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Virgilio Piñera: el hombre que guardaba poemas en el refrigerador

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En ocasión del 102 aniversario del escritor y dramaturgo cubano Virgilio Piñera (Cárdenas 1912-La Habana 1979), Cubadebate reproduce las remembrazas que, desde la experiencia personal, cinco galardonados con el Premio Nacional de Literatura ―Miguel Barnet, Abelardo Estorino, Reynaldo González, Pablo Armando Fernández y Antón Arrufat― hacen sobre el destacado intelectual.

Virgilio Piñera. Foto tomada de La Jiribilla

Virgilio Piñera. Imagen: La Jiribilla.

Por Alberto Dolz

“Era un raro y un maldito deliberado, pero nunca fue una persona malvada”. “Era triste, se dolía de muchas cosas… amaba a su literatura, que, aunque estaba llena de chispas y de juegos verbales, era dolorosa”. “Excluido y autoexcluido, su marginalidad fue en parte voluntaria y casi estratégica”. “Era muy simpático a veces, y a veces tenía ese dramatismo de autocalificarse sin autoconmiseración”. “Guardo la más conmovedora demostración de lealtad y ternura, que compensaba una devastadora soledad”.

A golpe de frases, espontáneas unas, repensadas otras, un quinteto de escritores galardonados con el Premio Nacional de Literatura ha esculpido un rostro ―definitivo sería inadmisible― de Virgilio Piñera, de quien cada uno de ellos obtuvo una parcela desigual de su amor y amistad y también de sus desplantes y mordacidades.

Miguel Barnet lo conoció en 1963. Entonces veintiañero, le entregó a Piñera en el restorán El Carmelo su primer poemario, La piedra fina y el pavorreal. El maestro reaccionó airado. Estimó que aquellos poemas imitaban el suyo ―La isla en peso―, escrito veinte años antes, del cual Barnet ni tenía noticias. “El helado de chocolate me cayó mal. Ese fue el primer encontronazo con Virgilio. Fue un encuentro maravilloso, porque me permitió entrar en el arcano divino que es La isla en peso, ese gran poema que se compara únicamente con El retorno al país natal, de Aimé Césaire, y me di cuenta de que aquella patada era también un elogio a la larga”, rememora riente Barnet.

“Recuerdo a Virgilio Piñera haciendo alarde de sus conocimientos de En busca del tiempo perdido. Sabía más que nadie de la duquesa de Guermantes y de toda su parentela. Recuerdo, también, verlo entrar en los años setenta por la puerta de mi casa y preguntar: ‘¿Compraste los espaguetis?’”. Son remembranzas del dramaturgo Abelardo Estorino, creador de El robo del cochino, una pieza que le hizo exclamar a Piñera frente al autor: Diste un zapatazo!”.

Estorino, sin embargo, se resiente de otras menos propicias opiniones de su amigo. “Yo creo que él no me tomó muy en serio desde el punto de vista literario”. Piñera decía, con socarrona ironía, que Estorino pasaría al parnaso por una versión de La cucarachita Martina. “Él hablaba con Antón (Arrufat) de una manera diferente. Ellos hablaban de literatura francesa, de cualquier cosa, y en mi casa hablaba de cosas cotidianas. Yo conocí a un Virgilio que era otro. Que se quejaba, que era triste, que se dolía de muchas cosas”, desgrana con un tono sombrío Estorino, mientras juega con un lápiz en su boca.

Para Reynaldo González, el gran poeta y dramaturgo cubano nacido en 1912 era un puzzle, un intelectual con una “trayectoria respondona e hiriente como un cactus”, para la cual faltó aprecio social.

“Íbamos juntos a Coppelia, al cine; era un hombre ya mayor, y conversábamos siempre sobre la película. Lanzaba unas frases drásticas. Recuerdo la etapa en que íbamos a la Cinemateca, para ver aquel ciclo de Miklós Jancsó, y ahí aplicaba la frase bonita”. A la pregunta: “¿Qué te pareció Viryi?”, él respondía: “Ni carne, ni pescado”.

Piñera, quien a principios de los años sesenta dirigía la colección Ediciones R, publicó el primer libro de cuentos de González, Miel sobre hojuelas. “Su pobreza, homosexualidad y amor por el arte las afrontó sin retractaciones. El telón de fondo de sus tropiezos fue una sociedad mezquina”, considera González.

Asumiendo su identidad sexual con entereza, a diferencia de otros que prefirieron disimularla, Piñera atrajo para sí muchas miradas, dardos y desdenes. Pese a un primer reconocimiento institucional en los sesenta ―publicación de su teatro y poesía, puesta en escena de sus obras, viajes al extranjero, ejercicio de la crítica en la prensa―, en los setenta su vida dio un vuelco. Una política cultural tan homofóbica como pedestre lo sumió en el ostracismo hasta su muerte, ocurrida en el otoño de 1979. González lo resume así:

“Su condición homosexual lo hizo blanco de todas las desdichas porque el desprecio resultó institucionalizado y para la víctima, una minusvalía inapelable… Quienes pudieron auxiliarlo, optaron por el silencio. A Virgilio Piñera le cayó encima todo el peso de la isla. Sin embargo, su talento era indiscutido, incluso para sus enconados enemigos… Su afán de servicio quedó evidenciado en las empresas editoriales en las que se comprometió. Un buen día, de sopetón, te convidaba a una lectura, rito sacro-mágico de la amistad, ocasión memorable, y luego se devolvía a sus silencios. La muerte lo encontró con las gavetas colmadas de papeles inéditos que ahora salen a la luz”.

Pablo Armando Fernández todavía no alcanza a saber por qué y por quién fue designado para despedir el duelo. “Todos sabemos que Virgilio Piñera era enemigo de toda solemnidad. Él veía toda solemnidad ligada al fraude”, rezaba uno de los párrafos del panegírico fúnebre, redactado a toda carrera, junto al poeta Heberto Padilla, en casa del también poeta César López.

Fernández recuerda que conoció a Virgilio ―“aún entonces la figura más controvertida de nuestras letras”― de la mano del escritor Severo Sarduy en la sala de redacción de Lunes de Revolución, un suplemento que pronto se convirtió en una plataforma de ataque contra los aires estéticos y las pretensiones teleológicas del grupo Orígenes, liderado por José Lezama Lima. “Sus actitudes y opiniones respecto a la literatura cubana y sus autores creaba una cierta indisposición hacia su persona”, reconoce Pablo Armando Fernández.

“Virgilio dejó una colección de poemas en francés. Era un adorador de Baudelaire. Entre sus inéditos está la traducción de Las flores del mal. Recitaba a Racine. Nos deleitaba con su interpretación de Fedra. Se consideraba un conocedor de Napoleón Bonaparte”.

Ambos ―Piñera y Pablo Armando Fernández― vivieron en el mismo edificio un par de años. Cuenta Fernández que antes de irse a la última tanda de cines arrabaleros, Piñera tomaba en su regazo a Jeka, la hija más pequeña del poeta, y “la dormía recitándole poemas de Darío y Martí. Era naturalmente afectivo, no obstante, nunca lográbamos escapar de su cariñosa ironía, hasta en la dedicatoria de sus libros. Era un hombre cuya compañía más cercana había sido la soledad… Detrás de ciertas actitudes que en nada le favorecían se ocultaba un hombre tímido, dulce, amoroso… Siempre se nos adelantó. Yo lo amo con toda mi alma.”

Y ese carácter de adelantado de Piñera lo confirma Antón Arrufat, albacea de su obra y uno de sus más íntimos amigos, a quien el autor de Aire frío llamaba, entre cariñoso y ponzoñoso, la víbora.

Enfocándose en las breves narraciones de Piñera, algunas de apenas un párrafo de unas treinta líneas, Arrufat asegura que tales minicuentos, microrrelatos o textículos encumbran a su autor, dentro de la literatura en español, “como un iniciador de esta forma de narrar, de los primeros, casi, en inventarla”. Para argumentarlo echa mano a “La boda”, de 1941 ―“un clásico de la ficción súbita”―; y también a “El insomnio” ―“ficción de once líneas”―, o a “El comercio”, “El parque” y “La batalla”, “que a menudo no llegan al tamaño de una cuartilla y que son también esencialmente visuales”.

“Si la literatura tuviera caras ―precisa Arrufat― su obra tan peculiar vendría a ser otra cara de la literatura latinoamericana formada por unos cuantos marginados como Juan Carlos Onetti, Pablo Palacio o Felisberto Hernández. Si su futuro lector se halla familiarizado con la obra de Cortázar o Carpentier, quienes sintieron y manifestaron por su escritura un seguro desdén, pronto se dará cuenta este curioso lector, tal vez desde la línea inicial, de que ninguna semejanza encontrará entre ellos y Piñera. Son escrituras diametralmente opuestas… Su interpretación o la imagen que ofrece de América Latina es menos brillante y tal vez más pobre, pero más punzante”.

Descarnada y virulenta, ingeniosa y ruda, inverosímil y creíble, áspera y delicada como el mismo autor, la literatura piñeriana también es lunática, y oculta en el lado oscuro, tal vez con un pudor reprochable, sentidos sonetos de amor.

“Un día fui a su casa y le dije: ‘Virgilio, has leído unos textos maravillosos, pero no hay nada que hable del amor’… ‘Ah, es que tú no sabes nada’, respondió. Y abrió el refrigerador y sacó un cartapacio de sonetos y poemas en prosa de amor ―deberían ser muy calientes cuando los tenía en el refrigerador―. Aquello me pareció el absurdo total, y yo cogí aquellos poemas que estaban fríos, algunos humedecidos, poemas extraordinarios, del amor oscuro…”, repasa Miguel Barnet, a cuya iniciativa se debe la grabación clandestina de poemas en la voz de Piñera mediante una minigrabadora ―entonces un gadget futurista en la Cuba de los setenta― velada en un butacón Reina Ana. Cuando el poeta se percató de que lo grababan, dejó de leer.

“Lo que no sea en la realidad, que sea en la imaginación”, recordaba Arrufat que solía decir Virgilio Piñera. A veces, muchas veces, consiguió superar la máxima de su predilección. De modo que bien podría quedar así: lo que sea en la imaginación, que también sea en la realidad. De eso se ocupan los genios. Para bien o para mal.

(Tomado de La Ventana)

Se han publicado 10 comentarios



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  • Elmano dijo:

    Creo que las instituciones de la Cultura Cubana le deben una disculpa pucblica por la marginacion y y el silencio deliberado de su talento por no tolerar su homoxesualidad

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    Elmano; Aparte de qCreo que no alcanzaría toda la existencia de disculpas que pueda haber en los almacenes de esas y otras instituciones.

    No sólo fué Piñera, y no sólo fué por homosexualidad.

  • La Petite dijo:

    Me hubiese encantado conocerlo y haber sido su amiga
    Coincido con Elmano

  • El Otro dijo:

    Al menos me complace saber que es hoy muy reconocido, desde que yo muy joven vi “Electra Garrigó”, estaba recién llegado de Oriente, sin referencias de teatro y quede muy impresionado, pasaron años, hasta ver al grupo de Raúl Martín, que ha presentado
    otra versión de Electra y “La Boda”
    En su centenario se le hicieron múltiples homenajes, pero me gustaría ver mas de sus obras en escena

  • Batista dijo:

    muy bien por este artículo, no pudo recibir el reconocimiento merecido en vida, aunque sea a destiempo hay que hacerlo. Bien por la mención a Padilla.

  • Observador dijo:

    Que personalidad mas compleja en medio de tiempos complejos en aquellos años de los 60-70 del siglo pasado en nuestra Cuba.

  • Industrial dijo:

    Virgilio Piñera fue uno de los tantos incomprendidos,sus ademanes y su homosexualidad le pasaron factura y con el a otros tantos,hay cosas de la literatura de aquellos tiempos que no se conocen,Virgilio cuando se exhibio PM,que dio lugar a la noche de las 3 “P”,fue hecho preso y fueron algunos “amigos ” con poder los que hicieron la fuerza y salio liberado,su funeral fue digno de uno de sus soberanos cuentos,el cuerpo llego tarde y la procesion no fue tal,aquel carro funebre volaba,Lezama fue otro que sufrio por su condicion,murio en la soledad en una sala del ya centenario Hospital Calixto Garcia,Heberto Padilla gano un premio de poesia,si mal no recuerdo fue en 1967,no recuerdo el titulo,lo cierto es que se publico con una nota aclaratoria de la UNEAC,pues se consideraba se desviaba un tanto de la politica oficial,en aquel jurado estaba Zacarias Tallet,que dio su aprobacion de ganador a Padilla quien tuvo que exiliarse mas tarde,otro caso fue Reynaldo Arenas,este ultimo se suicido en los EU,mi acercamiento a Piñera fue muy somero,recuerdo fue el libro”La Carne de Renè”,comence a leerlo pero no disfrute la lectura cada parrafo se me hacia mas dificil de digerir que el anterior y opte por abandonarlo,y ya no mas,Cuba debe traer de vuelta a varios escritores que amen de posiciones politicas divergentes o diferentes,son parte de su patrimonio cultural,se muchos me criticaran pero el tiempo dira,nombres son los que se sobran,y algunos de los que son,no lo seran mas,no menciono nombres para que primero me publiquen y segundo para no herir sensibilidades,ellos saben quienes son,pero olvidaron que el talento permanece en lo etereo y llegado su momento despierta,en la literatura como en la vida,no dejan de existir los oportunistas.

    • Sergio dijo:

      Fuera del Juego,

      Imaginese usted, uno tiene que enterarse, por CURIOSIDAD PERSONAL de Cabrera Infante, Gaston Baquero, Lydia Cabrera (CATEDRATICA de nuestra religión Afro-cubana), Jorge Mañach, quien escribió, quizás, la mejor BIOGRAFIA de Martí hasta el día de hoy, Rafael Alcides,,,etc., etc., etc.,,,,,y a los más nuevos también,,,,en fin, a todos los que tengan UN VALOR LITERARIO digno de ser reconocido,,,,,,

      Ojala,,,,

      Saludos,

  • Industrial dijo:

    Tocar el tema es como destapar una caja de Pandora,recuerdo me lei un articulo sobre Humberto Arenal( Padre de Jacqueline Arenal) y no me deje de sorprender,ese sr no vivia en Cuba,un hombre con una cultura vasta,poliglota,teatrologo y escritor,se afilio al proceso cubano en sus comienzos y encontro puntos de encuentro con su perspectiva para la vida,decidio plantar bandera en Cuba y trabajar en ella,pero pronto se encontro con los censores,con prohibiciones,el citaba que se le pidio si mal no recuerdo hiciera una biografia de Tolstoi,lo hizo bajo sus consideraciones,iba no se cuantas veces a la editorial y las excusas llovian,de a poco se le fue apartando y con el a su obra,los viajes de trabajo tambien,finalmente en una oportunidad que pudo viajar a España,recibio un msje de Heberto Padilla,radicado alli,de si podrian encontrarse,este se llevo a cabo y vinieron las memorias y los recuerdos,un encuentro entre viejos amigos,luego de a poco se inserto en el ambiente cultural cubano,pero pasados los años,las fuerzas y todas las ideas,paso a ser otro de los incomprendidos,pero el viejo murio en Cuba,siendo consecuente con su primera decision y ya enfermo pero aun trabajando,ahora la pregunta es Por que?,por eso digo que hay que traer de vuelta a muchos,porque forman parte de la historia,nadie es perfecto nunca,y no se puede borrar la historia a menos que lo querramos,pero la buena memoria recuerda siempre,y esas personas volveran al sitio que les toca,mas alla de diferencias y encontronazos,en el debate esta la riqueza,de hecho por eso este sitio lleva ese nombre,o eso creo yo.

  • Juno dijo:

    y ademas estaban los que siendo foráneos no se “podian” leer.

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