    Extraordinario discurso del Papa Francisco ante el Congreso de los EE.UU. Si alguien trató de boicotearlo, fracasó de la forma más calamitosa. ¡Tremendo éxito! solo comento unos pocos puntos, por el alcance universal de la alocución.
    El Santo Padre dijo “El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos” Muy directo diciendo que hay que corregir las injusticias, que hay que promover el bien común. También se refirió a la pena de muerte, ‘En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte”. Personalmente creo que hay criminales que merecen la pena capital, pero el concepto va más allá de la justicia a nivel individual, sino de la justicia a nivel de toda la humanidad. Asimismo el Pontífice se refirió al absurdo de que los EE.UU. haya 43 millones de armas en la calle y en general a las ventas de armas y carreras armamentista en el mundo entero, al decir; “Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas”
    Pienso que se refirió de manera sólida a la mejoría de las relaciones entre Cuba y los EE.UU. y a la necesidad de poner fin al cruel y obsoleto embargo, cuando dijo: “En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático”, entiendo que es una abierta sugerencia a los congresistas a abolir en absurdo y criminal embargo contra Cuba. ¡Grandioso discurso del Papa Francisco, quizás el más importante en décadas en el Congreso de los EE.UU.! Mucho material para pensar, el “servicio no es a las ideologias, sino a las personas”, en el centro del progreso de la humanidad en general y de la amada Cuba en particular.

    • Tole dijo:

      Jose R Oro dice usted que apoya la pena de muerte, esta en su derecho a tener su opinion. Yo particularmente tengo una opinion moderada al respecto. Sin embargo creo que aqui no se ha entendido a cabalidad la esencia del discurso. La fe cristiana es sobre la salvacion de las almas, no sobre la justicia de los hombres. Por eso no se debe negar la salvacion, a nadie, no se le debe negar su derecho inalienable a la vida. Y solo dios juzgara quie en es justo y quien no.
      No se trata de “Decir Verdades” ni de castigar a los que han hecho algo malo, pues nadie sobre la faz de la tierra esta libre de pecado, ni es totalmente justo. No se trata de hacer justicia al modo de “Ojo por ojo”, pues de esa manera se quedaria ciego el mundo.
      Se trata de difundir la enseñansa de Dios y de Cristo, de fomentar la paz, el perdon verdadero, el amor al projimo. De acercar el corazon del hombre a la justicia, a la misericordia, a la libertad. De amarnos en lugar de pelearnos, de ser mas comprensivos los unos con los otros, etc, etc. Estos son, en mi opinion, las principales enseñanzas. Que trascienden la situacion particular de este momento.

      Quiero resaltar ademas, que los temas que toco no son solamente competencia de los estados unidos. Trata temas relacionados con fundamentalismo religioso e idiologico y de la violencia cometida en su nombre. De lo cual, tristemente, no somos agenos. Otro tema ademas muy recurrente, es el del derecho a la libertad PLENA, de pensamiento, expresion, ideologia, etc, etc; y el derecho a que todas las ideas sean igualmente consideradas, no solo con las que estamos de acuerdo. Debemos saber escuchar y respetar, aunque no nos guste lo oimos( claro esta esto debe ser reciproco ). Tristemente tampoco estamos ajenos a esto.

      Finalmente concuerdo con todos en que es exelente la retorica del Papa y estoy seguro que la mayoria que lo escuche sabra entender la mayoria de sus planteamientos.

      Dios bendiga a todos el dia de hoy y siempre y le pido que ponga luz en su mente para que encuentren el camino hacia la salvacion.

  • Orient dijo:

    Gracias Francisco por existir, la humanidad está muy necesitada de hombres como usted.
    Sea yo creyente o no “Rezaré por usted, siempre”!

  • Maria del Carmen dijo:

    Maria del Carmen
    Ojala todos interpreten el sentido de las palabras de su Santidad, que Dios lo bendiga y lo cuide siempre.

  • Tamara dijo:

    Genial

  • alejadro dijo:

    exelente, digno, y valiente discurso,

  • xiomara carla dijo:

    Todo un teologo el Papa Francisco, mas como jefe de estado podía mencionar a Cuba al menos relacionada a este momento ímportante de apertura de las relaciones con EUA, a mi juicio la omisión no fue casual aquí en el Congreso de EUA. Seguiremos de cerca su visita de varios dias por allá.

    • Lex dijo:

      No amiga, no es casual, es una clase magistral de diplomacia, pues actua como mediador del proceso, expresándose de esta manera respeta ambas partes y además tiene en cuenta el enfrentamiento entre el Congreso y el presidente en ese tema, que espero hayan abierto sus oídos….

    • Jose R Oro dijo:

      Totalmente de acuerdo con usted, estimada xiomara carla y con lex. El Papa Francisco es un hombre con una habilidad diplomática fuera de lo común, y está jugando sus cartas para tratar de obtener los resultados, sin insultar a nadie. Por supuesto él sabe que a NRA (la Asociación Nacional del Rifle, por sus siglas en Ingles) o a Marco Rubio y acólitos, nunca los podrá contentar (y seguro que no quiere contentarlos), pero si a muchos congresistas quiere cambiarlos a un sendero más humano y razonable, donde eliminar el cruel e ilegitimo embargo contra Cuba, es uno de los temas de gran importancia.

  • El Polémico dijo:

    Impactante discurso, es un comunicador extraclase el señor Francisco, con razón Fidel lo elogio durante su visita, es para ponerse de pie y quitarse el sombrero; vaya teniendo en cuenta su persona y el actuar con nuestro país Cuba, creo que pudiera repensar mi criterio acerca de la pena de muerte aquí; aunque hasta donde sé está en moratoria; me imagino las caras de los políticos americanos; esos que sus bolsillos se enriquecen a costa de la desgracia humana por medio de la sangre derramada, ojalá piensen en levantar el obsoleto bloqueo a Cuba y las restricciones insólitas a Rusia.

  • mariat dijo:

    Perfecto

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