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Desechando lo desechable

En este artículo: Medio Ambiente, Uruguay
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5 de Junio: Día Mundial del Medio Ambiente. Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.

Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.

Por Marciano Durán *

Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos. O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara. Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurisas. Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están jodiendo! ¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”. Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo).  Me educaron para guardar todo. ¡Toooodo!

Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.

¡¡Cómo guardábamos!!

¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!

¡¿Cómo para qué?!

Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables… eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. No lo voy a hacer. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.

Y yo… no me entrego.

(Tomado del blog de Marciano Durán, Crónicas marcianas)

*Este artículo anda dando vueltas por Internet desde hace años como si fuera de la autoría de Eduardo Galeano. En realidad, fue escrito por el uruguayo Marciano Durán, enero de 2006.

Se han publicado 12 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • El Trueno dijo:

    Hace años se perdió todos estos hábitos, hoy en día la juventud lo que le interesa es andar con celulares y dinerito en el bolsillo para ver a quien se llevan, a la moda y llenos de aretes, y modas exorbitantes, a a verdad que de esos años no queda ni la cutara.
    Dios tenga misericordia de esta Juventud que está perdida en todos los sentidos.

    • nadiezda gauriguata dijo:

      DESECHANDO LO DESECHABLE SE PARECE A GRAN PARTE DE MI VIDA. HASTA LOS MOMENTO, ME SONRIÓ Y EXISTIMOS ALGUNOS SERES QUE COMPARTIMOS ESTE RELATO. MI ESPOSO ME DICE NO PUEDES VER NADA PORQUE LO GUARDAS Y EN REALIDAD SIEMPRE HAY UN MOMENTO QUE LO NECESITAMOS.

  • ypm dijo:

    Me encanto este articulo me he visto reflejada en el como si yo misma lo hubiera escrito. Por favor solo tengo 36 años y pienso de esa manera así que no generalisan con que la juventud esta perdida.

  • La Reina del Sur dijo:

    nada más tengo 27 años y realmente el artículo expresa mucha verdad en cada una de sus líneas, ya no se guarda nada, todo se tira y lo que se vende en estos tiempos es con poco tiempo de durabilidad

  • censurado dijo:

    Verdadero muy verdadero este articulo

  • jesus dijo:

    Creo que no hablan de la juventud, sino de una epoca, el trabajo esta super bueno, tengo 45 año y trato de botar todo lo que ya deje de usar, pero aun me resisto y guardo montones de cosas que con el tiempo me pregunto para que las guarde? por suerte aqui en cuba aun existen colchoneros, amoladores y otros, claro nosotros nos detuvimos en el tiempo hace ya unos cuantos años atras y por estos tiempo hemos hechado a andar y el cambio es mucho mas brusco, si nos ponemos a tono con el mundo moderno, que es lo que todos deseamos, sera dificil de adactarce, pero al final, creo que es bien necesario para todos, lo mas dificil es cuidar lo valores, eso nos toca a todos, que vengan los nuevos tiempos que a la larga es calidad de vida…

  • PJ dijo:

    TENGO 43 Y ME HE VISTO RETRATADO(FOTOGRAFIADO)COMO SE DECÍA ANTES. A VECES CONVERSO CON MI VIEJA Y LE DIGO QUE NOSOTROS VIVIMOS UN NIVEL DE ESTRÉS QUE NOS HACE SENTIR MÁS VIEJOS QUE ELLA, TIENE 74 Y ESTÁ HECHA UN TRINQUETE, NO SE SI LA ESPERANZA DE VIDA ACTUAL SE CALCULA EN BASE A LO QUE TENEMOS O A LA EDAD EN QUE ESTÁN DURANDO NUESTROS ABUELOS Y PADRES, PORQUE TENGO UNA FAMILIA QUE COMO PROMEDIO MUEREN A MÁS DE 80 LLEGANDO ALGUNOS A MÁS DE 90 AÑOS, ASÍ QUE IMAGINEN. LO CIERTO ES QUE LE LLEVARÉ ESTE ARTÍCULO A MI MAMITA PARA QUE LO LEA Y PUEDA VER QUE NO SOY EL ÚNICO COMO DECÍA LENNON.
    GRACIAS POR ESCRIBIR COSAS ASÍ.

  • Gilberto dijo:

    el mundo siempre esta cambiando, lo que pasa es que hoy ya estamos nosotros como estuvieron una vez nuestros abuelos, diciendonos a nosotros mismos “la juventud esta perdida”

    otra cosa es la perdida de algunos valores en una sociedad donde gran parte de los que se tiene, referente al mundo moderno de hoy, es regalado, conseguido o remesado, porque entonces muchos jovenes desconocen el valor real del trabajo necesario para tener un celular, por ejemplo

  • Jose dijo:

    A este paso no hay ni bolsillo ni planeta que aguante.

  • netpan dijo:

    Muy bueno este articulo y ojala muchos puedan leerlo y tomen conciencia de lo que viene ocurriendo: ya nuestra mansion azul no aguanta mas basura sobre ella y al final muchos no piensan que toda esa basura nos caera encima a todos y lo mas importante sera la siguiente pregunta ¿Para donde nos iremos? si aun no hay otro sitio al que podamos escapar de nuestra ignorancia consumista .
    ! Bueno !Aqui en Cuba somos mas conservadores con esto por que cuando compramos algun equipo sea cual sea o tenemos algun telefono movil queremos que nos dure 20 años y mas y si se puede cuando lo cambiamos lo regalamos a un familiar o amigo para que lo siga usando o lo guardamos en la gaveta para un futuro por si nos hace falta .
    Al menos las crisis nuestras tienen sus ventajas con relacion al mundo exterior ya que somos eternos conservadores de todo lo que tenemos o alcanzamos a tener y esto ya esta impreso en nuesto ADN los cubanos somos unicos que no lo dude nadie eh . dsiculpen si repito el escrito ,pero me percate que tire a la papelera unas cuantas letras y olvide decir que puede ser que algunos tiren a la basura sus matrimonios o amistades pienso que aun hay otros que la conservan y cuidan por que los aman ,no creo que todo este perdido aun estamos a tiempo de rectificar los errores cometidos o inducidos por los mas picaros o avivados que tratan de impregnarnos de sus idas de consumismos. no se deb negar el desarrollo el que lo haga es un tonto ,hayq ue djar que las personas muestren sus talentos e ideas pero si tdod debes er sustentable y sostenible estas son las palabras de este nuevo siglo que estamos viviendo para el lograr un desarrrollo humano adecuado .

  • Dany dijo:

    Las veces que nos enterabamos de algun resultado leyendo el diario pegado al cuadril!!! Q manera de reirme con eso.

  • José Molina Vidal dijo:

    Amigo;
    Ésto solo responde a un asuntito, “el económico”, quítese pués el factor económico (dinero) y se resolverá el problema…¡¿no?! gracias a Cubadebate, Molina

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