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Aumenta el desempleo en EE.UU. y se aviva la campaña electoral

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Mitt Romney y Barack Obama

Mitt Romney y Barack Obama

La tasa de desempleo en Estados Unidos subió en mayo por primera vez en un año, situándose en 8,2%, con el nivel más bajo de creación de empleo en doce meses, según datos oficiales publicados el viernes que calentaron la campaña electoral por la Presidencia.

El país creó 69.000 empleos en mayo, indicó el informe del Departamento de Trabajo. Los analistas esperaban un saldo de 150.000 nuevos puestos en mayo y una tasa de desempleo estable, en 8,1%.

Precisamente, el saldo de empleos -la diferencia entre las nuevas contrataciones y los despidos o pases a retiro- bajó 10,4% con relación a abril. Pero, peor aún, las autoridades revisaron fuertemente a la baja los datos de empleos credos en abril, a un número de 77.000, o 33% menos a lo estimado previamente.

La cifra en mayo habría sido algo mejor si el sector público hubiera quedado fuera de consideración, ya que en abril 13.000 empleados públicos dejaron su actividad. Igualmente, el dinamismo en el sector privado se derrumbó, y la creación de empleos bajó o se desaceleró en la mayoría de sus ramas de actividad.

El gobierno indicó que la generación de empleos pasó de una media de 226.000 por mes en el primer trimestre, a 73.000 entre abril y mayo.

Estas cifras no alcanzaron para evitar que el desempleo subiese a su nivel de marzo.

La Casa Blanca dijo este viernes que es “crucial” mantener las políticas del presidente Barack Obama pese al incremento de la tasa de desempleo, y responsabilizó a factores como los problemas de Europa por la variación de este indicador.

“Los problemas en el mercado laboral son de larga data y no serán resueltos de la noche a la mañana”, dijo Alan Krueger, presidente del consejo de asesores económicos de Obama, en un comunicado.

En tanto, el candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, dijo que los datos divulgados el viernes son “noticias devastadores para los trabajadores y las familias estadounidenses”.

“Pero aún peor para las familias y los trabajadores hispanos que han sido especialmente golpeados”, indicó en un comunicado en español Romney, en referencia al desempleo entre la primera minoría del país (52 millones de personas), cuyo desempleo llegó a 11%.

El rival de Obama en la lucha por la Casa Blanca en noviembre, enumeró los últimos datos económicos que dieron cuenta de una desaceleración del crecimiento, una caída de la confianza de los consumidores y el aumento de los pedidos de subsidio por desempleo, para criticar el manejo económico del actual gobierno.

“Ahora está claro para todos que las políticas del presidente Obama fracasaron en sus objetivos” y “están aplastando a la clase media estadounidense”, remarcó.

A cinco meses de las presidenciales, este inesperado aumento del desempleo se explica por un incremento de la población activa, tras un descenso en abril que había dado un carácter artificial a la baja que se registró el mes pasado.

Este aumento del número de personas que trabajan o buscan trabajo fue de 0,2 puntos porcentuales con respecto a la medición anterior, y volvió a su nivel de marzo de 63,8%, una cota históricamente baja de todos modos.

La tasa que conjuga desempleo y subempleo, y que por lo tanto incluye a los trabajadores que laboran tiempo parcial aunque querrían hacerlo a tiempo completo o a personas que dejaron de buscar activamente un empleo, subió 0,3 puntos porcentuales, a 14,8% de la población económicamente activa.

Los datos sobre los salarios tampoco son alentadores: el salario promedio mensual bajó 0,1% con relación a abril, por efecto de una caída del salario medio por hora, con el número de horas trabajadas por semana estable en 33,7 horas por trabajador.

En 12 meses, el salario semanal promedio creció 1,7% a mayo de este año, una cifra que sin embargo es inferior a la última medida de inflación acumulada en un año móvil, 2,3%, publicada por el Departamento de Trabajo en abril pasado.

Wall Street se hundió tras la difusión de los datos de empleo y cerró con fuerte pérdidas. El Dow Jones cedió 2,22% y el Nasdaq 2,82%. Las bolsas en Europa y en América Latina también acusaron el impacto de la subida del desempleo en la mayor economía del mundo.

(Con información de AFP)

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  • DR.F. JUAN ÁGUILA-RAMOS dijo:

    Somerto al consejo dada extensión
    RESÚMEN DE “EL PAÍS”
    El tsunami político desatado por la crisis económica mundial, que ya ha arrasado Gobiernos de todas las tendencias, desde Islandia hasta Francia, amenaza ahora a la pieza mayor: la presidencia de Estados Unidos. La perspectiva de menor crecimiento, más paro y un empobrecimiento generalizado de la población ha creado un inquietante panorama electoral para Barack Obama, cuya condición de presidente en ejercicio, históricamente una ventaja, puede constituir, en el actual ciclo internacional, un serio inconveniente en noviembre.
    Liberado ya parcialmente de sus ataduras con las radicalizadas bases conservadoras, el candidato republicano, Mitt Romney, ha empezado, por su parte, a creer en la victoria. Su mensaje, como prueban las encuestas, comienza ya a calar entre los ciudadanos afectados por las penurias de la economía, y su partido se ha sumado, con dinero y argumentos, a la caza de Obama, a quien se aprecia sorprendentemente a la defensiva.
    El presidente cuenta aún con varios factores a su favor antes las elecciones de noviembre. A diferencia de otros líderes derrotados en Europa, Obama no es impopular —el apoyo al conjunto de su gestión ronda el 50% y el aprecio a su persona es casi diez puntos mayor— y puede verse beneficiado por un sistema electoral que no exige para la victoria la obtención de la mayoría del voto popular (marcha con ventaja en casi todos los Estados decisivos). Pero actúa fuertemente en su contra la frustración de los norteamericanos con la situación económica, que ha mejorado con respecto a 2008 pero no lo suficiente como para dejar atrás la irritación por el desempleo, los desahucios y los desequilibrios sociales.
    Los votantes no parecen prestar gran atención al debate universal sobre políticas de austeridad o políticas de crecimiento. Su interés, seguramente, es el de políticas que funcionen, sean de la orientación que sean. En Europa, fueron arrollados gobernantes que defendieron el ajuste y la reducción del déficit. Obama puede ser castigado por lo contrario. Su primera gran decisión fue la firma de un gasto de 800.000 millones de dólares para estimular la actividad económica, y hace una semana consiguió que todo el G-8 respaldara esa línea de acción. Sin embargo, esa misma estrategia no ha tenido aquí el éxito prometido.
    Frente a lo sucedido en Europa, Obama puede pagar cara su política de estímulo
    Incluso en su ciudad de Chicago, es fácil percibir la ansiedad de un electorado que respeta el esfuerzo hecho por Obama pero necesita mejores resultados. Sentado junto a su esposa en un restaurante de comida rápida del centro de la ciudad, un pequeño constructor que opera en toda la región del medio oeste expone su dilema en términos elocuentes: “Obama me parece un gran tipo, ha intentado cambiar algunas cosas y la oposición no le ha dado nunca tregua, voté por él y quizá lo haga otra vez, pero la verdad es que el negocio sigue sin levantar cabeza y que la gente sigue pasándolo mal”.
    El paro ha descendido, pero se ha estancado en un preocupante 8,1%. Quizá incluso empeore cuando se conozca la cifra de mayo, el próximo viernes. Ningún presidente ha sido reelegido con más de un 7% de desempleo. Las grandes empresas, como las del sector del automóvil, han vuelto a obtener beneficios, pero, hasta el momento, lo han hecho sin crear puestos de trabajo. El consumo, que representa dos terceras partes de la economía norteamericana, se ha recuperado ligeramente, pero el gasto promedio es todavía un 30% inferior al de comienzos de 2008. En el último año, ha crecido ligeramente el optimismo de la población, pero todavía cerca de un 60% estima que el país camina en la dirección equivocada y un 63% cree que sus hijos vivirán peor que ellos. Incluso la Bolsa, que estaba volviendo a valores anteriores a la debacle financiera, ha retrocedido considerablemente en el último mes como consecuencia del impacto por la incertidumbre en Europa.
    Cerca del 60% de la población cree que el país sigue un rumbo equivocado
    La crisis europea actúa como una losa sobre la economía norteamericana. Obama ha intentado intervenir para que los dirigentes europeos tomen medidas urgentes para elevar el bienestar y la capacidad adquisitiva de sus ciudadanos, pero hasta el momento no ha tenido éxito. A ese obstáculo se suma ahora un clima recesivo general, que se aprecia ya en China y que el diario The Wall Street Journal pronostica también para los próximos meses “en India, Brasil, Sudáfrica y otros lugares”.
    El presidente encabeza los sondeos en los Estados decisivos
    Imposible en el mundo actual analizar el horizonte electoral en EE UU independientemente de esa realidad. La leve recuperación económica norteamericana en el periodo reciente ha estado, en parte, apoyada en las exportaciones, que crecieron en el último año más de un 7%. Si a la crisis de la Unión Europea, que representa casi el 20% de las compras de productos estadounidenses en el exterior, se suman otras regiones, el riesgo de una próxima recesión se agudiza. Los economistas han rebajado el aumento del Producto Interior Bruto norteamericano, del 3% que se consiguió en el último trimestre de 2011, hasta poco más del 2% que se anticipa para final de este año. Por no hablar del peligro de burbuja tecnológica que se atisba tras los problemas de cotización de las acciones de Facebook en su debut en el mercado de valores. Incluso si los peores augurios no se cumplen, Obama parece ya condenado a afrontar las elecciones en un ambiente de desaceleración económica y, por tanto, de intranquilidad entre los votantes.
    A Romney le lastra su adscripción al exclusivo círculo de los millonarios
    Ante eso, ante el peligro que supone acudir a las urnas con la misma pregunta que Ronald Reagan formuló en 1984 —“¿está usted hoy mejor que hace cuatro años?”—, la campaña de Obama se ha propuesto enfatizar el contraste personal entre el presidente y su semidesconocido contrincante. Reagan, que consiguió una fuerte recuperación económica en su primer mandato, triunfó porque la respuesta a su pregunta era un rotundo sí, pero también porque había demostrado en el Despacho Oval una fuerte personalidad y porque competía con un rival muy débil, como era Walter Mondale.
    Obama trata de reproducir esas dos últimas circunstancias. El presidente se ha revelado como un hombre firme en el uso de la fuerza y en el manejo de la política exterior, el ángulo mejor valorado de su gestión en todas las encuestas. La muerte de Osama Bin Laden, la conclusión de la guerra de Irak y el comienzo del fin en Afganistán han creado una sensación de confianza en su conducción y han contribuido a crear la imagen de que el país está bien representado en el mundo. Es un aspecto que su campaña tratará de rentabilizar al máximo.
    El Partido Republicano actúa por primera vez seguro del triunfo
    El otro objetivo de explotación electoral es el de la fragilidad de Romney. Obama se ha centrado estos días en recordarle al público la trayectoria de su rival al frente de Bain Capital, una firma de inversión cuyo trabajo consiste en comprar empresas en quiebra, reducir su tamaño, reestructurarlas y venderlas posteriormente con el mayor beneficio posible. Es lo que algunos asesores de Obama han llamado “un capitalismo de buitres”. Sin ir tan lejos, el propio presidente declaró esta semana en Iowa que “la visión del mundo que Romney obtuvo en su experiencia empresarial es la que le llevó a decir en este mismo lugar que las corporaciones son personas”. “El trabajo de un presidente no es maximizar beneficios”, ha recordado.
    En su respuesta, el candidato republicano ha acusado a Obama de no entender el funcionamiento del capitalismo y de demostrar una ideología que condena la riqueza y la prosperidad. “Sus críticas son un ataque a la libre empresa”, ha contestado Romney. Pese a que el nombre de Bain solo le resulta familiar a un 53% de los que responden una reciente encuesta de NBC-The Wall Street Journal, Bain y la indiscutible adscripción de Romney al exclusivo círculo de los millonarios van a tener un considerable peso electoral.
    La situación ha mejorado, pero no lo suficiente para calmar la irritación popular
    Lo que tiene que decidirse en estos cinco meses es si el malestar por la crisis va a anteponerse a cualquier duda sobre la categoría del recambio. El candidato así lo cree, sobre todo después de su ascenso en la intención de voto entre los independientes, que no comparten las suspicacias sobre la fortuna de Romney. El Partido Republicano, sanadas algunas de las heridas de las primarias, también actúa por primera vez convencido del triunfo. La maquinaria de recolección trabaja ya a pleno rendimiento. El mes pasado, el aspirante recaudó tanto como el presidente, y le supera ampliamente en el volumen de los fondos disponibles por los llamados Comités de Acción Política (PAC), un instrumento con ilimitada capacidad legal de gastar dinero a favor o en contra de una candidatura.
    Obama conserva algunas ventajas. La principal es su posición actual en los Estados en los que tradicionalmente se juega la presidencia. El presidente está por delante en las encuestas, en mayor o menor medida, en Ohio, Wisconsin, Florida, Pensilvania y Virginia, y es competitivo en Colorado y Carolina del Norte, incluso en Arizona, la tierra de John McCain. En todos ellos el índice de paro es inferior a la media nacional.
    La desaceleración europea es una losa sobre la economía norteamericana
    La campaña de Obama confía en esas cuentas para conservar la Casa Blanca, aunque sabe que, para conseguirlo, necesitará una fuerte movilización de sus bases electorales más seguras, los jóvenes y los hispanos. En ese sentido puede ayudar algo el reciente anuncio sobre el respaldo del presidente al matrimonio entre parejas del mismo sexo. Por lo que respecta a los hispanos, un grupo en el que Obama supera a Romney por casi 40 puntos en las encuestas, la principal amenaza es que finalmente no acudan a las urnas en la misma proporción en que lo hicieron hace cuatro años.
    En el mejor escenario posible, en el cuartel general de la campaña demócrata, en Chicago, se asume con naturalidad la posibilidad de que el presidente, aunque gane, sufra una considerable erosión de votos.
    Obama ha hecho un trabajo apreciable al frente de la nación, sobre todo en la reparación de algunos de los graves daños heredados. Pero, por múltiples razones, no ha redondeado una gran presidencia. Su mayor logro, la reforma sanitaria, ni siquiera es una baza electoral. No puede aspirar en noviembre a la coronación con la que quizá soñó algún día. Sigue siendo, sin embargo, un buen candidato. Unas elecciones, en última instancia, consisten en decidir si la opción A es mejor que la opción B, y ahí Obama es una excelente carta. Pero estas elecciones en particular se celebran en un tiempo de convulsión en el que la impaciencia e inconsideración de los votantes saltan barreras y cruzan océanos, en una galopada justiciera que no conoce amigos.

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